Parte Única

El extravagante sonido del violonchelo acompañado de los contrabajos casi hizo que el joven suelte un incivil bostezo. Desde su llegada a la velada elegante, la música clásica resonaba por el pulcro salón, disfrazándose como una cortina invisible para cubrir la interlocución del gentío. Él no despreciaba este tipo de música, pero definitivamente es un género que no está acostumbrado oír. Por el rabillo del ojo vislumbra a la multitud estática; concentrados en una palabrería diversificada. Unas cuantas parejas se animaron en una danza efímera para nuevamente regresar al mismo estado de calma.
Es un ambiente desaborido que le genera estupor.
Yuuji gira lentamente la cabeza y observa la normalidad del resto de invitados. Quizás cada uno de ellos fueron enviados a internados prestigiosos donde una de sus clases primordiales fue aprender la correcta etiqueta de bailes. Las espaldas rectas, los hombros hacia atrás y las sonrisas encantadoramente falsas son una prueba de su conjetura. Las expresiones denotaban seguridad y refinamiento, dos cosas con las que el pelirrosa no estaba estrechamente familiarizado. A veces sus inseguridades se aprovechaban de su mente inexperta y su estatus social jamás le hubiera permitido asistir a fiestas tan prestigiosas como ésta. No se sentía un inculto, pero no existía punto de comparación.
Rodeado de ricos con exuberante donaire, y resaltando por sus costosas vestimentas y brillantes joyas, está completamente fuera de lugar. Ni siquiera su traje que vale miles de yenes le haría olvidar que no pertenece a este mundo.
Los meseros recorrían el gran salón con bandejas de plata, ofreciéndoles su contenido a los presentes. Incluso ellos poseían una etiqueta de comportamiento y Yuuji pensó que ellos encajaban mejor que él.
Él era esa pieza que forzabas a encajar en un rompecabezas pese a que su forma era disímil para el espacio de la pieza faltante. Aún así, continuabas testarudamente en acoplarlo, sabiendo que es una tarea inútil.
Las yemas de sus dedos acariciaron el cristal de la flauta, dudando todavía de si beber o no la champaña. Según las leyes no tiene la edad requerida para el consumo de alcohol, pero se supone que debe aparentar veinte años y ya pudo percatarse de ciertas miradas curiosas con respecto a su dilema etílico. Lo último que quería Itadori es llamar la atención. Las ordenes son mantener un bajo perfil y estar atento en el momento que la subasta comience.
Esta mañana se notificó de una subasta de artículos de la Era Meiji. Nada ilegal de por medio, simplemente personas ofreciendo una gama de reliquias antiguas y costosas para los adinerados que gustaban de coleccionar dichos artículos. Esto no debería ser de importancia para la sociedad jujutsu de no ser por un peculiar objeto de mastodóntico interés.
Uno de los dedos de Sukuna fue confundido como una pieza de arte de un pintor famoso de la antigüedad y se hallaba entre las reliquias a subastar. Así que los hechiceros debían entrar en escena y recuperarlo. Empero, al tratarse de una situación que concierne a los no hechiceros y de un alto estatus social, las cosas se complicarían. Por lo tanto, la misión consiste en camuflarse y comprar el dedo. El dinero ha sido una cortesía de su excéntrico maestro. Aparentemente a Gojo no le cuesta despilfarrar unos miles o millones de yenes, y Yuuji se pregunta cómo él puede tener tanto dinero.
¿Era una ventaja de ser hechicero de Grado Especial o el clan al que pertenece estaba aglomerado en riqueza? ¿Acaso es más rico que Tony Stark y Bruce Wayne juntos? Preguntas que no lo dejan dormir por la noche.
Ahora, ¿cuál es el procedimiento si en el peor de los casos otra persona adquiere el dedo? Bien, esa es la parte que traía confundido a Itadori. El plan de acción es robar el dedo. ¿Cómo? Eso es algo que el moreno no sabe, su sensei únicamente dijo que habría una distracción para que Inumaki y Fushiguro aprovecharan para acercarse a la persona en cuestión y le arrebataran el objeto maldito. No es que desconfiara de su maestro, pero Itadori conoce de primera mano acerca de los planes de Gojo. Metido en una caja para luego emerger con entusiasmo enfrente de sus compañeros que lo creían muerto fue una pésima —y cruel— idea.
