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Por unas copas de más, (y el inicio de un caos)

Sinopsis

Joan odia a Draco, pero una noche salvaje de copas terminan juntos, y no se cuidan, así que Joan queda embarazado de Draco, y no sabe como decirle. Historia creada para el Agosto Mpreg de Ilitia Forever.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

_Prefacio: Y el inicio de un caos

22 de julio de 2023 -

Los dedos de Draco Malfoy marcaban su carne en cada embestida, dejándola completamente roja; su compañero del departamento de aurores lo tomaba de la cintura. Ni siquiera supo de que manera había llegado a esa instancia, pero lo que sí sabía era que lo estaba disfrutando con creces.

Draco lo había besado ferozmente; rabia mezclada con pasión y deseo, recorría su cavidad bucal sin una pizca de delicadeza. De igual modo a Joan no le importaba.

Draco Malfoy era ese fruto prohibido que quería probar.

Ambos tenían copas de más, pero Joan fue el más afectado, porque a pesar que estaba acostumbrado a beber, nunca lo había hecho sin cenar; su cabeza le daba vueltas y apenas podía pensar, su poca conciencia se había ido junto a su orgullo; pero esa noche en particular, lo hizo porque no deseaba estar allí, detestaba ese tipo de eventos. Harry Potter, su jefe, lo había obligado a estar presente ya que era parte del equipo de Aurores y su responsabilidad era asistir aunque no le gustase.

Formar vínculos con sus compañero, era el lema principal. Aunque Draco y Joan lo estaban logrando con creces.

Sin embargo, la pregunta más importante era, ¿cómo Joan y Draco, dos aurores con pocas pulgas que se odian entre sí, habían llegado a esa instancia?

Y para eso, debemos retroceder antes del comienzo de la fiesta.

O antes de que sus vidas cambiaran para siempre.


Joan se miró por última vez en el espejo del recibidor, la fiesta de aurores se llevaría a cabo en uno de los salones del ministerio. Harry Potter, el jefe del escuadrón la había organizado para que el grupo se uniera más.

Su llegada al ministerio de magia inglés había sido antes de la pandemia Muggle, la inestabilidad económica en Sudamérica había sido uno se los detonantes que lo llevaron a esa dura decisión, y a sus treinta y cuatro años abandonó la tierra que lo vio crecer para tomar nuevos horizontes.

Tenía varias opciones, Gran Bretaña o Estados Unidos y optó por la tranquilidad de la ciudad Europea.

Joan tuvo problemas para adaptarse a su nueva vida, pero tanto Ron como Harry lo supieron adaptar, uniéndolos a su familia.

Molly tenía un gran afecto con él y con el único que no podía congeniar era con Percy Weasley, quien le parecía increíblemente insoportable.

Joan no sabía que pretendía, ya tenían suficiente con compartir las horas laborables.

Se peinó su largo cabello, aquel que le traspasaban los omóplatos y se lo recogió para estar mucho más cómodo. Adoraba los rizos que su genética le había otorgado.

—Viniste, ya iba a llamar para que fueran a buscarte —Harry bromeó mientras ingresaba para colocarse a su lado.

—¿Tengo alguna otra opción? —alzó una ceja y lo observó de arriba hacia abajo a través del reflejo— Ya me has dejado en claro que no la tenía —resopló—, sin contar la amenaza de tu sanción. En ocasiones creo que abusas de tu poder.

—¡No fue amenaza! —se indignó— Fue una simple advertencia de lo que te ocurriría si no asistías. Además es una forma de que el grupo sea más unido. ¡Nada más!

—Somos compañeros de trabajo, no somos amigos —Harry rodó los ojos—. Aunque sólo a ti y a Ron los considero como tal; el resto me importa poco.

—Tienes la misma personalidad y el mismo humor retorcido que Malfoy. Si en vez de llevarse mal se unieran, serían un buen equipo —apuntó y continuó a pesar de que Joan le regalaba una mirada asesina—. Él es bueno en pociones y tú en Herbología; ambos se complementan.

