Prostituto vividor
Satoru salió del lujoso baño de la habitación con la bata mal anudada, dando así, un poco de vista espectacular a sus tonificados pectorales y clavículas, secando también, las hebras blanquecinas que goteaban, con un paño pequeño. Caminó con despreocupación hacia el hombre mayor que guardaba una expresión tosca y burlona en su rostro, que le esperaba sentado sobre la orilla de la cama, completamente desnudo.
Al encontrar los ojos azules cual cielo, el mayor sonrió al albino, con un destello de sorna y deseo. Era tan apetecible cuando no estaba siendo altanero. Se acomodó en la cama, recargando su ancha y esculpida espalda sobre la acolchada cabecera color chocolate y, realizó un ademán con sus manos, indicando a Satoru que fuese a él.
El albino acató la indicación de su mayor y decidió dejar la toalla tirada por un lado. Se dirigió a la espaciosa cama y se subió, colocando sus rodillas a ambos lados de las piernas de su contrario, manteniéndolo por debajo de él.
Desde su lugar, Toji presenció la mirada soberbia del menor, que mantenía la seriedad en sus facciones y demostraba superioridad con el mentón alzado.
Mientras Satoru soltase el dinero, Toji no podría quejarse. Mientras Satoru diese su agujero, Toji no podría quejarse.
Las toscas manos fueron al nudo de la bata y lo deshizo de un tirón, fácilmente y revelando un poco de la piel tersa del más joven. Acto seguido, manteniendo una mirada atenta sobre el individuo frente a él, Toji elevó sus manos hasta el cuello de la bata y deslizó la misma, para desvelar la desnudez de Satoru.
La bata de baño cayó por los hombros de Satoru con gentileza. Toji paseó su mirada sobre el contrario, sin perder ningún detalle de este y disfrutando de la nueva vista, fantaseando sobre lo que haría a continuación.
—Hoy estás tomándote tu tiempo, Toji —comentó Satoru, neutro—. Nunca pierdes el tiempo en meterme la verga.
—Bueno, tal vez es porque quiero intentar algo diferente, mocoso —contestó Toji, sin apartar la vista del pecho ajeno.
Elevó una de sus manos y tocó la piel del torso, acariciando con las yemas de sus dedos el pecho y abdomen de este, quien contrajo un poco al sentir el tacto. Un momento después, Toji alzó su rostro hacia Satoru y le sonrió, con sensualidad.
—Quiero que te masturbes para mí —demandó.
—¿Qué? —cuestionó el albino, algo extrañado.
—Eso mismo, quiero ver cómo te masturbas para mi. —Le tomó del cuello, para atraerlo hacia él—. Hazlo, o habrá castigo —amenazó, en un murmullo ronco y para después lamer los finos y rosados labios de Satoru, el cual se estremeció un poco.
—Bien —contestó el más joven, sin más opción.
Así, Satoru se distanció del mayor y, la bata que había estado suspendida en sus antebrazos, fue dejada debajo para acomodarse sobre ésta. Se sentó y reclinó medianamente, apoyando uno de sus codos sobre el colchón.
Un ligero sonrojo vergonzoso adornaba sus mejillas y las puntas de sus orejas. Se sentía expuesto por alguna razón, a pesar de no ser la primera vez que cogía con este hombre.
—Ábrete, así no puedo ver nada —indicó Toji, mostrando una sonrisa socarrona ante la repentina vergüenza de Satoru.
Satoru tensó su mandíbula y torció su boca en una mueca de disgusto, pero aún así, acató lo que aquel hombre le decía. Para bien o para mal, Toji era muy bueno en el sexo y podía satisfacerlo muy bien.
El albino flexionó sus piernas y las abrió, mostrando su agujero y su verga en el proceso. Satisfecho por la vista divina que le otorgaba el menor, Toji sonrió con altanería. Este alzó sus brazos y las colocó por detrás de su cabeza, apoyándola sobre sus manos y demostrando comodidad en su posición actual.
Satoru dirigió dos de sus largos dedos sus labios y, dedicándole una mirada con un deje de inconformidad al semental, sacó su lengua y lamió estos, empapando lo suficiente como para dejar que hilos de saliva se extendieran.
No iba a perder contra él.
