Lover Mood (Elías x Sonic)

Sinopsis

El ex rey de Mobius llega a un bar, rendido y sin rumbo. Gracias a la coincidencia o el destino, se encontró un viejo conocido. Interesante... Solo entendía que quería llevar esa belleza sano y salvo a su casa. One shot smut.

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Completado
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18+

El rey de corazones. Pt.1

Qué es lo que ocurre con los hombres sin rumbo en busca de consuelo. Inevitablemente encuentran un vicio donde ahogar penas. A veces sería mejor tomar responsabilidad sobre aquellas cosas que pueden verse grises y difíciles de llevar. Sin embargo, nunca llegan a ese punto de reflexión y decisión. Porque no tienen carácter cuando con orgullo creen hacerlo.


Es por ello que Elías Acorn, extendió la mano delante del barista para que sirviera otro trago amargo. Enseguida se compadeció, llamándolo cordial: "Sí su majestad" aquí y allá. Los mobians aún le tenían cariño, también respeto. Fue bueno saberlo, pensó la ardilla.


El pelirrojo mostró una sonrisa cautivadora para después beber licor. Sabía que no debía exceder y por fortuna, era un buen bebedor. Tan solo había ido allí para despejar la mente. Durante ratos, echaba vistazos a los que estaban en el bar; sintiendo que no había ninguna chica interesante, nadie que fuera de su tipo ideal para llevarse a la cama. Rayos, ¿por qué pensaba en hacerlo? Las cosas ya iban muy mal en el reino, con la familia y su hermana. Se suponía que no debía cometer más alborotos, esos que pudieran involucrar a los Acorn y manchar el legado.


Entonces ahí estaba, alcoholizandose, con espacio para pensar en el sexo como otro escape. Refugio de rutinas, etcétera, etcétera.


Claro que tenía la respuesta ante los constantes regaños de su padre y hermana. De algún modo buscó la forma para sacarlos de quicio. Fue un golpe duro ante todos, mucho más para Mobius. Siempre idealizaron demasiado la figura que él había creado. Un rey perfecto, bueno y quien podría darles un futuro mejor. Este se vió mallugado por la incertidumbre del muchacho, con el paso de años y años, esa perfección pasó a ser nada. Creyeron que Elías iba a casarse, tener hijos herederos al trono y bueno, el propio hombre no les dió la satisfacción. Al contrario, sentía una adrenalina curiosa; cada vez que cometía errores.


Por la mañana Sally había creado una discusión. Se estaba encargando del reino, ya que anteriormente fue despojado de ese título al no considerarlo capaz de continuar. La pelirroja no era diferente a aquellas personas que hablaban mal por detrás. Y sí, quizás estaba actuando como un rebelde juvenil, cuando ya tenía más de 33 años, pero ¿siquiera importaba? Se trataba de su vida y la forma en que quería recorrerla. Igual, debía hacer un esfuerzo con tal de no provocarle un ataque al corazón a su padre.


Bebió un trago más y habiendo saciado dicha necesidad de matar el tiempo, entregó un fajo de billetes al barista y salió a paso lento del lugar. Ya afuera, echó un vistazo por los alrededores. Iba siendo común encontrarse a algún paparazzi, tomando miles de fotos infragantes. Suerte que no vió ninguno. En fin. Llegó al carro, prendió marcha y empezó a conducir —pero sin un rumbo en específico todavía —, Elías gustaba de dar paseos en auto por la ciudad en plena noche.


[...]


—¡Nos vemos mañana, Sonic! —dijo el entrenador del gimnasio, desde lejos se despidió mientras cerraba el lugar.


—¡Hasta mañana! —exclamó alejándose y volviendo la mirada hacia el frente. Una sonrisa plasmada a medida fue borrandose.


Cabizbajo puso atención en el teléfono, iluminado por la luz led de la pantalla. Se sintió abrumado, tanto que tembló por el frío, quiso abrigarse mejor entre la sudadera que llevaba puesta, poniéndose dicha capucha y continuando. No llevaba ganas de correr a casa. Sinceramente, le gustaba tener paseos nocturnos.


El héroe de Mobius. Bueno, hacía mucho que tenía una vida tranquila. Eggman ya no era un peligro para todos, se había retirado el hombre mostachón. Y ahora tenía tiempo para descansar, meditando sobre tantos traumas arraigados donde los adentros en su mente. La factura estaba carísima. Por temas de reputación, no pensó en la idea de tener una relación con alguien, no desde su noviazgo con la princesa Sally. Fue la relación oficial más larga que tuvo. Y pensar que tendría que mostrarlo público: siendo él una persona famosa, quien estaba en el ojo del social con constancia, era agobiante.


