•D.R.Z•
Julio 18, 2016. Lunes
Me vi arrepentida en el segundo uno que mandé la solicitud para este empleo, estaba desesperada, llorando, pero debía pagar el alquiler del apartamento, las cuentas comunes, comprar materiales para la universidad, ropa, comida, necesitaba todo, y no tenía nada... Entonces el anuncio de Dark Red Zone apareció entre todos los anuncios de trabajo.
"Se busca señorita con o sin experiencia para trabajar en club nocturno atendiendo mesas"
Ni siquiera leí los requisitos, ni los beneficios, solo me fije en "sin experiencia" en todos, absolutamente en todos los trabajos que postulaba me pedían experiencia en el ambiente y no tenía nada más que el cafe en el que trabajaba medio tiempo, entonces solicité el empleo.
"Proactiva, carismática, buena actitud bajo presión."
Adjunte entonces mi currículum y a las dos horas me llamaron.
—Buenas tardes, ¿hablo con Dareum Im? —habló un hombre al otro lado de la línea, tenía una voz gruesa pero agradable.
—Buenas tardes ¿Quién la busca? —pregunté sin mucho ánimo, ya que tendían a llamar de compañías de celulares y ofrecerme algún plan o cosas por el estilo.
—Hablamos de Dark Red Zone, mi nombre es Jackson y llamamos por motivos de que nos llegó la postulación a el trabajo para atender mesas y queremos saber más de Dareum Im.
—Soy Dareum, pero creo que me equivoqué en mandar mi currículum, siento hacerles perder el tiempo pero no creo que pueda con ese trabajo.
—Primero déjame conversarte sobre el empleo, asumiendo que leíste el artículo quiero conversarte sobre los beneficios, requisitos y el pago de este en cuestión, luego de esto puedes decirme si todavía estás arrepentida de mandar tu currículum a nuestro local.
Estaba dudando, la verdad necesitaba el empleo, no obstante no había leído nada, no sabía en que consistía, y probablemente era un lugar de mala muerte. Así que nuevamente me negué, pero aquél hombre, Jackson, insistió una vez más... Accedí a escucharlo.
Y lo único que escuché fue:.
—La paga mensual en cuestión de esté trabajo es de ochocientos dólares...
Ochocientos dólares, eso fue que escuché. En el trabajo que tenía ganaba mucho menos, docientos dólares para ser exactos, cien de estos se iban para el apartamento que alquilaba, que debo decir era horrible, lo justo para solo una persona pero la calidad del alrededor era denigrante, los cien restantes trataba de repartilos en lo que me quedaba de vida y la universidad, ni siquiera había podido ahorrar algo en lo que llevaba estudiando y viviendo sola.
Ochocientos dólares me arreglarían la vida en este momento.
—¿Y?, No quiero presionarte, Dareum, pero si aceptas podemos cerrar el trató cuando tú quieras.
—¿Cuándo? —pregunté sin más.
—Podemos cerrar este trató ya mismo, solo necesitaría que vinieras a Dark Red Zone para que leamos el contrato y firmes.
Entonces salí hacía allí.
Y me tienes ahí... Frente a la puerta de hierro negra con un cartel brillante que tenía en letras neon rojas escrito "Dark Red Zone", el lugar parecía muerto por fuera, como si estuviera cerrado, solo había un par de personas en la calle a esta hora, casi era la hora en la que las personas salían de trabajar.
Toque el timbre junto al portón y seguido el seguro de la puerta sonó anunciando que estaba abierto, así que abrí.
Al entrar había un hombre grande de pie frente a otra puerta en el estrecho pasillo.
—Buenas tardes, soy Dareum Im vengo a hablar con Jackson Bell.
El hombre asintió luego me indicó donde debía ir así que fuí.
Me sudaban las manos, me temblaban las piernas, tenía seca la boca, calor en las mejillas, un nudo en el estómago, Dios, me estaba metiendo en la boca del lobo y me quería morir, estaba arrepentida y asustada del lugar en el que me había metido.
Tenía miedo de que no era lo que me pintaban, que todo era una estafaba, que iba a desaparecer, estaba tan paranoica, tenía miedo porque no le había dicho a nadie y si desaparecía tal vez nadie me encontraría.