Maki juró que patearía el trasero del albino si tuvieran que someterse a un plan con estilo de los Looney Tunes. Los estudiantes, menos Yuuji, la apoyaron.
Esperaba que la situación estuviera a favor de ellos y no tener recurrir al robo.
Más pares de ojos se ciernen en su persona y el adolescente deja de titubear para beber una cantidad considerable de la champaña. El sabor se asienta en las papilas gustativas, generándole un leve gusto y lo toma como luz verde para beber un poco más.
Maki y Nobara estaban al otro lado del salón, charlando en voz baja y manteniéndose en alerta. Sus vestidos acapararon miradas envidiosas que no fueron desapercibidas por las chicas y, de forma mezquina, lo disfrutaban. Por otro lado, Megumi junto a su atractivo porte y esos mechones oscuros puntiagudos generaron interés en algunas señoritas. Por esa razón Toge y él simulaban estar en una seria conversación, evitando que ellas se aproximasen.
Gojo era el único que parloteaba con la gente, no acostumbraba a asistir a eventos como este, sin embargo, criarse en un poderosos clan vino con el paquete de comportamiento para ciertas ocasiones. Su charla se detuvo al detectar el porte alicaído de su estudiante de cabello rosado. Eso captó su atención y cortésmente se despidió de las mujeres que lo habían acaparado desde su llegaba.
El alumno suspiró y dejó la copa vacía en la bandeja de uno de los meseros que se hallaban cerca de él. A Satoru le extrañó muchísimo el semblante del chico, en la mañana parecía bastante animado con la misión y lo todo lo que ve en él es la personificación del aburrimiento. Desde que lo conoce, las sonrisas de Itadori iluminarían hasta el día más gris y templado. Pero el resplandor que lo caracteriza ha desaparecido.
La hiel sube hasta su garganta, disgustado de la privación de las expresiones inocentes y alegres de su precioso estudiante; siendo reemplazadas por expresiones estoicas. La sensación ferviente que recorre por sus venas ante el pensamiento que algo malo le sucede a Yuuji lo pone en alerta.
Ya de por si en la escuela de hechicería era difícil disimular sus sentimientos inmorales hacia su alumno como para que ahora montara una escenita de la cual estaría arrepentido más tarde. Por tanto, debe simular que no le afecta en demasía el semblante del jovenzuelo.
Su mano semicubierta por un guante oscuro se posiciona sobre la nuca de su estudiante, Infinito nunca estaba activo cuando se trataba de Yuuiji. Su toque provoca un estremecimiento que meramente él se percata y entonces el adolescente se voltea y Satoru se fija en el bonito carmín de sus mejillas. A diferencia de sus otros alumnos, Yuuji es fácil de leer, lo que le otorga una ventaja para saber cuando detenerse o proseguir.
—¿Estás bien, Yuuji? —Finge un tono preocupado, disfrutando de acariciar esa nuca bronceaba y ufanándose por el leve brillo sicalíptico que los ambarinos orbes adquirían—. En el auto te veías emocionado por estar aquí y ahora luces como si hubieran atropellado a tu perro.
—Lo sé. Pero no esperaba que esta fiesta fuera tan aburrida. —El puchero que el joven hizo exaltó brevemente el interior del adulto, afortunadamente el autocontrol impidió que Gojo agachara su cabeza para atrapar esos dulces labios y devorarlos—. ¿Falta mucho para que comience la subaste? No sé por cuanto tiempo resistiré a esta atmósfera. ¡Hasta las clases de ciencias eran un poco más entretenidas que esta fiesta! ¡Y yo era terrible en esa asignatura, Gojo-sensei!
