Atrapada por él.

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Sinopsis

Dara es una hija de Dios, una fiel creyente del paraíso y de que debe hacer el bien para ir allí, pero todo el mundo sabe que el mal le encanta corromper a los ciervos más fieles de Dios y para la mala suerte de Dara, un demonio se ha encaprichado con hacerla pecar.

Genero:
Erotica/Other
Autor/a:
G. Ginie
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1.

Dara volvió a levantarse sintiendo como el sudor frio cubría su cuerpo y con la misma sensación caliente en su pierna.


Miró hacia abajo notando que nuevamente su sabana estaba en el suelo y su camisón de dormir estaba enrollando en su estomago.


Inmediatamente se acomodó el camisón y se arrinconó en la cabecera de la cama mirando hacia aquellas esquinas donde la oscuridad se profundizaba más, donde la luz de la luna no alcanzaba a llegar.


—Oh, Dios misericordioso —junto sus manos, cerrando los ojos—. Protegeme de todo mal, de los pensamientos impuros y el llamado del pecado.


Dara rezó como su madre le había enseñado desde que tiene memoria. Buscó la protección de dios de todo lo que le había estado sucediendo en las ultimas noches.


Hace 4 noches, Dara comenzó a soñar con aquel chico con el que compartía clase de matemáticas, Sebastian, ese del cual tenía sentimientos puros desde que lo conoció en el jardín de niños.


Aquel día había escuchado a Fabiola, una compañera de su clase, decirle a otra chica que Sebastian era bueno en la intimida, para ser exactos dijo: "Seb es tan hábil con los dedos, me hizo correrme tan rápido que me sorprendí y lo mejor fue cuando uso su lengua para chupar mis tetas, dios, fue como estar en el jodido paraíso"


Dara se sintió contrariada con lo que escuchó, pues oír que nombraban a Dios en una situación tan pecaminosa la molestó, pero muy, muy en el fondo de su mente puritana se imaginó a sí misma en el lugar de Fabiola con Sebastian haciéndole todo eso.


Más tarde esa noche fue cuando soñó con él, fue algo inocente. Ella y Sebastian dándose un beso suave, despertó y rezó pidiendo perdón a Dios por aquel acto inconsciente.


Lo peor es que la siguiente noche ella volvió a soñar con Sebastián, esa vez con él besando su cuello y tomando sus pechos entre las manos grandes.


Ayer fue diferente porque se sintió más real que nunca, más aún cuando despertó y su cobija estaba en el suelo y su camisón estaba sobre sus muslos cuando esté era tan largo que la cubría hasta los tobillos.


Hoy soñó que Sebastián estaba entre sus piernas y sus dedos acariciaban zonas prohibidas mientras susurraba palabras asquerosas en su oído.


Dara negó intentando olvidar aquellas palabras que aún escuchaba como ecos silenciosos que eran repetidas por aquella voz rasposa que para nada se parecía a la de Sebastian.


«Abre tus piernas para mí, déjame comer ese dulce coño»


Dara intentaba concentrarse en la plegaria que musitaba con desesperación mientras apretaba las piernas con fuerza, sin percatarse que en un rincón de su habitación había alguien más que se divertía con su terrible situación.


—Los humanos son tan patéticos —susurró aquel íncubo.


Los íncubos son demonios sexuales que tienen relaciones sexuales con las mujeres para alimentarse de su energía, pero este incubó era diferente.


Tenía más poder y tenía una gran obsesión por las humanas que creían fielmente en Dios, aquel ser egoísta que nunca le ha importado realmente los humanos.


Ese incubó le divertía corromper las mentes débiles que se protegían tras una plegaria o las palabras de Dios, le era entretenido como esas pobres almas luchaban por resistirse ante la lujuria que el demonio podía provocar.


El íncubo llevaba 4 noches atormentando los sueños que aquella pequeña chica de piel pálida que desde el infierno olía a virgen.


—Creo que una noche más será suficiente para obtener lo que quiero —sonrió mientras salía de aquel rincón.


Dara siguió rezando mientras que el demonio abandonaba la habitación regresando al infierno o quizá yendo en busca de otra humana a la cual follar.