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Dashnor

Sinopsis

Ranma y Akane tienen una relación por más de siete años, pero Ranma buscaba algo más. De esa manera es como termina relacionándose con su ex rival y ahora amigo, Ryoga Hibiki. - Two Shot - Los personajes no me pertenecen, son del anime de Ranma 1/2 - Dashnor (amante en albanés) - Espero les guste!!

Genero:
Romance
Autor/a:
Sileneyg
Estado:
Completado
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

O N E

Eran semanas tranquilas y serenas en Nerima. Los días eran cálidos, pero las noches frías y, a veces, muy solitarias.

Ranma Saotome caminaba con rapidez en aquella tarde. Cada fin de semana pasaba en casa de su gran amigo. Ryoga Hibiki.

Era como una costumbre que había adquirido debido a que tenía ciertas necesidades que cumplir y el otro joven realmente sabía cómo ayudarlo.

Una vez llegó al hogar de Ryoga, golpeó la puerta.

—¡Está abierto! ¡Puedes pasar! —escuchó la voz de su amigo, gritando.

Suponía que estaba en la parte superior de la casa como para que alzara la voz de esa manera.

Abrió la puerta y lo primero con lo que se encontró fue el característico aroma de Ryoga.

Amaba ese olor porque le recordaba muchas cosas, porque se quedaba impregnado en su piel después de cada revolcón.

Porque representaba aquella aventura llena de deseo.

Cerró la puerta detrás de sí y dejó sus zapatos en el recibidor principal de la casa o genkan, como se lo conoce comúnmente.

El lugar era bastante conocido para Ranma, después de todo, pasaba bastante tiempo junto a Ryoga.

Subió a la habitación de su amigo, esperando que este se encontrara ahí. Claro que no esperaba aquel recibimiento.

—Que linda vista —dijo Ranma con burla en su voz mientras se apoyaba en el marco de la puerta.

Frente a él tenía el cuerpo desnudo de su amante. Observaba la espalda fuerte en la que se marcaba con claridad cada uno de sus músculos por los movimientos realizados por el contrario.

Que pena por el resto, solo él podía tocar y rasguñar ese dorso tan magnífico.

—¿Tan desesperado estás que ni siquiera me saludas? —preguntó Ryoga con una camiseta en mano. Aunque no pasaba desapercibida la sonrisa que tenía en sus labios.

—Buenas noches, cariño. —respondió con sarcasmo.

Hibiki solo asintió, devolviendo el saludo sin deshacerse del gesto socarrón de su rostro.

—¿Quieres una taza de café? —ofreció el colmilludo una vez que se vistió por completo. Tampoco es que debía de arreglarse mucho, solo se puso la camiseta correctamente y ató su característica cinta en su cabeza.

—Me encantaría, aunque sabes perfectamente a qué vengo.

—Claro, siempre es lo mismo —respondió Ryoga con cierta incomodidad, la cual fue camuflada por la risa que soltó.

—Vamos cerdito, solo bromeó. —dijo Saotome acercándose al otro chico, invadiendo su espacio personal.

Con su dedo índice fue delineando el contorno del rostro del contrario y dijo:

—Voy a prepararme un poco, así que puedes bajar sin problema a la cocina y te alcanzo después.

Ryoga asintió.

—Tomate el tiempo que desees —ofreció — Planeaba salir en la mañana a comprar algo, pero me olvidé, así que saldré en este momento.

—Ve sin problema —respondió Ranma dirigiéndose a la habitación de baño —Solo no te pierdas ¿quieres?

—¡No lo haré! —refutó Hibiki y echando una última mirada a su amigo, se retiró del lugar.

Ranma se encontraba completamente desnudo viendo como la bañera se llenaba de poco a poco con agua fría. También soltó su característica trenza demostrando su largo cabello negro.

Debido a ciertas circunstancias, se acostumbró por completo a que este líquido cristalino estuviera en esa temperatura.

Le había dicho a Ryoga que iba a “prepararse”, pero no solo se refería a cambiar su forma física. Tenía algo en mente y era obvio que disfrutaría mucho con esa acción.

Cuando se adentro en la tina, sintió como su cuerpo se transformaba completamente. Ahora su cabello era de un llamativo color rojo y su cuerpo tenía la forma de un reloj de arena.

Senos voluminosos al igual que un trasero grande y respingon con unas piernas gruesas tonificadas a la perfección.

Estuvo un rato ahí, hundida. Su mente era un lugar bastante curioso, por eso no podía dejar de pensar en tantas cosas.

Ranma, a pesar de la frialdad del agua, sentía llamas en su interior. Su cuerpo ardía anticipándose a lo que pronto sucedería.

Los diferentes tipos de imágenes se reproducían en su cabeza como una película.

¿Qué pasaría estos dos días?

¿Usarían algún juguete nuevo? ¿Estarían follando de la forma que tanto les gusta en algún lugar de la casa?

