Crazy [SanWoo]

Sinopsis

San no entiende cómo su mejor amigo reprobó su último examen de matemáticas. Él sabía que Wooyoung no era el genio de los números, pero se defendía. Aún así, acepta ayudarle a estudiar y trata de no lanzarle el cuaderno en el proceso. Sin embargo, entre suma y resta...

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
MIEZ
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo único

— Tienes que multiplicar el cinco con el ocho y luego le sumas cuatro.





— ¿Sumar qué?






San respiró profundamente, evitando lanzarle el cuaderno de matemáticas a Wooyoung. Él sabía que su mejor amigo no era un genio con los números, pero se defendía. Así que no entiende cómo reprobó su último examen de fracciones y números mixtos.




Volvió a respirar, acomodó el cuaderno mientras que con el lápiz apuntaba al mismo ejercicio. Miraba a su mejor amigo y luego a los números que señalaba.






— Escucha, Wooyoung. Cinco y cuatro octavo. Vas a multiplicar el ocho con el cinco y a ese resultado le sumarás el número cuatro. Eso te dará una fracción impropia. ¿Cuál sería?





Wooyoung se veía totalmente concentrado, prestando atención a cada palabra que su mejor amigo daba. Luego sus ojos se encontraron. — ¿Cuál sería qué? No entiendo, San.






San volvió a respirar profundo por milésima vez en la noche. Sentado en el suelo de la habitación de su mejor amigo, frente aquella mesa que estaba siendo testigo de su mal humor. San en definitiva sentía que no tenía paciencia para enseñar y Wooyoung se lo estaba demostrando.






— Escucha. — San colocó su mano en la nuca de Wooyoung, haciendo que sus rostros quedaran más cerca. — Multiplica el número que está abajo con el número que está solo.





— Cinco por ocho. Eso es fácil. — Wooyoung sonrió — Es cuarenta.





— Bien. Ahora, a ese cuarenta súmale el número que está arriba.





— Cuarenta más cuatro, da un total de cuarenta y cuatro. — Wooyoung se alejó de su mejor amigo y empezó a anotar el ejercicio paso por paso.





— ¡Bien! Y para finalizar, el número de abajo, se coloca debajo del cuarenta y cuatro.





— Dando un Cuarenta y cuatro octavo. Una fracción impropia.





— ¡EXACTO! Ya lo tienes. — San pasó la página y fue directamente al próximo. — Ahora, te toca hacer éste solo.





— Bien.






San vio a su mejor amigo morder el lápiz, pensando y anotando números a lo loco. San se cruzó de brazos, sin entender de dónde sacaba los resultados y Wooyoung lucía orgulloso.






— Esto es muy fácil, no entiendo por qué reprobé.





— Es porque lo estás haciendo mal. — San suspiró. — Volvemos, yo te ayudo.






Luego de explicarle la multiplicación y la suma, dejó que Wooyoung acomodara el resultado.






— ¿Cuál va arriba? — preguntó.





— ¿El diez? — respondió dudoso.





— No, ¿cuál va arriba? — señalando el número que debía ir arriba.





— No sé. — Wooyoung realmente lo pensaba mucho.





— Wooyoung, mira bien. ¿Cuál va arriba? — volvió a señalar el número correcto.





El adolescente enfureció — ¡No sé, San. No sé qué número va arriba! ¡No sé!






Ninguno entendió qué demonios había ocurrido, pero Wooyoung se encontraba acostado en el suelo con San sobre él acorralando ambas manos. San se mordió el labio inferior y miró a su mejor amigo. ¿Qué estaba haciendo? No sabía, realmente no entendía qué pasaba por su mente, pero ver el rostro de Wooyoung de esa manera sólo le erizó la piel. Cerró sus ojos por un segundo y se atrevió a acercar su rostro más al contrario, y volvió a abrirlos.






— Escucha, — San susurró — si yo soy el número veinticuatro y tú el diez, ¿qué número va arriba?





Wooyoung respiró profundamente cuando San se movió sobre él. ¿Qué estaba sucediendo? — E-el veinticuatro.





San liberó las manos de Wooyoung y llevó sus manos acunando el rostro de su mejor amigo. — Muy bien. Eso quiere decir que tú vas abajo. Es decir, tu número. El diez...





Wooyoung sonrió y mordió su labio inferior. Ya entendía hacia dónde se dirigía esto y las ganas de jugar se activaron. — Entonces, explícame que es una fracción. No lo entiendo.






San se levantó rápidamente del suelo y Wooyoung lo siguió, extrañado. San estaba nervioso y que Wooyoung le siguiera el juego, lo puso peor. Seguía sin comprender por qué se había lanzado de esa manera a su mejor amigo, pero en el momento que quizo detenerse, ya todo había sucedido.




