ㅤㅤㅤㅤ⸻ capítulo único.

Se encuentra en un estado de confusión perpetua, incapaz de discernir el momento exacto en que ha pasado de deleitarse con el primer gin tonic de la velada a encontrarse en posesión del cuarto. La sutileza del transcurrir del tiempo se le escapa entre las manos, como arena que se desliza imperceptiblemente entre sus dedos.
La noche se desliza entre luces de neón y risas, no logra recordar cuándo fue que Martin y Lando lo han terminado de persuadir para subir aquella historia en su cuenta privada de Instagram. La imagen muestra su figura reposando en el lounge VIP del club donde se encuentran, capturando un instante que según las palabras de Norris, proclama "estoy saboreando mi libertad". Escena que se desenvuelve en un club nocturno de Mónaco, conmemorando el cierre de la temporada 2025 y el quinto campeonato mundial de Max Verstappen. Sin embargo, para sus amigos, esa salida también marca el inicio de una nueva etapa en su vida sentimental. Después de once largos meses de duelo por lo que el neerlandés consideraba una relación perfecta, la noche se presenta como la oportunidad perfecta para reinventarse.
Sí, aquella relación amorosa que solía enaltecer, protegiéndola como si fuera su tesoro más preciado. Su noviazgo de tres años con Sergio Pérez había representado la mejor bendición que jamás hubiera tenido, hasta que, estúpidamente, había aprendido que las apariencias engañan y que las traiciones pueden venir de quien menos se espera.
Aquello que Max Verstappen había concebido como un noviazgo majestuoso llegó a su fin en enero de ese mismo año. Cuando Sergio, hastiado de vivir a la sombra del "León Holandés", anunció su ruptura con el equipo austriaco antes del inicio de la temporada; un golpe duro para el neerlandés de ojos azules, pero no tan devastador como el descubrimiento de que Checo había estado filtrando información estratégica sobre los planes de Red Bull para la próxima temporada, buscando venganza contra el equipo que, según él, tanto mal le había causado a lo largo de los años.
— Vamos Max, quita la cara de amargura. Hace días acabas de ganar tu quinto título mundial ¿no crees que amerita que disfrutes la noche? — Garrix sugiere, pidiendo mentalmente que finalmente su amigo deje de auto boicotearse y se deje llevar.
— Han pasado once meses, Max. No digo que dejes de amar a alguien de la noche a la mañana, pero quizás deberías aprovechar y tal vez besar a algún desconocido esta noche. Un poco de diversión no hace daño a nadie. Además, te ves bien — Ahora es Lando quién trata de convencerlo.
Sabe que se ve bien, inclusive, podría considerar que se ve sexy. Lleva una camisa azul que resalta el color de sus ojos y se ciñe a su cuerpo tal como si hubiese sido hecha especialmente a su medida, además unos jeans oscuro que realzan su figura y hacen que se le vea buen culo; de acuerdo las palabras que Martin había utilizado cuando le había visto salir de su apartamento. Quizás sus amigos tienen razón, tal vez su misión esa noche es ligar con alguien y terminar enrollándose para disfrutar la noche. Sí, quizás es eso lo que necesita para finalmente poner punto final al capítulo vivo con Sergio Pérez.
・・・・・・・
Cuatro gin tonics se convierten en seis, ¡y demonios! se siente increíble.
Sus amigos disfrutan en la pista de baile, atrayendo las miradas de los demás con su energía desbordante. Y por primera vez en meses, Max siente que puede disfrutar de una noche de diversión sin pensar en el mexicano.
Pero, por supuesto, no espera que el universo conspire en su contra, encendiendo la pantalla de su teléfono móvil para anunciar una llamada entrante.
Voldemort (NO RESPONDER)
Sabe que responder es una mala idea, que debería ignorarlo, pero algo en su interior lo impulsa a pulsar el botón de responder.
— Escuché que estás en Mónaco — La voz de Checo resuena profunda y seductora, provocando un escalofrío que recorre la espina dorsal de Max. No está seguro si Checo lo está haciendo a propósito o si es una alucinación, pero el efecto en su cuerpo era innegable.
