I
Presionaba con su dedo pulgar el botón de su cámara profesional al mismo tiempo que observaba las imágenes de la pantalla pasar una detrás de la otra, poniendo atención en todos y cada uno de los detalles.
—Son perfectas — alabó con felicidad su propio trabajo.
Había pasado casi toda la mañana y gran parte de la tarde en un viejo Museo, aquel enorme lugar fácilmente podría etiquetarse como abandonado, la gente no solía frecuentarlo, pues no era el más grande y llamativo de la ciudad, y gracias a los casi nulos ingresos, la fachada lucía bastante deteriorada, aunque, contrastante con el exterior, el interior tenía una apariencia pulcra y sofisticada. Dicho museo había sido hogar de viejas obras de arte, arte cuyos artistas eran prácticamente desconocidos, otra razón por la cual no era frecuentado.
Actualmente hubo un cambio de administración y la dirección había sido puesta a cargo de Hizashi Yamada, un excéntrico y apasionado artista que estaba dando su mayor esfuerzo por revivir el deteriorado lugar. Algunas de las viejas pinturas de artistas no reconocidos, habían sido subastadas, prácticamente regaladas, y el dinero se ocupó para realizar el evento que se llevaba a cabo en ese preciso momento en el interior del Museo.
Hizashi Yamada había conseguido llenar el viejo Museo con obras de artistas actuales, grandes artistas en potencia, talentosos e importantes, dando lugar a una de las exposiciones de arte moderno más grandes de la ciudad, a pesar de eso, ese día, día de la inauguración de la exposición, el lugar estaba prácticamente vacío.
Levantó su mirada y logró divisar a una pareja entrar a la misma estancia donde él se encontraba, con ese par, había contado un total de diez personas y estaba por terminar de recorrer los pasillos de la exposición.
Suspiró y su expresión se tornó cansada, parpadeó un par de veces y agitó su cabeza, alejando los malos pensamientos y sonriendo con decisión.
—Sólo un par de salas más — se animó a sí mismo y continuó caminando hacia la siguiente estancia.
Izuku Midoriya era un fotógrafo que trabaja para una revista semanal independiente, normalmente él y su compañera Ochaco Uraraka cubrían la sección de sociales, en esta ocasión ambos debían cubrir el evento, aunque el pequeño pecoso se encontraba solo, ya que su reportera estrella había contraído un fuerte resfriado, pero a pesar de eso, la castaña insistió en que se presentara en el lugar para tomar las fotos y, en base a las mismas, ella se encargaría de escribir el mejor artículo jamás leído para poder ayudar a revivir el viejo lugar.
Entró a una de las habitaciones y sonrió ampliamente al reconocer los cuadros de su amiga Momo Yaoyorozu, ella había sido la razón por la cual habían aceptado cubrir el dichoso evento.
Contempló cada uno de los cuadros colgados en las paredes y su sonrisa se ensanchaba cada que tomaba una foto de los perfectos cuadros.
Momo se especializada en pintar paisajes de todo tipo, iban desde playas con atardeceres anaranjados hasta pequeños parques llenos de transeúntes; los cuadros de Momo tenían un estilo bastante destacable, sus trazos eran precisos y elegantes, de lejos parecían tan reales que podrían hacerse pasar por una fotografía, pero si te acercabas podías detectar el óleo con el que fueron pintados.
Le dedicó más tiempo a esa estancia que a las demás, pues se había tomado su tiempo para contemplar todas y cada una de las obras de su amiga, al terminar, se dirigió a la última sala de la exposición.
Caminaba al mismo tiempo que revisaba las fotos que acababa de tomar en su cámara y al alzar la vista quedó paralizado ante lo que sus ojos vieron.
La exposición abarcaba 10 salas del Museo, cada sala representaba un autor diferente, un sólo artista llenaba cada rincón del la sala con su bello arte, desde pinturas hasta esculturas, por eso, cada que cambiaba de sala, era como entrar a una exposición totalmente diferente.
Pero podía jurar que el enorme cuadro que estaba de frente a él no había sido pintado por la misma persona que pintó los cuadros de las demás paredes de la habitación a la que acababa de entrar.
