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De su boca salían constantes jadeos y pequeños gemidos al sentir como ese gran cuerpo se deslizaba entre sus piernas y lo embestia con fuerza. Sus extremidades estaban inmóviles, su interior ardía, le dolía cada estocada, pero su cuerpo no paraba de temblar por el placer.
No lograba ver absolutamente nada, ¿por qué no podía abrir los ojos? ¿Por qué no podía moverse?
—Solo mírate, chico heterosexual, tu de verdad naciste para tomar mi polla.