Su respiración se vuelve errática. ¡Demonios! Ya podía decir que aquello era una mala idea. La forma en que su voz lo hacía sentir confirmaba al cien por ciento que acababa de meter la pata.
—No sabía que estabas husmeando en la vida de otras personas — Replica en fingido tono desinteresado. —Estoy celebrando con los chicos en Jimmy'z — Agrega, maldiciéndose maldiciéndose en silencio por revelar su ubicación. Habían terminado hacía once meses, no le debía ninguna explicación, y mucho menos debía permitir que su corazón latiera con desesperación o que las mariposas revolotearan en su estómago como un adolescente enamorado.
— Maxie, hace mucho que no nos vemos. Además, sería de mala educación no felicitar al pentacampeón en persona
Sus mejillas arden y su ritmo cardiaco incrementa más. Puede escuchar una vocecita en su cabeza diciéndole que es una idea increíblemente mala, y ni siquiera sabe en que momento ha comenzado a morder su labio inferior.
¿Ver a Checo esa noche? ¿Ver al idiota que le había roto el corazón?
Antes de que pueda responder, sus ojos se encuentran con Lando acercándose a él, y el pánico le invade por dentro, haciendo que cuelgue la llamada de inmediato.
No necesita un sermón de Norris, ya tiene bastante con su mente atormentándolo, reproduciendo los últimos momentos vividos con Checo a su lado, cuando las cosas parecían estar bien.
— ¿Qué pasa, Max? Parece que has visto un fantasma —dice Lando, con una ceja levantada, buscando algún rastro que delatara al neerlandés, pero fue en vano.
— Creo que el alcohol me está afectando — Sabe que es la excusa más tonta del mundo, especialmente porque desde la ruptura su tolerancia al alcohol había aumentado. Sin embargo, Lando parece aceptarla, o al menos ha decidido no indagar más al respecto, y Max verdaderamente lo agradece. ¿Qué iba a decirle al británico? "Oye, mi ex me está llamando y creo que ir a su penthouse es una gran idea para reconectar después de haber mantenido contacto cero durante bastante tiempo".
No pasa mucho tiempo antes de que Martin regrese al lounge VIP con una bebida en mano, dispuesto a iniciar una conversación sobre sus próximos planes y presentaciones, incluyendo la oportunidad de ser el acto principal en un festival de música electrónica. Sin embargo, Max se siente incapaz de prestarle atención. Lo único en lo que puede pensar es en un par de ojos marrones, en las manos callosas pero expertas que saben cómo y dónde acariciarlo para hacerlo perder el control.
Y, como si fuera una película, un nuevo mensaje ilumina la pantalla de su teléfono.
Voldemort (NO RESPONDER): ¿Vienes?
Lando se acerca a Max con una mezcla de sorpresa y consternación pintada en su rostro, su voz cargada de interrogantes y un toque de preocupación palpable. — ¡Max Emilian! ¿Por qué diablos te está enviando mensajes Voldemort? ¿Estás en algún maldito juego de rol o...? — sus palabras salen apresuradas, mientras su mano se apodera del teléfono móvil de Max, como si estuviera ansioso por desentrañar el enigma que se despliega ante ellos. Con dedos ágiles, busca desbloquear el dispositivo, con la esperanza de entender qué rayos está sucediendo.
Pero justo cuando parece que la respuesta está al alcance, una chispa de reconocimiento ilumina los ojos de Lando. — ¡Oh! — exhala, una mezcla de asombro y advertencia en su tono de voz. — ¡Espera! ¡Max, no lo hagas! — su voz suena más alta, más urgente, como si de repente se diera cuenta del peligro inminente. — ¿Por qué demonios todavía tienes el número de Checo?
La pregunta queda suspendida en el aire, cargada de significado. Lando mira a Max, sus ojos buscando respuestas, pero también mostrando una preocupación genuina. Por un momento, el silencio reina entre ellos, pesado y tenso, como si estuvieran al borde de un abismo.