Esa habitación era la última, por lo cual sólo tenía una sola entrada, en las paredes de los lados había diferentes cuadros de arte abstracto en tonalidades pasteles, cuadros en donde el color Rosa era el que predominaba sobre los demás colores y creaba figuras que sólo personas con una imaginación desbordante podrían comprender; y en la pared del fondo, aquella que quedaba justo frente a la única entrada, había un cuadro, que Izuku podría jurar que media más de metro y medio, con la bella pintura de un ángel.
En dicha pintura, de la figura del ángel sólo podía apreciarse la parte superior del cuerpo, del torso hacia arriba; su rostro tenía un semblante tranquilo, sus ojos estaban cerrados, como si durmiera plácidamente; se abrazaba a sí mismo con sus brazos y el resto de su cuerpo era abrazado por sus enormes alas, alas cubiertas de plumas de diferentes tamaños y tan blancas como las nubes; las facciones de su rostro eran hermosas, sus pestañas eran largas y sus mejillas eran adornadas por diminutas pecas que parecían formar un pequeño puente por sobre su nariz, su cabello rizado era tan oscuro como la noche y parecía brillar como el ónix.
El realismo con el que había sido elaborada la pintura era impresionante, sentía que si observaba con detenimiento al ángel podría verlo respirar calmadamente o incluso podría despertar y salir volando en cualquier momento; todo en esa pintura parecía tan real que, si no fuese por el origen tan mítico de la criatura retratada, podría asegurar que se trataba de una foto y no de una pintura.
Se sentía impactado y cautivado a partes iguales, parpadeó un par de veces y se apresuró a tomar las fotos de la pintura, después de revisar su trabajo y quedar satisfecho con sus fotos, decidió acercarse a la pequeña placa metálica que se encontraba al lado del enorme cuadro.
«"Angel" de Katsuki Bakugo» fue lo que leyó en la placa dorada.
—Un nombre demasiado simple para una pintura tan impresionante — el comentario fue lanzado al aire, sin intenciones de ser escuchado por nadie más, un simple impulso de su mal hábito de pensar en voz alta.
—Yo opino lo mismo — Izuku no pudo evitar sobresaltarse ante la respuesta de un inesperado interlocutor.
Giró su rostro y observó como un hombre de cabello dorado caminaba hasta pararse justo al lado de él, el rubio contemplaba la pintura mientras una enorme sonrisa se plasmaba en sus labios.
—Bakugo es un increíble artista, pero es un joven muy celoso con su arte — Izuku parpadeó un par de veces mientras observaba al hombre junto a él, tratando de reconocerlo.
Sus ojos se abrieron más de lo habitual y no pudo evitar jadear de la sorpresa ante el reconocimiento —¡Usted es Hizashi Yamada! — exclamó con fuerza, quizás con más de la que hubiese planeado.
El rubio asintió sin borrar su sonrisa —Cuando conocí las obras del joven Bakugo, quedé fascinado, todos sus cuadros son perfectos, hermosos y elegantes, cuando me dieron la oportunidad de dirigir este museo, él fue al primer artista que contacté — el rubio comenzó su relato mientras Izuku lo observaba con atención, parpadeó un par de veces y después posó sus ojos de nuevo en la pintura —pero el chico fue el último en contestarme y su respuesta fue un rotundo no —
Hizashi rió y los ojos de Izuku volvieron al rubio —La idea de esta exposición no sólo es exhibir las obras de estos artistas, habrá un evento de clausura y sus obras podrán subastarse, el 10% de las ganancias serán para el museo y todo lo demás para los artistas — explicó, pues sabía que esa información sólo la tenían los artistas, ellos mismos se estaban encargando de divulgar dicha información entre sus fans.
—Después de suplicar por varias semanas, el mocoso por fin aceptó reunirse conmigo sólo para gritarme personalmente que "sus pinturas no estaban a la venta" — Hizashi cubrió sus labios al intentar suprimir su risa, producto del recuerdo del rubio cenizo gritando como un demente —tuve que arrodillarme y hacerle prometer que no vendería ninguna de sus pinturas y aún así se negó, pero — giró su rostro y por primera vez sus ojos hicieron contacto con los de Izuku —yo realmente estaba decidido en exponer sus pinturas aquí — Hizashi sonrió ampliamente, contagiando esa sonrisa al menor.