Toji podía soltar una carcajada ahora mismo, esto debido a que esa sola acción comenzó a despertar su miembro grueso y viril, aumentando el deseo sexual por el más joven.
Intencionalmente, Satoru introdujo sus dedos en su cavidad bucal y chupó con lascivia, enredando su lengua húmeda en sus dedos, los cuales movía simulando embestidas. Cuando estos estuvieron empapados por completo, el albino los sacó de su boca, exagerando un poco el sonido similar al de un beso cuando estos salieron por completo.
Continuando con su acto, Satoru dirigió los dedos llenos de saliva a su agujero, acariciando en círculos y gentilmente el área delicada, humedeciendo y provocando el naciente palpitar de la zona, así como ligeros espasmos placenteros que comenzaban a recorrer su cuerpo de forma irregular.
Con el aumento de sus caricias en su ano, Satoru no tardó en soltar pequeños gemidos, que prometían aumentar de intensidad. Masajeó y luego intercaló movimientos con su perineo, presionando de vez en vez y ocasionando ligeras descargas de placer en sí mismo.
En su propio mundo de placer creciente, sus pezones rosados se endurecieron y su verga se levantó al instante, comenzando a secretar líquido preseminal de su glande.
—Maldición… —gimió Satoru, que ceñía su rostro ante los espasmos y, luego, mordió su labio inferior, tensando sus músculos a la vez.
El calor de su cuerpo aumentaba, sintiendo, en consecuencia, ardor en su cuello, clavículas, pecho y muslos, siendo estos los puntos que más intensificaban la sensación de ser expuesto de tal forma.
Se sentía… humillado, pero, por alguna razón, le causaba placer que Toji le viera de esa forma, penetrante y con satisfacción, con emoción y excitación. Simplemente, tener a Satoru Gojo siendo sumiso ante él y su polla, era algo de deleite y disfrute.
Un acontecimiento importante.
—Dios, ya deja esas niñerías, mi verga está ansiosa —espetó el mayor, impaciente—. Métete los dedos y gime como la maldita perra en celo que eres.
Satoru realizó una mueca de disgusto ante la premura del mayor, no le gustaba recibir órdenes, menos de un prostituto como lo era Toji. Chasqueó la lengua y, nuevamente, acató lo que el mayor le pedía.
No entendía por qué ahora se tomaba tantas molestias.
Introdujo sus dedos en su entrada, de manera lenta, sintiendo la humedad y la calidez de su interior mientras más adentraba sus dedos en sí mismo. Gemidos bajos comenzaron a escucharse de parte de Satoru, que mordía su labio inferior conforme sus dedos comenzaron a moverse, masajeando y presionando su próstata constantemente.
Jadeos que secaban la garganta se manifestaron en el albino, que tensó sus piernas y echó su cabeza para atrás. Ciñó su rostro y dejó que el calor se apoderase de él. Su verga palpitaba y secretaba más fluido, sus músculos se tensaron y el temblor se apoderó de sus piernas.
El interior se sentía tan caliente y suave, cada vez más aflojándose con sus movimientos. Discretamente, lágrimas como cristales diminutos se asentaron en sus blancas pestañas, empañando ligeramente la vista de los ojos azules que no podían enfocarse en un solo punto.
Apenas sintió que su agujero se soltó un poco, Satoru introdujo otro dedo y alzó una de sus piernas, lo suficiente como para introducir más sus dedos y llegar más profundo en su ser. Expandió su interior con sus dedos, estirando la entraña.
Para Toji, era todo un festín presenciar a Satoru dándose placer y gemir tan agudo como podía, y su verga era la prueba. Grande y gruesa, palpitante. El líquido preseminal goteaba desde la uretra rosada, para deslizarse por el falo magníficamente.
Conteniendo sus impulsos, Toji decidió acariciar por encima la pierna de Satoru que le ayudaba a no desbalancear, causando un rápido respingo en este. Al visualizar la desesperación de Satoru, que incrementó el número de dedos en su interior y la movilidad de estos, que metía y sacaba constantemente de su interior, el mayor llevó una de sus manos a su miembro erecto y comenzó a masturbar.
Masajeó el glande con la palma de su mano, humedeciendo con el fluido y después, lo esparció por toda su polla. Toji sonrió con tensión, apretando su mandíbula, y apretó el agarre a su erección, jalando con cierta bravura como muestra de su excitación y desesperación.