Inconscientemente —o tal vez por costumbre— Ranma fue bajando su mano derecha a su intimidad mientras cerraba sus ojos y dejaba que su imaginación hiciera el resto.

Con el dedo índice, bordeó y tanteó su vulva como una suave caricia, sintiendo la leve capa de vello púbico que se formaba en ese lugar.

Agregó su dedo medio y fue creando una fricción, de arriba a abajo. Solo que no se sentía tan bien como ella quería por la frialdad del agua. Por eso fue que salió de la bañera en un movimiento veloz y destapó el drenaje para que todo el líquido cristalino desapareciera.

Uso una de las toallas cercanas para secarse, especialmente su cabello.

Salió del baño y se dirigió nuevamente a la habitación de Ryoga. Buscó entre los cajones alguna prenda que le permitiera tener comodidad, por eso escogió una de las camisetas blancas y se la puso.

Debido al cambio en su cuerpo, Ranma era mucho más pequeña en su versión femenina, por ende la ropa de Hibiki le quedaba grande.

La camiseta que portaba en esta ocasión le cubría hasta la mitad de sus muslos.

Observó el lugar con detenimiento como si buscará algo divertido de hacer hasta que su amigo llegara.

A pesar de que P-Chan lleve consigo un mapa—pensó la chica acercándose a la cama —seguro que se perdió por alguna calle.

Una sonrisa maliciosa apareció en su rostro a la vez que lanzaba su cuerpo contra el colchón.

Pasó sus manos sobre la suave superficie y se viró a su lado izquierdo tocando la almohada.

Una idea pasó fugaz por su mente.

Jaló uno de los cojines, que tenía una forma cuadrada con una textura muy suave, y lo puso entre sus piernas.

Buscó acomodarse y terminó casi recostada encima de la almohada. Le gusto la sensación producida en su sexo.

El estar sin ropa interior hacía que el contacto fuera mayor. Empezó a frotarse con lentitud, moviendo sus caderas de arriba a abajo.

Un cosquilleo recorrió su cuerpo por lo que continuó con aquella acción, sintiendo como su clítoris se estimulaba con precisión.

Le gustaba, le encantaba demasiado.

Incluso estaba empezando a sentir cómo las pequeñas cantidades de lubricante salían de sí y mojaban levemente la tela de la almohada.

Ranma cerró los ojos, dejándose llevar por su imaginación. Pensaba que todo ese toqueteo en su zona íntima era producido por las manos que tanto amaba en su cuerpo.

Continuó con sus movimientos, a veces se meneaba en círculos produciéndose a sí misma mucho más excitación.

Gemía en bajito y soltaba resoplidos de vez en cuando. Estaba tan centrada en todo lo que sentía que no fue capaz de escuchar el momento en el que alguien se acercaba con rapidez a ella.

—¿Qué se supone que estás haciendo, preciosa? —dijo Ryoga, posándose detrás de la joven.

Ranma detuvo su actividad, sorprendida por la repentina aparición de su chico.

Muchos pensarían que a él, como un hombre dentro del cuerpo de una chica, le molestaría ser tratado con pronombres femeninos. Pero no era así, más bien, eso le calentaba más.

—Estabas tan concentrada que tampoco te diste el tiempo de cerrar las cortinas y de prender la luz —dijo el joven en obvia burla.

Se puso de pie, acercándose a la ventana y zafando la tela que cubría esa zona. Luego prendió una lámpara que, aunque no alumbraba mucho, era lo suficientemente luminosa como para darle un mejor ambiente a la habitación.

Saotome se dio la vuelta, quedando boca arriba. Cerró sus piernas entre sí mientras las apretaba.

Estaba tan excitada que no podía contenerse mucho y buscaba una liberación rápida.

Ryoga volvió a la cama, posándose encima de la chica, manteniendo el peso de su cuerpo solo con uno de sus antebrazos.

Usó su otra mano para sostener el rostro de la joven y besarla con dureza.

Ranma pasó sus palmas por los hombros de Hibiki, para subirlas a la cabeza del otro y jugar con su cabello mientras era devorada de esa manera tan candente por el chico.

Sus labios se movían entre sí con desenfreno. La joven abrió su boca para que su amante pudiera juguetear con su lengua de la forma en la que él quisiera.

Saotome mantenía sus piernas abiertas permitiendo que Ryoga se mantuviera entre ellas.

El joven sentía como su miembro se endurecía en sus pantalones y deseando liberarlo, se separó para retirar su ropa —a excepción de su bóxer—, a la vez que Ranma tomaba asiento para también despojarse de la única prenda que llevaba.

—Tengo muchas ganas de probarte —dijo Hibiki, mirando el cuerpo de la chica con lujuria.

Decidió recostarse, jalando a Ranma para que estuviera encima de él, sentada. Entonces ella dijo:

—Hay algo que he querido hacer desde hace tiempo.

