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Una segunda oportunidad para el amor

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Sinopsis

Chelsea Evans estaba estudiando en la universidad cuando conoció a Carlo, eran felices, disfrutaban su amor, hasta que un día Carlo le dio una mala noticia, se estaba muriendo. Ella estuvo junto a él todo el tiempo hasta que murió pero no todo era de color de rosa, la madre de Carlo no se lo ponía nada fácil hasta que él murió. Después desapareció durante un tiempo. Cuando volvió a su ciudad se reencontrará con Alex Blake que lo conoció en el aeropuerto de Londres cuando ella iba a pasar sus últimos momentos con Carlo. Vivirán desafíos juntos para sobrevivir ¿Chelsea le dará una segunda oportunidad para el amor?

Estado:
Completado
Capítulos:
30
Rating
4.4 5 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Prólogo - Carlo Vitale

Llevaba esperando a mi novio más de media hora. Llevaba llamándolo desde que salí del trabajo. Era camarera, aunque estudié empresariales pero no tuve suerte en este ámbito y tuve que confirmarme con lo que salía y fue en la hostelería. Llevaba con mi novio tres años, nos quisimos desde que nos conocimos en la universidad, él trabajaba de modelo en Londres e Italia. Lo llamé y por fin me respondió.


LLAMADA

-Lo siento, me ha surgido una urgencia, nos vemos en casa.- contestó Carlo, su voz parecía triste.

-De acuerdo.- contesté preocupada y colgué.

FIN LLAMADA


Cogí un taxi y me dirigí a la casa donde llevábamos viviendo desde hacía un año y medio. Entré y estaba dando vueltas por todo el salón. Me empecé a preocupar aún más.

-Hola.- dije preocupada.

-Hola.- dijo Carlo triste. -Tenemos que hablar.- dijo cogiéndome de la mano y sentándonos en el sofá.

-¿Va todo bien?- dije poniéndome nerviosa. -¿Qué ocurre?- pregunté asustada.

-No, la verdad...- dijo Carlo. Hizo una pequeña pausa para tranquilizarse. -¿Recuerdas que los últimos días no me encontraba bien?- preguntó.

-Claro que me acuerdo.- dije. Estaba asustada, temiendo lo peor.

-Pues fui al hospital hace unos días y hoy me han dado los resultados y no son nada buenos.- dijo Carlo empezando a llorar.

-¿Qué es lo que tienes?- pregunté con lágrimas en los ojos.

-Tengo cáncer de páncreas.- dijo llorando. El salón se quedó en un total silencio, Carlo habló después de una pausa de unos minutos que nos parecieron horas -No me queda mucho tiempo de vida.- terminó de decir.

-¿Cuánto tiempo?- pregunté llorando.

-Entre uno o dos años.- contestó llorando.

Me levanté de golpe del sofá y me dirigí a nuestro dormitorio a llorar. Carlo se acercó diez minutos después y se acostó conmigo y me abrazó haciendo la cucharita, no hablamos durante horas hasta que anocheció. Di media vuelta para quedarme enfrente de él, estaba dormido. Le di un beso en los labios.

-Vamos a luchar hasta el final.- le susurré con lágrimas en los ojos.

Le acaricié su mejilla izquierda, me levanté y salí a pasear, llamé a mi mejor amiga Amy porqué la necesitaba. Quedamos en uno de los bares en el que yo trabajaba.

Diez minutos después estaba entrando en el bar, allí estaba mi amiga hablando con mi jefe y amigo Riley, el cuál estaba loco por ella pero no le hacía caso. Ella era la típica mujer que se acostaba con todos los hombres ricos que se gastaban todo su dinero en lujos. Ella era dama de compañía.

Me acerqué a ellos y Riley se levantó de la silla para dejarnos a mi amiga y a mí hablar tranquilamente.

-Yo vuelvo al trabajo.- dijo Riley.

-Gracias.- le dije a Riley cabizbaja.

Abracé a mi amiga y empecé a llorar de nuevo en su hombro. Estuvimos un rato abrazadas hasta que me tranquilicé. Cuando ya estaba un poco más tranquila, le conté lo que estaba pasando.

-Carlo...- dije intentando no llorar. -Está enfermo.- dije con un nudo en la garganta.

