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I was just falling in love (Only)

Sinopsis

Tras todo propósito, Louis no quiere hacer lo que su madre le ordena, pero sin un lugar al que pueda llamar hogar, el sabe que esta entre la espada y la pared. Cuando su madre le dice que tiene que prostituirse para ganar dinero, ella sabe lo que hace. Louis no. Ahora tendrá que lidiar con su embarazo. Con Harry siendo un jodido alfa que ama su trabajo y odia las relaciones, un bebé encamino es lo menos que necesita o tal vez, solo tal vez en el fondo será su salvación.

Genero:
Drama/Erotica
Autor/a:
VioletLina26
Estado:
En proceso
Capítulos:
13
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

1. Hooker.


Government Hooker - Lady Gaga


Ahí, donde todo comenzó.

Justo en medio de aquel lugar que le daba escalofríos se dio cuenta que su vida cambiaría para siempre.

Fue así como él comenzó a recapitular toda su vida en aquel lugar que casi pasaba desapercibido, todo lo que recordó y lo que podía decir era que Chicago era un sueño. La ciudad tenia bellas cosas, artes y cuadros a montones por descubrir. Talento en cada esquina y gente que aspiraba a la grandeza. El glorioso lago donde barcos pequeños navegaban a diario y un clima increíble, soleado la mayor parte del tiempo. Podía tan solo ir caminando por ahí y ni siquiera sentir soledad, podía manejar su bicicleta por sus calles y nunca arrepentirse de eso.

Era una mala suerte no formar parte de las personas que le iban bien en aquella ciudad.

Louis nunca se sintió mal a pesar de su condición social, era un omega pobre que vivían en una casa de un piso con sus pequeñas hermanas y primas, pero en aquel día en especial, cuando su ebria madre llegó en la noche diciendo que no alcanzaba el dinero y que el trabajo de repartidor de pizza de Louis no bastaba, el omega supo que debió de lamentarlo.

Fue ahí donde vio la otra parte de su bella ciudad.

Unos días después de aquella revelación, después de que llegara casi a media noche con un dolor mortal en sus piernas por pedalear con fuerza por West Englewood el lado sur de la ciudad, Louis ahora estaba en otro lugar, su cuerpo temblaba en la noche con las pequeñas ropas que llevaba puesto y que según su madre eran necesarias para atraer a los Alfas. Aquel burlete estaba ubicado justo en medio de la sociedad con dinero, en un sector donde los ricos tenían sus pisos e incluso rascacielos.

Las brillantes luces comenzaban a encender las aceras y parecía que en aquel lugar brillaban incluso más de lo que su viejo barrio había podido tener en años; las lámparas titilantes de las calles en la noche muchas de las veces le hicieron chillar de miedo, incluso pedalear rápido antes que alguien lograra interceptarlo.

Algo que seguramente la gente de aquel lugar no pasaría en años.

Incluso podía ver que aquellas personas adineradas volvían impecables en sus caros automóviles sin siquiera tener un cabello desacomodado de la cabeza. Con ropas que seguro ni siquiera llegaban a costar un año de su trabajo.

Eran aquellos mismos ricos que gastaban un poco de su fortuna en bellos omegas o incluso betas que bailaban u ofrecían servicios sexuales. Algunas personas se enfocaban más en su vida laboral. Eran pocos los que tenían una familia establecida, los demás en cambio buscaban pasar su celo con alguien que aminorara el dolor y luego cuando todo acababa volver a su rutina sin una prisión que los atara de por vida y que volcara todos sus planes.

Si Chicago en su mayoría era bueno, pero aquellos en el poder sabían manejar muy bien sus cartas para mantener ciertos asuntos fuera de las narices de los metiches. Si alguien lograba abrir la boca para decir que atrocidades se vivía dentro de aquellos pecaminosos lugares, pues tenía dos opciones callar para siempre o ser callado para siempre.

Los Alfas tenía en poder, era así de sencillo. Su alcalde, secretario y muchos más que Louis no podía recordar era de esperarse que fueran alfas, no había mucho que desear ante eso. Hace años que hubo una secretaria omega, Louis era un fiel creyente de que la hostigaron a tal punto que, ella por si solo renunció y se mudó a otro país.

