Capítulo I
La brisa susurraba suavemente, trayendo el olor a otoño. Marcus se levantó tranquilo, esta mañana no tuvo problemas para despertar; al contrario de la mayoría de las mañanas. Era común para el despertar y tener visiones horribles y espeluznantes sobre entes que nadie más podía ver ni sentir, y era aún más común que no pudiera moverse por más que lo intentara. Luchaba contra su cuerpo con todas sus fuerzas, pero era en vano. Hoy no fue una de esas mañanas.
Odiaba lo mundano. Odiaba levantarse y cepillar sus dientes, bañarse, desayunar, etc. Pero aún así se preparó para su día, empezando por su desayuno favorito, huevos revueltos con jugo de naranja artificial.
Sus días estaban repletos de aburrimiento, ya que estaba en casa recuperándose de un resfriado y no podía ir a trabajar ni ir afuera. Era frustrante para el estar en casa, donde no podía ser productivo y se encontraba solo con sus pensamientos.
Vivía en una envejecida casa a la cual ya se le notaban los años, que alquilo exclusivamente por su fuerte deseo de irse de casa. No era muy grande, pero habían partes de ella que le faltaban por descubrir, partes que, parcialmente, no había siquiera intentado descubrir porque algo dentro de él le pedía a gritos que se alejara. Nunca había sido muy supersticioso, pero confiaba en su instinto.
A pesar de esto, se aproximó a la estantería del cuarto de atrás, donde la dueña guardaba unas pocas pertenencias que no sacó de la casa, entre ellas, libros. Al entrar, sintió el peso del aire.
Marcus siempre fue un ávido lector. Desde pequeño estuvo interesado en las historias que escondían mundos dentro. Pero su familia, siendo muy religiosa, prefería por mucho que leyera la biblia (su primer libro). Conocía las oraciones, los pasajes, pero no lo sentía. No sentía ni encontraba la fe en si mismo, por más que buscara.
En la estantería, encontró un libro que le pareció particularmente llamativo. Se leía "Ritos y Casualidades". Las historias de terror o creencias paranormales nunca fueron lo suyo, pero estaba demasiado interesado como para dejar el libro justo antes de empezarlo. En la primera página se podían ver restos de palabras, ya borrosas, de lo que parecía haber sido una advertencia. "Non... Legere..." Esto solo llamo más su atención.