Asi empieza todo

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

En una noche agitada en un hospital de Texas, el enfermero Eber se encuentra con un paciente peculiar, Miguel Ángel Guapo, quien ha pasado meses en cuidados intensivos tras un accidente automovilístico. Pero lo que comienza como una rutina de atención médica se convierte en un juego peligroso de seducción cuando Miguel Ángel muestra un interés inusual en Eber. Con un aroma embriagador y una actitud provocadora, Miguel Ángel seduce a Eber, quien lucha por mantener la compostura mientras atiende a su paciente. Sin embargo, lo que parece ser un encuentro casual pronto se torna oscuro cuando una enfermera sospechosa, Violeta, presencia la intensa conexión entre ambos. Cuando Miguel Ángel fallece repentinamente en medio de la pasión, Eber se encuentra enredado en un juego mortal de acusaciones y secretos. Violeta está convencida de que el médico es responsable de la muerte del paciente, y Eber se ve obligado a enfrentar las consecuencias de sus acciones mientras lucha por mantener su reputación y su libertad. Con el peligro acechando en cada esquina, Eber se adentra en un laberinto de engaños y traiciones, donde la verdad se vuelve borrosa y las lealtades se ponen a prueba. ¿Podrá Eber limpiar su nombre y descubrir la verdad detrás de la misteriosa muerte de Miguel Ángel, o sucumbirá a las sombras que amenazan con consumirlo?

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
EROX
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Cuarto #109

"Miguel Angel Guapo sufrió un accidente de carro, poco más de 30 km/h sobre el bulevar, las llantas traseras perdieron tracción, al entrar en una curva, el carro se derrapó hasta dar con la defensa del carro que tenía enfrente, quedando sus piernas atrapadas entre el choque, después de varias horas para sacarlo, inconsciente lo llevaron lo más rápido posible a urgencias, donde poco a poco se fue recuperando, pasados 3 meses de estar en cuidados intensivos... nadie sabía lo que estaba por acontecer”

Era una noche movida en el hospital de Texas, ya era la víspera de navidad, cuando apenas Eber registraba su entrada para el turno nocturno, directamente se fue a revisar los pacientes, ya que había uno en especial que le preocupaba, conforme pasaba a los cuartos, las horas pasaban...

Apenas eran las 2 de la madrugada, cuando le tocó entrar al cuarto 109.

Entro al cuarto tratando no hacer ruido, sin embargo, el rechinar de la bisagra oxidada se lo impedía, despierto y sentado en los pies de la camilla se encontraba Miguel Ángel mirando directamente como Eber entraba al cuarto, de ojos cafés con piel clara de estatura promedio, al darse cuenta de que Guapo le estaba mirando, procedió a hacerle las preguntas de rutina como con los demás pacientes, las preguntas avanzaban y un aroma embriagante que provenía de parte de Miguel distraía constantemente a Eber.

-Un aroma muy delicioso le provocaba comezón a Eber en la nariz - señor Miguel, ¿acaso se puso loción?, le recuerdo que está prohibido el ingreso y uso de perfumes en los pacientes.

Si, si estoy al tanto, jaja, ¿le molesta mucho el olor? -contestó Miguel con duda-

A mí no me molesta el olor, le comento que hay que seguir las reglas, si otro paciente llega a enterarse de su “permiso”, ellos también van a querer lo mismo. -contesto como regaño-

Eber se arrimo a la cabecera de la cama, donde se encontraba un botón oculto en una de las repisas de la cabecera, presiono el botón y mencionó con una voz decepcionada “el paciente de la habitación 109 requiere que le quiten el perfume...“, una voz suave de mujer le respondió “sí doctor, enseguida van las enfermeras”.

Miguel al escuchar lo que pasaría, hizo la lucha de pararse de la cama, primero bajo el pie derecho y luego el izquierdo, en cuanto apoyó el pie izquierdo en el piso, trato de bajar lentamente de la cama, como sus pies no estaban recuperados del todo, apenas soportaban unos pocos kilos, manteniéndose de pie por unos escasos segundos, se tambaleó hacia enfrente y sus pies cedieron ante el peso corporal.