Volviendo a su ahora dilema…

Fueron esos dos largos días en donde su madre sacó el dinero de debajo de su colchón y le llevó al laboratorio más cercano. Ahora tenía los papeles de que era un omega sano sin ninguna enfermedad venérea o algún tipo de ladilla no conocida. Inocente y puro porque para su mala suerte a sus 20 años aún no había iniciado su vida sexual, tan ocupado tratando de sobrevivir que ni siquiera le dio tiempo de buscar lo que su naturaleza pedía cada tres meses.

El celo lo pasaba solo, encerado en el sótano en una cama llena de moho y con solo una jodida botella de agua que usualmente Mary Kate solía dejarle. Retorciéndose de dolor y posiblemente maldiciendo a los cuatro vientos su casta. Bueno eran uno de esos días en donde se avergonzaba ser omega, solo volvía a tomar las riendas de su vida cinco días después cuando su cabeza dejaba la bruma de un nudo de un alfa y luego volvía a su rutina diaria. Feliz porque pudo con aquello que a tantos omegas casi le era imposible.

Nada que lamentar, pero ahora iba a perder aquello a lo que aún se aferraba.

Intentó aguantar el escozor de sus ojos al saber que era posible que uno de esos ricachones alfas o betas se llevaría su primera vez, esa que tantas noches pensó que sería especial con la persona que amaría hasta la eternidad. Soñaba que alguien llegara a su vida y solo tal vez lo trataría con amor y cariño. Se dio cuenta a medida que crecía que eso solo pasaba en aquellos cuentos que solía contar a sus hermanas en las noches donde se enfermaban y la fiebre no les dejaba dormir.

Su pequeño short se levantó un poco y Louis lo jalo hacía abajo, un error que su madre castigo dándole un pequeño manotazo. La mujer de cabello oscuro de facciones duras lo miraba con severidad, Louis aun no sabía cómo es que aquella mujer era su madre. Porque estaba claro que no eran parecidos en nada.

―Quieto y sonríe. ―Louis tomó aire intentando dejar que su cuerpo tiemble, pero fallando miserablemente. No quería hacer esto, le estaba costando bastante no ceder a sus instintos y correr lejos de todo. Su madre traía el ceño fruncido esta vez, casi matándolo con la mirada si osaba con tocar otra vez aquella prenda que no le cubría nada.

Podía notar como las personas, en su mayoría hombres alfas recorrían su cuerpo de pies a cabeza, Louis se sentía minúsculo bajo la mirada de aquellos ojos cítricos con sus piernas temblorosas y a punto de correr hacia su trabajo de repartidor, a lado de su amigo de cabello negro que solía regalarle pedazos de pizza de dos días cuando no solían venderse en el local.

Esos días estaban a punto de morir.

― ¿Puedo irme ya? ―susurró el omega un tanto asustado, Agatha pegó un pequeño gruñido.

―Adelante, niño. Pero si lo haces tendrás que buscar en donde vivir, porque ten por seguro que no te recibiré. ―Louis tragó saliva y un nudo se formó en su estómago. Era cierto, con lo poco que ganaba era imposible encontrar algo decente en donde vivir, la solo idea de verse en las noches rondando las calles frías y heladas le hacían estremecerse. A pesar de que compartía cama con sus hermanas, era mucho mejor eso a que morir de hipotermia en el pavimento o ser abusado en el pavimento.

¿Qué de diferente era ahora?

Una arcada le hizo estremecerse, respiró profundo y luego miró a la omega.

― Bien ―alcanzó a decir en voz baja, lo suficiente para que su madre escuchara. Se mantuvieron por un rato así, Louis analizaba a los otros omegas en su mayoría mujeres, como movían sus caderas y como obtenían un nuevo cliente a la casi velocidad de un rayo. Fue cuando se dio cuenta que solo quedaban tres personas, un chico rubio omega de ojos celestes y una pelirroja pequeña que estaba tan delgada. El resto seguro se fue con sus clientes frecuentes.