—Vine aquí casi obligado, y encima me insultas —carcajeó en forma irónica—. Si no fuera porque me caes bien, hace mucho que te habría dado una paliza, “chico dorado” —acentuó su apodo.

—Sólo traten de llevarse bien, ¿sí? —le rogó— No es necesario que te cases con él —vaciló.

—Prefiero cortarme el miembro viril antes de pensar en algo así —bromeó—. Aunque no suelo usarlo mucho.

—¡Información innecesaria! —canturreó— Por cierto, ¿cómo te ha ido con Charlie? Según él tuvo una buena impresión contigo, cree que se volverán a ver.

—Folla terriblemente mal, sin contar que no está tan dotado, y tuve que masturbarme para poder terminar —el rostro de Harry empalideció—. Para quedarme con alguien así regreso con mi ex. La única forma que lo vuelva a ver es en la madriguera, a cinco pies de distancia.

—Sigo insistiendo, información innecesaria.

—Tú preguntas y yo contesto. No te quejes luego.

Ambos ingresaron al salón que ya estaba repleto de aurores.

Joan creyó que sería una larga noche.


Apenas podía abrir los ojos; Harry junto a Ron hablaban con otro auror que Joan ni siquiera identificaba porque no compartían turnos en el trabajo.

Debió cenar antes de tomarse esas ocho copas de whisky de fuego.

Sintió su estómago revolverse y una acidez acrecentando en él.

Miró la hora en el reloj y suspiró de forma pesada. Aún quedaban dos malditas y eternas horas.

—Lily tiene una adoración con él —Harry lo señaló y por primera vez prestó atención en la conversación—. En ocasiones creo que lo quiere más a él que a mí —refunfuñó y Joan soltó una sonora carcajada.

—Son relaciones distintas —sonrió—. Conmigo puede hablar de cosas que quizás contigo no, es una cuestión de confianza. Además de que hice un juramento inquebrantable de que jamás te diría lo que me cuenta.

—¿¡Bromeas!? —jadeó— ¿¡Has hecho un inquebrantable con hija?

—Buena deducción, Sherlock —acentuó haciendo reír al resto de sus compañeros—. Creo que es lo que acabo de decir.

—¿¡Pero cuándo ocurrió!? —se indignó— ¿Y por qué yo no lo sabía?

—¡Ginevra está al tanto! ¿Okey? ¡No me grites, que me duele la cabeza! —se quejó y frotó su sien.

—Perdón, es que —vaciló y rascó su nuca—, por alguna razón me ha dado celos que confíe más en ti —admitió con el corazón roto.

—Harry, Harry, Harry —rio—. Es obvio, de que una niña de casi dieciséis años, confíe más en su tío borracho y drogadicto que en su padre —bromeó.

—Hablando de..., ¿trajiste? —Ron hizo el gesto de fumar y Joan asintió antes de guiñarle un ojo.

—¿No podías dejar eso, al menos por éste día? —Harry lo regañó.

—Me arrastras a un lugar que no quiero y encima me pides que deje la mota —soltó una carcajada—. ¡Ni soñando!, no es mi horario laboral. ¿O estoy equivocado, Smith? —miró a su colega quien asintió intentando no reírse por los gestos de su jefe— ¿Lo ves? Y hablando de drogas —gimió a la vez que se estiraba—. Iré al patio a fumar mi hierba —anunció para luego ponerse de pie.

—¡No te tardes tanto! —gritó mientras su auror se alejaba—, que luego habrá karaoke.

—¿Podré cantar “People equal shit”? —se mofó.

—¡No! ¡Y mantente sobrio! —gruñó.

—¡Tarde! —tarareó y salió sacudiendo su mano.

—¡Joan! —gimió y al auror le pareció divertido.

La noche se encontraba fresca, el aire veraniego se sentía cada vez más y a Joan era lo que más le gustaba. Amaba esa estación del año, por sobre todas las cosas, esperaba el calor con ansias.

Odiaba el frío.