—¿Ah, sí? —preguntó Ryoga con una sonrisa ladeada, sin dejar de pasar sus manos por el voluminoso trasero de la joven. —¿Entonces por qué no lo intentamos ahora?

Ranma, sonriente, siguió adelante con su idea. Dando la vuelta en su lugar, quedó con su pecho en dirección a la parte inferior de su compañero. Posando sus manos en el pecho de este.

Retrocedió con lentitud, mostrando de manera implícita lo que buscaba con esa posición.

Ryoga, al comprender lo que Ranma buscaba, ubicó sus manos en la unión formada por los muslos y la entrepierna de la joven, permitiendo el paso de su lengua en la parte íntima de Saotome.

A veces, la chica se sentaba por completo en su rostro, pero no por mucho tiempo ya que no buscaba ahogarlo. Ella solo podía suspirar, sintiendo como su cuerpo reaccionaba gratamente a las lamidas que Hibiki dejaba y cerró los ojos, dejándose llevar por completo.

El joven sabía lo que hacía, lamía y la besaba con devoción, enfocándose en el pequeño botón que sobresalía y el cual se encargaba de repartir todo el placer provocado por la boca de Ryoga a cada uno de los rincones del cuerpo de Ranma.

Los gemidos brotaban de sus labios con suavidad, pero estos también eran constantes. Una armonía exquisita de escuchar y admirar.

La chica decidió ir más allá y buscando un poco más de soporte, bajo sus manos, apoyándolas en la cadera de Ryoga, quien la soltó para que pudiera moverse con libertad.

Ranma observaba con deseo el bulto formado en los calzoncillos del chico, por eso acercó su rostro para pasar su lengua por encima de este.

Deseaba probarlo con ansias por lo que usando su mano, bajó la prenda, y empezó a lamer aquella erección que se mostraba gloriosa ante Saotome.

Soltó un gemido alto cuando un dedo se adentro en su cavidad, moviéndose placenteramente simulando una penetración.

—Continua con lo que estabas haciendo —ordenó Hibiki. —Yo seguiré en lo mío.

Ranma odiaba cuando le ordenaban a hacer algo, pero que sea aquel chico que se encontraba debajo de ella diciéndole algo así solo lograba que se excitara más.

Sentir los dedos de Ryoga dentro suyo, mientras metía dentro de su boca todo el falo del joven era increíble. Amaba como un fiel creyente realizar una mamada y esa sensación crecía en el momento en el que Ryoga movía sus caderas para follar toda su cavidad.

En menos de lo que Ranma esperaba, su orgasmo se precipitó —tal vez por el juego previo que tuvo ella sola o por la forma en la que Ryoga movía sus dedos— y terminó gimiendo y jadeando en voz alta mientras llegaba a la cúspide de su excitación a la vez que la húmedad extra se hacía presente en su vagina.

—Me gusta provocarte esas sensaciones —dijo Ryoga forzando a la chica a que se siente en sus piernas, manteniéndola de espaldas.

Ranma todavía se encontraba susceptible debido al orgasmo, sus piernas temblaban ligeramente. En eso un líquido frío se esparció por su zona íntima provocando un escalofrío. Sabía lo que se avecinaba.

El pene de Ryoga se adentraba de a poco en ella, expandiendo su cavidad. Empezó con suaves embestidas, levantando la cadera y aumentando el movimiento cada vez más, apoyando sus manos en la cintura de Ranma para poder ir más profundo.

Saotome gemía y se mordía los labios por todo lo que sentía, era demasiado y todavía se encontraba sensible por lo de antes. Ella también empezó a moverse, sentándose sobre el chico con rudeza.

—Ah.. yo.. —Ranma quería decir algo, pero no podía, solo podía abrir la boca para soltar balbuceos incoherentes.

La posición era caliente, pero Ryoga quería ir más allá.

Levantó a la chica y la hizo acostar boca abajo. Ranma quiso apoyarse en sus manos y rodillas, pero Hibiki no lo permitió.

—Solo alza ese lindo trasero que tienes —dijo Ryoga, masajeando uno de los glúteos de la chica para luego azotarlo.

Ranma gimió alto y se removió en búsqueda de otro golpe.

El chico volvió a nalguerla, notando como la piel ya sensible de Ranma, se ponía roja con la marca de la mano de Ryoga en esa parte.

Volvió a penetrarla mientras ponía su mano en la cabeza de la chica, agarrándola del cabello para levantar su cabeza y seguir embistiendo con fuerza.

La fricción era deliciosa, era perfecta. El sudor se notaba en sus cuerpos, la piel empezaba a brillar y las respiraciones agitadas se escuchaban por todo el lugar, al igual que el sonido de las sábanas junto con el rechinar de la cama.

—Eres tan caliente… —dijo Ryoga, amando la forma en la que el cuerpo de Ranma se acoplaba al suyo. —¿Te gusta cómo te follo?