Eber al ver que su paciente guapo, se tambaleo, se dio media vuelta para tratar de agarrarlo, cayendo la cabeza de Miguel en el pecho del doctor, quedando los brazos del paciente encima de la otra persona, emitiendo un quejido cuando cayó.

-Eber preguntó con miedo- ¿Tranquilo, estás bien?

Miguel alzó su mirada en los brazos de Eber, un ligero sonrojo se hizo presente en su rostro, demostrando que comenzaba acalorarse, le sonrió de forma pícara.

Nunca he visto a nadie quejarse por caer en tan buenos brazos, más siendo unos fuertes como los suyos, imagino que su esposa debe estar fascinada con lo alto y atractivo que es- la mirada de Miguel estaba clavada en el pecho del doctor-.

La actitud y la pregunta hizo que su saliva se atorara tosiendo un poco-¿pero qué cosas dice?, jajaja, tengo esposa, la quiero y respeto mucho, todo lo que está intentando... lamento decirle que será en vano señor Miguel-

-Eso cree usted, doctor... sin embargo, usted no sabe que así me gustan a mi, me gusta que se resistan... -Dio un suspiro alegre, lo que el doctor le dijo le agrado mucho, dándole una sonrisa y un beso al aire-

A Eber le causó impresión las palabras de Miguel guardó silencio saliendo de la habitación, rumbo a su estación, pensando en lo que acababa de pasar, después de unos minutos de pensarlo bien, regresó al cuarto de Miguel.

Se acercó a susurrarle al oído -Ah... mire... ahorita no podemos, hay una enfermera en especial que le chismorrea a mi esposa Ana todo lo que hago, debemos esperar, mas al rato vendré preparado...

Con cara de sorpresa, Miguel emocionado también le susurro a Eber, -Muy bien doctor, yo también lo estaré esperando... -Acabando la frase se escucha que tocan la puerta-

Eber le dice adiós con la mano a Miguel, para evitar rumores entre las enfermeras, a pesar de que Ana no trabajaba ese día en el turno de la noche, trataba de evitar que se corrieran los rumores a toda cosa.

-Adelante - dijo Eber.

Una vez que Eber salió del cuarto del paciente, la enfermera no podía evitar ver cómo el paciente no le quitaba la mirada del trasero a el doctor, sospechando del paciente, se puso a platicar un rato.

¿Verdad que el Dr Eber es muy sexy no? -Mencionó la enfermera Violeta mientras se mordía el labio-

seh seh... -Miguel le daba el avión a la enfermera-

Al quedarse mirando hacia la nada, la enfermera le pasa la mano enfrente de la cara para ver si reacciona.

¿Qué? ¿que paso?, ah enfermera Violeta, discúlpeme jajaja -apenas reaccionaba-

Violeta: no se preocupe, pero trata de no verte tan obvio... aparte, el doc no es de ese tipo de persona, entre las enfermeras conocemos bien a todos los doctores de el ala norte,

¿Ah sí? cuénteme más enfermera, por favor... -Miguel se notaba interesado en saber de los demás doctores-

¿Y no bañarse? -violeta le da un golpe amistoso- ándele, siéntese en la silla de ruedas y vamos a bañarlo

Bueno, está bien --Exhaló con señal de decepción, Miguel quería que el doctor lo bañara en ese momento-

El agua caliente y el jabón corrían por el piso de la bañera, ya una vez dentro de la regadera el vapor era tan denso, que salía por debajo de la puerta y se filtraba hacia el cuarto, como si algo se estuviera quemando intensamente, pasaban los minutos, cuando salieron del baño la enfermera violeta y el paciente Miguel.

Gracias enfermera, ya me tocaba quitarme la suciedad... -contestó Miguel con agradecimiento

-Apenas pasa por la puerta, toce- si, que bueno que el doctor Eber aviso, él siempre es muy limpio con todo lo que hace... -contestó violeta-

Lo tendré en cuenta...-Ahora Miguel tenía una idea de es lo que le esperaba mas al rato-

Los segundos se sentían minutos y los minutos horas, Miguel desesperado no podía ocultar sus ganas por saber qué era lo que le esperaba, el simple hecho de pensarlo le provocaba una erección muy dura, la cual no se podía bajar tan fácil...