-Tranquila, habrá algo que se pueda hacer.- dijo Amy intentando tranquilizarme.

-¡NO!- grité. Los clientes me miraron cuando grité. -No lo entiendes, tiene cáncer de páncreas, la enfermedad está muy avanzada, no hay nada que hacer.- terminé de decir llorando desconsoladamente.

-Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea ¿verdad?- dijo Amy acariciando mi espalda.

-Lo...- empecé a decir pero mi teléfono me interrumpió, era una llamada de Carlo. -Tengo que cogerlo.- dije con el teléfono en la mano.


LLAMADA

-Hola.- dije contestando a la llamada.

-¿Dónde estás?- preguntó Carlo preocupado.

-Estoy en el bar con Amy, voy enseguida.- dije y colgué.


FIN LLAMADA


Me acerqué a la barra donde estaba Riley para pagar pero él lo rechazó.

-Tomate el resto de la semana libre para estar con Carlo.- dijo Riley. Era miércoles.

-Gracias.- le agradecí. Salí del bar y me fui a casa con Carlo.

Una semana después, el médico llamó a Carlo para saber si había decidido empezar el tratamiento y él dijo que sí.

Un año después trasladaron a Carlo al hospital de su ciudad natal en Roma, Italia, yo por trabajo tuve que ir dos días después. Salí de casa, estaba nerviosa, quería llegar lo antes posible a Roma para estar con él pero no quería ver a su madre, ya que después de saber de la enfermedad de Carlo empezó a culparme pero cuando la conocí era todo lo contrario, me quería como una hija, sólo con ver a su hijo feliz.

Llegué al aeropuerto, estaba exhausta por correr y no perder el vuelo, y porqué tampoco había dormido nada, me senté en una de las sillas de la sala de espera del aeropuerto esperando para embarcar en el avión. No estaba sola, allí mismo había un hombre atractivo con pinta de modelo, llevaba un traje de tres piezas gris con camisa blanca y corbata granate con puntos blancos con un pañuelo a juego con la corbata. Tenía el pelo negro, una pequeña barba de tres días, tenía los ojos azules como el hielo. Suspiré.

-¿Cansada?- preguntó el sexy desconocido

-Un poco.- contesté.

-¿Viaja por trabajo o por placer?- preguntó.

-Ni uno ni lo otro, voy a pasar los últimos días de mi novio.- contesté con lágrimas en los ojos.

-Lamento oír eso.- dijo apenado.

-Gracias.- dije secándome las lágrimas.

-Soy Alex Blake.- dijo extendiendo su mano derecha.

-Chelsea Evans.- dije estrechándosela.

Hablamos un rato hasta que me avisaron por megafonía para embarcar y nos despedimos.

Tres horas después, llegué a la puerta del aeropuerto de Roma y me esperaba la madre de Carlo, tenía una expresión de odio, ella era la mujer más cariñosa conmigo (o eso creía) cuando supo que mis padres murieron en un accidente de tráfico, hasta que nos enteramos de lo de Carlo, entendía cómo se sentía pero me echaba toda la culpa a mí, que aún seguía sin entender el porqué.

-No quiero que estés cerca de mi hijo.- me dijo con desdén.

-La decisión la tomó su hijo, que aún está vivo, puede que me odie pero no pienso separarme de él por nada del mundo.- dije con un nudo en la garganta. Estaba harta de su odio hacia mí.

-Me...- empezó a decir enfadada pero la interrumpí.

-¿Quiere que su hijo esté enfadado con usted o le quiere ver feliz?- pregunté triste y con lágrimas en los ojos. -Por lo menos haga el esfuerzo y tenga un poco de empatía.- dije llorando.

-Quiero que sea feliz... siempre.- dijo pensativa.

-Mire, la entiendo ¿vale?- empecé a decir. -No es lo mismo, es su hijo, le dio la vida, le educó, estuvo cuidándolo hasta que se convirtió en adulto y siempre velará por él y yo sólo le conozco desde hace tres años, quería un futuro con él, quería casarme y formar una familia y me duele lo que está pasando por esto...- hice una pausa para respirar un poco. -Es la única familia que me queda, estoy sola, mis padres están muertos, estuve sola en el orfanato y me quedé sola, luché para vivir y voy a seguir haciéndolo pero no pienso separarme de Carlo, le guste o no, esa es su última voluntad y voy a respetarla.- dije llorando y furiosa. Me subí en el taxi que ya me estaba esperando y la dejé con la palabra en la boca.

