1║⟣Verdad-Zhadonic⟢
Sus orejas captaban el irritante sonido de las manecillas del reloj moverse paulatinamente, observaba las mismas letras y papeles regados por el escritorio mientras los revisaba de forma monótona, conocía a la perfección los patrones para darse el lujo de estar absorto en sus pensamientos. Sostenía el bolígrafo con un leve temblor y sus pares de esmeralda analizaban la última cláusula para firmar la autorización pendiente; suspiró por octava vez buscando tranquilizarse y proseguir, sin embargo, le fue imposible.
Todo lo de ese día, le martirizaba y provocaba sensaciones de culpa y remordimiento. Su cuerpo estaba actuando involuntariamente al permitir que derramara finas lágrimas, poco a poco fueron resbalándose hasta caer en la hoja y empaparla al instante. Llevó su diestra al cajoncillo que estaba a la par, sacando un marco arcaico que resguardaba la única fotografía de su amor que tenía en esa fría oficina. Pasó suavemente sus dedos por el rostro que irradiaba felicidad, cómo olvidarlo, ambos habían logrado graduarse de la academia y trabajarían en el mismo cuartel.
En un arranque abrazó el objeto con fuerza, sollozando por lo bajo impidiendo así que alguien lo escuchara. Los momentos que tuvo con su azabache se iban presentando como leves destellos de fantasía; le era imposible creer que ya no estaría a su lado todos los días hablándole de algo trivial con el único fin de hacerle sacar una sonrisa, le era imposible asimilar que su apartamento se encontraba tan vacío y mohíno, le era imposible resignarse a ya nunca escuchar un “te amo” de Zhadow.
—No sabes cuánta falta me haces... —dijo a la nada, mirando a un punto muerto sin despegar la pieza de su pecho, quería aferrarse a la idea de que podía tener algo de su difunto novio—. Yo... Yo pude haberte ayudado... Créeme, Za-Zails pudo buscar una cura o un tratamiento más efectivo... T-tú solo... Debiste...
Un nudo en la garganta le paralizó el habla, la mella que su corazón llevaba se estaba agrandando, esa opresión lo asesinaba sin que se diera cuenta. Las palabras que recitó el médico en aquel momento resonaban una y otra vez, exigió saber la verdad, y se la dieron de una forma bastante cruda. Se arrepentía de haber sido tan ciego, tuvo que percatarse de los dolores y la apariencia del bicolor, no creerle que todo estaba bien y solo era cansancio. Maldecía diariamente el haberse enterado de la enfermedad de su pareja muy tarde; él quiso ser el donante, no le importaba nada más que salvar la vida de su pareja aún si fuese a costa de la suya, calificó perfectamente para llevar a cabo el trasplante de corazón, mas las cosas dieron un giro imprevisto cuando Zhadow falleció un día antes del trasplante. El dolor que sintió fue indescriptible, porque ya nada le regresaría a su adorado novio, nada ni nadie.
—Señor —llamó el subteniente dando tenues golpes a la puerta, sobresaltando al cían.
—¡Adelante! —exclamó limpiándose el rostro frenéticamente y guardando el marco, después se enfocó en los papeles como si de verdad los estuviera leyendo—, ¿Qué sucede, Zespio?
—Lo estamos esperando en el salón principal, la junta inició hace diez minutos.
—Ahora voy —el camaleón asintió y regresó al lugar antes nombrado. Zonic soltó un bostezo mientras ordenaba el desastre que ocasionó en la mesa; ya llevaba semanas de no dormir lo suficiente, estaba agotado mental como físicamente, quería averiguar cuál era el límite de su cuerpo—. A veces me arrepiento de haber querido saber el porqué siempre actuabas tan raro y casi nunca estabas en casa... Hubiera preferido una mentira a esa maldita verdad... Jamás quise saber que estabas desahuciado...
Los momentos que vivieron juntos siempre los atesoraría, era muy triste ver como uno de esos amores verdaderos se quebró por una enfermedad terminal, como algo que tenía tanto futuro sólo se quedó en memorias. Es la triste trampa de la vida, las verdades, duelen mucho más que las mentiras.