En ese instante, Max siente el peso de sus decisiones pasadas, la carga de los recuerdos que aún persisten en su corazón. ¿Por qué aún conserva el número de Checo? ¿Por qué permite que el pasado se inmiscuya en su presente de esta manera?
— Max, amigo, necesito que te detengas un momento y escuches lo que tengo que decirte. Sé que las emociones están revueltas en este momento, pero necesitas tomar una pausa antes de hacer algo de lo que te arrepientas. — Ahora es Martin quién habla. — Checo te rompió el corazón, no solo amorosamente hablando, también con lo del equipo ¿recuerdas? Todos nosotros estuvimos ahí cuando estabas en tu peor momento. Vimos cómo lidiabas con el dolor y cómo te esforzabas por seguir adelante. No puedes simplemente volver a acostarte con él como si nada hubiera pasado
— ¿Pueden dejar de exagerar? Dios mío, nunca dije nada de acostarme con Checo. Únicamente quiere ponerse al día — Y sabe que es una mentira, son casi las tres de la mañana ¿Quién demonios quiere tomarse un café para hablar de los viejos tiempos a altas horas de la madrugada?
Puede sentir los ojos de sus amigos sobre él, juzgándole. Ellos más que nadie saben que no han hablado desde la ruptura.
— No somos estúpidos, Max. Tampoco tú lo eres. Pérez vio que publicaste una historia y pensó que serías lo suficientemente tonto y fácil para caer a sus pies otra vez — Lando interviene otra vez.
— Sé que Checo es mi ex pero ¿no creen que dos personas puedan volver a reconectar? Solíamos ser amigos, buenos amigos. Eso no significa que vaya a dejar que se meta en mis pantalones otra vez — La sola idea de acostarse nuevamente con él, hace que el fuego corra por sus venas y que su cabeza se pierda en fantasías sexuales que van más allá de la comprensión de sus mejores amigos. — Necesito ir a tomar aire, ustedes dos sí que saben como hacerme enojar — Resopla no sin antes beberse lo que queda de su gin tonic de un trago y emprende camino con dirección a la terraza del club.
Una vez que finalmente se encuentra alejado de los ojos curiosos de sus amigos, saca su teléfono móvil y no tarda en responder.
"Nos vemos en una hora"
・・・・・・・
El regreso al departamento en el Uber ha sido un verdadero caos. Lando se ha quedado profundamente dormido en el asiento de copiloto, mientras que Martin, desafortunadamente, ha dejado un desastroso rastro de vómito en el asiento trasero -que le ha costado mil euros-. Sin embargo, a pesar del desastre en el automóvil, Max prefiere lidiar con el desastre de sus amigos ebrios que soportar más cuestionamientos respecto a Sergio Pérez.
Una vez en su hogar, Max se esfuerza por ayudar a sus amigos a entrar. Lando, aún medio dormido, se tambalea hacia el sofá y se desploma en el con un suave suspiro. Martin, por otro lado, visiblemente afectado por la mezcla de alcohol, termina por recostarse en el piso alfombrado.
Max se asegura de colocar a Lando de manera cómoda en el sofá y coloca una bolsa de basura cerca, en caso de que su estómago decida rebelarse; repitiendo la misma acción con su otro amigo.
Finalmente, después de asegurarse de que sus amigos están lo suficientemente cómodos para pasar la noche, Max decide que ya es suficiente. Respira hondo, se da una mirada en el espejo que está en la sala de estar y decide que es hora de enfrentar la situación.
Pide un Uber para sí mismo, asegurándose de que llegue en silencio y con la privacidad necesaria para reflexionar sobre todo lo que ha sucedido esa noche.
Mientras Max se desliza en el asiento trasero del Uber, un nudo de nerviosismo comienza a formarse en su estómago. La noche ya ha sido agitada, pero ahora, con el zumbido constante de su teléfono y la vista de nuevas notificaciones de Checo iluminando la pantalla, la tensión se apodera de él.