—Yuuji, baja la voz, las personas comienzan a mirarnos —susurró mientras sonreía, aparentando serenidad—. Recuerda que no podemos llamar la atención. Prácticamente nos hemos colado en una fiesta privada.
—Lo lamento, sensei. —Se disculpa y enseguida se deprime cuando la mano de su maestro abandona su nuca. A él le gusta mucho el tacto del albino.
Dentro del dominio del Rey de las Maldiciones, se escucha una risa bufonada.
Mocoso, eres tan precoz. Un insignificante toque y te mueres por ser montado por ese gilipollas.
Itadori se hace el desentendido contra las burlas de Sukuna, maldiciendo su nula privacidad. Únicamente la maldición es sabedora de sus íntimos sentimientos profesados a su maestro. Es similar a compartir habitación con otra persona, no obstante, el jodido inquilino disfrutaba de matarlo en su dominio o mofarse de su enamoramiento.
Ah, y era un simp de su amigo Fushiguro.
El chasquido de los dedos enguantados del adulto sacó a Yuuji de su ensimismamiento.
—Tierra a Yuuji-kun~. ¿En qué está pensando esa mentecilla tuya? —El rostro del mayor se encuentra a escasos centímetros del rostro de Itadori. Un déjà vu de su primer encuentro en la azotea de la Secundaria de Sugisawa—. ¿Qué sucede? ¿El gato te comió la lengua~?
Lo que desea es que le comas el...
«¡Cierra la puta boca!»
Los colores rojizos se le subieron a la cara, nervioso por el comentario desvergonzado y acertado de la maldición. Negar las fantasías libidinosas con el hechicero más fuerte es inútil. No lo pueden culpar. Su atracción hacia él es completamente comprensible, porque su maestro a sus veintiocho años está más caliente que el sol de verano.
¿Altas y con enorme trasero como Jennifer Laurence? ¡Rasca eso! Altos, fuertes y polla grande —no le pregunten cómo sabe esto— son su tipo.
—Para nada, Gojo-sensei. —Se aleja un poco de él, por el bien de su pobre corazón—. Simplemente quiero que esto se termine. —Suspira decepcionado—. No creí que estas fiestas fueran así de aburridas. No se parecen en nada a las películas.
—¿Esperabas a los bailarines de Step Up o al Joker apuntándonos con una metralleta? —comenta jocoso y se deleita con la suave risa del pelirrosa.
—Claro que no. Pero un mejor entretenimiento estaría bien.
—¿A que te refieres con eso? —Arquea una ceja detrás de su venda.
—Sin ofender, pero escuchar a Beethoven durante dos horas es fastidioso.
—Esa ni siquiera es una composición de Beethoven. —Ladea una sonrisa.
—No sé nada de música clásica, ¿okay?
Satoru lo ve cruzarse de brazos y fruncir el ceño. El chico es demasiado dulce incluso para alguien tan goloso como él. Un suculento majar que deseaba reclamar y clavar sus dientes en esa tersa piel bronceaba hasta saciarse, aunque una parte le decía que él nunca estará satisfecho, siempre deseando más. Itadori no sólo es una singularidad en la hechicería, lo es para el mundo. Mirada de ángel, corazón bondadoso y voluntad feroz son cualidades que no se encuentran a menudo en la gente, y menos en un jovencito. Su carismático estudiante es demasiado bueno para este mundo.
Resistía el sofocante impulso de encerrarlo en una caja de cristal. De esa manera él sería el único en admirar semejante preciosidad. Empero, no lo hará.
Aun cuando su moralidad se balancea en distintos sentidos, quitarle la libertad a Yuuji lo hala a la culpabilidad.
Itadori Yuuji despierta muchos sentimientos conocidos y desconocidos en él.
—Por cierto, Gojo-sensei. ¿Qué haremos para recuperar el dedo de Sukuna si alguien más lo compra?
Hubiera dicho cualquier inteligente estrategia que les evitara revuelo, pero ver a su alumno sufriendo la aburrición le acaba de dar una buena idea. Probablemente escuchara una conferencia de Megumi mientras activa su técnica maldita o a Nanami, en caso de que sus estudiantes le soltaran el té. Esos bribones serían los primeros en acusarlo de herejía para que lo quemaran como las brujas de Salem.