― ¡Demonios, ni siquiera tienes talento para esto, ve y has algo! Ni siquiera logras provocar algo en alguien ―Su madre vociferó con desprecio, desesperada por no obtener nada en más de dos horas de estar en aquel lugar. Louis lucía miedoso y un poco aburrido, con el frio colándose en cada poro de su cuerpo. Aquellas palabras hubieran ahuecado un poco más su ser, pero estaba tan acostumbrado a eso que solo lo dejo pasar, como muchas veces que lo ha hecho antes.

Se sentía minúsculo bajo las palabras de su progenitora, tal vez nunca tuvo novio porque solía ser tímido. En la mayoría de veces los Alfas no lograban conversar con él, lo consideraban un rarito por no hablar fuerte o simplemente contestar todo con un gesto.

Incluso se abrazó a si mismo y comenzó a cantar una canción en su cabeza, una que no fuera aquella música en alto que se escuchaba en todo el lugar, aquella que no tenía ni el más mínimo sentido.

No se dio cuenta de que un auto se paró en la entrada con rapidez, las llantas chirriaron en el pedimento con fuerza, fue cuando sintió que todo se volvía en cámara lenta, luego una voz profunda comenzó a hablar con desespero entre gruñidos y bufidos. Louis estaba a punto de dejarse caer al piso cuando el señor que atendía en la entrada habló:

― ¡Hey tú! ¡Te solicitan para ir con ese Alfa! ―El chico rubio que estaba a su lado se puso de pie con una sonrisa en su cara, aspirando el aire con alegría y emoción, aunque la voz grave volvió a decir algo, el señor panzón volvió a entablar conversación, Louis estiró un poco el cuello y un par de ojos oscuros lo vieron por un segundo, tembló ligeramente y luego pasó gruesa saliva que le supo amarga. ―Tu no, el chico con los shorts cortos.

―Al fin ―agradeció Agatha, una plegaria que fue escuchada para esa mujer y algo que a Louis le dejo un nudo en el estómago. Como primer día, era su responsabilidad de guiar a Louis en esto y enseñarle todo lo que podía, era por eso que su madre no había ido con sus clientes habituales.

Louis gritó despacio, su omega removiéndose inquieto en su interior, sin saber qué es lo que realmente sentía, aunque su madre no dudo en empujarlo con rapidez hacia aquel señor que lo veía. Traía rizos alborotados y la camisa abierta. Era apuesto, pero el omega temblaba con la idea de que ese señor se llevaría todo de él.

Estaba aterrado y su aroma lo delataba.

Agatha hizo su último movimiento empujándolo y en cuestión de segundos, ya estaba en su delante, el fuerte olor de aquel sujeto inundó sus fosas nasales, sus piernas flaquearon y su corazón se aceleró. El aroma a madera con algún licor le pegó en el rostro.

Alfa

― ¿Vas a venir? ―dijo con una voz grave, Louis estaba aturdido así que lo único que hizo fue asentir y obligar a sus piernas a moverse. Cuando al fin pudo rodear el auto, observó a su madre por unos segundos, su rostro tenía una sonrisa de satisfacción. Agatha alzó la mano moviendo sus dedos, Louis tragó saliva haciéndose una nota mental de no olvidar el dinero.

El dinero era lo fundamental o de lo contrario no estaría haciendo esto. Quería llorar.

Como pudo entró en el auto ignorando al Alfa que aceleró en cuanto escuchó el sonido de la puerta cerrarse, Louis estaba aterrorizado y aturdido, todo al mismo tiempo. Por un lado, el olor de ese Alfa le hacía gimotear internamente, aquel aroma lo dejó descolado por segundos, su piel se erizó y sus manos temblaron un poco. Su omega saltaba de un lado a otro intentando querer salir con desespero. El lado malo era que esta sería su primera vez, con un Alfa desconocido que le llegaba a intimidar, su primera vez con alguien que no conocía.

