La Manzana Del Emperador por BrujaEspirituGris en Inkitt
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La Manzana del Emperador

Sinopsis

Cuando tienes una vida tranquila y feliz, en un pueblo humilde, pero próspero, nunca piensas que tu destino pueda cambiar drásticamente por una invasión, arrebatándote de todo lo que conoces hacia tierras desconocidas. Eso lo aprenderá Aziraphale, abriéndose paso en este nuevo mundo donde desde el estrato más bajo, tendrá todo en contra, pero una sola cosa a su favor: El amor.

Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo; Tierra Hostil

∗⋅✧⋅∗ ─── ∗⋅✧⋅∗ ─── ∗⋅✧⋅∗

*


Rodeado por un frondoso bosque, había un tranquilo pueblo donde sus habitantes vivían en tranquila paz. Mayormente estaba compuesto por leñadores, cazadores, herreros y agricultores. También había unos pocos pescadores, pues no muy lejos de ahí, había un bello lago donde un joven Omega solía pastorear su rebaño de ovejas. Cantaba una hermosa melodía mientras acariciaba a las más pequeñas del rebaño.

Era un fresco y soleado día, siempre le gusto como los rayos del sol se filtraban entre las hojas. Fue hacia su casa, guiando a todas las ovejas hasta su corral. Afuera de la puerta, estaba su madre tejiendo en su vieja rueca la lana de las ovejas para hacerla hilo, mientras tarareaba la misma tonada que Aziraphale había cantado en el lago. La saludó con un beso y una sonrisa, cuando llegó su pequeña hermanita hacia su brazos para recibirlo, con ternura, Aziraphale removió los pequeños cabellos castaño claro de su cara.

-Hijo ¿podrías ir con el boticario? Necesito mis medicinas para esta tos tan molesta que tengo.- Le pidió su madre con una voz dulce.

-Por supuesto, madre.- Le sonrió.

Se fue hacia la cabaña del boticario, disfrutando del aire fresco y del sonido de los demás habitantes haciendo su día a día.

Lastimosamente se cruzó con Michael, una joven Beta que solía molestarlo.

-¿No estabas arreando ovejas? Con ese cabello no me extraña que piensen que eres el líder del rebaño.- Se burló.

Infló las mejillas, molesto que siempre comparara su cabello con la lana de las ovejas.

-Pues a Gabriel le gusta mucho mi "cabello de oveja".-

La chica se vio visiblemente enojada, pero quitó esa expresión rápidamente.

-Se aburrirá bastante de alguien que solo sabe leer y arrear ovejas. Yo le prepararía diversos platillos y hasta podría coserle un bonito traje para trabajar.- Presumió.

-¡Yo se tejer!-

-Si, y todo lo que haces te queda como una triste muñeca raída.- Se rió para luego dar media vuelta e irse, haciendo que su viaje a la botica, se viera amargado por ella.

Trajo la medicina y comenzó a preparar la infusión para su madre, pero su cara delataba una clara molestia.

-¿Qué te pasa hijo?- escuchó la voz de su padre tras él. Aziraphale solo suspiró.

-Me encontré con Michel y fue bastante desagradable. No le hice nada ¿Cuándo me dejará de molestar?

-No te aflijas cariño, tiene envidia de que seas un Omega tan afortunado.- Lo reconfortó su padre, a lo que su hijo le respondió con una sonrisa.- Ese es mi Aziraphale de siempre; sonriente.- Acarició su cabello con ternura.

-Dice que tengo el cabello de oveja.- Refunfuñó.

-Bueno, entonces con mayor razón las ovejas te siguen.- Siguió acariciando su cabello, esta vez con más fuerza.

-¡Papá!- Exclamó, aunque no parecía molesto, sí no divertido.

-Eres un joven muy afortunado, no dejes que lo que te diga ella te afecte. Tu eres una luz, hijo mío.- Padre e hijo se abrazaron.

──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────

¿Cuándo había cambiado todo? ¿Cuándo todo había salido tan mal? Aguantando el llanto, Aziraphale se acurrucaba en la madera del barco, como si quisiera fundirse con ella y desaparecer.

Se encontraba en un barco junto con otros Omegas, algunos de su mismo pueblo, otros seguramente de pueblos distintos ya que no los había visto y llevaban ropa distinta, al igual que él se veían asustados. Podría ser inocente, pero no era tonto, sabía que iban a comercializar con ellos y por primera vez pensaba lo injusto de las castas. En su pueblo los roles eran claros:

Alfa: proveedor de familia, trabajos de fuerza y cargos de poder.

Beta: proveedor de familia si era hombre, pescadores, agricultores, boticarios, etc. Cuidadoras de familia en caso de ser mujeres.

Omegas: cuidadores de familia, ayudantes de trabajos ligeros, trabajos textiles o de cocina.

Nunca se había quejado del rol qué le tocaría desempeñar cuando se casara, de hecho, esperaba con ansias el día en que se convirtiera en esposo, pero ahora que era esclavo, y no sería como los Alfas y Betas que les tocaba el trabajo pesado o de servidumbre, a su casta les tocaba ser vendidos a algún Alfa rico o a un burdel de poca monta y fuera cual fuera la opción, el destino era el mismo.