Sus perlados dientes resaltaron e Itadori sintió una delicada corriente viajar por su columna cuando el mayor se acercó tanto que su cuerpo chocó contra la pared que se halla detrás. Las puntas de sus falanges hormiguearon por la necesidad de trazar patrones sobre esa sugestiva clavícula descubierta. Quizás con suerte sus manos vagarían más abajo; adentrándose en una zona que quería conocer.
Suenas a una puta necesitada.
Las palabras de Sukuna hincan en su mente y de seguida el calor le sube al rostro. Epítetos como ese nunca le desagradaron.
—Déjamelo a mí, Yuuji-kun. —El enardecimiento en la voz del albino se escuchó similar a una propuesta indecorosa; coloca cuidadosamente una mano sobre el mentón del adolescente y alza su rostro—. ¿Confías en mí?
Los latidos de Yuuji se aceleraron. Él lo salvó aplazando su ejecución, le brindó la oportunidad de cumplir la voluntad de su abuelo, le dio temporalmente la calidez de un hogar mientras fingía estar muerto y es el único que se ha apiadado de su famélica necesidad de contacto. Adoraba a su abuelo, pero el hombre raramente se dispuso a darle abrazos o revolver su cabello. En su infancia puede que Wasuke haya sido modestamente cariñoso hasta que su salud comenzó a empeorar y sin querer obligó a su nieto a madurar más rápido. Creyó que estaría bien, pero entonces apareció Gojo y lo alimentó de afecto.
Gojo, quien siempre lo elogiaba en los entrenamientos y se tomaba la molestia de hacer espacio en su agenda para ver una película con él.
¿Cómo Itadori no va a confiar en él?
—Lo hago, Gojo-sensei.
—Perfecto. —El adulto entonó complacido—. No te preocupes, Yuuji-kun. Le daremos un buen espectáculo a esta gente.
Esa declaración desubicó un poco al muchacho.
—¿Ah? —Parpadeó confuso—. ¿Espectáculo? ¿Cuál espectáculo, Gojo-sensei?
El albino se limitó en sonreír socarrón, acariciando el cabello rosáceo para seguidamente abandonar al chico. Dejando al pobre con muchas dudas.
—1′000.000 de yenes a la una, a las dos y a las... ¡tres! ¡Vendido!
Los estudiantes se mostraban disgustados y decepcionados. El dedo de Sukuna fue la última pieza en subastarse y, para su infortunio, la persona que terminó comprándola fue un jodido ministro. Esperaban no tener que lidiar con él mas la suerte no estaba de su lado esta noche porque al instante de presentar el dedo momificado el sujeto con aura refinada habló con voz fuerte y ronca, y la muchedumbre de ricos quedaron callados. Ninguno de los hechiceros se sorprendió que los adinerados hayan optado por no le llevarle la contraria al sujeto. Desafortunadamente para ellos la situación es igual.
Ni modo, es momento del plan B.
Y los alumnos quieren saber cuál es ese plan. Así que disimuladamente se dirigieron hacia su profesor, pero éste se apresuró en caminar en dirección al anfitrión de la fiesta y los jóvenes no siguieron avanzando.
—¿Qué demonios está haciendo ese idiota? —masculle Maki.
—Mentaiko.
—No creo que sea eso. —Itadori y Kugisaki observaron impresionados a Fushiguro de que pudiera entenderle a Toge.
Gojo mantuvo la conversación con el anfitrión por unos minutos y después se encaminó hacia sus queridos estudiantes. Antes de que alguno de los chicos pudiera vocalizar, el albino cogió de la muñeca a Itadori; sobresaltándolo en el proceso.
—Megumi, Toge, su turno —expresó, y posteriormente guió al pelirrosa hacia el centro del salón.
Las luces se apagaron de pronto y solamente un reflector iluminó a los dos hechiceros.