La pregunta era solo para molestar a la pelirroja, aun así, ella contestó:

—Por Dios, ah... si, me encanta. —dijo con la voz rota. —Me encanta como me llenas.

—Eres una perrita que sabe lo que hace y dice —elogió Ryoga, sabiendo que a Ranma le gustaba que le hablaran de esa forma.

—Soy tu perra.

Ryoga solo soltó una risa que se convirtió en un gruñido mientras se recostaba encima de la joven y soltaba su cabello para, esta vez, apretar su cuello. Jadeó con fuerza aumentando la forma en la que bombeaba dentro de la joven.

Ranma sentía que el aire le faltaba, el placer era demasiado. El volumen de sus gemidos eran altos y terminó gritando el nombre de su acompañante mientras se corría. Ryoga salió de ella al notar la forma en la que Ranma se agitó y soltaba su esencia en cantidades exuberantes.

Él conocía a la joven con perfección y las veces que ella llegaba a hacer “squirting” era porque se sentía sobreestimulada. Empezó a masturbarse con rapidez y con los gemidos de la joven de fondo, eyaculo encima del trasero de Ranma.

Sus respiraciones agitadas se escuchaban por toda la habitación. La pelirroja se dio la vuelta, aún sensible, y recostó su espalda dándole un debido descanso.

Ryoga también se acostó a su lado izquierdo, con los ojos cerrados y el ceño levemente fruncido.

—Parece que.. —dijo Ranma, inhalando profundamente para continuar con su oración —...cada vez que lo hacemos llega a ser mucho mejor.

Ryoga soltó una carcajada fuerte por lo que se tapó la boca con su mano, avergonzado.

La joven giró su rostro para poder ver la forma en la que el rostro de su compañero cambiaba por la felicidad.

Hibiki logró tranquilizarse después de un breve rato. Suspiró, descargando en ese aire pesado toda la emoción anterior.

Ranma se acercó al chico, buscando confort. Apoyó su cabeza en el hombro del contrario y eso provocó que él acariciara sus cabellos con parsimonia.

—¿Por qué estás tan cariñosa de repente? —cuestionó el joven, sin detener sus mimos.

—Acabamos de tener la sesión de sexo más espectacular, cerdito —respondió Ranma —Tienes que cuidarme

Ryoga volvió a reírse y luego dijo:

—Claro, como órdenes.

La conversación no duró mucho, cayeron en un sueño profundo debido al cansancio de sus cuerpos.

Pasaron algunas horas, pero Ryoga ya se había levantado de la cama, estaba aburrido. Buscó en uno de los cajones un encendedor al igual que una cajetilla de tabaco.

Abrió un poco la cortina y ventana, para sacar su cuerpo. En especial aquel cigarrillo que llevaba en mano. Lo prendió y empezó a inhalar aquel humo tóxico. Era asqueroso, pero le relajaba sentir sus pulmones llenos.

Ranma se encontraba dormida, con su cabello despeinado por completo.

Ryoga amaba verla, en especial cuando descansaba tan tranquilamente.

Pasaban juntos cada fin de semana, pero para él eso no era suficiente. Quería más. Quería poder ver al chico diariamente sin tener que ocultar lo que sentía.

Pero era imposible y es que había un problema, uno que tenía el cabello de color azul y ojos cafés.

Tal vez estaba tan concentrado en lo que le sucedía que no fue capaz de notar el movimiento de una chica en su cama, como ella se levantaba y se ponía a su lado.

—¿Por qué estás despierto a esta hora? —preguntó Ranma aunque tuvo que toser levemente para aclarar su voz.

El cielo todavía estaba oscuro, seguro eran las 2 de la mañana.

—Solo quería pensar un poco —Ryoga no mentía, a veces la culpa no lo dejaba dormir.

—¿Sobre qué?

—Nada importante.

—Cómo digas —respondió Ranma, sin ganas de insistir. —Pero no siempre puedes andar con esa cara de desesperación.

Ryoga le dio otra calada a su cigarrillo. Solo tenía que armarse de valor.

—¿Hasta cuándo vamos a seguir con esto? —decidió preguntar de una vez.

—No sé a qué te refieras con “esto”, pero tengo algo que preguntarte… —Era increíble la forma en la que cambiaba de tema. —¿Desde cuándo fumas?

—Cuando tienes una mala orientación, como yo —narró mirándolo de reojo —terminas acogiendo ciertas costumbres de personas del exterior.

Haber pasado por tantas cosas siendo tan joven que terminó dejándose llevar por las malas influencias.

—Pero a ti no te interesa saber eso. —Ryoga sabía que a la chica que se encontraba junto a él no le importaba si se dañaba los pulmones por fumar. —No es la primera vez que me encuentras con un cigarro entre los labios y jamás me lo preguntaste durante estos cinco años.

—Yo solo quería sacar un tema de conversación, nada más.