Así que Louis ignoró nuevamente el nudo que se formó en su estómago, contuvo sus ojos llorosos y espero de todo corazón que el hombre no notara su nerviosismo y angustia. Miró con discreción a su izquierda, casi se le escapó un jadeo, a pesar de haberlo visto hace unos minutos, la voz de su madre lo dejo ido por un rato. Era ahora que se daba cuenta lo muy apuesto que era aquel alfa.

Aquella mandíbula perfilada, firme y dura. Aquellas manos grandes que se aferraban al volante con fuerza, lo podía adivinar por los nudillos blancos que parecían querer salirse de su lugar. Aquel hombre parecía de ensueño, algo que Louis nunca aspiraría porque el siempre pertenecerá a su clase baja aun peor siendo omega e incluso mucho peor al no saber entablar conversaciones para llegar más lejos.

Louis lo adivinó minutos después, la zona de adinerados apareció en su delante. Luces fuertes alumbrando cada esquina, casas grandes siendo la mayoría con inmensos ventanales de cristal y amplios jardines.

El auto lujoso del Alfa se estacionó en un edificio que posiblemente su tamaño seria casi la mitad de su colonia. Ya podía imaginar que seguro su casa misma podría ser solo una habitación pequeña de ese lugar, si es que no era incluso más grande de lo que pensaba.

―Ya llegamos ―exclamó el alfa, Louis asintió con torpeza y abrió la puerta con manos temblorosas. Un señor que supuso era el encargado de los autos se acercó tomando las llaves del alfa y luego subiéndose para llevarlo a otro lugar, no sin antes mover la cabeza conteniendo la respiración. El omega se quedó de nuevo sin aliento, incluso en la oscuridad de aquel auto, Louis ahora podía notar cada poro, lunar o imperfección de su cara, los ojos verdes casi perdidos en su totalidad, aquellas luces iluminaban todo de aquel hombre. Su rostro era refinado casi perfecto, sus labios rojos color cereza y esa mirada penetrante―. ¿Qué? Acaso no piensas hablar.

―Lo siento, señor ―dijo el omega en un susurro. Sus piernas flaquearon ante ese tono de voz y una parte de él, la que más le dejaba en evidencia comenzaba a despertar. El lubricante queriendo escurrirse entre sus piernas. El calor apoderándose de su piel sintiéndose sofocado, su omega gimiendo en el interior queriendo obedecer todo lo que ese señor le decía.

―No tengo todo el tiempo, así que apresúrate mi celo comenzara pronto. ―De igual manera Louis siguió al Alfa con pasos torpes, era una suerte que su madre le dejara ponerse sus viejos tenis, aunque su pequeña ropa no ayudaba ya que aquel portero no dudo en mirarlo más de la cuenta. Incluso las personas que se encontraban tanto de entrada como salida lo veían con desprecio.

Un nudo se formó el su estómago, a pesar de eso continuó directo al ascensor. Sus ojos comenzaron a picar de nuevo y los cerró para evitar lágrimas. Esto no era él.

Nunca pensó que caería tan bajo que tendría que vender su cuerpo por dinero ¿Qué había hecho mal en esta vida?

Abrió los ojos cuando el ascensor paró en un lujoso pent-house, aunque aquel Alfa no dudo en dejar caer sus cosas en un pequeño plato en aquella mesa de cristal adornada con flores y una foto que suponía era el Alfa con su familia. Una señora y una chica castaña que no se parecía mucho a él.

Cuando menos se lo esperó, el Alfa se acercó, Louis dio un chillido cuando unos grandes brazos lo rodearon y el aroma volvió a invadir su espacio personal. Su omega parecía haber despertado otra vez y el calor que sentía comenzaba a querer asfixiarle una vez más.

Celo de mi alfa.

Claro que no.

Louis por inercia subió la mirada, encontrándose con unos oscuros ojos que lo miraban con atención, podía notar al Alfa analizar cada centímetro de su rostro y como se perdía en cada cosa que veía. Era como si tan solo la llegada a este lugar el alfa de aquel rizado había tomado el control de la situación.