—Jamás en mi vida le había suplicado tanto a alguien, lo adulé hasta que me cansé — rascó su nuca con vergüenza, vaya que le había costado convencer a ese pintor malhumorado —Al final aceptó de mala gana, pero sólo me permitió exhibir una de sus pinturas — sonrió al recordar todo lo que había hecho para lograr exhibir ese cuadro —Tardé otros tres días en convencerlo de que me prestara al bello Angel, al parecer es su pintura favorita — terminó su relato con una enorme sonrisa, se sentía orgulloso por tener el dichoso cuadro ahí.
Izuku regresó sus ojos a la pintura, admirándola de nuevo —Creo que su esfuerzo valió la pena — comentó con una enorme sonrisa en sus labios, la cual fue correspondida por el rubio.
Estiró su espalda mientras se levantaba de su silla, tomó su teléfono celular mientras bostezaba, no tenía idea de cuánto tiempo había estado pegado a la computadora, desde que llegó del museo se dedicó a seleccionar y editar las fotos que se ocuparían en el artículo de la revista.
—¡Ya es casi media noche! — exclamó sorprendido, no consideraba llevar tanto tiempo pegado al infernal aparato que reposaba en su escritorio.
Desbloqueó su teléfono y con velocidad buscó el contacto de su compañera de trabajo, presionó el botón de llamada y colocó el aparato sobre su oreja.
—Ochaco va a matarme — susurró para sí mismo mientras escuchaba el tono de espera.
—
Hola
— escuchó la congestionada voz de su compañera.
—¡Uraraka! — exclamó con felicidad —¿Cómo te sientes? Por favor dime que no te desperté, me sentiría muy mal si hubiese interrumpido tu sueño — la preocupación en su voz era genuina, pues a pesar de que la castaña afirmó no tener nada grave, sabía que no la estaba pasando bien.
Escuchó una leve risa al otro lado del teléfono —
Estoy mejor, gracias por preocuparte. Sobre lo otro, no hay ningún problema, dormí casi toda la tarde y en realidad esperaba tu llamada
— el pecoso suspiró aliviado de no haber despertado a su compañera —
¿Qué tal estuvo tu día en el museo? ¿Algo interesante que me quieras contar?
— la castaña estaba realmente curiosa al respecto, Izuku sabía que la visita al museo tenía muy entusiasmada a la chica, fue una lástima que ese resfriado le impidiera acudir.
—Me alegra escuchar que estás mejor — dijo con una radiante sonrisa en sus labios —La visita al museo fue increíble, justo acabo de enviar las fotos a tu correo ¡Hay muchos artistas talentosos! — exclamó con tal emoción que hizo sonreír ampliamente a la castaña.
—
¡Las revisaré de inmediato!
— activó el altavoz y corrió por su computadora portátil —
¡Más te vale no colgarme, Midoriya!
— gritó mientras revoloteaba las cosas de su escritorio buscando el dichoso aparato.
—No lo haré — comentó entre risas mientras escuchaba todo el ruido que hacía la castaña al otro lado de la línea.
—
¡La encontré!
— exclamó con la computadora en alto mientras caminaba de regreso a su cama, se recostó cómodamente mientras encendía el aparato entre sus manos —
Hablame sobre tu aventura mientras espero que esta chatarra cargue
— dijo mientras tomaba de nuevo el teléfono entre sus manos y miraba con aburrimiento la pantalla de su computadora.
Izuku rió divertido —Hablas como si me hubiese ido a otro país — tomó asiento nuevamente frente a su computadora y suspiró mientras observaba las fotos que había tomado esa misma tarde —El museo es muy bonito y la exposición es increíble, el único problema que veo es que está casi vacío, no hay muchos visitantes — explicó en un tono desanimado.
—
¡No te desanimes, mi querido amigo!
— exclamó estruendosamente —
Es sólo el primer día, apuesto lo que quieras a que ese lugar estará lleno después de que publiquemos nuestro artículo en la revista
— Izuku podía imaginar perfectamente las estrellas que seguramente se encontraban brillando en los ojos de su amiga y no pudo evitar reír ante tal pensamiento —
Ya estoy abriendo mi bandeja de entrada
— avisó alegre.
Izuku sonrió y sus ojos se posaron en las fotos del último cuadro de la exposición —Logré hablar con el señor Yamada — comentó de manera automática.
La castaña jadeó de la impresión, pues no contaban con que el extravagante hombre estuviera en el museo, mucho menos que hablase con su fotógrafo —
Y lo dices tan tranquilo
— reprochó con un poco de indignación en su voz —
¿Qué te dijo?