—Ah, claro. Tenías que sacar un tema de conversación justo cuando preguntó algo de lo que no deseas hablar —estaba empezando a enojarse. No podía creer la actitud de Saotome —¿Hasta cuando vas a mantener esa farsa de relación con Akane?

—¿Qué farsa? —preguntó la chica —Akane es la mujer que amo y con la que planeo casarme.

—¿Cómo dijiste?

— Lo que escuchaste. Quiero pedirle matrimonio a Akane.

—Vaya, felicidades… —A Ryoga no le gustó aquello, pero solo respiro profundo, evitando decir alguna estupidez.

—Gracias

—Admiro la paciencia de sus padres. Ellos esperaban su boda desde el momento en el que se conocieron.

—¡No me recuerdes eso! —la pelirroja golpeó con levedad el hombro de su amigo.

El par de chicos rieron debido a las memorias que trajeron con esa conversación, incluso el ambiente se aligeró un poco.

Hibiki buscaba una respuesta en concreto, pero por el momento se callaría.

—Realmente estoy bien con Akane, es una chica demasiado tranquila y hogareña. —Ranma apoyó su rostro en su mano, mientras apoyaba el codo en el marco de la ventana. —Me he acostumbrado a vivir juntos y por eso considero que es bueno que nos unamos de una vez.

—Han sido pareja por más de ocho años, es bueno que todavía te sientas cómodo con Akane —dijo, apagando el cigarrillo y botandolo a un pequeño tacho de basura que tenía cerca. —Aunque te recuerdo que si se mantienen como novios es porque ella tuvo un gran cambio en su actitud.

—Cierto, creo que se acomplejo demasiado por las críticas que recibió durante toda su adolescencia.

—Tu tampoco fuiste de mucha ayuda en ese entonces —Ryoga recordaba las peleas que el par de chicos solían tener antes de hablar sobre sus sentimientos y sobre su relación. —Siempre la tacharon de “machona” y “poco femenina″, no me sorprende que haya modificado tantas cosas de sí misma.

Las personas que veían a Akane notaban su cambio. Hablaba delicadamente, al igual que cada uno de sus movimientos parecían practicados hasta el punto de ser perfectos. También usaba ropa que cubría su cuerpo lo suficiente para no parecer una cualquiera.

—Entonces… —El chico tenía que hablar de una vez, era el momento. —Como vas a casarte, nosotros tendríamos que acabar con lo “nuestro”

—¿Qué? —Ranma se giró sorprendida. —No tenemos que dejar de vernos.

—Eres un idiota, Ranma —dijo, parandose enfrente. —Vas a ser un hombre casado. ¿En serio vas a seguir siendo infiel a tu futura mujer?

—No es para tanto. —la chica se quejó —Si tenemos estos momentos juntos es solo porque queremos satisfacer nuestras necesidades y nada más. Solo es por placer.

—Si, ya sé que vienes a mi casa todos los fines de semana para tener un orgasmo, eso lo entiendo. —Hibiki puso los ojos en blanco. —Aun así tu mantienes una relación formal con ella, no importa si solo es sexo para ti, la estás engañanado.

—No trates de hacerme ver como el malo, tú también estás involucrado en toda esta mierda.

—Ya lo sé, yo también tengo que ver con tu infidelidad —dijo —Yo no… no creí que fueras a llegar a un punto como este.

—No quiero clases de moralidad, Ryoga.

—Tampoco tengo interés en dartelas. —respondió irónico. —En fin. Si tú no le pones fin, lo haré yo, se acabó. No te quiero volver a ver.

—¿Cómo? —preguntó bastante sorprendida. —Creí que estarías de acuerdo conmigo…

—No. Lo que hemos estado haciendo jamás ha estado bien. Que hayas dicho algo como eso solo me… —Ryoga quería llorar, le dolía la garganta como señal del nudo que se estaba formando. —No importa. Ya no.

Si por él fuera, estaría junto a Ranma por siempre porque lo amaba. Pero no era justo lo que hacía y lo sabía desde las primeras veces en las que se besaron y sus manos recorrieron el cuerpo del contrario.

Por primera vez haría lo correcto, por eso continuó:

—Solo recoge tus cosas y vete por la mañana.

—No, me voy ahora. —dijo Ranma. Su mirada expresaba muchas cosas. Tal vez era decepción.

O era algún sentimiento que ni siquiera era capaz de comprender.

Saotome solo se dejó llevar por la ira que recorrió su cuerpo, por eso no pensó con claridad en lo que iba a decir ni en las repercusiones que estas podrían tener en la vida del contrario.

—Nunca debí involucrarme contigo, Ryoga. Seguramente hay alguien allá afuera que me sepa comprender y quiera mantener lo que tu estas desechando ahora.

Se vistió con rapidez y recogió ciertas cosas en una pequeña maleta que llevó.

—Solo vete, por favor.

—Todo esto fue un maldito error. Te odio Ryoga Hibiki.