Brincó en su lugar cuando Wooyoung agarró su abrigo con ambos puños y acercó sus cuerpos. Su corazón volvió a later con tanta fuerza que parecía irreal y Wooyoung nuevamente hizo ese gesto que comenzaba a volverlo loco. Esa mordida en su labio inferior y sus ojos fijos en los suyos.






— Sigo esperando. — murmuró.






Bien, ¿qué más daba? Lo hecho ya estaba hecho, no tenía nada más que perder. San posicionó sus manos en el cuello de su mejor amigo y acercó su rostro tanto como pudo, sin tocar sus labios.






— Para que entiendas, fracción es lo mismo que una porción. — susurró. — Eso quiere decir que si yo tengo cuatro besos que ofrecerte pero quiero repartirlos en tus mejillas por partes iguales, ¿qué debo hacer?





Wooyoung gritaba internamente, realmente estaba pasando. — ¿D-dividirlo en porciones?





— Exacto. — San llevó sus labios lentamente a la mejilla izquierda dejando un beso sonoro en el medio de la misma y otro beso muy cerca de la comisura del labio. — Dos aquí. — Ahora, besó lentamente la mejilla derecha y la comisura del mismo lado. — Dividido en porciones iguales.






Wooyoung no se detuvo y besó sus labios rápidamente. Dejando sin palabras a San.






— Eso fue, eso... eso, uh. Eso fue muy impropio de tu parte.





Ahora Wooyoung tenía sus manos en el cuello ajeno mientras que San bajó hasta su cadera. — Propio sería que dejaras tus númeritos y me beses ahora.






Wooyoung no esperó que su mejor amigo reaccionara a sus palabras, que ya se encontraba besando los labios de San. Esto parecía un sueño, jamás se imaginó que esta situación con su mejor amigo pasaría, pero ahí estaba. Besando sus labios y quitándole el abrigo como podía.




San dejó que Wooyoung lo desprendiera de ese abrigo caluroso, aunque eso implicara dejar de besarse por unos segundos que retomaron gustosos. Sus manos paseaban por el cuerpo de Wooyoung sin detenerse, tocando todo lo que pudiera y retirando la ropa que lo estorbaba. La piel caliente en sus dedos se sentía como la gloria y mejor de lo que nunca imaginó, le encantaba.




Ninguno de los dos sabía en que terminaría todo lo que sucedía, pero no querían detenerse. No cuando los labios de Wooyoung viajaron hasta el cuello de San succionando la piel a su paso y dejando marcas que es muy probable que todos notaran al día siguiente. Pero era algo de lo que se preocuparían después.




Desnudos de la parte superior de sus cuerpos, caminaron entorpecidos hasta la cama donde Wooyoung lanzó a su mejor amigo. San quedó impactado viendo aquel lado sexy que desconocía del peli negro y le encantaba lo que sus ojos estaban viendo. A su mejor amigo quedando en bóxer frente a él. Wooyoung se trepó en la cama, sentándose en el regazo de San y volvió a atacar sus labios hasta que estuvieran totalmente hinchados y rojos.






— Ahora somos una fracción propia. Yo estoy arriba y tú abajo. — Wooyoung sonrió de medio lado.





El orden de los factores no afecta el producto. Propiedad conmutativa de suma y multiplicación.





— ¿E-eso que quiere decir? — Preguntó Wooyoung, nervioso.





San tomó fuerza para cambiar de lugar y dejar a Wooyoung bajo su cuerpo. — Que no importa el orden en que sumes o multipliques, vamos a obtener el mismo resultado.





— ¿Cuál sería..?





— Te lo dejaré de tarea. Mientras tanto, debemos restar la ropa y sumar los besos.





La cara de Wooyoung se volvió totalmente roja. — De verdad que estás loco.






San devoró los labios de Wooyoung descontrolado. Besó su rostro, su cuello, llevó sus manos por toda la piel descubierta hasta que llegó a la tela que aún conservaba. La tomó en puñados y la bajó lentamente sin alejar la vista de los ojos de su mejor amigo. Cuando la tela fue a parar lejos de ellos, Wooyoung se sonrojó.






— R-restemos la tuya.






San no lo pensó dos veces para quitarse toda aquella prenda que estorbaba que sus cuerpos se tocaran entre si. Volvió a su posición anterior, ahora cruzando las piernas de Wooyoung por su cintura. El peli negro tenía la piel de su rostro totalmente roja y San le brindaba besos, intentando que Wooyoung no se sintiera tan extraño.