Las imágenes provocadoras que Checo le está enviando: mostrándose duro sobre la ropa que lleva puesta, son un recordatorio crudo de la atracción que todavía siente hacia él, de la necesidad que tiene de obtener el alivio que ha perdido desde que terminaron porque nadie conoce su cuerpo mejor que el mexicano, ni siquiera él mismo.
Se siente como un adolescente de nuevo, escapándose de su padre la noche anterior a un grand prix o alguna mierda así.
Es una jodida mala idea.
Debate consigo mismo al menos otras tres veces, pero finalmente escucha la parte de su cerebro que le está gritando que tenga sexo y toma su decisión final cuando el Uber se detiene frente a la dirección que le ha dado con anterioridad. Sin dar más vueltas al asunto, toma una bocanada de aire y baja del auto. Son pasadas las tres de la mañana, así que no hay gente afuera que pueda verle cometer un jodido error.
Pronto se encuentra parado frente a su puerta, ni siquiera precisa en que momento Sergio ha abierto la puerta, pero cuando sus orbes se encuentran con las del mexicano, sabe que está completamente jodido.
Sergio se ve tan bien que es difícil apartar la mirada: su cabello, notablemente más largo, cae en suaves rizos despeinados contra su frente, dándole un aire despreocupado pero atractivo. La barba de algunos días decora su rostro, añadiendo un toque de virilidad a su apariencia. Pero lo que más le llama la atención, son sus ojos, que brillan con esa picardía tan común del mexicano, como si estuviera a punto de jugar una travesura.
El mexicano lo mira descaradamente de arriba hacia abajo, como si quisiera despojarlo de cada capa de ropa con la intensidad de su mirada. Una sonrisa burlona baila en los labios de Checo, provocando un revuelo de emociones contradictorias en el pecho de Max. Se siente vulnerable ante esa mirada tan penetrante, pero al mismo tiempo, una chispa de desafío arde en sus propios ojos.
Checo se aparta con un gesto elegante, cediendo el paso para que el neerlandés pueda atravesar la puerta. Pero una vez que Max está al otro lado del umbral, siente cómo su espalda es presionada contra la puerta con firmeza, como si su ex novio quisiera mantenerlo prisionero de su presencia. Un suave roce de labios sobre los suyos lo toma por sorpresa, haciendo que su corazón lata con fuerza contra su pecho, mientras un gemido involuntario escapa de sus labios al sentir el cálido contacto de los de Checo sobre los suyos. En ese instante, el mundo exterior desaparece, y Max se sumerge en el torbellino de pasión que arde entre ellos, entregándose al deseo que ha estado latente durante tanto tiempo.
— Pensé que no vendrías, Maxie — Su voz es un murmuro, sus labios bajando hacia su cuello, dejando besos que encienden un fuego dentro del neerlandés, sus dientes rozando ligeramente y su lengua explorando la delicada piel de manera provocativa.
— Te odio — Y es una mentira, pero quiere creérselo.
— Si me odiaras, no estarías aquí. — Sus palabras están impregnadas de deseo, lo que envía un delicioso escalofrío por la espina dorsal de Max. — Ambos sabemos que viniste aquí para que te follen, Maxie
Max siente que sus piernas están a punto de ceder bajo él. —Tú fuiste quién me llamó — Su argumento es débil, como si estuviera intentando prolongar lo inevitable.
— Y tú fuiste quién respondió — La voz de Checo adquiere un tono ligeramente burlón mientras contraataca.
Se odia a sí mismo por seguir amando a Sergio, por no poder sacarlo de su mente. Estar en la misma habitación que Sergio Pérez es un camino peligroso, uno que sabe debería evitar a toda costa. Pero mientras le mira a los ojos —orbes marrones suaves oscurecidos por el deseo, acompañados por esa sonrisa familiar— recuerda por qué se enamoró de él en primer lugar.
Es una decisión increíblemente arriesgada, una idea estúpida pero siente que no tiene nada más que perder. Tal vez su orgullo, pero en el gran esquema de las cosas, es inconsecuente.