Pronto, los gemidos y jadeos de Satoru se vieron acompañados por los del mayor, que también sufría por los espasmos y temblores en todo su cuerpo a causa del placer.
El sudor y el sonrojo se había hecho de ellos, sumergiéndolos en su propio mundo hasta que llegaron al orgasmo, donde un estrepitoso gemido anunció su llegada a este.
Satoru fue el primero en llegar a su clímax, los chorros de semen salieron disparados de su uretra y mancharon un poco de su pecho y algo de la bata debajo de él. Una lágrima resbaló por su mejilla en cuanto su cuerpo se relajó y dejó recorrer los espasmos y temblores, entonces, se dedicó a retomar el aliento y a humedecer su garganta seca con su saliva.
Toji, que mantenía sus gemidos por lo bajo, siguió masturbando su erección con fuerza, ansioso por correrse. Sus jadeos aumentaron y de vez en cuando tragaba saliva para remojar su garganta e inmerso, balbuceaba groserías incomprensibles, los músculos de sus brazos y hombros tensándose.
Al cabo de unos cuantos segundos más, el prostituto llegó a su orgasmo, soltando desvergonzadamente los chorros de semen hacia Satoru, que ahora estaba recostado sobre la cama, mirándole.
—Perra de mierda —musitó Satoru, limpiando sus piernas manchadas con su mano desnuda, para después, limpiar esta misma sobre la bata de baño que aún se encontraba ahí
El prominente pecho del mayor se hinchaba irregularmente en busca de restablecer su respiración. Toji cerró su boca y se dedicó a respirar por la nariz, hasta que finalmente su respiración se regularizó.
Estiró su brazo hacia el buró al lado de la cama y tomó la tira de preservativos que se encontraba sobre esta, de la misma, tomó uno de sus empaques metálicos y lo abrió. Tomó el látex con sus dedos y con este forró su miembro flácido.
—Mueve ese culo promiscuo y ponte sobre mí —ordenó Toji, palmeando su muslo derecho.
Satoru se enderezó y a gatas, se acercó al mayor, que no dejaba de verle de esa manera tan intensa y llena de lujuria. Se puso a horcajadas sobre el regazo contrario y, con una de sus manos, tomó la verga para dirigirla a su agujero palpitante y húmedo, que se expande y contrae, pidiendo por la polla gruesa del mayor.
El hombre de mediana edad llevó sus toscas manos a la cintura tonificada del más joven, donde acarició la piel por encima de las caderas con sus pulgares, en círculos y otorgando en consecuencia, el recorrido de un escalofrío en el cuerpo ajeno. Satoru arrugó su entrecejo y bajó sus caderas con lentitud, ayudándose a introducir la verga dormida en su recto, que comenzaba a reaccionar a su interior.
—Estás hirviendo —comentó Toji, despectivo, para después relamer sus labios.
Toji estallaba en éxtasis al sentir como el interior le ahogaba, apretaba y succionaba su polla. El calor le inundó más y con sus manos, bajó por completo las caderas de Satoru, introduciendo por completo su miembro y ocasionando la soltura de un quejido del albino.
—Maldita puta, ten cuidado —masculló Satoru en un jadeo, que pellizcó la piel de los gruesos muslos de su contrario en cuanto apoyó sus manos sobre estos.
Dirigido por Toji, el albino comenzó a mover sus caderas de arriba hacia abajo, creando un vaivén a su vez. Comenzando a montarlo, Satoru provocó la soltura de gruñidos en el mayor, que apretaba la piel bajo sus manos en cada movimiento.
Con el ritmo de sus movimientos en aumento, Satoru sintió su interior ser llenado cada vez más conforme la verga crecía en una erección. Los dedos del más joven se clavaron en los muslos, clavando sus uñas en la piel como reacción a su recto estirándose por la polla, cuyo glande golpeaba la zona de su punto G.
—A-ah… mierda… —gimió Satoru, sintiéndose embriagado por la excitación y los espasmos. Luego mordió su labio inferior con fuerza.
Toji se inclinó deliberadamente hacia adelante y buscó los labios de Satoru con los suyos. Abrió sus labios y sacó su lengua, con la que lamió a los ajenos. Luego, atrapó el labio inferior entre sus dientes, para morder ligeramente.