Minutos después entré en el hotel que quedaba cerca del hospital, me di un baño relajante y me vestí para ir a ver a Carlo y hacerle compañía. Llegué al hospital y me acerqué a la habitación de Carlo, él estaba dormido, me acerqué despacio y le di un beso en la frente. Me senté en el sillón que había cerca de la cama y empecé a llorar en silencio, le cogí de la mano izquierda y apoyé mi cabeza en la mano en la que le sujetaba, me quedé dormida.

Me desperté notando una mano fría acariciando mi cabeza, me levanté de golpe, le abracé y le besé por toda la cara. Hablamos un rato hasta que llegaron sus padres, me despedí de él y salí de allí para alejarme de su madre. Estaba esperando en el ascensor cuando el padre Carlo se acercó a mí.

-Chelsea, espera.- dijo acercándose a mí. -¿Cómo estás?- preguntó el señor Vitale preocupado.

-Estoy bien.- dije a punto de llorar.

-Oye, sé que estando cerca de mi hijo te mantienes tranquila pero en el fondo también estás sufriendo igual que nosotros.- dijo poniendo su mano izquierda en mi hombro derecho.

-No quiero que se vaya.- dije llorando desconsoladamente. El señor Vitale me abrazó para consolarme.

Pasaron las semanas y seguía la misma rutina, mi relación con la señora Vitale seguía igual, no me dirigía la palabra. Me quedé a dormir en el hospital con Carlo, a la mañana siguiente me desperté, me acerqué a Carlo y lo besé, él estaba frío, más frío de lo normal, salí corriendo pidiendo ayuda en italiano.

-¡AIUTO! (¡AYUDA!).- grité llorando. -¡QUALCUNO PUÒ AIURTARMI! (¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!).- volví corriendo.

El médico y una enfermera se acercaron a la habitación de Carlo corriendo, el médico le tomó el pulso y certificó su muerte. Estaba en shock, no oía nada, ni siquiera cuando el padre de Carlo me llamó, salí a la calle y empecé a correr, bajando por las escaleras hasta la calle, seguí corriendo hasta que me cansé, empezó a llover, llegué al lugar que me trajo Carlo cuando conocí a sus padres, era un mirador, con una vista panorámica de Roma, no había nadie y me quedé allí hasta que me cansé de llorar, pasé el día allí hasta que anocheció y volví al hotel.

A la mañana siguiente me duché y me vestí de negro para ir al funeral. Cuando llegué al cementerio me acerqué al ataúd para poner una rosa blanca. La madre de Carlo me apartó de allí empujándome y me tiró al suelo, se puso encima de mí a horcajadas y empezó a golpearme hasta que su marido le cogió del brazo y la levantó encima de mí.

-¿TE HAS VUELTO LOCA?- le gritó el señor Vitale a su esposa, furioso. -No sé porqué la tratas así, ella también está sufriendo su muerte, deja tu egoísmo, estoy harto de mí.- le dijo furioso. El padre de Carlo se acercó a mí y me tendió una mano para ayudarme a levantarme del suelo.

-¿Estás bien?- me preguntó el padre de Carlo preocupado.

No dije nada, salí de allí corriendo y me dirigí al hotel para hacer mis maletas y me dirigí al aeropuerto. Llamé a Amy pero no me contestó y me saltó el buzón de voz y le dejé un mensaje.

-Hola, soy yo, se acabó, Carlo se ha ido para siempre, ya no me queda nada aquí, me voy a ir de viaje una temporada para centrarme en mí, no me busques, te llamaré cuándo esté preparada, te quiero, adiós.- le dije llorando en el buzón de voz. Apagué el teléfono y me fui al aeropuerto y cogí un avión a un lugar desconocido.

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Bien escrito

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Trama absorbente

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Buenos personajes

1

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Diálogos potentes

1

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author

Ahí ya empece llorando los enfermos me hacen llorar o será porque se lo que es una perdida

un año

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