—Gojo-sensei, ¿qué estás haciendo? —susurró nervioso, sintiendo toda la atención de la gente—. ¿No se supone que no debíamos llamar la atención?
—Yuuji. —Él pronunció su nombre melifluamente—. ¿Recuerdas los pasos que te enseñe?
—Por supuesto, sensei. —Asiente, recordando la vez que le comentó a su profesor que no sabía bailar y Satoru aprovechó la oportunidad para alardear los dotes de bailarín que posee. Bailaron durante horas e Itadori se había enamorado un poco más de él—. Espere un momento... —Su cerebro hizo sinapsis, comprendiendo el plan—. ¿Estás diciendo que bailaremos frente a todas estas personas?
—¡Correcto! —espetó emocionado.
—Yo... no creo que pueda hacerlo. —Desvió la mirada—. Gojo-sensei debiste pensar en una mejor idea. Seré el hazmerreír.
—¿Bromeas? ¡Yuuji-kun es la mejor pareja que he tenido! —Ese esclarecimiento envió un sutil escalofrió al muchacho. Su maldita perversión de alabanza haciendo acto de presencia—. Lo harás bien porque te enseñó el mejor. —Guiñó un ojo y probablemente al final de la noche el rostro del moreno podrá ingresar a una competencia de tomates.
La venda negra es retirada y esos majestuosos ojos azul eléctrico erradican la hesitación en Yuuji.
La música retorna en el salón con la diferencia que uno de los miembros de la orquesta coge un micrófono. Y cuando el joven la reconoce la melodía una sonrisa surca por sus labios.
When marimba rhythms start to play
Dance with me, make me sway
Yuuji se posiciona detrás de su maestro y desliza su mano derecha por debajo del brazo, llegando hasta el centro del pecho donde la mano de Gojo se coloca sobre la suya. Luego el joven se separa cuidadosamente, posicionándose al lado del mayor mientras se movía con donaire hasta dar una despaciosa vuelta e inclinándose sobre el cuerpo del más alto para que éste lo tome de las caderas. Los brazos de Itadori se extienden cuan bailarina de ballet y dobla un poco las rodillas para continuamente impulsarse y girar, aun siendo sostenido por Satoru. Una de sus manos se queda sobre el bíceps y la otra sobre el hombro del contrario.
Los rostros de los zagales se encuentran y sus iris conectan intensamente.
El adolescente se separa del mayor, volviendo a girar y cuando se detiene, su zurda regresa al hombro de su maestro, mientras tanto, la mano de Gojo se sitúa rápidamente sobre su espalda y la otra se entrelaza a la mano libre del joven. Ambos hacen un giro a la izquierda con sacada hasta que se interrumpen para realizar una barrida y el vaivén continuó con la pierna de Yuuji pasando suavemente por la pierna de Satoru.
Los espectadores, mudos del asombro e incómodos por la palpable tensión sexual que la pareja emanaba, recorren con su visión la danza ardiente y perfectamente sincronizada. Los jóvenes del lugar sacan sus celulares y las hechiceras no se quedan atrás. Ellas deben capturar este momento, no todos los días veías al hechicero más fuerte y al recipiente de Sukuna bailar tango como si estuvieran en una presentación del Tango BA.
Satoru sonreía orgulloso y engreído de contemplar a su amado estudiante danzar increíblemente. La impudicia y liviandad usurparon la pureza de los ojos avellanas, atrayéndolo y secretamente proponiéndole una noche inolvidable. ¿Cuán descarado podía ser su Yuuji? ¿El chico tendrá idea del efecto rijoso en él? Si él develara sus profundos pensamientos no garantiza si Yuuji quede extasiado o asustado.
Entre giros, caminatas sincopadas y varios firuletes, los varones se encontraban sumergidos en un oleaje lúbrico; deleitándose con la proximidad de sus acalorados cuerpos. La canción se acerca al estribillo final y los dos se rehúsan a detener esta mágica conexión. Los Seis Ojos del hechicero observan a Itadori morderse el labio inferior, un gesto dócil y erótico que enciende su interior e incrementa el deseo de aprisionar a su estudiante a la pared más cercana y follarlo crudo.