El pomo de la puerta giraba lentamente, cuando Eber abre la puerta rápido pero sin que la puerta haga su ruido, se mete apenas cabe y cierra la puerta rápido, mientras miraba la puerta.

Ok señor Miguel, espero que esté listo, hoy es tiempo de regalar, y aquí te tengo tu regalo... -Eber tenía claro que él debía ser el que mande, ya que el paciente no se podía mover con facilidad-

Yo también tengo lo que le voy a regalar doctor -se abrió la bata mostrando su erección- De solo imaginarme que puede pasar con usted, me siento demasiado ansioso.

Eber se mostraba algo nervioso y emocionado al ver como estaba tan excitado el paciente, más bien incómodo, una de las prendas le estaba rozando cerca del muslo de la pierna derecha, cuando estaban bañando al paciente, el doctor se fue a cambiar de ropa, debajo de su túnica de hospital tenía unas cuantas prendas especiales.

Se acercó lentamente hacia la cama donde se encontraba recostado Miguel, Eber se iba quitando al mismo tiempo su túnica, revelando aquellas prendas provocadoras, se colocó en los pies de la cama...

Poco a poco de manera relajada, las manos iban tocando los pies del paciente suavemente, después los chamorros, Miguel se estremecía ante las caricias...

Tiene las manos frías... doctor -Miguel se estremecía cada vez más con el frío-

La cama del hospital se mecía con el peso de los pies del doctor, Miguel se aferró a la sabana con las manos, sentía que se caería, Eber seguía subiendo poco a poco, muy relajado, llegando a los muslos del paciente, se detuvo un momento, quería darle algo que recordar al paciente.

Subiendo la mirada y teniendo ambas manos apoyadas en cada uno de los muslos, le dice al paciente:

Esta noche... a la luz de la luna, voy a hacer que recuperes la sensibilidad en las piernas, es momento de que te cure de una vez por todas. -contestó con toda la determinación posible-

Miguel estaba sorprendido, no se la podía creer, un doctor le daría ese regalo, pero no olvidemos que Violeta la enfermera estaba sospechando del doctor Eber, algo estaba tramando.

Después de mantener miradas fijas por un pequeño lapso de tiempo, Eber siguió recorriendo aquellas curvas tan pronunciadas del paciente, lentamente movía sus manos hacia las caderas ,su cabeza apenas pasando las caderas, con el pecho justo encima de las mismas, siente algo que le presiona y dice -Uy, ¿qué es lo que tenemos por aquí?, ¡HOLY COW!, ¿no le causa molestia o dolor?-

El silencio estaba presente en la habitación, ningún sonido fuerte más que el de la máquina de signos vitales, donde cada vez su bip era más rápido conforme Eber subía...

El doctor seguía recorriendo las curvas, poco a poco, las manos apenas tocaban el cuerpo del paciente, la camilla se sumía con el peso de ambos cuerpos, el paciente aún tenía las manos aferradas a la sabana, mientras el doctor pasaba las caderas, subía recorriendo su piel con la nariz, embriagándose del aroma de cada centímetro de su cuerpo.

El aire caliente saliendo de la nariz, hacia que se erizase la piel del paciente, ahora la cabeza del doctor estaba en el pecho del paciente, las manos apoyadas en la cama, y ambos pies a un lado de los del paciente, con los ojos cerrados y moviéndose de una manera sensual, el doctor le había dado una lamida sumamente lenta al pecho.

Miguel al sentir como la lengua toda caliente y la saliva estaba recorriendo su pecho, sintió un escalofrío en todo el cuerpo, era algo que no es de esperarse, los nervios se hicieron presentes y lo emocionante apenas estaba por empezar.

