Una oscura noche
Estaba allí, frente al frío e inerte trono en la siempre ostentosa sala de trono de Valeria, mi reino, un reino que juré proteger. La atmósfera era tensa, cargada de un silencio pesado que parecía pesar sobre mis hombros. Mis ojos se posaron en el trono vacío, donde solía sentarse el rey, ahora ausente en medio de la tragedia que había caído sobre nosotros. Los candelabros colgaban, iluminando tenuemente la habitación y proyectando sombras que bailaban en las paredes cubiertas de tapices heredados de generaciones pasadas. El aire estaba impregnado de un aroma a incienso y cera derritiéndose lentamente, recordándome las incontables noches de consejo y banquetes. Pero ahora todo estaba en suspenso, suspendido en una quietud inquietante que anunciaba cambios inminentes.
La sangre aún goteaba de mis manos cuando contemplé el cadáver del rey a mis pies. Mis amigos, Evelyn, Emily y Lucius, estaban junto a mí, con expresiones de incredulidad y consternación. Nos miramos entre nosotros, compartiendo un silencioso entendimiento de la tragedia que había sacudido nuestro mundo.
No pude evitar preguntar:
-¿Está realmente muerto? -susurré, aún sin poder apartar la vista del cuerpo.
-Alex, no te culpes, era inevitable.
-Totalmente Alex, además... No quiero alarmarlos en esta situación, pero el culto debe estar cerca.
-Si, Lucius tiene razón debemos apresurarnos
-Entendido. Evelyn, Emily, Lucius, siganme.
El golpe que me dió F3 con su codo me devolvió al mundo, llevábamos ya un rato peleando con nuestras dagas en el jardín de nuestra familia. 'Padre', dueño y señor de la familia Hayate y soberano de este territorio, supervisaba todo desde la comodidad de su oficina en la mansión.
Me reincorporé lo mejor que pude, y me dispuse a terminar este duelo en los próximos 3 movimientos. Acorté la distancia entre F3 y yo con una sola zancada, para hacer una finta de ataque directo; cuando ella intentó bloquearla, usé mi peso en el pie para rotar en mi eje y asestarle una patada al costado; eso al menos debería romperle la guardia, para finalmente saltar sobre ella y terminar esto con una daga en su cuello.
-Maldición, volví a caer en esas estúpidas fintas tuyas. Algún día te superare, H1.
-Espero con ansias ese día, F3. Igual fue un buen combate.
-Nada mal, H1 -Asentí ante este cumplido -. F3, espero que esto sea un recordatorio de tu impotencia para leer las líneas de combate.
En ese punto, Ordinance, mayordomo de la familia, lanzo un tajo con una daga en mi dirección. Afortunadamente era un ataque bastante obvio, por lo que su velocidad no importaba siempre que viera su trayectoria.
-Esto es lo que se espera de la mayoría de ustedes. Reflejos más allá de lo natural, la habilidad de leer el combate y la creatividad de improvisar en el mismo. Reflexionen sobre esto.
El sudor aun caía por mi espalda, subestime completamente la velocidad y fuerza de nuestro mayordomo. Se detuvo justo antes de impactar; no llegué a reaccionar a tiempo, solo pude seguir su daga con la mirada hasta que se detuvo frente a mi pecho. Algún día lo superare, pensé, pero no será hoy, y seguramente tampoco mañana, pero algún día.
-Hum... definitivamente nada mal -Dijo para si mismo mientras guardaba hábilmente su daga-. Espero que dominen esto en el siguiente año, para cuando cumplan 14 deberían ser capaces de al menos defenderse de un ataque a esta velocidad. Quizás incluso logren desviar algunas flechas.
Soltó una risa ironíca y nos dio la espalda mientras el cielo se iba tornando rojo. Era hora de cenar en la mansión.