Los galopes del corazón de Yuuji retumban en su caja torácica y graciosamente Ryomen se pregunta si su recipiente podría morir de un infarto por las conglomeradas emociones que experimentaba. Si no fuera por Megumi, él no reviviría a Itadori de nuevo.
La música está alcanzando la cúspide y la pareja de baile realiza la caminata con corte sincopado y el de ojos miel hace un pívot. Yuuji inclina su cuerpo sobre Gojo, doblando las piernas para permanecer en una posición agachada y seguidamente endereza su postura para que el albino le dé una vuelta y lo atraiga a su cuerpo; sujetando su muslo y elevándolo hasta quedar suspendido encima de su cintura.
Entonces la canción finaliza e instantáneamente las personas a su alrededor desaparecen.
La dulce miel de los luceros de Yuuji caen sobre el zafiro glacial de Satoru.
Los escasos centímetros que separaban sus rostros desaparecieron cuando los labios del joven se abren, invitando al de cabello nevado a una fusión entre sus brillantes labios y los de él. Las manos del pelirrosa se aferraron a la chaqueta de su maestro, un acto desesperado por mantener el equilibrio. El primer beso de ambos no es lento y tampoco escuchan una cursi melodía romántica. Es lujurioso, voraz y brioso. El adolescente sigue el compás dirigido por su maestro, satisfaciendo finalmente el anhelo de degustar esos dulces labios. Tantos días y noches imaginando múltiples escenarios con las noches de cine o los entrenamientos.
A Yuuji le pareció oír exclamaciones y jadeos, pero se halla muy ocupado besando fogosamente al hombre de sus fantasías sexuales como para tomarle importancia.
Al separar sus labios rojos e hinchados por el beso, no saben cuanto tiempo ha pasado.
Ambos abren sus ojos cuando recuerdan en que lugar están y porqué están aquí. Yuuji traga duro y lentamente se gira para toparse con miles de ojos perforándole la espalda. Varias expresiones se presentaron en los invitados, desde la incredulidad hasta la vivida envidia.
Cuando Gojo dijo que darían buen espectáculo, realmente lo hicieron.
El albino salió de su estado abstraído, dándole un leve empujón a su estudiante para que puedan hacer una reverencia. El gentío seguía conmocionado, aun así, las ovaciones y vítores resonaron en el gran salón.
Al otro lado del sitio, Inumaki y Fushiguro escondían el dedo de Sukuna. La distracción funcionó.
—Tsuna-mayo —dijo Toge, moviendo las cejas.
El azabache lo observó horrorizado y asqueado.
—Inumaki-senpai, te pido que no vuelvas a decir eso nunca.
Ijichi estaba tentando en abrir la puerta y saltar del coche en movimiento, restándole importancia a su vida. En el instante que los estudiantes de Jujutsu Tech se subieron al vehículo el asistente sintió una gélida sensación acompañada de intensas ganas de asesinato. En el lado copiloto está Toge, meneando su cabeza al ritmo de la playlist de su smartphone. En la parte de atrás, Maki veía aburridamente el paisaje de la carrera mientras que Nobara y Megumi estaban rodeados de una sombría aura. La fémina de cabello corto murmuraba diferentes formas de torturar a su estúpido profesor y su compañero concordaba en cada una de ellas.
Satoru intuyó que sus alumnos querían arrancarle la cabeza por la desfachatez de desvirgar los labios de Yuuji. Así que sagazmente se apresuró en teletransportarse a su hogar junto con su precioso estudiante.
Existen tres premisas para esta historia.
La primera es que Gojo Satoru hace lo que quiere.
La segunda es que Kugisaki y Fushiguro le contaran a Nanami lo ocurrido y entre los tres mataran a Gojo (spoiler, no lo logran por culpa de Infinito).
Y la tercera es que Yuuji necesitara un cojín especial para su adolorido trasero.