No tenga miedo señor Miguel, dejamelo todo a mi -menciono Eber de manera coqueta-

Eber aun seguía subiendo, su ritmo siendo constante y sus manos apenas tocando el cuerpo, algo bueno y grande estaba por llegar...

Eber ahora estaba completamente encima del paciente, con ambas miradas fijas. el doctor bajó su mano derecha hacia la entrepierna del paciente, agarrando los testículos empezó a jugar con ellas como si fueran bolas chinas, -¿estás listo?-, ambas personas estaban exhalando aire caliente, se podía ver el vapor aunque la habitación tenía aire acondicionado, el doctor tenía una pierna con la rodilla apoyada en la camilla, y la otra la tenía en medio de los pies del paciente.

Sus caras estaban cada vez más cerca, a unos pocos milímetros, Eber no dudo un segundo en ser el que mandaba, empezó a darle de besos en la boca, americanos, francés, de pico, incluso con mordidas... mientras su mano acababa de jugar con los testículos, ahora paso a acariciar el miembro del paciente, acariciándolo de arriba hacia abajo suavemente.

Mientras los besos sonaban por toda la habitación, los gemidos de parte del paciente también tenía su lugar... Eber al ver y sentir cómo estaba reaccionando Miguel, su miembro también estaba listo para iniciar, detuvo por un momento los besos, mientras aun seguía de rodillas encima de la camilla, se puso derecho por un momento, -toma una bocanada de aire-

Ahora Eber arrimaba sus caderas con las del paciente con un ritmo muy peculiar, ahora ambos miembros se tocaban el uno con el otro, donde el más juguetón era el del doctor...

Uff, está haciendo calor... -contestó Eber de manera sexy

-Con el baile sexy, el paciente Miguel no podía despegar la mirada del dr.-

Los minutos eran horas, las horas eran como días en ese momento de pasión, tanto el doctor y el paciente trataban de no hacer ruido, no contaban con Violeta, estuvo viendo todo detrás del picaporte de la puerta... estaba viendo todo desde que el doctor entró a escondidas a la habitación...

Pasado un tiempo, el doctor se queda dormido en la camilla, donde el paciente también dormía con una mano encima del pecho, y el doctor tenía los brazos cruzados detrás de la cabeza, se notaba que ambos disfrutaban del momento.

-Un ruido proveniente de la sala de enfermeras hizo que se despertara Eber-

Oh maldición -Expresó en voz baja, no quería despertar a Miguel-

Cuando trato de salir de la habitación, piso algo pegajoso, medio blanco, volteo a ver de qué se trataba, sin apenas distinguir que era por el piso de color blanco, no se detuvo a pensar y mejor se fue corriendo sin que lo vieran las enfermeras...

Sin embargo, aunque el doctor se echó a correr por el corredor, antes de dar vuelta por el fondo del pasillo vio como 4 enfermeras corrían al cuarto de donde él justamente acababa de salir, lo que él menos quería era que una enfermera lo viera, quedándose así con la curiosidad...

Pasadas las horas, y el doctor ya en su casa, recibe una llamada del hospital, al ver el teléfono mira el nombre “violeta enf”, contesta el teléfono:

Dígame enfermera violeta -contesto Eber preocupado-

Hola doctor, se lo que hizo en esa habitación, lo estuve mirando como se cogía al paciente, pero... lamento informarle de que el deceso del señor Miguel fue a las 4:34 am -respondió con un tono de voz neutral-

¿Se murió, como?, y no se a que te refieres con eso de que me viste con el paciente, yo estaba cumpliendo mi rutina de chequeo... -Eber contestó con un tono inocente, sabía muy bien lo que pasó aquella noche-

Se lo que vi, estoy 100% segura que lo vi, espero que sus tenis estén limpios de la suela... hasta luego doctor... -incriminando al doctor le cuelga violeta-

Desde aquella llamada el doctor no volvió a hablar con violeta por un tiempo, la enfermera tenía preparada su jugada, solo esperaba que el doctor le dirigiera la palabra, siendo cuestión de tiempo.



Del paciente no se supo más, su deceso fue confirmado por exceso de placer