— Llévame a tu habitación — finalmente exhala.
Checo sonríe de nuevo, maliciosamente, tal cual cazador que ha atrapado a su presa.
— De acuerdo, bebé — Las manos del mexicano toman su rostro — Dije que quería felicitar al pentacampeón, y es justamente lo que haré
Max se aferra desesperadamente al cuello de su ex pareja cuando éste se lanza para besarle con necesidad. Un gruñido suave sale desde el fondo de su garganta, que hace que Checo deslice las manos por su cuerpo hasta posicionarse sobre sus muslos, apegándolo contra su anatomía.
El beso es caliente, desordenado y una obscenidad. Exactamente lo que Max ha fantaseado por meses.
Aferrándose todavía más al cuello del mayor, envuelve rápidamente sus piernas alrededor de su cintura, permitiéndole ajustar el agarre en sus muslos. Checo guía a Max hacia su habitación con pasos apresurados, pero llenos de anticipación, sus labios aún fusionados en un beso ardiente y hambriento. La tensión sexual entre los dos es palpable mientras atraviesan la puerta, y Max siente cómo se acelera su corazón en anticipación.
Una vez dentro, antes de que pueda siquiera asimilar su entorno, el moreno lo arroja con determinación sobre el colchón, sin darle ni un instante para protestar antes de acorralarlo debajo de su cuerpo musculoso.
El aliento caliente de Sergio se mezcla con el suyo mientras sus labios se encuentran de nuevo en un beso apasionado. Y se aferra a él con desesperación, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Sergio, sintiendo el pulso acelerado de ambos latir en un ritmo frenético. El mayor, con una urgencia palpable, mueve sus caderas hacia adelante, provocando un roce deliciosamente tortuoso entre su miembro erecto y el suyo, enviando una oleada de placer a través de sus cuerpos.
La habitación se llena con el sonido de sus respiraciones entrecortadas y gemidos ahogados, cada contacto eléctrico y cada roce intensificando su deseo mutuo. Es una danza erótica, un baile de pasión desenfrenada, y ambos están totalmente absortos en el calor del momento, anhelando más de lo que el otro puede ofrecer.
Checo suavemente jala su labio inferior con los dientes para después alejarse, dejando un rastro ardiente de besos a lo largo de su garganta. Y puede jurar que su cerebro ha hecho corto circuito.
— Dime qué quieres, Max — Pregunta con voz ronca y cargada de deseo, sus labios aun tentando la delicada piel que comienza a ponerse roja gracias a los besos que el mexicano se encarga de dejar.
Max tiembla, inclinando todavía más el cuello hacia Checo. — Quiero que me folles — La respuesta sale de manera inmediata, no le importa lo lascivo o desesperado que pueda sonar. —He esperado once meses por esto, te necesito
Checo gime suavemente contra la garganta de Max, sus dientes acariciando la piel. Frota su miembro lentamente contra el de Max. — Y lo haré, Maxie, justo como te gusta — susurra, mordisqueando su cuello, provocando que el corazón de Max de un vuelco en su pecho. —Si supieras cuántas noches me he tocado pensando en ti, güerito
Escuchar ese apodo después de tanto tiempo, envía un escalofrío a través del cuerpo de Max. Recuerda que Checo comenzó a utilizarlo a las pocas semanas de haber iniciado su relación, cuando habían tenido un intento de cena romántica en Guadalajara, en la casa de Sergio. Aquella noche había sido la primera vez que el neerlandés había estado en el hogar del mexicano. Mierda, escuchar ese apodo después de once meses hace que algo se remueva dentro de Max y la verdad es que duele.
Y tal parece que Checo se da cuenta del efecto que tiene dicho sobrenombre en él, pues termina por separarse, despojándose de la camiseta blanca que lleva y lanzándola por los aires. Sin decir palabra alguna, sus manos se dirigen a su cinturón y lo quita con rapidez, sus jeans siguen después, dejándole únicamente en un par de boxers negros que hacen que su erección sobresalga. Los ojos de Max están fijos sobre la entrepierna del mayor, y siente que está por desfallecer cuando el moreno captura su mirada; y le sonríe arrogantemente para después despojarse de su ropa interior.