Sacó una caja de cigarros del bolsillo de su pantalón, golpeó la base sobre su palma, puso uno entre sus labios y con la varita lo encendió. Disfrutó de la primera calada de la noche y cerró los ojos disfrutando de la brisa que acariciaba su rostro.

El alcohol en sus venas estaban haciendo efecto.

Unos pasos lo hicieron girar y resopló al ver de quién se trataba.

—Siempre pegado a mi trasero, ¿eh, Malfoy? —se mofó con diversión y le dio otra pitada al tabaco— Al fin y al cabo pensaré que estás obsesionado conmigo —volvió a fumar y largó el humo.

—Te encantaría, pero no tengo gustos tan malos —escupió—. Así que tendrás que quedarte con las ganas.

—Prefiero volver con mi ex, antes que tener algo contigo y con eso digo todo —bramó—. No te tocaría ni con una sierra eléctrica, ni aunque fueras el último hombre en la faz de la tierra —Draco soltó una carcajada—. ¿De qué te ríes, imbécil? —ladró.

—Que compartimos el mismo sentimiento, Brunt —masculló arrastrando las palabras—. Eres el ser más despreciable que conozco —Joan soltó un eruto y Draco frunció la nariz con desagrado—. Y me lo acabas de confirmar con los hechos.

—Eres una princesa, Malfoy.

—¡Tener buenos modales, no me hace princesa!

—¡Princesa! —refutó desafiándolo—. Eres una princesa —acentuó cada palabra—, ¿por qué no cantas para que los animales vengan a ayudarte? —se burló mordiéndose la lengua. Fue hasta una esquina y se sentó sobre el suelo, luego de deslizar su espalda en la pared.

—Nunca nos llevaremos bien, ¿verdad?

—Excelente deducción, Sherlock —apuntó—, me acabas de demostrar que puedes conectar dos neuronas. ¡Bravo! —aplaudió con sarcasmo— ¡Pero cuidado! No vayas a desmayarte.

—Eres un maldito idiota —masculló y se cruzó de brazos mientras miraba el jardín—. ¿Por qué has venido? —lo miró con desagrado— Es obvio que no quieres estar aquí.

—Harry me ha obligado prácticamente —bufó y frotó sus ojos—. Y sí, realmente no quiero estar aquí.

—Uhm, a mí me ha dicho lo mismo —murmuró y lo observó fumar—. No creí que fueras de esos descerebrados, que consumen esa basura muggle —hizo un gesto de repulsión.

—¿Tienes miedo que me enferme? —alzó una ceja— No creí que te preocuparas por mí —hizo desaparecer la colilla de su cigarro con un hechizo y suspiró—. Me importa poco y nada —gruñó—. Mi madre ha fumado desde los trece años y ha tenido dos ACV, actualmente tiene setenta y cuatro. Mi ex suegra jamás probó uno en su vida, y un sólo ACV fue suficiente para acabar con su vida —rio de forma amarga—. La muerte es una perra, jamás sabrás si vendrá por ti. Su selección deja mucho que desear.

—No te imaginaba siendo un ser con pensamientos tan profundos —bufó y se sentó a su lado—. Nunca entenderé porqué me odias, lo has hecho desde el primer que nos vimos.

Joan no se atrevió a mirarlo— Eres el típico niño mimado que jamás ha pasado necesidades; abriste la boca y opinaste de algo que no tienes la más puta idea —estiró las piernas y descansó la espalda sobre la piedra—. No sabes lo que es pasar frío y hambre.

—¿Y tú sí?

—Más de lo que quisiera —sus fosas nasales se ensancharon antes de prender otro cigarro—. Te puedo dar una cátedra completa. Para mí mala suerte —retuvo el humo inflando las mejillas y lo soltó luego de varios segundos—. No se lo deseo ni a mi peor enemigo; en este caso a ti.

—Y yo que iba a convidarte de la bebida que le he robado a Potter —con un movimiento de varita la regresó a su tamaño normal—. Pero si soy tu enemigo —la alejó cuando su compañero intentó tomarla— no debería de darte, ¿verdad?

