Chapter 1
La vida en el palacio, ¿Cómo la describiría? Era un asco, todas compitiendo por sobresalir y humillar a las demás.
Habían llegado con un solo objetivo, convertirse en la emperatriz de Goguryeo, Jimin sabía cual era su propósito. Era la única hija mujer de los reyes de Baekje y su propósito era ser la emperatriz del rino vecino.
Había sidó creada con amor, compresión, amabilidad y era muy consentida. El día que su padre le aviso que sería enviada a Goguryeo se alegro, el momento de enorgullecer a su reino había llegado.
Pero su felicidad se desmorono en un segundo, saber que sería parte del harén del futuro emperador fue una ofensa para ella, pero eso no evitó que se esforzara para lograr su objetivo.
Y eso significó tener de enemigo al sacerdote que estaba a cargo de ellas. En el palacio la conocían como la princesa rebelde, que iba en contra de las reglas, como consecuencia ganandose miles de regaños y humillaciones departe del sacerdote.
-¡¡Una inútil es lo que eres, no mereces ser la emperatriz del reino!!-
El harén era un nido de víboras, no existían amigas en ese lugar, si te confiabas te clavarían un puñal por la espalda en cualquier momento, eso se lo enseño muy bien su madre.
-¡Así aprenderas a mantener la boca cerrada!-
Lloraba por el ardor de sus mejillas al ser golpeadas, su labio sangra al igual que una de su manos que fueron cortadas cuando recogía los pedazos rotos de la flor de cristal que el príncipe la había regalado.
Las concubinas la miraban con superioridad y burla, tenía demasiadas enemigas en el harén, las cuales disfrutaban cuando el sacerdote la humillaba frente a todas ellas.
Con sus pocas fuerzas se puso de pie y limpio sus lágrimas.
-Entiende de una vez Jimin, nunca seras la emperatriz. Prometo convertirte en mi sirvienta cuando me convierta en la emperatriz de Goguryeo-
Jimin solo río.
-No eres ni la favorita en este momento, yo si les prometo a todos los que se burlan de mi y humillan que pagaran, en cuanto esa corona este en mis manos cuidense-
Y ese día fué en el que se prometió no descansar hasta tener la corona que la convertía en emperatriz.
Los meses pasaron y con eso llegó el momento donde el futuro emperador escogería a su emperatriz. Jimin era la concubina imperial en ese momento, la ponía en un puesto mucho más alto que a todas.
-El principe Jungkook a llegado-
Aviso uno de los guardias.
Tan importante como siempre, sus pasos eran seguros, su rostro serio. No volteó a ver a nadie mientras caminaba, tomo asiento en el trono, aun lado de su madre.
-Toma la mejor decisión hijo-
Jimin estaba segura de haber hecho un exelente trabajó pará poder ser emperatriz.
-Tadas hicieron un gran trabajo-, Hablo por primera vez. -Pero solo una es digna de ser mi emperatriz y de estar a la par de mí-
-Es tu fin Jimin-, Susurro con burla.
-Querida Ga-yeong, dudó que te quieran como emperatriz-
Su plática se vió interrumpida cuando volvió a hablar.
-La princesa Park Jimin del reino de Baekje, deja de ser la concubina imperial a partir de hoy-
Eso causó que una sonrisa de burla apereciera en el rostro de las cuatro candidatas.
-Porque ella, es la futura emperatriz... Mi emperatriz. Todos la van a respetar como si de mi se tratara-
La noticia no tardo en esparcirse por todo el palacio y el reino. Todos decían que el príncipe había tomado una excelente decisión.
Esa misma noche sus cosas fueron pasadas a la habitación que ocuparía cuando fuera emperatriz. Su boda sería en dos meses y también serian nombrados cómo emperadores de Goguryeo.
-Princesa-, Habló su sirvienta. -El príncipe la solicitá en sus aposentos-
-¿Cómo me veo?-
-Hermosa como siempre-, Alago. -pero-
-¿Pero?-
-No sé si al príncipe le agrade que se pasee por los pasillos vestida así, mi señor es muy posesivo-
-Descuida, se que no habrá problema-, Sonrió. -No hay que hacer esperar a su alteza-
En compañía de su sirvienta y varios guardias se encamino a la habitación del futuro emperador.
Sus pies estaban descalzos, sentía el frío piso, su cintura descubierta recibía la brisa fresca de la noche.
-¡Su alteza, la princesa Jimin!-
Las dos puertas fueron abiertas para que pudiera entrar. En el sillón blanco del fondo estaba aquel hombre que había robado su corazón desde la primera vez que lo vió.
-Mi señor-, Hizo una reverencia. -Me solicitó en sus aposentos-
-Acercate-
Su piel se erizo ante aquella voz profunda y ronca, sabía lo que causaba en él y más con el tipo de vestimenta que tenía puesta. Sin titubear se acercó a dónde estaba.
-Nadie debería apreciar tu cuerpo, dime, ¿Cómo te atreves a pasarte por todo el pasillo con esa ropa?-
-Mi señor-, Tomo asiento en sus piernas. -Todos pueden ver, pero el único que es digno de tocar es usted. Se perfectamente que lo envidian por tener a alguien como yo-
Un beso, solo eso bastaba para que la mente de Jimin volará, tenía tres años de haber llegado al palacio y en todo ese tiempo solo una vez habían estado juntos sexualmente hablando.