— Quítate la ropa, llevas demasiada
— Tal vez prefiero que lo hagas tú
Checo desliza sus manos con habilidad experta por el cuerpo de Max, desabrochando lentamente cada botón de su camisa con movimientos deliberados. Sus dedos, cálidos y seguros, exploran la piel de Max con una mezcla de destreza y deseo palpable. Mientras la camisa cae al suelo, el mayor se deleita en la visión del torso expuesto de Max, admirando los músculos tensos y la piel ansiosa por el tacto.
Con paciencia y anticipación, baja sus manos hasta la cintura de Max, desabrochando el cinturón con una suavidad que envía escalofríos a través del cuerpo del neerlandés. El sonido del metal cediendo se mezcla con la respiración entrecortada de ambos, creando una sinfonía de anticipación sensual. Checo se inclina para besar el cuello de Max mientras desabrocha el botón de sus pantalones, sus labios trazando un camino ardiente hacia la clavícula. Los jeans caen con gracia, revelando la ropa interior que apenas oculta la creciente excitación de Max.
Mientras Checo desliza con maestría las manos por sus muslos, Max apenas puede contener el gemido que amenaza con escapar de sus labios entreabiertos.
— No sabía que extrañaba tanto tus manos en mí — Murmura con un suspiro entre cortado.
Checo sonríe ante el comentario, pero su expresión está llena de intensidad mientras continúa deslizando sus dedos con delicadeza por la piel de Max. — He extrañado cada centímetro de ti — responde con voz ronca, su aliento cálido acariciando la piel desnuda de Max.
Max se muerde el labio inferior, una mezcla de deseo y anticipación palpable en su mirada. — No te detengas — susurra, su voz temblorosa con la necesidad de sentir más de Checo, de perderse completamente en el fuego que arde entre ellos.
Checo asiente con complicidad, comprendiendo la súplica silenciosa de Max. Con un movimiento fluido, desliza la ropa interior de su amante por sus piernas, dejando al descubierto su longitud dura. Max inhala profundamente, la sensación de libertad y excitación inundando cada fibra de su ser.
— Te quiero tanto— Se atreve a murmurar el menor, sus ojos encontrándose con los de Checo con una intensidad apasionada. — No puedo esperar para sentirte completamente
— Recuéstate sobre tu estómago, Max— Instruye, su voz resonando con un tono cargado de autoridad y deseo contenido. La promesa de placer y entrega se cierne en el aire, envolviendo a Max en un torbellino de anticipación y anhelo.
Con movimientos deliberados, Max se recuesta sobre su estómago, su cuerpo temblando ligeramente por la anticipación de lo que está por venir. Siente el roce suave de las sábanas contra su piel desnuda, el calor de la habitación envolviéndolo. Cada músculo de su cuerpo se tensa con anticipación, cada fibra de su ser anhelando el contacto íntimo con Checo. Sus sentidos están alerta, cada susurro, cada roce, cada respiración pesada de Checo enviando corrientes de electricidad a través de su cuerpo.
Con el corazón latiendo con fuerza en su pecho, Max se prepara mentalmente para el éxtasis que está por venir, listo para perderse por completo en el ardor del momento y entregarse sin reservas al amor y la pasión que comparten.
Sergio se estira sobre el colchón y alcanza la pequeña botella de lubricante que se ha encargado de sacar junto con un par de condones cuando Max le ha respondido el mensaje.
El mayor toma un poco de lubricarte entre sus dedos, frotándolos entre sí, mientras que su otra mano se aferra al cabello de Max.