— preguntó rápido y con emoción.
Aquello sonaba como una conversación con una colegiala a la cual le contaba la última conversación que tuvo con su crush, el pecoso sonrió ante la absurda comparación que acaba de hacer.
—En realidad no hablamos mucho, me topé con él en la última sala de la exposición, me contó lo mucho que le costó que un artista le prestara el cuadro de la última foto que te mandé — después de decir aquello, abrió la foto del dicho cuadro, incluso en foto era increíble la sensación al admirar esa pintura —Si me lo preguntas, creo que es la pintura más impactante de la exposición —
Las castaña no esperó más y se deslizó hasta la última foto, quedando impactada cuando la imagen se presentó ante sus ojos —
Izuku...
— llamó a su compañero con apenas un hilo de voz —
Ese... ¿Ese eres tú?
—
El pecoso abrió sus ojos por la sorpresa que le causaron aquellas palabras, su rostro se tornó rojo y su boca se abría y cerraba sin lograr articular palabra alguna —¿De qué... ¿Cómo es que... ¿Por qué dices eso? — logró formular la pregunta con mucho esfuerzo, se sentía avergonzado y alagado por ser comparado con tremenda obra de arte, pero ese bello angel no se parecía a él.
—
¿No es obvio?
— respondió a la pregunta con otra pregunta —
Es decir, son casi iguales: el cabello, las pecas, el tono de piel...
— pareció meditar antes de seguir hablando —
el cuerpo no se aprecia muy bien, pero podría adivinar que tienen la misma complexión
—
Izuku observó los detalles que mencionó su amiga, quizás debía admitir que tenían rasgos similares, pero no lo suficiente como para decir que eran la misma persona —No... No soy yo — intentó mantener la calma ante la extraña situación, la cual despertaba ansiedad y nerviosismo en su cuerpo.
La castaña soltó un quejido al otro lado de la línea, Izuku no comprendió si era un sonido de fastidio o el sonido que escapaba de sus labios cuando pensaba mucho las cosas —
¿Conoces al artista?
— preguntó aún pensativa, se negaba a creer que el parecido entre su amigo y el angel de la pintura era mera coincidencia.
Izuku parpadeó un par de veces y trató de recordar —Katsuki Bakugo — dijo al recordar el nombre en la placa —No tengo idea de quien sea — contestó con honestidad, le gustaba el arte tanto como a cualquiera, pero no era un apasionado, la única persona que conocía de esa exposición era Momo y eso es porque era su amiga.
—
Ya
— fue lo único que atinó a decir la castaña —
supongo que investigaré un poco sobre él, dices que ese es su único cuadro ¿cierto?
— dijo mientras se deslizaba por las demás fotos y no encontraba similitud con ninguna, las demás pinturas tenían estilos muy diferentes.
—Sí, Yamada me comentó que ese artista era muy celoso con su arte, por eso le costó convencerlo de que le prestara ese cuadro — dijo mientras posaba su dedo índice sobre su mentón, tratando de recordar al pie de la letra la conversación que tuvo con el rubio.
Ochaco rió divertida —
Suena tan interesante, todo un artista, casi puedo imaginarme sus aires de diva
— comentó eso último entre risas —
Será mejor que me ponga a trabajar ¡Hay tanto por hacer!
— exclamó emocionada —
Izuku, si recuerdas algo más que sea tan importante como tu plática con Yamada, te pido que me lo cuentes de inmediato
— suplicó haciendo reír a su amigo, el cual aún la comparaba con una colegiala —
¡Cualquier mínimo detalle es importante!
—
—Te prometo que serás la primera en saberlo —
—
¡Gracias!
— exclamó con una enorme sonrisa en sus labios —
Te dejaré por ahora, tengo que empezar con el artículo
—
—Sí, trata de descansar y no te duermas muy tarde — regañó el pecoso, ya sabía las malas mañas de su compañera cuando tenía que escribir un artículo que la emocionaba.
La risa de Ochaco no se hizo esperar al otro lado de la línea —
Claro, claro
— dijo mientras agitaba su mano libre al aire de manera despreocupada —
tampoco te duermas muy tarde
— ella también conocía los malos hábitos de su amigo.
—No lo haré — dijo con un puchero en sus labios.
Ochaco volvió a reír —
Hablamos luego
—
—Sí — fue lo último que logró pronunciar antes de escuchar como la llamada era cortada.
