Venganza del más allá ©

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Sinopsis

Fantasmas, espíritus y demonios. Son seres que supuestamente no deberían habitar en el plano terrenal. Sin embargo, cinco años después de la muerte de Ginevra Davies, los seres queridos de Ellen, Alaksandar, Emerik, Jakov y Jaga empiezan a sufrir accidentes lamentables al mismo tiempo. ¿Lo curioso? Siempre reciben una nota escrita con sangre con el nombre de su ser querido, la hora, el lugar y el método de la muerte. Cuando se fijaron en que cada nota al final tenía la firma, G.V lo llamaron karma. Después de todo ellos le hicieron mucho daño a Ginevra Davies. ¿Era posible que su fantasma quisiera venganza?

Genero:
Mystery/Horror
Autor/a:
Yhas💙
Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo Uno.

Julio de 2023.

Croecia — Dubrovnik.


Cinco años.

Ya se habian cumplido cinco años desde la muerte de Ginevra Davies y Anica seguía manteniendo ese brillo oscuro en sus ojos.


Nadie debia de enterrar a su hija, pero ella lo hizo. Ella estaba parada frente al ataúd de su hija. Ella se sentía vacía. Para Anica el mundo se había acabado en el momento en que su hija dejo de respirar, aquel en el que le llevaron el cuerpo de su hija en un muy mal estado, con moretones, lleno de sangre. Eso no era su hija, quizás por eso se seguía parando frente ese ataúd, esperando por el momento en el que iba a despertar de aquel sueño.


El problema era que no iba a despertar. Ginevra estaba muerta, su cuerpo yacia varios metros bajo tierra y su alma... Pues, ¿quién sabe?


Hay muchas teorías de la muerte, muchos infiernos existentes a los que los seres humanos podrían ir después de está y un solo cielo.


Anica solo tenía una cosa segura, su hija no había ido al cielo, no en las situaciones en las que había muerto. Ella lo sentía y lo sabía. Cuando un miembro de la familia Simunovic moría por razones desconocidas, es decir, entre otras palabras, suicidio. Siempre regresaban, siempre existía la sed, siempre estaba el deseo. Su alma querría hacer daño, solo ellos sabían a donde iban y el cambio... Oh, el cambio, ahora se iban a formar verdaderos desastres.


Anica se arrodilló hasta poner lentamente la rosa negra en la lápida.


—¿Me pregunto..?


Anica no pudo terminar de realizar su pregunta. El suelo debajo de ella tembló y cayó al suelo.


Pasó un minuto, un solo minuto y cuando todo paso Anica notó como todas las lápidas tenían grietas. Sus ojos brillaron en reconocimiento.


«Ya era hora».


El desastre estaba en la punta de la puerta y las vidas de cinco personas estaban a punto de dar un giro tenebroso.



Frío. Hacía tanto frío. Un frío que calaba en los más produndo de los huesos, como si fuera a llegar a partirlos en miles de pedazos y no hubiera nada capaz de volver a unirlos.


Así se sentía la noche, así estaba Ellen De Luca.


Podía ser solo su imaginación, pero... ¿Y si no lo era?


Y luego estaba esa carta.


Una misteriosa carta había llegado a la cómoda de su habitación. ¿El problema? ella había estado todo el día a solas en la casa, su madre había salido de viaje, nadie había ido a visitarla, nadie había tocado su puerta. Ella no creía en cosas sobrenaturales, todavía seguía mirando la dichosa carta esperando que desapareciera, que todo fuera un sueño.


No la había abierto, no la abriría. La sola idea de que pudiera ser una amenaza de muerte o un aviso de que moriría pronto. No, no, no, no, no, no, no, no. Si iban a matarla, si tenía un obsesivo detrás de ella que la atacará por sorpresa. Ella no iba a vivir con ese miedo calando cada fibra de su ser.


Entró en la tina, el calor tocando todo su cuerpo y aún así seguía sintiendo frío. Quería que el frío desapareciera.


Soltó un gemido de satisfacción cuando todo dió paso al calor, el frío ya estaba desapareciendo. Se sentía tan aliviada.


«La ventana. La ventana. La ventana»

, podía escuchar una voz en sus pensamientos y sin ser conciente de lo que estaba haciendo abrió sus ojos y miró en aquella dirección.


Ellen ahogó un grito. Saltó de la tina, entonces lo vió, su cuerpo tenía ronchas de quemaduras. Otro grito desgarró su garganta.


Ellen se paró de un salto, su respiración agitada, miro la oscuridad de su habitación. Se sintió a salvo. Una pesadilla. Solo eso.


Se pasó las manos por el pelo, todo su cuerpo estaba sudado, como si el aire acondicionado de su habitación no estuviera funcionando.


—Cálmate. Cálmate. Maldita sea, solo fue un mal sueño —se decía a si misma mientras se acariciaba de manera desesperada los brazos —Está muerta —su mano llegó a los ojos, tapándoselos —¡Ginevra está muerta, joder! ¡esto no te puede atormentar! ¡no después de cinco años!


—Claro, la primera fase es la negación —escucho una voz femenina conocida.


«No, no, no, no, no, no, no»

, se repetía en sus pensamientos como un mantra mientras aferraba sus manos a las ojos. No alejaría sus manos, no abriría los ojos. Qué la condenarán si lo hacía.


—Ellen, morirás quemada si no sales rápido.


«¿Qué?»


En contra de su voluntad Ellen quitó las manos de sus ojos y los abrió. Las luces estaban encendidas y completamente segura que ella no las había encendido.


«Es imposible, los muertos no pueden hablar con los vivos».


Sin embargo, el olor a quemado la invadió y la hizo ponerse de pie. Volvió a negar repetidamente con la cabeza. Aquello no podía ser posible, no cuando estaba sola, no cuando sentía que Ginevra había estado en aquella habitación.


Pronto el humo la invadió. Se llevó la mano a la boca y gritó. No quería morir, por Dios que no, pero tampoco podía moverse, estaba aterrada.


Ellen no se puso de pie por ella misma, sintió que la sostenían de los brazos y la ponían de pie.


«Vamos, no es tu turno»

, escucho esa voz en sus pensamientos y la siguió una risa.


Sus pies se movieron por inercia hasta abrir la puerta de su habitación y una explosión la atacó justo en la cara. ¿Sería ese su fin?