Max siente como sus párpados se cierran lentamente y su mandíbula se afloja al emitir un gemido entrecortado cuando uno de los dedos de Checo, lubricado, presiona burlonamente contra su entrada. Ha pasado demasiado tiempo desde que alguien le ha acariciado como el mexicano lo hace en esos momentos. El neerlandés gime contra las sábanas, una de sus manos aferrándose al suave edredón mientras la otra busca a ciegas su miembro con desesperación. Un espectáculo que Sergio parece disfrutar, pues tira de su cabello, haciendo que arquee el cuello y la espalda, usándolo a su maldito antojo como si fuera un jodido instrumento musical.
— Mierda, Checo — Su nombre abandona sus labios en un gemido cuando uno de los dedos se desliza dentro de él, curvándose sutilmente.
En un gesto íntimo, Checo se inclina para depositar besos a lo largo de su columna vertebral. Besos ásperos y ardientes, que causan una dolorosa sensación debido a su intensidad.
Otro dedo se introduce dentro de él, y está seguro de que está en el maldito cielo. Sus caderas se mueven con desesperación contra el colchón, su erección frotándose contra su propia mano; mientras recibe más de los dedos de Sergio que se arquean dentro de él de forma deliciosa. El placer es intenso, pesado, y lo envuelve de una manera en la que anhela más.
— Sergio — Pronuncia Max con urgencia, el tono de voz es suplicante. — Por favor, te necesito
Y tal parece que sus súplicas son la motivación que el mayor necesita. Sergio no se toma su tiempo, no se detiene a jugar; en su lugar, presiona sus dedos profundamente, retirándolos por algunos segundos para después empujarlos en un compás repetitivo.
Su boca está entreabierta, dejando escapar gemidos ahogados y jadeos entrecortados mientras el mexicano lo utiliza a su antojo, frotando sus dígitos contra su próstata. Sus piernas tiemblan por el esfuerzo y ¡joder! está a nada de lloriquear de necesidad, ha pasado tanto tiempo.
— Joder, Max. Te ves tan hermoso así — Las palabras se ven murmuradas contra su cuello, dientes mordisqueando su piel con pasión. — Estás tan ansioso por mi polla, montando mis dedos como un profesional ¿Cuándo fue la última vez que alguien te folló?
Max gime, con los ojos cerrados cuando Checo introduce un tercer dedo y acaricia su punto p otra vez.
—Cállate — dice entrecortadamente, sintiéndose peligrosamente cerca del clímax. — D-demasiado tiempo
Los dedos de Checo se empujan con fuerza dentro de él, y la boca de Max se abre en un grito sin palabras.
— ¿Cuánto tiempo?
— Desde que terminaste conmigo — Max reconoce en voz lenta, embriagado hasta la médula, anhelante y necesitado, incapaz de disimular su añoranza por Checo. — No he sido capaz de estar con nadie más. Me arruinaste, Pérez
— ¿Te arruiné? — Los dientes del mexicano rozan su cuello bajando a ritmo lento. — Tú me arruinaste, Max. Hiciste que rompiera todas mis reglas por ti, que normalizara ciertas cosas por tenerte a mi lado
— Ambos nos arruinamos. Recuerda que rompiste mi corazón
Sin decir nada más, el moreno retira sus dedos, haciendo que Max frunza el ceño ante la pérdida. Sin embargo, su atención es capturada por el sonido del envoltorio de aluminio siendo abierto. Max siente que toda su cabeza da vueltas, su respiración es un desastre descontrolado y es un gruñido el que sale desde el fondo de su garganta cuando siente los labios del mexicano posarse sobre su garganta y las uñas clavándose en sus caderas a la vez que se alinea contra su entrada.
Max echa la cabeza hacia atrás, gimiendo en éxtasis puro cuando el miembro de su ex novio atraviesa el estrecho anillo de músculos, llenándolo.
— Dios, Max. Eres tan perfecto como lo recuerdo — El halago de Checo llega en un gruñido malditamente sensual.
Había extrañado aquello, la intimidad con Checo. O mejor dicho extrañaba a Checo, por eso mismo, estaba decidido a tomar todo lo que su ex pareja estuviera dispuesto a darle; al menos por una noche.