Sus ojos se volvieron a topar con la imagen del angel frente a él, no iba a mentir, tenía curiosidad, una curiosidad que fue plantada por su amiga, tenía muchas preguntas formándose en su cabeza.
Soltó un largo suspiro para después abrir la página principal del buscador de su navegador —Sólo será un momento — trató de convencerse a sí mismo de que una pequeña búsqueda no le haría daño, sólo serían un par de minutos... ¿Cierto?
Tecleó con cuidado el nombre del autor de la pintura y luego
enter
, casi de inmediato se presentaron cientos de páginas hablando sobre dicho artista.
"Talento nato"
"Tan grandioso como un pintor renacentista"
"La perfección encarnada"
"Un deleite visual en cada obra"
Más que admirar, esos sitios parecían glorificar al artista, debía admitir que las demás pinturas eran tan buenas como el Angel, pero ninguna le había hecho sentir lo mismo que dicha pintura.
Logró aprender algunos datos sobre el artista: su edad, su preparación académica, los premios que ganó, incluso su color favorito; pero no había visto una sola foto del rostro del tipo.
Tampoco es como que importara.
Entró en otro enlace y se sorprendió un poco, al parecer había encontrado la página oficial del artista.
En dicha página había muchísimas fotos, no sólo de las pinturas terminadas sino también del proceso en el que se elaboraban, había muchos cuadros de diversos tamaños; también encontró un apartado en el cuál se subastaban algunas pinturas, no pudo ocultar la impresión al ver su salario de un año debajo de uno de esos cuadros.
—Son subastas — se recordó —¿Cómo es posible que alguien decidiera pagar tanto por una pintura de 60 centímetros? — parecía que tenía la idea equivocada de los artistas, al parecer no todos morían de hambre.
Volvió a las fotos y encontró varias sobre el bello cuadro que le había quitado el aliento, en las primeras imágenes se distinguía apenas un boceto sobre el lienzo y mientras las fotos avanzaban podía ver al precioso angel tomar forma, siguió avanzando entre las fotos hasta que llegó a una que lo hizo detenerse.
Tragó saliva y sus ojos recorrieron la espalda desnuda del rubio que se encontraba frente a la pintura casi terminada del angel, traía pantalones ¡claro que debía traerlos! Se sonrojó sólo de pensar lo contrario, unos gastados pantalones de mezclilla azul tan flojos que dejaban a la vista el elástico de la ropa interior del rubio, el chico parecía estar descalzo sobre la sábana que cubría el piso, una de sus manos sostenía un largo pincel mientras la otra sostenía un godete de madera con diferentes manchas de pintura y la piel desnuda del chico parecía tener algunas salpicaduras de pintura.
Se regañó a sí mismo por pasar más tiempo observando los definidos músculos de la espalda que la pintura frente al misterioso artista, sus ojos se movieron al pie de la foto y leyó.
"¡El Angel está casi listo! Nuestro amado pintor parece más feliz de lo normal"
Con aquello supuso que no era el artista el que se encargaba de poner al día su propia página, también notó que esa foto tenía muchos más comentarios que las anteriores, al leer algunos se dio cuenta que casi todos eran un montón de hormonales comentando impurezas (que él solamente había pensaso) sobre la espalda del rubio.
Agitó su cabeza alejando cualquier pensamiento ajeno al arte, aunque esa espalda también era una digna obra de arte.
—Controlate, Izuku — se regañó a sí mismo mientras cerraba los ojos y cambiaba la foto.
Deslizó un par de fotos más y logró llegar a la foto terminada del Angel, sus ojos viajaron al pie de foto.
"¡Por fin está listo!"
Eso era lo único que se leía, Izuku frunció el ceño con disguto, de nuevo le parecía muy poco para lo impactante que era. Volvió de nuevo a mirar los comentarios, eran casi tantos como en la foto de la espalda, la mayoría alababan la obra y felicitaban al artista, muy pocos preguntaba sobre la fecha de la subasta, pero ninguno tenía una respuesta.
Se deslizó hasta los últimos comentarios mientras pensaba si sería una buena idea dejar un comentario al respecto, pero se sorprendió al ver que el comentario más reciente había sido contestado por el mismo artista, el mensaje había sido escrito hace un par de semanas, según las fechas, el Angel tenía casi 8 meses de haber sido presentado como terminado, con la curiosidad brotando de nuevo se dispuso a leer ambos comentarios.
