El guerrero de fuego negro

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Sinopsis

La realidad está dividida. Lo que puedes ver no es todo lo que existe pues estamos cegados por nuestros propios ojos. Existimos en un cuerpo débil y efímero lleno de limitaciones pero, ¿Realmente es así? Puedes sorprenderte si dejas de lado a tus sentidos, hay mas para ver, hay mas para conocer. ¿Quieres saber la verdad? Abre tu mente, abandona tu cuerpo y ve más allá de esta fugaz existencia. Déjate llevar y descubrirás lo que se oculta ante ti ¿Un mundo? No. ¿dos? Tampoco. Más de los que imaginas. Te preguntarás si esto es real. Para responderte a ti mismo adéntrate en esta histora ¿O acaso tienes miedo de saber la verdad?

Estado:
En proceso
Capítulos:
14
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Rurin, conocido como el valle de la energía, rodeado completamente por amplios arroyos y arboledas. Tierra prohibía y resguardada por su pureza en cuyo campo, al pie de un alto pico nevado, se hallaba uno de los mayores brotes energéticos en forma de manantial: “La naciente Eterna”. Lo que un día rebosaba de vida ahora carece completamente de ella.

El vapor producido al secarse los ríos formó un manto sobre el valle, reflejando un rojizo fulgor a causa de las vivaces llamas que consumían los árboles y el campo.

Un hombre yace inerte sobre la roca fundida entre el pico y el manantial, rodeado por llamas negras que se extinguieron al recuperar éste la conciencia. Jadeante y con el cuerpo entumecido logró arrodillarse.

—Entonces… no he muerto— susurró para sí mismo.

Miró sus manos y sintió el poder recorrer sus dedos mientras el vacío en su interior solo se acrecentaba. Buscó con su mirada la imagen de su entorno y contempló que todo había cambiado.

El viento soplaba con calma, llevando consigo el manto que cubría el valle. La tenue luz en el vapor perfiló su silueta que se alzaba majestuosa, levantó su mirada al firmamento y con un suspiro sonrió.

—Finalmente lo conseguí.

—Sí, pero ¿a qué precio?— retumbó una voz en su cabeza.

—Eso no importa ahora.

Cerró sus puños para activar su tacto, confirmando así que todo aquello no fue fruto de su imaginación. Los últimos restos de vapor desaparecían junto con las llamas de los arboles descubriendo así al devastado valle.

—Están aquí— le advirtió la voz.

El hombre volteó y descubrió a cinco seres a su espalda acorralándolo contra el pico

— ¿Cómo osas profanar este lugar?— dijo quien parecía comandar al resto.

Agitó un largo cayado del cual se dispararon haces de luz en dirección al hombre. Éstas atravesaron una nube de cenizas y humo incrustándose en el suelo; el hombre había desaparecido.

El sonido de unos cuerpos pesados al desplomarse reveló su presencia. El sujeto del cayado giró para ver a tres de sus acompañantes inertes en el suelo; sus cuerpos se hallaban separados de sus respectivas cabezas.

Perplejo e iracundo arremetió contra el asesino de sus compañeros quien nuevamente se esfumó. El silbar del viento al ser cortado lo tomó por sorpresa. Cerró sus ojos al sentir la afilada punta del acero rozar su nuca y resignado esperó su muerte.

—Demasiada sangre ha sido derramada, abre los ojos— pronunció el hombre bajando la espada con la que rozaba el cuello de su oponente, volteó y se marchó con las cenizas en el viento.

—Cédrick, habrá que detenerlo mientras aun podamos—dijo el ser que quedaba en pie mientras observaba a sus compañeros caídos –Me hubieras escuchado a tiempo— Añadió.

El sujeto no respondió, ahondó sus pensamientos en las palabras del hombre, intentando encontrar un significado en ellas.

Caminó hacia sus colegas, inspeccionó sus cuerpos y descubrió que no había sangre; las heridas se hallaban totalmente cauterizadas.

—Vamos a por los demás, esto es ahora prioridad. No debemos permitir que eso ocurra nuevamente, no estamos en condiciones para afrontarlos… ya no— Dijo Cédrick

—Sellamos al único que podría presentar un verdadero riesgo; quien diría que alguien con sus mismas capacidades fuera concebido alguna vez. Es más, quien diría que sería adepto suyo—

—Lo tengo claro Eskol, hay que informar al resto. También debemos dar a nuestros caídos el respeto y el descanso que se merecen; abre el portal vamos junto a los demás—

Eskol agitó el brazo izquierdo, dejando al descubierto un anillo carmesí en su mano. El aire se desgarró ante ellos abriendo un oscuro hueco. Tomaron a sus compañeros y se introdujeron al portal, el cual se cerró a sus espaldas.

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