La cena en la mansión Hayate siempre comenzaba en silencio. Ninguno de nosotros se atrevía a hablar antes de que 'Padre' diera la señal. Veinticuatro cuerpos entrenados hasta el agotamiento, pero siempre alerta, tomaban asiento a la larga mesa de mármol oscuro que dominaba el comedor. Todos éramos hermanos, aunque no compartíamos sangre. Desde mi, H1, hasta H12, F1 hasta F12. Todos con un objetivo en común. Cada uno con un destino sellado desde nuestra niñez.
El comedor, iluminado por candelabros de hierro forjado, proyectaba sombras irregulares sobre las paredes decoradas con tapices antiguos, escenas de batallas que nuestros antepasados habían ganado en nombre de la familia Hayate y por el bien del reino. Las largas ventanas con cortinas pesadas de terciopelo carmesí dejaban entrever la oscuridad del jardín exterior. Todo era un recordatorio de que nuestra vida era lucha y supervivencia.
Nos sentamos de manera organizada, los H frente a las F, reflejando las largas jornadas de entrenamiento donde solo se esperaba lo mejor de nosotros. La comida era sencilla: carne asada, vegetales y una hogaza de pan negro que compartíamos como ritual diario, recordándonos que incluso en la mesa, nuestra vida era de disciplina. Mientras tanto, 'Padre' disfrutaba de un pollo horneado con vegetales, arroz Cimez acompañado de especias que solo habíamos olido. Su cena era tan distante de la nuestra como él lo era de nosotros.El silencio se prolongó. 'Padre' no hablaba de inmediato, dejando que la tensión se espesara como el incienso que flotaba en el aire. Cada bocado, cada movimiento, se sentía controlado. Nadie se atrevía a mirar hacia arriba, esperando que él iniciara la conversación.Finalmente, después de unos pocos bocados más de su lujosa cena, 'Padre' dejó caer sus cubiertos con un suave clink sobre su plato y levantó la mirada.
-Esta noche tienen otro trabajo que hacer antes de dormir. En el jardín se encuentran varios materiales distribuidos, habrán oído hablar de ellos: Materiales Enoquinos.
Sus ojos, oscuros y calculadores, recorrieron la mesa, evaluando cada uno de nuestros rostros. F3 parecía curiosa; H2 asintió casi imperceptiblemente. F2 permaneció impasible, como siempre, pero incluso yo sentía una ligera tensión en el aire. Sabía que no sería sencillo.
-Ordinance les dará los detalles, pero como esta cena está deliciosa -continuó, tomando otro bocado de su arroz especiado-, les adelantaré su objetivo. Cada uno de ustedes debe ser capaz de crear una bengala de mercurio, cuando lo logren podrán ir a dormir. Así de sencillo.
Con nuestra misión clara, solo era cuestión de terminar nuestra insípida cena y empezar a trabajar.
Las bengalas de mercurio no deberían ser demasiado complicadas, constan de una tira de mercurio solificado y una flama que lo haga reaccionar; lo complicado es llegar al mercurio y solificarlo con el frío del viento en el jardín de noche.
Ordinance, siempre en silencio hasta que su intervención era requerida, se acercó sin hacer el más mínimo ruido, con la elegancia que sólo alguien con años de entrenamiento podía exhibir. Sus ojos serenos, pero siempre observadores, pasaron por todos nosotros mientras hacía una pequeña reverencia hacia 'Padre'. Su voz grave rompió la quietud que pesaba en la sala.
-Acompáñenme, será una larga noche.
Nos levantamos de la mesa en perfecta sincronía, dejando los restos de la comida atrás. El viento helado del exterior se coló por las puertas cuando Ordinance nos guió hacia el jardín. La mansión era imponente en la oscuridad, y cada paso que dábamos nos alejaba de la calidez sofocante del comedor y nos empujaba hacia la fría noche. El suelo bajo nuestros pies era sólido y firme, pero el aire del jardín nos envolvía con una sensación de desafío, como si la misma naturaleza esperara nuestra próxima acción.
Las sombras de los árboles se movían al ritmo del viento, y las pocas luces distantes apenas servían para orientarnos. Aquí, la única luz que importaría sería la que nosotros mismos seríamos capaces de crear.