Conforme Satoru sintió acercarse a su orgasmo nuevamente, sus gemidos se hicieron más ruidosos y agudos, demostrando por completo lo sumergido que se encontraba en su mundo de placer. Toji afianzó el agarre a la cintura de su contrario y lo alzó lo suficiente como para que su miembro estuviera fuera casi por completo, siendo el glande lo único que se encontraba aún en el interior y, entonces, vino la fuerte y brusca estocada cuando Toji decidió bajar de nueva cuenta las caderas.
En respuesta, Satoru soltó un agudo y audible gemido, acompañado de unas escasas lágrimas y el arqueamiento de su espalda, sintiendo que, por el movimiento repentino, podría caerse, así que llevó sus manos a los anchos hombros y se aferró a estos.
Fascinado por la reacción de Satoru, Toji repitió el mismo movimiento, obteniendo la inserción de las uñas en su piel.
—¡No me… jodas! —exclamó Satoru en un gemido, al sentir la erección estocando su interior, golpeando su punto G continuamente y sin descanso.
—Ese culo tuyo es una puta…, solo succiona y succiona mi verga…, como si no quisiera dejarla salir —mencionó el mayor, entre jadeos.
—Nadie… pidió tu opinión, prostituta de mierda —contestó Satoru, irritado.
—Esa boquita tuya se ve mejor calladita, ¿no crees? —inquirió Toji, sonriendo ladino, para después unir sus labios con los ajenos en un beso fogoso y desastroso, sin dar oportunidad al albino de que respondiese.
Mientras intercambiaba besos húmedos con el contrario, Satoru siguió con el movimiento de sus caderas, recibiendo fuertes nalgadas por parte del mayor ocasionalmente. Sus bocas se comían la una a la otra, sus lenguas jugueteando entre sí, provocando un mayor desastre en ellos.
El choque de sus pieles y el chapoteo, junto con el sonido del palmeo, resonaron por la habitación de aquel lujoso hotel. El ardor comenzaba a asentarse en el culo sonrojado de Satoru, que también sentía como este se adormecía por los constantes golpes que Toji le daba.
Pero se sentía tan bien…
Con una de sus manos enfocada en el trasero del albino, aquella que le quedaba libre, Toji la llevó hacia la prominente erección de este, donde acarició el glande húmedo con las puntas de sus dedos y aprovechaba el fluido que secretaba para lubricar el pene palpitante.
—No… espera…, así no, Toji… —rogó Satoru entre gemidos, manteniendo su frente unida a la del mayor cuando interrumpieron su beso en busca de oxígeno. Sus respiraciones se entremezclaban.
Toji solo sonrió e hizo caso omiso a las súplicas de un embriagado Satoru.
La mano gruesa comenzó a masturbar el miembro erecto de Satoru, jalando con fuerza y rapidez y provocando la agudeza de los gemidos de Satoru, que para Toji, fueron una delicia de escuchar.
—Gimes como puta en celo —comentó Toji, entre jadeos.
Satoru lo ignoró, no estaba del todo consciente de su entornó, entonces el mayor decidió asestar una fuerte nalgada otra vez, despabilando a Satoru y haciéndole jadear y gemir aún más, a salivar más y estremecerse.
—Maldita… sea, Toji… —gimió Satoru, con lágrimas de placer dignandose a resbalar sin reparo sobre las mejillas sonrosadas.
Al escuchar su nombre ser gemido de esa manera, Toji mordió su mejilla interna mientras gruñía y, con la mano que se encontraba en el culo ajeno, tomó la cintura nuevamente para penetrarlo con braveza una vez más, sin desatender la polla que se encontraba bajo los cuidados de su otra mano.
—Go… jo… —gimió el mayor con dificultad, al sentir la presión que el interior ejercía en su miembro al succionar, haciéndole creer que este podría explotar en cualquier momento.
Al poco tiempo, Satoru volvió a ser el primero en correrse al llegar a su orgasmo. Pareció que había pasado una eternidad desde su primer clímax, sintió que ya había aguantado demasiado estímulo y él solo podía dejar que las lágrimas siguieran saliendo, en acompañamiento de los estrepitosos jadeos.
Los chorros de semen que salieron disparados de Satoru, terminaron por manchar el torso desnudo de Toji, el cual, con unas embestidas más, llegó a su orgasmo también.