Hot&Cold
: Vendeme el cuadro.
KatsukiB
: Ni muerto, bastardo.
Parpadeó un par de veces, aquello lo desconcertó, quiso creer que eran conocidos y que así llevaban su amistad, al menos esa no le parecía una forma normal de tratar a un fan.
Decidió ignorar el asunto y seguir indagando en las fotos, descubrió que después de terminar el Angel, Katsuki había hecho otros 6 cuadros, los cuales ya habían sido subastados y entregados. Al seguir indagando en la página, descubrió que la mayoría de sus obras eran vendidas y las restantes, que eran menos del 15%, eran conservadas por el artistas.
Aquella información generó dudas en la cabeza del pecoso, recordó que el señor Yamada comentó que Katsuki era un artista celoso con su arte, pero a él no le parecía así, vendía demasiados cuadros para ser alguien "celoso". Sonrió de medio lado, ahora tenía más dudas que respuestas.
Siguió deslizándose entre las fotos sin percatarse de la hora —¡Son las 3 de la mañana! — gritó al observar la pantalla de su teléfono, la cual se había iluminado para avisar sobre la falta de batería.
Se levantó con prisa y conectó el aparato para poner a cargar la batería, acomodó las hojas que estaban regadas sobre el escritorio y retiró algunos trastes sucios que había dejado por ahí después de comer como un salvaje hace algunas horas, cuando volvió a acomodarse sobre el asiento frente a su computadora, observó de nuevo la página del artista, mordió su labio inferior, aún se sentía curioso, quería saber más sobre el misterioso pintor de espalda ancha, espalda que no volvió a ver en ninguna foto, movió el cursor y se dirigió hacia el inicio de la página, paseó su mirada hasta encontrar lo que buscaba.
—¡Bingo!— exclamó contento al encontrar el botón de subscripción.
Sin pensarlo más, le dio clic, supuestamente con sólo hacer aquello recibiría mensajes en su correo cada que hubiese alguna actualización en la página, sonrió satisfecho y cerró la página, apagó su computadora y comenzó a alistarse para dormir, esperaba descansar aunque sea un poco.
El tiempo pasó rápido, el artículo sobre el museo había sido publicado hace algunas semanas y fue todo un éxito, se enteró, gracias a Momo, que después de que el artículo se publicara, las visitas en el museo aumentaron y muchas personas esperaban ansiosas el evento de clausura.
Yamada le había hablado un poco sobre eso, pero fue Momo la que más información le dio al respecto. Según su amiga, el evento estaría abierto al público, habría música clásica y moderna, también habría algunas mesas con comida y bebidas, pero lo más importante era la asistencia de los artistas responsables de las obras en exhibición.
Aquella noticia lo emocionó, tenía muchas ganas de ver al artista misterioso de bonita espalda, independientemente de lo atrayente que era su silueta, tenía muchas ganas de hablar con él y esclarecer algunas de sus dudas.
Recuerda haberle preguntado a Momo si sabía algo de ese artista.
—
¿Bakugo?
— preguntó pensativa —
Lo he visto un par de veces, no es alguien muy social, no suele dar entrevistas o asistir a eventos, tiene un carácter bastante fuerte, pero es bastante serio y profesional con su trabajo
—
Aquella respuesta lo había desanimado un poco, no era seguro que el rubio asistiera a la clausura.
Pero cuando su teléfono timbró, dos días antes del evento, anunciando una notificación por parte de la página del artista, saltó de felicidad, literalmente, al saber que el artista sí se presentaría a la clausura.
"Nos vemos este domingo!"
Era lo que se leía, adjuntado a una foto del museo, eso también le pareció demasiado simple.
Esperó con ansias el día del evento, como una colegiala esperando la fiesta de graduación.
Se había metido a su armario y extrajo la mejor ropa que encontró, una camisa de botones de color negra y unos pantalones de mezclilla, obviamente también iba su adorado calzado rojo, Ochaco solía bromear con eso, decía que ese calzado lo acompañaría incluso el día de su boda.









pa mi que katsuki vio a izuku cuando pequeño y quedo flechado
o se soñó con el... o mitsuki conoce a la mamá de izuku y compartieron fotos JAJJAJA