Jungkook se había encargado de que Jimin no quedara embarazada. Las tradiciones del reino dictaban que la emperatriz debía llegar pura y casta al matrimonio, para Jungkook había sido imposible cumplir aquello, quedo cautivado cuando vió a Jimin llegar al palacio.
El hanbok rojo que llevaba ese día resaltaba sus perfectos atributos, la tiara de oro con forma de rosas hacía que su cabello platinado se mirara mas hermoso.
-Alguien puede escuchar-
-Yo mando aquí, nadie dira nada-, Siguió con su tarea de desvestir a Jimin. -Solo disfruta, olvídate de todos, consentrste en mi. En tu señor-
Cuando menos se dió cuenta Jimin, ya no tenía ropa puesta. Fué acostada en la gran cama que había en la recámara.
El beso era lento, lleno de amor, cada caricia que era dejada en su cuerpo estaban llenas de delicadeza. Jimin amaba eso, pero su cuerpo exigía más, quería esa pasión, ese deseó que había sentido la primera noche.
Así que decidió subir la intensidad del beso, sabía muy bien que hacer para hacer perder el control a Jungkook.
-Lo deseó tanto mi señor, no sabe cuánto extrañé estar entre sus brazos-, Dejo besos en su cuello. -Ya quiero casarme con usted y no tener que escondernos para hacer el amor-
-Yo también te extrañé-
-No lo parece, estuvo de maravilla el paseó que dio con Ga-yeong esta mañana-
-¿Por qué arruinas el momento?-, Se alejo de Jimin. -Sabes que tenía una responsabilidad con ella-
-No me avisaste que saldrían, le diste la dicha de que pudiera restregarme en la cara que la llevaste al jardín que mandaste a hacerme, ¡A mí!-
Enojarse ella no era su plan, pero no podía evitarlo. Esa mujer había disfrutado decirle lo bien que Jungkook la había tratado.
-No me tutes, no somos iguales-
Jimin daba muy fuerte los golpes, eso lo confirmo Jungkook la primera vez que estuvieron a solas.
-Pues muy pronto lo seremos y créeme que una bofetada no sera nada-
-Jimin, Jimin, Jimin-, Susurro.
Se levantó con rapidez en cuanto vió que Jimin tenía la intensión de vestirse. La tomo de la cintura y arrinconó en la pared mas cercana, no dudo en besar sus labios. Jimin trataba de separarse pero la fuerza de Jungkook era mucho mayor.
Jungkook no se detuvo hasta tener las piernas de la menor al rededor de su cintura. Gimió cuando sintió el miembro rosar su entrada. No le importó si le dolía o no, entró sin avisó previo, la calida entrada lo recibió, se sentía tan apretado.
Jimin enterró sus uñas en el cuello de Jungkook, sentía un agudo dolor conbinado con un abrumador placer. Amaba esa sensación, las penetraciones empezaron a ser lentas pero profundas, poco a podo la velocidad empezó a aumentar.
-¡¡A-ah, mi señor!!-
-Pequeña puta, no puedes evitar ser ruidosa. Te exita saber que alguien nos puede descubrir-
Tenía los pies en los hombros de Jungkook, pegada a la pared y siendo penetrada con bestialidad, le resultaba imposible no gemir, esa posición la hacía deliriar de placer.
Un pequeño bulto se formaba en su vientre cada vez que Jeon entraba, sus labios eran mordidos para tratar de callar sus ruidos de placer. Consentro su atención en el lugar donde se unían.
-N-no puedo más-, Avisó mientras su mano bajaba a su clítoris. -¡Ahg! Jungkook-
-Correte para mi, quiero ver como mi puta se retuerce de placer-
Su mirada estaba perdida en la de Jungkook, su boca formo una perfecto "O" mientras una de sus manos seguía moliendo su clítoris, sintió como su vientre se contraía. No tuvo tiempo de avisar, cuando menos lo esperó ya estaba bañado con sus jugos aquel pene que le daba placer.
La sobre estimulación era muy placentera, y aun más cuando sintió que su interior era pintado de blanco con la escencia de Jungkook. El chasquido de sus labios unidos en un fogoso beso inundó la recamara.
Sentía las piernas adormiladas, ni bien estuvieron en la cama, abrazo a Jungkook y dejo besos húmedos en su cuello y pecho.
Por más qud deseará dejar alguna marca no podía dejar evidencia de aquel acto.
-Mi princesa, no sabes cuanto te amo-
-Yo también te amo. Eres mío Jungkook-, Susurro en sus labios. -Nadie más que yo puede disfrutarte o tocarte, soy capaz de matar a la mujer que se atreva a compartir cama contigo-
-Hay un harem-, Recordó.
-Solo lo podras usar cuando no este-, Se subió encima. -Pero quiero fuera a Ga-yeong-
-Mi pequeña celosa-, Tomo entre sus manos uno de los senos. -Ella nunca más estara en el mismo lugar que tú-
Mientras ellos dos compartían ese maravilloso momento, afuera había alguien que estaba más que enojado.
No aceptaba ni aceptaría el hecho de qué alguien que no fuera su hija, se convirtiera en la emperatriz de Goguryeo, sí tenía que matar a esa princesa la haría.