Los espasmos y temblores, así como los pequeños calambres, recorrieron sus cuerpos agitados y que buscaban recuperar el ritmo de sus respiraciones.
Tembloroso, Satoru alzó sus caderas, dejando salir el gordo miembro de su interior, acto seguido, se dejó caer sobre la cama, enfocándose en restablecer su aliento. Su pecho tonificado se hinchaba de forma irregular cada que inspiraba por la nariz, también, su corazón latía rápidamente por el cardio.
Satoru disfrutaba recibir la polla de Toji en él, después de todo, era bueno en el sexo, pero, recientemente se preguntó cómo sería doblegar y someter a alguien como este semental que se jactaba de dominar a cualquiera.
Ah… qué placer imaginar a Toji bajo su yugo, recibiendo su verga en ese apretado y virgen culo.
—Deberías volverte una prostituta, tienes la pinta de una —comentó Toji, medio en broma—. Aunque para ello deberías ser pobre, como yo.
Toji volvía a una posición relajada, recargando también su cabeza en la cabecera.
—Aquí la única puta eres tú —refutó Satoru, agresivamente. Se enderezó sobre su lugar, quedando frente a frente con el mayor, que le miraba con sorna.
—Bueno, no te niego nada —respondió.
Satoru mantuvo la seriedad en su rostro y de acuerdo al pensamiento anterior, decidió accionar en pos del mismo.
—Debo suponer que nunca te la han metido —supuso el albino, encorvando la espalda y apoyando sus brazos en sus piernas cruzadas.
—Supones bien, mocoso.
—Perfecto —acató Satoru—. Entonces seré el primero —declaró.
—¿Ah? —Toji arqueó una ceja, desentendido y posteriormente, soltando una carcajada—. ¿Que me vas a meter la verga? ¿A mí? —cuestionó con sorna.
Satoru solo lo observó en silencio y con seriedad. Entre carcajadas, Toji se inclinó hacia Satoru, tumbándolo hacia atrás en el proceso para quedar encima de él, con sus piernas a los costados del albino, que le miraba con fastidio.
Sonrió y retó—: Inténtalo.
Desencajado, Satoru sonrió, tensando su mandíbula. En un rápido y ágil movimiento, el más joven se giró sobre la cama, llevando al mayor consigo para terminar con él debajo suyo. Toji se veía estúpidamente fascinado y divertido con la situación.
Realmente no creía que Satoru cumpliera lo dicho, por el momento le haría creer que lo tenía bajo control, pero en la mínima que este bajase la guardia, volvería a someterlo, después de todo, ¿por qué debían cambiar los roles?
—No me subestimes, sobra de Zen’in —espetó el albino, con mirada oscurecida y mientras ataba las muñecas del mayor con el cinturón de la bata de baño que tomó hace unos instantes.
Rápidamente, la expresión socarrona de Toji se oscureció. Aborrecía ese apellido, por eso mismo terminó tomando el apellido de la madre de su hijastra.
—Desátame, mocoso de mierda —ordenó, con aparente molestia.
—Te recuerdo que la persona de mayor poder soy yo —recordó Satoru.
Toji tensó su mandíbula, mostrándose insatisfecho con la situación actual. Satoru prensó el nudo de su atadura, con tal de que el contrario no pudiera desatarse en ningún momento. Abrió las piernas de aquel hombre debajo suyo y fue así como se colocó entre ellas, se inclinó un poco hacia adelante y dirigió una de sus blancas manos a la garganta expuesta del contrario, ahorcando, pero sin llegar a matarlo precisamente.
Aunque ganas no le faltaban.
Ante esto, Toji sintió la falta de aire y la ansiedad comenzó a hacer estragos en él. Sus manos forcejearon contra el nudo, pero desatarse fue imposible. Dios, de verdad quería respirar como correspondía.
Su mano libre —la izquierda— se deslizó por un costado del cuerpo desnudo y se aferró a la gruesa y ancha cintura, la cual alzó lo suficiente como para que no hubiese problema a la hora de meterla.
Sin preocuparse por usar condón, Satoru dirigió su verga al agujero ceñido y se dispuso a ingresar en él. Ni siquiera veía la desesperación en los ojos de Toji. Su cabeza estaba nublada por el deseo de someter a Toji.