—Le has quitado la edición de 1879 —jadeó—. Él te matará —lo miró con los ojos muy abiertos.

—Ni siquiera ha notado que no está —se burló—. ¿Entonces quieres? —sacudió la botella y Joan se lamió los labios.

—Te chupo el pene —vaciló—. No quiero morir, al menos sin antes probarlo —lo observó con deseo.

Draco alzó una ceja— No pondrás tu asquerosa boca en mi pene —se asqueó de sólo pensarlo—. Ve tú a saber todas las porquerías que metes ahí, sin mencionar el tabaco.

—Bueno, puedes follarme si quieres o lo que me pidas.

—¡Eres un maldito borracho! —resopló— ¿Serías capaz de hacer algo así sólo por una bebida? Pero te convidaré porque me das pena —musitó entre dientes.

Draco abrió el Whisky y se lo cedió luego de que Joan apagara la colilla.

—¡Este será un momento glorioso! —mojó su boca antes de darle un sorbo.

La bebida fue quemando su garganta, una mezcla dulce con un incendio increíblemente delicioso. Gimió entre tragos y se deleitó con cada gota.

—¿Está bueno? ¿Ha valido la pena? —carcajeó al ver sus gestos de placer.

—Eso, fue la maldita gloria —tarareó complacido—. Sólo te recomiendo que lo hagas lento, te quema el estómago si baja demasiado rápido. ¡Joder!

—Has bebido un trago demasiado largo —se mofó—. El whisky se disfruta de a poco. Eres un bruto hasta para beber.

—En los cuentos de hadas está la princesa, el príncipe y el ogro —soltó un eructo para nada elegante y Draco sacudió el aire para quitar el fuerte aroma—. Tú eres la princesa y yo el ogro —sonrió adormilado—. Los ogros no viven felices para siempre —sus palabras ya se arrastraban.

—Mi esposa solía decirme que era un troll —estaba en igualdad de condiciones con su compañero. Apenas podía pronunciar las palabras—. Pero fue en la fase en la que su enfermedad se salió de control. Ya no era ella y yo lo entendía; no podía enojarme con ella, fue el amor de mi vida. Pero la maldición se había apoderado de su cuerpo.

—Debió ser difícil y muy duro para ti, digo, perder a tu esposa, ¿verdad? —entrecerró los ojos al no poder mantenerlos completamente abiertos.

—Sólo quería que dejara de sufrir, odiaba verla así —parpadeó para disipar las lágrimas—. Me dolió su partida, sólo me he quedado con la imagen de la mujer amorosa que tanto amaba, pero por otra parte supe que ya había encontrado la paz.

—Lo lamento —murmuró—. De verdad.

—Ha pasado demasiado tiempo, ya hice mi duelo —gruñó al sentir el fuego en su interior por el whisky.

—Me imagino que sí —elevó las cejas al sentir que se dormía—. ¿Y tu hijo? He oído bastante de él.

—¿De verdad? —alzó una ceja— ¿Y en dónde has oído de él? —preguntó con curiosidad.

—Uhm, de alguien —musitó—, pero no puedo hablar mucho porque hicimos un juramento inquebrantable —carcajeó—, y ya sabes lo que sucede.

—Ya me imagino quien será —bufó—. Habla demasiado de ella y está pensando en ser el ayudante de Horance con tal de seguir en la escuela.

—La manzana no cae muy lejos del árbol, ¿verdad?

—Eso parece —rio—, aunque jamás me han atraído las pelirrojas —se burló—. ¿Quieres? —le ofreció más bebida.

—¿Me darás de beber tú? —ronroneó— Si es así no tengo problemas.

A esa altura de la noche, Joan ya había perdido la poca cordura. Sin contar que había olvidado el hecho de que su jefe ni siquiera se había aparecido para ir a buscarlos.

—¿Siempre tienes que ser así de desagradable? —lo regañó— ¿O sólo lo haces para molestarme? —frunció la nariz.