Siquiera había alguien...


Apenas traía buena racha. Sobrevivió a tres acosadores y el físico que perdió, despues de pasar tanto tiempo bajo depresión. Por ello las idas al gimnasio. Poco a poco se veía mejorando, iba bien, casi perfecto. Aunque por dentro se sintiera jodidamente solo.


Tails, ya crecido, estaba trabajando como profesor en una universidad prestigiosa. Rouge y Amy, se introdujeron en el mundo de la moda, abrieron una boutique. Knunckles junto con los Chaotix, se la pasaban en aventuras. Así que sí, estaba solito, viviendo por primera vez una vida pacífica. Y a veces no sabía cómo estarse quieto. Cuando más aburrida percibía el pasar de los días, una voz lo hizo salir de pensamientos profundos que estaban discutiendo.


—Qué veo ahí, pero si es el héroe de Mobius, Sonic The Hedgehog.


Oír esa voz profunda y al mismo tiempo carismática hizo que la piel se le pusiera chinita. En cuanto volteó, un auto aparcó por el costado donde caminaba, allí encontró al culpable. Sonic abrió los ojos en sorpresa y no dudó acercarse, ensanchando alegría mientras pestañeaba.


—¿E-Elías?, ¿Qué haces por aquí? Tan repentino...


Observó al pelirrojo bajarse del auto y caminar directo hacia él. Extrañamente se sentía ansioso de repente. No lo recordaba tan alto.


—Por supuesto que no para seguirte. Estaba dando un paseo por ahí. Vaya, ha pasado muchísimo tiempo, ¿no lo crees? —enarcó una ceja fina, guardandose manos donde los bolsillos e inclinando ligero el cuerpo hacia enfrente, la altura de Sonic era un poco pequeña, solo muy poco.


—¡Jah! No lo sé, podrías ser un acosador o algo así. Pasó mucho tiempo, sí. La verdad no creí volver a verte. —juntó ambas manos mirandolas, acunando un ligero sonrojo enternecido sobre sus mejillas.


No se decidía en: si era incómodo verse o una dicha. Ellos guardaban cierta historia íntima, demasiado larga.


—¿Y tú, qué haces por aquí? —lo escrutó prolijo, deduciendo por la ropa deportiva que traía puesta Sonic, mmm, ¿había ido a correr o algo así?


—Fuí al gimnasio, ahora voy de vuelta a casa —sonrió tímido, volteando la vista a donde debería seguir caminando.


—Suena bien para ti, eres un chico deportista después de todo. ¿Qué te parece si te llevo? —echó la mano atrás sin quitarle por un segundo la mirada, señaló el carro que aún continuaba encendido, dando sonidos tenues —. No me importaría caminar junto a tí pero no es seguro conversar así.


—¡Claro! —realizó preocupado —, justo... —dudó mirando a todos lados —. No está bien hablar aquí. Es decir, he leído de ti en los periódicos.


—Ya veo. —murmuró pensando, no le gustaba la idea, maquinar que había leído esas cosas desagradables, ¿qué iba a decir de él?


—Esas ratas se las arreglan para crear rumores, chismes y shows mediáticos. No quisiera que alguien, ya sabes, hable mal de ti. Es injusto.


Lo dijo con un brillo asustado en los ojos, la carita linda, labios temblorosos. Elías apreció todo. Movimientos, miradas. Debajo, en la pelvis sintió un repentino cosquilleo, pero tal vez aún seguía algo ebrio. Serio, lo invitó a meterse en el auto con un atisbo, al menear cabeza atrás, incluso las hebras rojas se sacudieron. Sonic finalmente entró y observó en silencio a la ardilla mover el volante.


—¿A dónde te llevo?


—Sigue derecho, yo te aviso cuando lleguemos —sonrió vivaz, llevando un mirar curioso por todo el coche —, ¿Cómo has estado? Supe lo de... —inquirió. Vamos, el chisme se sabía, era inútil tratar de no abrir la bocota.


—Me va bien. Al menos ya no tengo que preocuparme por el reino. Mi hermana se hará cargo, ella siempre quiso, supongo. Estoy tratando de pasar el tiempo, espero que las cosas se vayan dando. Estoy feliz de tener más momentos para mí.