Ranma salió del cuarto con rapidez sin darse cuenta que consigo se llevaba una pequeña parte del corazón del otro chico.

Ranma se sentía furiosa. El frío de esa madrugada estaba adentrándose en sus huesos, aún así, no le tomaba tanta importancia. No tanto como a todo lo que había sucedido momentos atrás.

Es que simplemente no podía creerlo. Sabía que hacía mal al estar con Ryoga de una manera sexual mientras tiene un noviazgo con Akane.

Al igual que todos los que terminaron malditos por Jussenkyo, tuvo que acostumbrarse a esos cambios. Tal vez no era la forma, pero logró encontrar un balance en su sexualidad cuando era mujer y cuando era hombre.

De cualquier modo, buscaría a alguien más para satisfacerse. Solo debía actuar coquetamente, insinuarse un poco y tendría a alguien en la palma de su mano.

La chica siguió caminando con rapidez, quería llegar pronto a su casa.

Fue así como se encontró en la puerta de aquel lugar. Una casa pequeña de dos pisos.

Abrió la puerta y entró descuidadamente. Akane no se encontraba allí, o eso era lo que pensaba.

—¿Ranma? ¿Qué haces llegando a estás horas?

La figura de su novia relucía en uno de los sillones de la sala de estar a la vez que sostenía una taza humeante en manos.

—A-Akane… No creí que estuvieras en casa.

La chica cerró la puerta detrás de ella y se acercó a la otra joven.

—Decidí pasar este fin de semana aquí —dijo, levantándose y dejando el vaso en la mesa central. —Pero… ¿tú no tendrías que volver el lunes temprano?

—Ah.. Es que.. —Ranma no sabía que excusa dar, lo mejor era ser sincero (aunque no tanto) —Tuve una pelea con Ryoga, las cosas estaban demasiado tensas así que me fuí.

—Oh.. ¿Y por qué fue?

—Nada que importe ahora que lo pienso con claridad —dijo a la vez que pensaba en una excusa por estar transformada en su forma femenina si es que Tendo preguntaba.

—Espero que resuelvan su inconveniente, querido. —dijo Akane con una sonrisa aunque su rostro demostraba cansancio —Es mejor que vayamos a dormir.

Algo que la chica Tendo había aprendido era que había veces en las que debía callar y no preguntar nada, en especial cuando no quería saber la respuesta.

—Claro, pero primero voy a darme una ducha.

—Bueno, te espero en la habitación.

La semana pasó con rapidez y, cuando Ranma menos lo quiso, era viernes.

—¿Irás a casa de Ryoga?

Akane veía como su novio alistaba la maleta que usa cuando va a quedarse con Hibiki.

—Si, tal vez ya se le pasó el enojo —dijo fijándose en cada cosa que tenía, asegurándose de no olvidar nada.

—Si, posiblemente —Akane no estaba segura de lo que decía Saotome, pero no diría nada. Primero resolvería algunos asuntos y luego hablaría con él.

—Nos vemos después —dijo Ranma, dándole un beso a la chica para retirarse rápidamente de ese lugar con maleta en mano.

Pasaron algunos minutos en los que Akane se fijó por la ventana si es que su novio se había alejado lo suficiente como para que ella también pudiera salir de su casa.

Revisó aquel papel que había sido dejado en la puerta de su casa. Las cosas no iban a terminar para nada bien, para nadie.

“Nos vemos en el parque Shakujii-Koen a las 12.

Tengo algo importante que decirte.

Ryoga.”

Ranma actuaba con impulsividad la mayoría de las veces.

Él sabía que eso le traería problemas, pero cuando se enojaba no medía lo que decía o hacía.

Aunque dijo que buscaría a una persona para seguir con sus encuentros sexuales, no era verdad. No del todo.

Lo que buscaba era que Ryoga se arrepintiera de lo que dijo en ese momento, pero no sucedió como quería.

En realidad, su amigo era muy bueno en la cama, solía dejarle con las piernas temblando cada vez que se acostaban. No creía encontrar a una persona así de amable y cuidadoso a la vez.

Iba a ir con él y pedirle perdón. Diría algunas palabras clichés para que Hibiki aceptara lo que decía y volver a lo de antes. Tal vez tendría que insistir un poco, no se preocupa por eso, por ahora. Lo convencería de alguna manera.

Finalmente llegó a esa casa tan conocida. Golpeó la puerta, esperando a que Ryoga abriera.

Pasaron algunos minutos en los que volvió a golpear, pero no había respuesta.

Extraño…

Decidió esperarlo en la entrada, sentado en una de las gradas, pero jamás llegó.

Molesto se fue de allí, buscaría un lugar donde pasar la noche y, si es que podía, una persona para divertirse y quitarse un poco las ganas.

—¿Dónde se supone que esta ese tonto?—pensó irritado a la vez que fijaba su mirada en su próximo objetivo.