—Vivo para molestarte —bromeó—. Es mi objetivo principal desde que me levanto, creí que eso se encontraba establecido en mi planificación diaria.

—Pues lo haces muy bien, déjame decirte.

—Deberían de darme un premio, ¿no crees? —su voz salió ronca y su respiración entrecortada.

Draco rodó los ojos al verlo en esa situación— A ver abre la boca —accedió pocas ganas y Joan hizo lo que le pidió; sacando la lengua del modo más indecoroso.

El líquido cayó de a poco, deslizándose dentro de la cavidad bucal de su compañero, pequeñas gotas se escurrían en su comisura.

Draco mentiría, si dijera que esa no era la imagen más sensual que había visto en su vida.

O quizás era el alcohol haciendo de las suyas.

O tal vez una parte de él lo deseaba en secreto, sólo le provocaba rechazo ciertas actitudes de su compañero; sin embargo, físicamente era atractivo, sobre todo por sus facciones tan marcadas y a pesar de tener nariz respingada, su rostro era sumamente masculino.

—¿Ahora estás feliz?

Joan se acercó hacia él y le susurró— Lo estaría más si tuviera tu pene en mi boca.

La respiración de Draco dejó de funcionar.

—¿Siempre eres así? No paras hasta que logras lo que quieres.

—Es que hace mucho que no pruebo uno —lentamente se acercó a su rostro—. Hasta he olvidado su sabor y me pongo de muy mal humor por ello —Joan deslizó su mano hasta el prominente bulto de su compañero—. De todas formas, no veo que te quejes —se mofó al percibir su erección.

—¡Joder! —jadeó al excitarse cada vez más, mientras su compañero frotaba sin pudor. Se giró en dirección a la entrada para advertir que no se acercara nadie— ¿De verdad lo quieres? —Joan asintió varias veces con entusiasmo— Eres una maldita puta, ¿cierto?

—No sólo bebo, fumo y digo groserías —expresó con un tono seductor—. Te puedo demostrar que otras cosas puedo hacer con mi boca. Te puedo hacer tocar el cielo con las manos, aún con los pies sobre la tierra.

—Hasta hace un momento decías que no me tocarías ni con una... ¿cómo era que se llamaba?

Joan bufo— Pero no te estaría tocando, no sería con las manos, no las necesito —le aseguró—, mis habilidades con la lengua son increíbles.

Draco lo pensó un momento y volvió a voltear hacia la entrada.

—Pero alejémonos de aquí.

Joan sonrió victorioso y ambos se levantaron con dificultad.


Draco le follaba la boca, jamás se lo habían hecho de esa manera, de un modo tan rudo y salvaje. Los sonidos indecorosos se escapaban de la garganta de Draco y Joan hacía un esfuerzo para no ahogarse.

¡Bendito Merlin! Ya extrañaba ese sentimiento y esa emoción que sólo chupar un pene le provocaba.

La virilidad de su compañero golpeaba su garganta y su lengua intentaba no perderse cada centímetro de su falo.

Draco tiraba de su cabello, y no podía negar, que eso era uno de sus tantos deseos ocultos.

Arrodillado frente al Slytherin, se encargaba de estimular cada parte de su miembro, mientras tarareaba con satisfacción sabiendo que volvía loco a su compañero.

—Te gusta, ¿verdad, puta? —gruñó— No tenía idea de que eras una. Mírate, como lo disfrutas —se burló tratando de no correrse—. Si sabía que esta era una forma de cerrar tu boca, te lo habría pedido hace mucho. ¡Joder! ¡Trágala toda!, ¡hasta la última gota, maldita perra! —tiró con más fuerza de su cabello e inclinó su cuerpo hacia atrás a la vez que temblaba sin control.

Jamás había recibido un oral tan increíble.

El interior de Joan fue llenado y se complació de beber hasta lo último.

Draco lo ayudó a levantarse y lo besó vorazmente. La mano de su compañero se coló debajo de su camisa y le arañaba la espalda con deseo.

Después de eso, ninguno de los dos supo que ocurrió en realidad.

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