El guardia Beta qué los había metido ahí, bajo de la cubierta, gritando algo en un idioma que no entendía, pero era suficiente para asustarlo y no hacerlo enojar. Comenzó a repartir panes a los asustados prisioneros. Un Omega qué hasta ese momento había mantenido una mirada de ira en lugar de miedo, arrojó el pan a la cabeza del guardia al descubrir qué estaba duro e incomible, haciéndolo enojar y provocando que lo patearan. Debido a que era un Omega qué él conocía; el hijo de su vecino herrero, Aziraphale sin pensarlo se abalanzó sobre él guardia para impedir qué le siguiera pegando, provocando que el ya enojado hombre se lo quitara de encima sin mucho esfuerzo.

Lo estampó hacia una de las paredes del barco y comenzó a rasgar su camisa. ¿Enserio? ¿Aquí delante de todos? No, no por favor. Había estado guardando su cuerpo para Gabriel, su prometido. Oh no ¿Qué habrá sido de él? Recordaba haberlo visto perderse en la multitud del caos, defendiéndolo a él y al pueblo de los invasores. Pero fue todo una masacre, temía que no estuviera vivo.

Sus pensamientos se interrumpieron cuando llegó otro guardia y le quitó de encima al qué intentaba abusarlo. Ambos se gritaron en ese idioma desconocido y aparentemente, el que estaba a punto de agredirlo le estaba explicando la situación, o al menos eso entendió por su lenguaje corporal. De igual manera él guardia que “lo salvó" no parecía aprobar aquel comportamiento y entre los dos tomaron al pobre de Aziraphale y lo ataron a una viga del barco, además de negarle su comida.

Luego de eso, entre los dos abusaron del joven qué arrojó el pan, el resto de los prisioneros, cerraron los ojos y desviaron la mirada ante los gritos y pataletas del joven. Sobre todo Aziraphale qué se sintió terriblemente mal que por intentar defenderlo, solo ganó qué lo violaran entre dos y lo ataran a él, sobra decir que ambos también se quedaron sin comer. No supo cuánto duró el viaje, apenas les llegaba la luz del día, pero calculando a partir del día que los obligaron a abordar junto con las veces que los alimentaban, diría que medio mes en el mar, en todo ese tiempo intentó pasar lo más desapercibido posible para sus captores. Como alguien que había subido a botes ahí en el lago, esperaba un día conocer el mar, pero no esperaba que su primer viaje, fuera como esclavo a sabiendas qué no volvería a su hogar.


Antes de bajar, sus captores ataron sus manos a su espalda y los bajaron en fila, colocándoles grilletes en el cuello para que salieran en fila, supuso para que alguien no intentará salirse de la fila y escapar; sobra decir que fue bastante incomodo caminar con alguien tirando de la cadena por enfrente, pero a su vez, siendo retenido por la lentitud de los que estaban detrás.

El puerto donde habían arribado era un mercado de todo tipo, telas, fruta, carne, especias, pero concretamente ellos fueron conducidos hacia el de esclavos, se veía un poco mas deplorable y baja calidad. Logró divisar como subastaban Alfas para trabajos de fuerza bruta o peleas clandestinas, eso antes que lo metieran en un edificio algo destartalado, donde salvo por un escritorio gastado a la entrada, no había ningún mueble y estaba lleno de más esclavos Omegas. A su grupo lo condujeron hacia el patio, donde fue despojado de su ropa por la fuerza, a pesar de lo sucia y raída qué estaba por el viaje, era el último vínculo con su vida anterior, su madre había bordado con mucho empeño y amor esa camisa, ahora solo eran retazos en el fuego junto con las demás ropas de los otros esclavos.

Mujeres Betas, aparentemente esclavas también, se acercaron con baldes y esponjas, su mirada era de apatía, como desconectadas del mundo y al mismo tiempo molestas de su alrededor, los limpiaron bruscamente y decidió dejarse limpiar al ver que golpeaban con varas de madera en los pies y en las pantorrillas a los que se resistían. Luego de eso, llegó otra mujer Beta de aspecto mayor, se acercó primero con él y lo inspeccionó con la mirada, como si fuera una especie de espécimen nuevo.

Lo tomó bruscamente por las mejillas y lo obligó a abrir la boca, inspeccionando el interior de esta, abrió sus párpados y levantó su nariz para observar sus fosas nasales. Luego de esto, lo obligó a sentarse y entre otras dos Betas, abrieron sus piernas, ahí si se resistió, pero no le quedó más remedio que cooperar cuando sintió los dedos invadirlo. Supuso que así se sentiría la sensación de ser violado. Ella examinó y tocó su parte íntima por un rato, para luego voltear hacia otros Betas y dar un gesto de aprobación, aunque con la misma mirada de dureza. Luego de eso, prosiguió con el mismo procedimiento con el siguiente Omega.