― ¿Puedo? ―preguntó el rizado. Louis abrió la boca ―. Sé que es tu trabajo, pero no voy hacer nada de lo que no quieras. ― El omega gimió bajito, asintiendo con ojos abiertos. Un par de labios ardientes tocaron los suyos y luego solo se dejó llevar.

Sus mejillas se calentaron por inercia, recordando la única vez que había podido besar a un chico fue en la secundaria por un estúpido juego llamado siete minutos en el paraíso. Su omega interior parecía haber nacido para esto, porque se calmó en cuanto el Alfa intensificó el beso y lo levantó tomándolo de los muslos.

Louis se asustó cuando el rizado se movió hacia lo que se suponía era la habitación, su cuerpo tembló cuando la colonia y el mismo aroma volvió a invadir su nariz. Así que sus temblorosas manos se aferraron a hombros ajenos. El viaje pareció lento que incluso le aturdió cuando cayó en la cama, una acolchonada manta amortiguó su caída, parecía que cayó en una nube por lo suave que se sentía.

El Alfa no dudo en sacarse la ropa, casi de inmediato tomando de nuevo sus labios que un solo parpadeo, lo tenía de nuevo prisionero. Louis jadeó tratando de llevar el mismo ritmo con el que ese hombre lo besaba, demandante como un alfa lo solía ser.

Su ropa también desapareció segundos después, quedando en ropa interior. Louis sintió como su omega se retorcía de lujuria, alzando las caderas para sentir la erección del rizado en todo su esplendor.

Y entonces lo sintió, el dolor que comenzaba desde su estómago y se asentaba en su vientre, el calor sofocante que emanaba su cuerpo y el lubricante que empapaba su ropa interior. Había llegado su celo o más bien se adelantó el muy maldito.

El Alfa pareció reaccionar, se tensó y luego miró al omega. Louis comenzaba a desesperarse no solo por el potente aroma sino por lo que aquel alfa podría ofrecerle. Su mente se nubló y las palabras se le escaparon por sus labios.

―Alfa, quiero tu nudo ―. El rizado gruñó con fuerza mientras sus pupilas se extendían y el color negro invadía su mirada. ―Por favor.

Louis se sintió mareado cuando las grandes manos de aquel hombre rompieron sus bragas tirándolas lejos, y aquellas mismas manos tomaron sus caderas para voltearlo, con aquel toque solo con su tersa piel. Louis sintió un poco de alivio, pero aun así quería mas, quería que dejara de quemar y de doler.

El alfa no dudo en hundir su rostro en su trasero, Louis no pudo evitar tomar con sus manos las sabanas apretando con dureza ante aquel acto que casi le dejó sin aliento. Harry succionaba y luego con sus dientes cepillaba para dejar un beso que posiblemente marcará su piel.

―Sabes muy bien ―dijo el rizado, Louis solo pudo dejar escapar un gemido―. Voltéate.

Con el leve rubor que se extendió por sus mejillas, el omega obedeció sin tener el valor necesario para ver al hombre. Estaba casi seguro que si lo hacía se correría tan solo por admirar su belleza o posiblemente su tonificado cuerpo.

Pasó saliva dura cuando el alfa se posicionó entre sus piernas, estaba a punto de tener sexo por primera vez con un desconocido. A pesar de eso parecía que el rizado sabía de su situación que se tomó el debido tiempo para entrar, preparándolo con sus dedos y tomando un poco de control que Louis nunca había visto en un alfa.

―Voy a entrar ―Louis asintió cerrando los ojos, el pequeño escozor en su parte baja le hizo jadear, sus manos por inercia se fueron hacia los grandes brazos del alfa apretando fuerte su carne. Un par de lágrimas cayeron por sus ojos al comenzar la intromisión―. ¿Estás bien?

El empresario se quedo petrificado al verlo llorar. Louis quería decirle que era su primera vez experimentando con alguna persona, estaba seguro que eso no se comparaba con uno de sus dildos que escondía en un cajón con llave cuando tenía sus celos. Esto de aquí era una persona real, que luego anudaría en su interior. Y aun en su bruma de calor, Louis supo que si no hacía eso no tendría la paga.