Pero él se sentía igual. Sus nervios trataban de controlarse de su cuerpo, mas San no se lo permitía. Si ya estaba sucediendo todo, quería que fuera algo que recordara para siempre. Aproximó su cuerpo todo lo que pudo y los jadeos no se hicieron esperar.






— ¿C-cuánto es uno más uno? — preguntó Wooyoung, con sus ojos cerrados y jadeando.





San lo miró extrañado pero no dudó en responder. — Dos.





— Es los dedos que necesitas para colocar en mi boca, ahora.






San casi grita por la forma en que Wooyoung le hablaba y no tardó en hacerle caso a la matemática de su mejor amigo. Introdujo dos dedos en la boca ajena y sintió su lengua curiosear ambos dedos. Subiendo y bajando, dejando saliva escapar y succionando los dedos más profundo en su boca.






— Aah...






Abrió sus ojos para encontrarse con la vista más placentera que nunca jamás imaginó. O tal vez si. Para que todo esto estuviera sucediendo, algo tuvo que pensar, imaginar o lo que sea. Nada sucede así porque sí. Hay un proceso, pero no sabe en qué momento comenzó.




El gemido de San hizo que liberara los dedos y llevó sus antebrazos cubriendo sus ojos. Su boca abierta y respiración alocada es lo que se convirtió Wooyoung cuando San insertó el primer dedo en su parte trasera. ¡Eso se sentía tan bien y extraño! No es cómo si Wooyoung nunca lo hubiera hecho, pero el pensar que era Choi San, su mejor amigo, haciendo tal acto lo dejaba con una sensación extraña.




San añadió el segundo dedo y se mordió el labio inferior cuando Wooyoung se empujó contra su mano. Aunque San no era de tener algún tipo de relación con un hombre, pero sin negar que la tuvo alguna vez, creía que sabía lo que hacía y rogaba que así fuera. Movió sus dedos en diferentes formas, los retiró y volvió a colocarlos.






— ¡S-siii...! — Wooyoung se mordió el labio con tanta fuerza que San vio como éste se tornaba rojo.





— ¿Crees que...? — No sabía cómo preguntar.





— Puedes, si.






San retiró sus dedos, tomó su erección, y se posicionó en esa área. Vio como las manos de Woooyoung se enrollaban en la propia y comenzaban a subir y bajar lentamente. Eso lo volvió loco, extrañado y excitado. Muy excitado.




Entró tan lento como pudo, para no lastimarlo en ningún momento. Agarró las piernas de Wooyoung cuando sintió que estaba por completo dentro y el peli negro dejó lo que hacia con sus manos para agarrarse con fuerza de los brazos de San, este último empezó a moverse lentamente. Saliendo por completo y volviendo a entrar. La boca de Wooyoung se abría con cada estocada y San mordía su labio inferior.




Todo se sentía tan bien. Wooyoung arañaba su piel, sus manos escalaban sus brazos hasta llegar a su nuca mientras que él seguía en su vaivén. Wooyoung agarró con fuerza a San y lo atrajo hasta sus labios besando descontroladamente y sin ritmo alguno. ¡Estaba pasando!




San lo embistió con más fuerza y más rapidez y los besos se detuvieron para convertirse en gemidos que eran compartidos en las bocas contrarias. El sudor hacía resbalar sus manos, pero San se aferraba con fuerza a la piel de Wooyoung, presionando su cadera con una mano y agarrando su muslo derecho con la otra.






— ¡¡Aaahh...!! — Wooyoung gimió alto y luego llevó una mano a su boca.





— Apuesto que fue ahí. — San sonrió y volvió a golpear ese lugar que hacía gritar a Wooyoung. — Debo multiplicar ese sonido.





— Definitivamente estás loco — Wooyoung ahogó un grito. — ¡Demonios...!






San sonrió y volvió a dar en ese lugar una y otra vez, haciendo lloriquear a Wooyoung. El peli negro llevó sus manos a su erección nuevamente y movía sus manos con rapidez. San agarró sus caderas con ambas manos y volvió a golpear con fuerza a Wooyoung hasta llegar a ese momento de placer que le hizo gritar, gruñir y morderse el labio, seguido por su mejor amigo quien terminó sobre su abdomen.




Poco le importó a San para caer rendido sobre él y besar su cuello, lamer su piel y morder con cuidado a Wooyoung.






— No menciones la palabra residuo justo ahora. — Murmuró Wooyoung, agitado y sonriendo.





— ¿Resultado, te parece mejor?





Wooyoung se carcajeó. — Eres un tonto.






San se rió y su risa retumbó en el cuello ajeno. Su cuerpo vibró cuando Wooyoung acarició la piel de su espalda. — Ahora somos un entero, ¿verdad?





— Dios, de verdad estás loco. — Wooyoung sonrió. — Pero si, lo somos.