—No, lo hagas- —pidió Toji, en un tono casi inaudible debido a la mano que le obstruía.
Satoru le dio una mirada al contrario y así, adentró su erección en el agujero, el cual era estrecho y carecía de la humedad suficiente como para deslizarse y embestir correctamente.
Cuando Toji sintió ser embestido con brutalidad por el prominente pene de su contrario, sintió una punzada dolorosa en su interior, lo que le hizo soltar un gemido de dolor y ceñir su rostro por las punzadas dolorosas en su interior.
—Cabrón —musitó el mayor, molesto—. Hazlo más despacio.
—Cállate.
El albino ya estaba irritándose, quería moverse libremente y llenar el culo viejo con su semen. Ante la molestia, chasqueó la lengua y apretó el agarre de su mano en la garganta, privando de más oxígeno al mayor, que agitaba sus manos y sentía las lágrimas resbalar por sus ojos.
Satoru comenzó a mover sus caderas con fuerza y bestialidad, penetrando una y otra vez el apretado culo, que se tensaba con cada movimiento suyo y dejaba ver hilos de sangre. Lo había desgarrado.
—Ay… mierda, se siente… genial… —gimió Satoru, tensando su cuerpo y dedicándole una mirada al mayor, que blanqueó sus ojos llorosos y gemía silenciosamente en cada embestida.
—Ugh… no… basta… —imploró Toji, a duras penas.
Satoru siguió con el vaivén rudo y desconsiderado de sus caderas, buscando la próstata del mayor para tenerlo gimiendo de placer con prontitud.
Tampoco era tan desalmado como para disfrutar los gemidos de alguien que no disfrutaba esto, pero lo moral y ético no venían al cabo en esta situación.
Toji era un prostituto.
Fue que sonrió tétricamente cuando finalmente dio con la próstata, entonces decidió enfocar sus embestidas en ese solo lugar, fue así como los gemidos de Toji y su expresión fueron cambiando a una de completo placer, donde una ligera sonrisita se formó en los labios delgados del mayor.
Toji apretó sus brazos y gimió más alto con cada estocada, encontrando placentera la falta de aire y el ardor en su interior. Arqueó su espalda y frunció su entrecejo. El sonrojo adornaba sus mejillas, asimismo, el sudor y las lágrimas incesantes junto con la saliva que se colaba por las comisuras de su boca.
Era un desastre total.
Satoru mostró una sonrisa placentera que delataba la embriaguez que sentía ahora mismo al verse su miembro, ser succionado vergonzosamente por el recto del mayor. El albino se encontraba en éxtasis, realmente estaba muy excitado y el hervoroso calor de su cuerpo se lo hacía saber. Se sentía más caliente que nunca.
Como si fuese un animal en celo.
Los gemidos roncos salían constantemente de su garganta y él solo podía embestir brutalmente el trasero del contrario, realmente quería venirse en él, llenarlo por completo. Los jadeos también se encontraban presentes y sentía sus ojos lagrimear por el inmenso placer que le provocaba cogerse a Toji.
Un cosquilleo incesante recorrió su cuerpo por completo, erizando la piel a su paso e irguiendo sus pezones rosados. Nuevamente, apretó el agarre a la garganta de Toji, quien se mostró plácido con ello al sonreír con lascivia
—Vaya putita eres —mencionó Satoru, en burla.
Satoru sacó su miembro, que mostraba hilos de sangre, y entonces, volvió a introducirlo en el ya no tan estrecho agujero de una sola vez, provocando la soltura de un ruidoso gemido en el mayor y el arqueamiento de su espalda, el cual pudo haber resaltado los voluptuosos pectorales, de no haber sido porque los brazos atados obstruyeron esa vista.
Entonces Satoru decidió desatarlo. Retiró momentáneamente la mano de la garganta, donde al momento, Toji tosió y buscó aire desesperadamente. El albino desató el nudo de la atadura, liberando finalmente las muñecas del mayor.
—Mierda —maldijo el mayor, entre toses.
Esta vez, sin dejar de embestir, Satoru tomó a Toji de las muñecas con sus manos, manteniéndolas a los costados de su cuerpo.
El movimiento donde Satoru sacaba por completo su miembro, se repitió constantemente, remarcando la obscenidad del chapoteo y el choque de sus cuerpos.