—Me alegra saber que todo está bien a pesar de las críticas y lo que tuviste que pasar. Hehe, Sally, hace mucho no oía de ella, ¿cómo está? —desde ahí, recostó el cuerpo colocando una mirada feliz y apacible, una donde Elías podía verlo.


—¿Por qué preguntas? Olvidala, ya no tienes oportunidad. Pero ya sabes, hay más peces por ahí. —expresó burlón alzando ambas cejas. Pronto recibió un empujón que mató la incomodidad, esa que alguna vez hubo entre ellos.


—¡Oh vamos, cállate! Eso es cosa del pasado. Caos, sigues siendo el mismo. Recuerdo cuando no perdías la oportunidad de molestarnos. Y también frunces la cara justo igual. —carcajeó bonito, mirando con detalle al conductor e ignorando lo atraído que se sentía.


—¿Ah sí? Algunas cosas no cambian. ¿Qué hay de esos pechos voluminosos que te cargas?, ¿me das permiso de tocarlos?~ —otro empujón que lo hizo reírse bajo.


—¡Son pectorales, ignorante! —mentira —. Ya deja de verme. Sigues haciendo eso. —chilló apenado cruzando los brazos en el pecho para poder cubrirse un poco —, eres de lo peor.


—Me conoces bien. Así que mmm, ¿deberíamos ir al mismo gimnasio de ahora en adelante? No quisiera tener que dejar de verte otra vez. —paró en el semáforo rojo y se inclinó cerca del azulino.


—Quisieras. ¿Para qué? Tan solo estarás allí burlandote de mí o molestando. No gracias. Aunque, me alegro de que no hayamos cambiado, a pesar de...


—¿Acostarnos? —silbó tonteando.


—¡No lo digas así! —cual tomate maduro, Sonic estaba rojo, desviando la mirada. Conservaba ese sentimiento de culpa en el momento que tocó aquel tema viejo.


—Mmmjum —suspiró frustrado —. En realidad es bueno que nos encontraramos hoy. —giró el cuerpo para verse entre sí —. Ahora que mencionas esto. ¿Nunca te lo dije o sí?


—¿Decirme qué? —negó iluso, intentando recordar pero fracasando.


Un silencio dominó, se recorrían entre miradas. Sonic estaba en presencia de un hombre en buena forma, alto, cabello corto pelirrojo. El fleco hondulado, ojos que se veían profundos, afilados color azul. Elías, caos, ese tipo era atractivo. Cuando lo miraba tan penetrante, sentía que era pequeñito. La ardilla volvió a la calle su visión y condujo despacio, torturando a Sonic de la intriga.


—No sé qué vayas a opinar pero, cuando era joven, fuiste mi primer amor. —sonrió burlesco.


—¡¿Qué?! ¿Estás bromeando? —tragó fuerte, repleto de asombro —. ¡¿Cómo pasó?!


—Se supone que eras mi amigo. Sin embargo, terminaste conociendo a Sally. Recuerdo que me gustabas mucho e incluso se lo dije a mi hermana. No lo sé... De repente, un día los vi juntos pasándola bien. Caos, sentí la cólera subirme, tú y ella eran tan detestables estando solos. Entonces fuí a decirle a mi hermana algo cómo: “Estás estorbando. Sabías que él me gustaba y aún así le coqueteaste."


Carcajadas aguardadas por las manos de Sonic, evitaron sonar lo suficiente ruidoso. El erizo terminó riendo bajo y mirándolo enternecido. Al mismo tiempo que el pecho le latió por ese nuevo acontecimiento.


—No tenía idea, caos, eso es... Creo que fuí muy despistado para darme cuenta. ¿Y por qué hasta ahora lo dices?, ¿tienes idea de cuánto tiempo ha pasado? —dijo Sonic.


—No lo sé —se alzó en hombros —. Creo que cuando los vi juntos supe que mi hermana te había cautivado. Ponías esa sonrisa boba cada vez que ibas al palacio para verla. Odiaba el amor de niños que ustedes tenían. —negó sin borrar la ligera sonrisa posada en sus labios.


—¿Estabas celoso? —abultó los belfos juguetones —. Yo creía que eras un amargado. Vaya, no puedo creer que el pequeño príncipe estaba enamorado de mí.


—Jahhh~ —exhaló frustrado —, sí, creo que estaba celoso, pero no podía hacer una rabieta. Tenía responsabilidades y al mismo tiempo, ser un buen hermano. Entonces ustedes empezaron a tener problemas.


—Ohh, sí, sé a lo que te refieres. —rodó los ojos hilarante de recordar aquello.


—¿Cómo es que duraron tanto tiempo juntos?