Era hora de iniciar con su plan.

Era temprano, Ranma volvía a su hogar después de una noche agitada. Entró con mucho cuidado, no quería repetir lo de la vez anterior.

No le sirvió de nada haberse anticipado a eso, Akane le esperaba ahí.

Tenía los ojos rojos y unas ojeras profundas en su bonito y delicado rostro. Incluso el cabello estaba desordenado. La ropa arrugada no era algo típico de la joven.

—¿Akane? ¿Qué te sucedió?

Le preocupó verla en ese estado.

—Nada —respondió secamente —Tuve una mala noche y como no estabas aquí me afectó más de lo debido.

Ranma sintió aquellas palabras como cuchillas debido a la rudeza con las que fueron dichas, Akane nunca actuaba de esa forma, pero el día de hoy parecía especialmente molesta.

—Comprendo… Yo iré arriba y después comemos juntos. ¿Te parece?

¿Estaba huyendo? Si, no quería más preguntas sobre su llegada a casa ese día o de cualquier otro tema.

—En realidad, tengo que hablar de algo contigo.

—¿Sobre qué?

Akane suspiró sonoramente. Estaba nerviosa, pero si no lo decía ahora, no lo iba a hacer nunca.

—Sé que tenías algo con Ryoga. —dijo de sopetón, no espero que Ranma se riera en su cara.

—¿D-De qué hablas? —habló entre risas. Era una risa producida por los nervios de la situación. Akane no debía saber sobre eso, pero que ella sea quien quisiera comentar del tema no era bueno.

—Ryoga me contó todo. —respondió con seriedad a la vez que jugaba con sus dedos por el estrés. —Ayer hablamos y me explicó sobre los encuentros que solían tener cada fin de semana, en su casa.

—Eso no es cierto, Akane. —Ranma haría que su novia le creyera. —Nosotros peleamos, tal vez lo dijo para molestarnos.

—No estaba mintiendo, estoy segura.

—¿Prefieres creerle a él antes que a mí? Soy tu pareja, no sé si lo recuerdes.

—Ranma, basta…

—Es que no comprendo porque decides atacarme cuando no tienes pruebas de ello, mas que la palabra de ese imbécil.

—¡Mentiroso! —gritó Akane, frustrada. —¡Eres un maldito mentiroso!

Estaba harta de vivir de esa manera, tratando de ocultar lo obvio por miedo.

—Siempre has sido descuidado. —No sabía cómo actuar. —Muchas veces vi en tu cuello chupetones. Nunca te dije nada porque preferí ignorar esa situación.

>>Ha pasado el tiempo y tú nunca me llegaste a amar de la forma en la que yo lo he hecho. Cambié por tí, busqué ser una buena pareja para mantenerte a mi lado. Aun así, me engañaste por cinco años.

Saotome solo se mantuvo en silencio.

—Yo sé que Ryoga tiene algo de culpa de tu infidelidad, pero logro tener algo de empatía por él —dijo la chica con los ojos llorosos. Estuvo derramando lágrimas toda la noche, ya no le quedaban más. —Los dos terminamos amando a una persona que solo jugó con nuestros sentimientos.

—¿Cómo que “los dos”? —Ranma trató de procesar lo escuchado —Dices que… ¿Ryoga sentía algo por mí?

—Si, deberías haberlo notado.

—Eso no es posible —empezó a negar repetidamente mientras caminaba en círculos. —Él no pudo enamorarse de mí.

—Vives negando cada una de las cosas que te digo —Akane no tenía más fuerzas para seguir hablando, solo quería seguir lamentándose. —Pero bueno, ya no importa nada de esto. Ni nuestra relación, ni tu engaño, ni los sentimientos que hay aquí.

Ranma seguía sorprendido. Por más que lo pensaba no comprendía nada. ¿En qué momento Ryoga empezó a sentir algo por su persona? Nunca dio indicios de algo así, siempre actuó indiferente a todo.

No cree ser tan tonto, no del todo cómo para no caer en cuenta de eso.

—Toma esto —la joven dejó una carta en sus manos. —Léela y saca tus propias conclusiones.

Akane salió de allí, retirándose a la habitación para terminar de guardar sus pertenencias en un bolso. Iba a volver a casa de su padre, no quería estar en esa lugar nunca más. Cada uno de los recuerdos que eran felices para ella, se volvían amargos.

Momentos que pasaban juntos, ya sea riéndose de cualquier estupidez o estando en la cama demostrando el supuesto cariño y amor que debían de tener.

Mientras tanto, Ranma tomó asiento en la sala. No quería saber qué es lo que dice ese papel. Le daba un poco de pánico.

Lo abrió con lentitud, incluso sus manos temblaban un poco.


Hola Ranma, soy Ryoga.

Supongo que Akane ya te ha de haber dicho que esta carta era mía, pero de igual forma quería decírtelo.