Era una jodida prostituta ahora.

―Sí, solo soy muy sensible ―alzó la vista, un par de orbes verdes lo miraban con un poco de preocupación. Era gracioso porque la mayoría de aquellos ojos estaban cubiertos con unas grandes pupilas negras. Entonces se dio cuenta que era el lobo de ese hombre el que estaba preguntando―. Continua, por favor.

Volvió a sentir la quemazón en su entrada a medida que se estiraba y esta vez solo intentó relajarse. Supo que lo logró cuando el alfa comenzó a moverse un poco. Aun sin parar de mirarlo y asegurarse de no hacerle daño. Había un brillo especial en esos ojos, como si aquella persona que estaba encima suyo escondiera un secreto.

Como si conociera algo que él no sabía.

―Eres muy bonito, omega ―dijo el rizado quitando el mechón de cabello que se pegó en su frente debido al sudor. Los labios del alfa no le dieron tiempo de reaccionar, solo se dejó llevar cuando las embestidas fueron más rápidas y certeras.

Los siguientes días parecieran que fueron un sueño, cuando el alfa del rizado tomo el control al 100% no tenía duda que se trataba de alguien tierno, amable y sobre todo protector. Que para su situación no le cayó mal. El chico no dudaba en quererlo alimentar con todo lo que pudo encontrar en la nevera: queso apestoso, leche, fruta picada o algún vegetal crudo, sin contar con carne congelada.

Louis se sentía en las nubes, como si esto no se tratara de un ganar/ ganar. Aquel alfa hacía ver lo que hacía no era denigrante. Ofreciendo su cuerpo a cambio de dinero. Incluso que sorprendió cuando el mismo rizado lamió sus lágrimas cuando lloró de nuevo, solo se dedicó a acariciar su cabello y a decirle que no le haría daño.

El omega interior de Louis gimoteó con alegría.

[…]

Sus ojos no se adaptaron a la luz que iluminaba su habitación. Louis cerró los ojos con fuerza cuando se dio cuenta que era otro día, aun en su bruma de sueño no dudo en levantarse para ver si el alfa necesitaba de él. Luego un vuelco en su estómago le hizo hacer una mueca al ver el lado derecho vacío.

― ¿Señor? ―dijo despacio, sin embargo, nadie respondió. Louis estiró la sabana de encima y luego se cubrió el cuerpo con eso. A pasos lentos y con los nervios comiéndolo vivo salió de la habitación. Sin encontrar rastro de alguien.

Avanzó hasta encontrarse una cocina que no tuvo el placer de ver con determinación cuando el alfa estaba pegado a él hace dos días. Siguió avanzando hasta la sala aun sin rastro del rizado.

Cuando estaba a punto de rendirse, chocó con la mesa del centro y luego de una mueca de dolor pudo observar un sobre con la palabra hooker y a un lado una bolsa con ropa interior. Louis sintió el estómago revuelto.

Aquel hombre le había dejado el sobre con lo que se suponía era su paga y unas bragas nuevas que él había roto cuando estaba en su celo. Con sus ojos aguados y con una maldición interna tomo todo y luego se dirigió hacia la habitación de donde salió, se vistió con prisa con las saladas lágrimas y pequeños hipidos.

¿Qué creía que iba a pasar?

¿Qué el alfa le diría que es el amor de su vida? Para aquel hombre solo era alguien quien satisfacía sus necesidades. Incluso cuando se comportó de la manera más linda en su estado de celo eso no garantizaba nada, ni siquiera conocía nada de él.

Dejando todo sin mirar atrás, tocó el botón del ascensor bajando hacia la planta baja y sujetando con firmeza el dinero, no por miedo a que se le vaya a caer sino el coraje que su omega interno hacía diciendo que estaba abandonando a su alfa.



Hola personitas bellas, esta es la nueva historia que publique en Ao3, estaré actualizando por aquí a partir de ahora.

Los créditos son para Sami, gracias por ayudarme en inspirarme para escribir esto.

Espero disfruten mi ultima fic larry que escribiré.

GRACIAS POR LEER.

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