Una de las manos de Sergio pasa de sus caderas hasta su garganta, provocando que el corazón del neerlandés lata con fuerza contra su pecho ante la deliciosa presión que el mexicano ejerce alrededor de su cuello. Un lloriqueo abandona sus labios, y empieza a mover las caderas contra las del mexicano a ritmo desesperado.
— Eres una zorra, Maxie ¿no es así? Completamente desesperado por mí y me encanta
Apenas puede pensar, es incapaz de formular alguna palabra. Todo en lo que puede concentrarse es la sensación de tener a Sergio dentro de él, llenándolo profundamente; en la mano en su garganta que se siente como fuego que le quema. Siente sus paredes contraerse alrededor de la longitud de su ex y cuando la cabeza de su erección presiona con fuerza contra su próstata, grita. Siente el calor burbujear en su vientre, el tan ansiado clímax construyéndose. Ha esperado tanto tiempo que no sabe cuanto más puede durar, mucho menos cuando Sergio le folla como un jodido animal.
Se mueven juntos entonces, las caderas sincronizadas en un ritmo entrecortado, y es ahí que Max decide envolver su propia mano contra su erección, acariciándose al compás de las envestidas.
Todo es desordenado, rápido y caliente, un jodido show que está disfrutando.
— Sergio — Max jadea en un gemido ronco. — Checo, estoy tan cerca. Necesito, mierda, necesito más
Una sonrisa se extiende por su rostro del mexicano. — Ya te estoy dando mucho, güerito — Bromea, sin dejar de mover las caderas. — ¿Qué más necesitas?
— N-necesito correrme, por favor — Ruega, sin importarle lo patético que suene. Esta borracho y lo necesita.
Los movimientos del moreno se desaceleran gradualmente hasta detenerse por completo. La mano que antes estaba en el cuello del rubio se aferra ahora a sus mechones dorados, tirando de su cabeza antes de embestirlo con fuerza, golpeando su interior a un ritmo brutal.
Max siente que todo se vuelve borroso a su alrededor, sabe que está al límite y lo único que puede hacer es dejar que Checo lo use a su antojo. Sus oídos zumban y su piel hormiguea con cálida anticipación, un toque más y llegará al preciado clímax.
— N-no pares, p-por favor — Su voz es un murmullo roto, mientras su mano sigue el compás marcado por el contrario. Y con solo un par de movimientos más, termina liberándose sobre su propia mano, sintiéndose completamente avergonzado cuando el cálido semen empapa su piel.
— No pienso detenerme, Maxie
Los movimientos de Sergio son erráticos, de nuevo ambas manos están aferradas a las caderas de Max, con una fuerza que sabe dejará moretones sobre la pálida piel de su amante. Gruñidos son lo único que sale de sus labios mientras folla al rubio con la desesperación de un hombre hambriento.
— Max — Es todo lo que logra articular en un tono ronco, antes de romperse en un profundo gemido mientras se derrama en el condón.
El silencio envuelve la habitación y Max juraría que lo único que oye son las respiraciones entrecortadas y los latidos frenéticos de su corazón. Un suspiro suave escapa de sus labios cuando siente que Sergio se deja caer a su lado, pero esta vez boca arriba, con la mirada fija en Max, quien yace boca abajo, intentando procesar lo que acaba de suceder.
— ¿Y bien, Maxie? ¿Te gustó mi regalo por ser pentacampeón? — pregunta en tono burlón, levantando una ceja con malicia.
Max se gira para mirar a Checo, una sonrisa traviesa juguetea en sus labios. — Bueno, debo admitir que disfruté bastante tu regalo por ser pentacampeón — responde en tono divertido, antes de continuar con complicidad — Pero, déjame decirte, mis amigos definitivamente me van a asesinar cuando se enteren de que terminé en tu cama. Pero no te preocupes, les diré que tropecé y caí en tu cama por accidente — añade con una risa suave, sabiendo que la historia no convencerá a nadie.

¡hola! originalmente este os estaba en wattpad pero debido a las nuevas normas que aplicarán, decidí que quizás sería buena idea postearlo aquí.
¡nos leemos! — liss ♡
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