No sé cómo iniciar con esto. Saber que después de leer todo no volverás a saber de mí llega a ser decepcionante.

Hablé con Akane, le conté sobre el tipo de relación que llevamos estos últimos años, me disculpé por mi actitud y acepté la culpa de mis errores.

Ella no merece nada de esto. Por eso preferí ser sincero aunque eso pudiera lastimarla. Odiame por eso si quieres, ya no me importa. Nunca lo sabré, aunque tu si te enterarás de mis sentimientos.

Me gustas. Más de lo que pensé.

Siempre quise que me amaras, ser tú todo y por fin estar a tu lado como se debe.

Ese tipo de ideas solo existían en mi cabeza que se dejaba llevar por el egoísmo de querer mantenerte a mi lado. El amor que siento por ti ha sido sincero en todo momento, es por eso que he estado detrás tuyo, aceptando las migajas que me dabas cada vez que nos acostamos, pero ahora yo soy mi prioridad. Después de tanto tiempo callando y estando en las sombras.

Lamentablemente, me dejé llevar por mi corazón y terminé lastimando a una persona que no lo merecía y a mi mismo.

Tal vez te sorprenda saber que me enamoré de ti. Hubiera sido mejor decírtelo de frente, pero con las situaciones de estos últimos días preferí no verte.

No sé si en el momento que estés leyendo siga en Nerima. Voy a irme lejos e iniciaré nuevamente mi vida, en otro lugar, con nuevas personas y un nuevo ambiente.

Te amé, te amo y no sé si pueda dejar de hacerlo, o tal vez no por el momento.

Cuídate y espero que tu también puedes aprender de las cosas que hiciste o dijiste.

El sabor amargo lo inundaba.

Sigue preguntándose en qué momento pasaron tantas cosas. Tomando en cuenta todo lo que Akane le dijo y lo que acaba de leer, siente que ha sido un desgraciado con todo el mundo.

Lo era, sólo que él fue el único que no lo notó a tiempo. Siempre se la pasó enfocado en sus propios intereses por lo que le importaba poco el resto.

Pero ahora… ser más consciente de la situación fue cómo un balde de agua fría.

Fue sacado de su trance al ver como Akane bajaba con unas dos maletas en su manos.

—¿A dónde vas? —No quería que la chica se vaya, era lo único que tenía en ese momento. Aunque no era merecedor de algo como eso.

—A casa de mi padre. —Akane no quería responderle, pero tampoco deseaba discutir. —Ya no estamos juntos así que no tengo nada que hacer.

Ranma quiso decir algo, pero calló. Ya le había hecho demasiado daño.

—Entiendo..

—Ranma. No diré nada con respecto a lo sucedido, evitémonos problemas. —dijo la joven —Cualquier cosa, terminamos porque nos dimos cuenta de que nuestra relación era monótona y eso nos cansó.

Saotome asintió y dirigió su mirada nuevamente a la carta.

Akane salió de la casa y empezó su camino a su antigua casa. No era un trayecto muy largo, pero tampoco tan corto. Le serviría para pensar, aunque ya lo ha hecho demasiado.

Mientras, Ranma volvía a releer cada una de las palabras que le dejó Ryoga.

Si Ryoga le dejó ese papel a Akane hace un día significaba que él todavía se encontraba en la ciudad. No se pudo haber ido tan rápido.

Ranma salió corriendo de su casa, tenía que hablar con él y aclarar las cosas. No podía irse así como así, dejando el tema en el aire como si no importara en absoluto.

Fue lo más veloz de lo que sus piernas le permitieron. No había tiempo que perder.

Llegó a casa de Hibiki agitado, pero todo parecía igual. Eso le dió la esperanza de que, posiblemente, Ryoga todavía se encontrara ahí.

Llamó a la puerta, pero no hubo respuesta. Pareciera que estuviera viviendo nuevamente el día de ayer.

Rodeo la casa y trató de observar por cada una de las ventanas, vacío. En eso, notó cómo una de estas estaba abierta en el piso superior por lo que empezó a escalar lo mejor que pudo para llegar ahí y entrar.

Estaba en la habitación de Ryoga, pero el ambiente era diferente. Todas aquellas pequeñas cosas que solían estar ahí, desaparecieron.

—No..

Ranma empezó a revisar desesperadamente cada cajón y armario. En los baños, bajó a la sala y fue a la cocina a buscar cualquier elemento que demostrará que Ryoga todavía vivía ahí.

Pero no, el lugar tenía un aspecto frío a pesar de que los muebles seguían ahí.

¿Cómo es que ya no estaba ahí?

Ranma simplemente miraba el lugar con desesperación y una tristeza acumulándose en su interior.

Se sentía frágil como un pequeño vaso de cristal que en cualquier momento se rompería.

Solo fue capaz de notar la soledad con la que empezaría a convivir a diario cuando Ryoga lo abandonó.

Finalmente, el vaso explotó.

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