No pudo ver el resto de inspecciones (aunque estaba seguro de que no quería hacerlo) por que le dieron un taparrabo semi transparente, le pusieron un collar de cuero café claro y lo acomodaron en fila en la parte del mercado un mercado, uno donde podían comprar ganado y gente. Era tan degradante.

Tenía mucho miedo de quien sería su comprador, muchos curiosos se acababan a verlo y pedían permiso para tocarlo, era asqueroso. Aparentemente su precio era bastante caro, puesto que veía que negociaban con el vendedor, para luego irse un poco decepcionados antes de darle una última mirada qué lo desnudaba más de lo que ya estaba. No sabia porque o que lo hacía tan especial, pero agradecía a lo que fuera qué fuese, que su alto precio le diera algo de tiempo antes de ser entregado a alguien. Aunque pensándolo bien, solo estaba retrasando lo inevitable, en algún momento llegaría un Alfa con suficiente dinero para llevárselo y disfrutarlo como le placiera. En silencio, pidió perdón a Gabriel nuevamente.

Debido a que pasó todo el día parado, viendo cómo la gente iba y venía, fue muy largo hasta que cayó la noche y el vendedor los obligó a entrar a una cabaña junto con otros esclavos. Con una cubeta y un cucharón, les dieron de beber a todos y nuevamente había pan duro para comer. Se agrupó con otros Omegas para hacer frente al frío de la noche, resistiendo las ganas de llorar ante la idea de que ahora esta sería su vida. Otros no fueron tan fuertes y escucho sus alaridos antes que el cansancio lo venciera.

Al día siguiente, luego de su miserable comida, esta vez un caldo qué era más bien agua con cuatro míseros pedazos de repollo, fue nuevamente exhibido en aquel mercado de esclavos, pudo notar que había esclavos con collares café oscuro, que esos parecían estar un poco más maltratados o los que se llevaban los compradores a buen precio, y los que tenían en café claro, como el de él, parecían ser bastante caros, eso explicaba por que aún no había sido vendido. Sin embargo no pudo pasar mucho tiempo arriba, pues esta vez lo encerraron en un sótano oscuro con otros esclavos a mitad del día, debido a un atrevido cliente, sin reparos ni vergüenza tocó su parte íntima y Aziraphale respondió con un puñetazo directo a la nariz.

También supo que los comerciantes habían visto algo en él, pues mientras sus compañeros con collares oscuros recibían azotes en sus piernas o traseros sin importar que se marcara en la piel, Aziraphale fue azotado en la planta de los pies, como si no quisieran dejar alguna marca en el resto de su cuerpo.

A pesar de que lo dejaron sin comer todo el día, adolorido y encerrado en su propia mugre, pensaba que era mejor estar ahí abajo qué siendo exhibido como un trozo de carne. Debido a que estaba oscuro y débil por la falta de comida, nuevamente sucumbió al cansancio para dormir.

A la mañana siguiente, lo sacaron prácticamente a rastras, tenía mucha dificultad para caminar por los azotes, ahí lo estaba esperando su vendedor.

-Escúchame pequeño.- Habló en su lengua aunque con una pronunciación tosca.- Eres una cosa demasiado hermosa para mancillar con azotes y castigos. Así que te lo advertiré una vez: no me des más problemas con los clientes. Un ejemplar como tú está destinado a los más altos cargos, pero si tu actitud de mula no me ayuda, lamentablemente tendré que bajarte el precio, sería un desperdicio que un bonito rostro como el tuyo acabe en un burdel de mala muerte, dicen que no duran mucho. Así que pórtate bien y seguro podré venderte a un amo que te alimente tres veces al día, te de ropa bonita y una cama caliente.- Le dio una sonrisa que Aziraphale podría describir como hipócrita.

Honestamente, quería gritarle sus verdades a la cara, le hablaba de forma condescendiente, como si con ese consejo le hiciera un favor para mejorar su vida, cuando realmente él y sus hombres se la habían arruinado, desde que llegó a ese puerto, solo había sido humillado, maltratado, azotado y abusado. Y por si fuera poco, lastimosamente ese hombre tenía razón, aunque no quisiera vivir como la mascota de alguien, en términos de supervivencia, le iría mejor con alguien adinerado que en un burdel de taberna, eso por no hablar de que no quería ganarse otro azote en sus pies ya lastimados y que al hombre no le importara lastimar "su bonito rostro". Solo pudo bajar la cabeza y asentir.

-Sabía que lo entenderías, bonita.- Le dio unas leves palmaditas en la mejilla.- Aunque tengo que hacer esto por precaución, no quiero que me dejes mal otra vez.- Dicho esto, ató sus manos a su espalda antes de exhibirlo a la venta. Como tenía ganas de al menos patearlo para quitarle esa sonrisa de la boca, sería tan fácil, pero ya le había costado un castigo el día anterior por defenderse.

Con la poca fe que ya tenía, hizo un último intento de rezar a su Dios, esperando que al menos se apiadara a la hora de que alguien lo comprara. Pero ¿acaso esto podría mejorar?

Capítulos
1. Prólogo; Tierra Hostil
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