Me quedé de pie frente a la oficina donde había un cartel que ponía el nombre del hombre con el que hablé, nuevamente mis nervios salieron a flote y quería llorar de angustia. Tomé aire al menos 5 veces para darme ánimos de tocar la puerta, pero no podía ni levantar los brazos, estaba paralizada allí mismo y quizás cuánto tiempo llevaba ahí que de repente la puerta se abrió y un hombre que parecía rondar los cuarenta me miró con una agradable sonrisa.
—Que gusto que vinieras Dareum, ¿Te costó llegar? Ese irresponsable del Gorila no te guío hasta mi oficina. Ven pasa.
Pasé sin decir nada, me invitó a tomar asiento en la silla frente a su escritorio donde tenía dos hojas, una apuntaba hacía su asiento y la otra hacía mi, cuando me acerqué más a la hoja pude ver que eran al menos tres hojas que pertenecían al contrato del que el hombre me había hablado por teléfono.
—Tienes frente a ti el contrato, lo leeré en voz alta para que me digas si está bien o si quieres cambiar algo de el —me miró con una sonrisa tranquila. —si luego de leerlo no quieres firmar está bien.
Me hizo sentir un poco más tranquila y solo asentí porque al menos tenía la seguridad de que podía rechazarlo.
Leyó el contrató en al menos unos cuarenta minutos, dónde se detuvo a explicarme algunos puntos, mencionarme las leyes en las cuales se basaban y leerlas para dejarme segura de que existían, volvió a decirme el pagó y agregó que a eso se le sumaban las propinas de los clientes y bonos monetarios que se conseguían a base de ventas de alto valor realizadas, estás consistían en que los clientes compraran lo más caro de club y a fin de mes se veía quien había vendido más y a esa persona de le daba un bono. El trabajo se escuchaba excelente incluso después de que él me dijo que las chicas se iban por el acoso recibido por parte de los clientes, incluso después que me mostró el tipo de uniforme que se usaba yo quise firmar.
Acepté el trabajo, sin embargo Jackson me dió una oportunidad más, me pidió que probara una semana pagada sin firmar, solo para que yo estuviera segura de que quería trabajar ahí.
—Eres joven, Dareum y estoy consciente de que estás haciendo esto por dinero, no quiero que te quedes en un trabajo del que te puedes arrepentir, prueba esta semana y si al final aún quieres trabajar yo te contestaré.
Acepté, porque él me hizo sentir en confianza, porque me dió oportunidades para negarme y buscar más trabajos, no me sentí obligada y esa noche trabajé por primera vez en Dark Red Zone.
Si, fue un reto, los hombres trataban de tocar de más, decían cosas obscenas, te agarraban sin consentimiento, sin respetar el espacio personal, pensaban que éramos muñecas para tirar de aquí para allá, para tocar como se les diera la gana; escuché perversidades que jamás pensé que escucharía, me sentí como un trozo de carne en medio de perros hambrientos, me sentí sucia y usada.
Para trabajar en D.R.Z debías tener estómago y carácter.
Yo no lo tenía, yo era débil, lloraba fácil, me estresaba fácil, me sentí asqueada muy fácilmente y tuve que salir a tomar aire un par de veces.
En los minutos en los que no hacía nada veía a las chicas que bailaban, ellas tenían carácter, personalidad, fuerza, eran mujeres que parecía que tenían poder a pesar de que estaban ahí para ellos, de ser solo una atracción en este lugar y quise parecerme a ellas por un segundo, quise tener su seguridad, su fuerza, tener el estómago para tolerar que esos tipos les gritaran todo tipo de cosas.
Este trabajo no era para mi, no obstante lo necesitaba y esa única noche me lo demostró porque me fuí con mis bolsillos llenos solo de propinas, nunca había ganado tanto dinero en un solo día y me sentí avariciosa porque quería más, porque no me había gustado pero a la vez quería seguir ahí.
Era la necesidad.
Una semana después firmé el contrato y me atreví a preguntar que debía hacer para subir a bailar y Jackson me dijo que me presentará con Lina, haría una audición y ella me diría si tenía potencial, agradecí la oportunidad de trabajo y agradecí que me permitiera experimentar más. Ese día hablé con Lina y ella me dijo que el lunes le llevara una rutina base solo para ver mi potencial.
Todo el fin de semana cree un baile, me esforcé, escogí una buena canción, unos buenos pasos. De niña había estado en ballet por lo que algo sabía de lo que hacía, supuse que era fácil. Fue un fin de semana muy agitado.