Toji sentía su cuerpo temblar y sufrir espasmos, sentía su interior removerse y el pesado movimiento de sus hinchados pectorales, que rebotaban desvergonzadamente con cada embestida que Satoru empleaba.
Sus ruidosos gemidos roncos embelesaron el oído de Satoru, que fijó su vista en el rebote del pecho, sintiendo su verga engrosarse ante la espectacular vista frente a él.
—Más… maldición… rudo… —imploró Toji entre gemidos y jadeos.
Satoru sonrió—: Pareces mujer con esas enormes tetas que rebotan sin pudor.
Rio por lo bajo, soltando una de las muñecas de Toji para dirigir su mano a uno de los pectorales, donde apretó con brusquedad. Aumentando el ritmo de las embestidas, el incremento de gemidos, jadeos y palabras incoherentes vinieron de Toji, que sentía poder desfallecer en cualquier momento puesto que Satoru era muy brusco y rudo, además, su agarre era lo suficientemente fuerte como para dejar amoratado.
Realmente parecía un animal en celo.
Si Toji lo soltaba sentía que el brazo con el que se apoyaba débilmente no soportaría su peso ahora mismo debido a lo débil y vulnerable de su cuerpo tembloroso. Su próstata era golpeada con cada embestida, haciéndole sentir que podía eyacular en cualquier instante.
Satoru se inclinó hacia adelante, sosteniendo nuevamente la cintura con su mano izquierda, y llevó su ansiosa boca a un de los pectorales del contrario, mientras que su otra mano acariciaba y pellizcaba el otro. Con su lengua lamió el pezón erguido, logrando que Toji soltase un gemido agudo.
—No…, así no…, espera —pidió el mayor, clavando sus uñas en la espalda de Satoru, dejando marca en el proceso al arañar por consiguiente.
Satoru hizo caso omiso a lo dicho por el mayor, sabía que estaba a punto de llegar a su clímax, por lo que continuó embistiendo de la misma manera. Enderezó su espalda, dejando de lado la atención a los pectorales y decidió tomar la cintura con ambas manos, sacó su polla por completo y volvió a introducirla en el agujero dilatado sin miramientos, obteniendo un estrepitoso gemido del mayor, que lloriqueaba.
Los músculos de Toji se contrajeron y tensaron, múltiples espasmos y temblores le invadieron por completo. Chorros y chorros de semen salieron expulsados de su verga, indicando a Satoru que finalmente había llegado al tan ansiado orgasmo.
Toji se dejó caer sobre la cama, rendido. Con uno de sus brazos cubrió parcialmente su rostro, mientras intentaba recobrar el aliento.
Sin importarle que Toji haya terminado antes que él, Satoru siguió embistiendo el agujero, sin rebajar la brutalidad de sus movimientos.
El vaivén de sus caderas continuó por un rato más, siendo Toji, utilizado como objeto de masturbación por Satoru, que no paraba de gemir y jadear. Penetró constantemente y enfocándose en la próstata del mayor, que se encontró nuevamente erecto, pero ya no contaba con fuerzas para seguir.
Su culo ardía y dolía.
—Dios, siento que ya… —murmuró Satoru, mordiendo su labio inferior fuertemente.
—Acaba ya, me he quedado sin fuerzas, imbécil —comentó Toji, entre gemidos.
Una vez más, Toji se corrió, siendo esta más precoz que la primera vez. Entre jadeos, Satoru sintió acercarse más a su orgasmo, por lo que sus embestidas rápidas demostraron la necesidad de aquello.
—¡Puta… madre! —maldijo Satoru en un gemido, cuando llegó al clímax.
Sin intenciones de salir aún del interior, Satoru dejó que sus chorros de semen llenaran el interior de Toji, quien contrajo su interior al sentir el fluido espeso y cálido en sus entrañas. Su cuerpo lleno de espasmos y temblores terminó por relajarse, fue entonces, cuando su verga dejó de eyacular, que finalmente salió de Toji, trayendo consigo un hilo de semen y fluidos.
Satoru peinó su cabello hacia atrás y miró el agujero expuesto de Toji, el cual seguía dilatado y expulsaba el semen en las continuas contracciones. Sonrió, victorioso y satisfecho, entonces se dejó caer sobre la cama para recuperar el aliento.
Qué buena ronda.