—Bueno, obviamente al principio fue por amor y apego. Ya después fue más por conveniencia de ambos. Decidimos llevar una relación abierta. Era una estupidez, porque seguimos juntos formando una actuación; solo por Sally. Sabía que su padre quería arreglar un matrimonio y ninguno estaba dispuesto, por eso era más fácil fingir, ya que si nos esperábamos no iba a perder la oportunidad de conseguirle un esposo. —resopló de repente, caído en el agobiante recuerdo, aquellos días lo hicieron cohibirse y mirar a la ventana.


Elías afortunadamente se percató, así que lejos de acribillarlo, golpeteó con el dedo pensando qué podría decirle para aclararse y de paso, distraerlo.


—Lamento haberme aprovechado de la situación. —soltó sin analizar lo suficiente esas palabras melancólicas. Una vez que salieron continuaron las demás, pese a Sonic, quien quiso convencerlo de lo contrario.


—Tú no te aprovechaste. Yo decidí, e-estuve de acuerdo en todo momento. Además, fuiste tan amable conmigo. Cualquiera hubiera aceptado sin dudar.


—No. —vencido alcanzó a carcajear bajo, la ardilla estaba acorralada, porque cargaba una culpa demasiado egoísta —. No recuerdo cuándo empecé a sentir que me molestaba Sally. Nuestra constante competencia, mis obligaciones y responsabilidades. Estuve tan sumergido que cuando volteaba, solo la veía a ella siendo feliz con...—observó a Sonic —. Contigo. Eso para mí era insoportable.


La cara del azulino se tornó a una mueca sorprendida que no pudo calmar, ya que jamás tuvo noción en las situaciones por las que pasaban esos hermanos que siempre eran alegres, ni mucho menos el recelo que sintió por Sally.


—Francamente no fuí hecho para ser rey. Deseaba ser libre y cada vez que te miraba podía ver esa hermosa vista de lo que sería. Es ridículo, pensé que tendría oportunidad mientras ustedes pelearan y no estuvieran pensando en casarse. Por eso di el primer paso ese día. —exclamó poco molesto —. Lamento haber hecho todo incómodo y al mismo tiempo no tengo muchos arrepentimientos, siempre supe que ansiaba tenerte a mi lado, así que no me arrepiento. Creo que solo me siento mal de dejarte ir.


—Y-Ya puedes detenerte. —resopló ruborizado, llevando los ojos lejos del mayor.


Al menos el silencio no duró demasiado.


—Creo que ahora debes irte, ¿cierto? —Elías recostó parte del pecho en el volante, mientras habitaba cierta malicia, Sonic, impávido asintió. Allí, el pelirrojo se lanzó a abrirle, pero permaneció cerca del cobalto, contemplando unos esmeraldas y exhalando lento —. Qué ganas de morderte, te ves como un dulce demasiado empalagoso —desnudó perlas en la oscuridad del coche y la noche. Tan perfecto que los latidos no se hicieron esperar.


—Eres un tipo muy patético, sigue con las ganas —bufó, mas no dejó de mirarle, percibiendo la electricidad que encontraba en la pelvis, apretandose los muslos igual que labios.


—¿Qué vas a hacer si decido besarte y no dejarte ir? Sé prudente, erizo. Es muy curioso como siempre coqueteas pero después huyes. A veces es difícil dejarte hacer lo que quieres. —enarcó la ceja, cada vez más cerca de chocarse.


—¿Por qué harías algo así? además, en ningún momento me puse coqueto contigo. Bueno, yo no tengo la culpa de divertirme... —dijo inseguro, guardó un aliento ansioso.


—Eres tan lindo. Vamos, seré bueno contigo y si vas a apretar así tus piernas, ¿podrías apretarme a mí también? —colocando una mano, se coló en medio de ellas, presionando con fuerza, manoseando suavemente antes de guiarse hasta descansar en sus caderas y así, robarle un beso que se convirtió en más que eso.


«Al carajo», pensaron.


No quiso parar cuando Sonic aceptó, atrayendolo, tomando del cuello para profundizar, se mecieron. Elías creando una sonrisa entre labios, acarició las caderas pero el destino exquisito se quedó en jugar con ciertos muslos azules. Mordió muy poco su lengua y a veces observaba como el chico se ponía tímido. Chasqueos resonaron, dados por ritmos de diversos besuqueos. Y claro que notó cuando acarició en el pecho rígido, de donde brotaban latidos rápidos.


Justo después de separarse, sacó la lengua volviéndose a unir, mientras abajo las piernas apretaban su mano, impidiéndole llegar al bulto que apenas iba formando. Entre más se deseaban y esa tensión sexual crecía, el roedor vislumbró un cierre que tenía apresado al pecho prominente del azulino. Descarado, mientras succionaba a Sonic, fue tirando de el, dejando descubierto donde empezó a tocar y presionar.


—¡Hmm! —saltó excitado.


—Tus "pectorales" son tan apetitosos y esponjosos, me imagino que es igual aquí. —murmuró libidinoso. La mano que antes tocaba muslos azules, viajó por detrás, primero agarrando su colita y después, moldeó una de las nalgas.


Sonic sacó ambas manos del cabello pelirrojo ondulado, descendió por la parte posterior de la cabeza, alrededor del cuello, hasta que descansaron sobre el musculoso pecho. Lo miró, él estaba un poco atónito. Entonces por fin sonrió lleno en picardía. Caos, el mayor no dejaba de contemplar dichosos labios, por lo que Sonic los lamió lentamente, esta vez como una invitación. Elías por supuesto aceptó: tomó el rostro de Sonic, pasó algunos dedos por las puas y se apresuró a darle otro beso.


Separaron limitado la boca para que los labios de Elías deslizaran alrededor del belfo superior, un beso suave y sensual. Ese hombre sintió que meses de tensión disipaban y se relajó en la boca del cobalto. Alejó un milímetro solo para volver a sumergirse escrupuloso, esta vez, alrededor del labio inferior, haciendolo gemir dentro de él. Notó una electricidad por el sonido celestial. El héroe agarró el frente de la camisa de Elías mientras continuaban besándose pasionales y pudo saborear el bálsamo labial de fresa en los labios melocotón.


Se mostraron reacios a alejarse por completo, pero el ex rey, tomó cuenta de que habían pasado minutos y necesitaban respirar. Cuando apartó el rostro de Sonic, sus ojos permanecieron cerrados. Los abrió lentamente para revelar una sensual mirada encapuchada, la que Elias pensó que estaba reservada desde hacía años. Le vino un calor acumularse en las entrañas al verlo. Nunca había estado más excitado.


Sonic estaba abrumado. No había besado a nadie en tanto tiempo. Los labios de Elías eran suaves y gentiles. Era buen besador. Al menos así lo recordaba. Al separarse jadearon placentero, inmersos el uno al otro, notó como la ardilla quiso aventarse con intenciones claras de devorarlo allí en el auto. Pues Sonic estaba igual de agitado, pero no terminaba de gustarle esa idea de tener sexo ahí. Ya no tenía dudas de querer hacerlo con Elías, pero no en ese lugar. Entonces lo detuvo agarrando sus mejillas. Aunque estuviera desesperado por continuar, era prudente.


Respiraban exaltados, mirándose fijo, complices del deseo necesitado de tenerse lo más pronto posible.


—A-Aquí no. No podemos —lo besó lleno de ternura en cierta parte, jadeantes cada vez que Elías volvía a devorarlo —. P-Podrían vernos. —pararon.


—Eso no importa. —exhaló hondo.


—Vayamos a dentro, por favor. Me gustaría que te quedaras conmigo. —Sonic rodeó con los brazos tomadole por el cuello, formando un abrazo.


El hipnotizado asintió medio frenético. Caos, el chico iba a matarlo, además la tenía muy dura. Esa noche iba a cojerlo, definitivamente...


[...]


—Ahh- mmmh no, no hagas eso, sssí ah. —gimió empalagoso, formando una sonrisa satisfactoria, a veces las piernas eran puntas extendidas, igual que una bailarina y echaba la cabeza hacia atrás para reposar sobre el cojín.


Elías podía sentir como unas pequeñas manos acariciaban sus pelos rojos, creando remolinos, halando cuando introducía más el pene de Sonic a su garganta. Había alejado las extremidades de este y echaba vistazos arriba para apreciarlo en todo esplendor. Motivado viendo los pechos repletos de mordidas, chupetones, húmedos de saliva y aquella carita extasiada poniendo sonrisas bobas, debido al orgasmo que acababa de tener. Sacudió la cabeza enfrente porque deseaba hacerlo venir otra vez.


—Elías~ ahhh~ ¡sí! Uff mmhg.


Al fin. Tenía a Sonic para él. Hacía tanto tiempo pensaba que ya nunca volvería a sentir su cuerpo, ni volvería a latirle el pecho todo desbocado. Afortunadamente pudo confirmar que aún anhelaba.