𝐑𝐄𝐆𝐑𝐄𝐒𝐎
¿Alguna vez has sentido que los dioses son crueles? La respuesta sería que si, los dioses son muy crueles. La esperanza es cruel, todo lo que imaginamos y queremos en ocasiones es más cruel de lo que imaginamos.
La joven princesa qué había sido desplazada de su hogar sentía la crueldad de loa dioses desde que era solo una bebé, huyendo en la espalda de su hermano, su pobre hermano que tomó el papel de su protector por años, todo a causa del qué debía protegerlos no lo hizo, un hermano mayor siempre debe proteger a sus hermanos pequeños, pero en ocasiones los hermanos mayores se centran en algo más, añoran las cosas que tienen en casa y no valoran.
A veces no sufren los que añoran, sufren los que no lo hacen.
....
Mientras Ser Jorah miraba a Rakharo llevar los huevos de dragones hechos piedras a la pyra, solo pensaba en la joven niña de cabellos plateados qué esperaba dentro de la carpa. Había llorado todo el día, hundida en el dolor de perder a su hijo y al mismo tiempo tener que elegir entre dejar una vida miserable o arrebatarla para dejarla libre, al final había decidió que dejaba ser libre el alma de su esposo.
Cuando salió de la carpa vio un rostro de dolor, pero no físico. Un dolor emocional, del alma, su alma estaba rota. Llevaba aquel vestido con el que había casado, solo que estaba vez no se veía tan alegre como el día que la había conocido.
Sabía que intentaría la joven de sangre dragón, había escuchado su sueño antes.
"He tenido un sueño sobre mis huevos de dragón, he visto que debo entrar al fuego con ellos y de esos cascarones duros como rocas saldrán las criaturas más hermosas qué haya visto"
"Solo es un sueño, khalessi"
H
abía respondido Jorah. La joven había perdido la sonrisa después de eso asintiendo, quizás era muy joven para entender la realidad de los sueños. En ocasiones soñaba con su hogar, aquel castillo llenó de dragones tallados en piedras. El calor de las paredes, la risa de sus sobrinos, la risa de su madre. Cuando despertaba sentía la ausencia más dolorosa que cuando estaba despierta.
Estaba cansada de huir, de esconderse, aunque Viserys lo había ocultado por años ahora sabía que aquel lugar al que su familia había llamado hogar y que había sido usurpado de una manera terrible y cruel ahora era gobernado por un hombre que estaba dispuesto a matar a un bebé como lo había intentado antes.
– Khalessi. –La llamó Jorah, en un intento a que no siguiera con lo que pensaba.– podríamos comprar barcos, esclavos, de más con esos huevos. Podria vivir una vida digna a cambio de ellos, no debe meterlos al fuego.
– Son un regalo, Ser Jorah. No puedo venderlos. –respondió mirándolo por unos segundos dándole una sonrisa adolorida como su alma y regresó su vista al frente mirando el fuego extenderse por la pyra escuchando los gritos de la bruja qué le había quitado todo.–
– Khalessi...
Daenerys no titubeo en lo que iba hacer, entró con lentitud y el fuego abrazó su cuerpo mientras avanzaba siendo observada por todos ahí, por el khalassar qué había creído en ella y que estaba dispuesto a seguirla a un futuro incierto.
Los gritos de la mujer cesaron pero Daenerys jamás soltó un quejido en ningún momento, el fuego se avivó con grandes ganas arrasando con toda la madera y solo se pudo escuchar las oraciones junto al crujir de las maderas qué se quemaban.
📍ROCADRAGON.
Entre la oscuridad de la noche y el rugido del mar azotando la orilla la tierra crujío con tal fuerza que todo se movió, las rocas cayeron por todos lados y luego se mantuvieron en su lugar de nuevo. El volcán de la isla despertaba una vez más, lanzó un larga línea de humo y el calor se volvió aun más intenso que antes, casi como si la fortaleza estuviese envuelta en la lava.
Un estruendo se escuchó en la playa y un relámpago ilumino la isla antes de volverla silenciosa de nuevo a los ojos de los guardias qué cuidaban el lugar, la isla en ocasiones era tenebrosa, hoy era una de esas ocasiones.
El quejido del hombre en la playa se escuchó mientras miraba el cielo oscuro iluminado por ligeros puntos brillosos, no recordaba haber estado entrenando en la noche, menos en la playa.
Pero tenía sangre, olía y saboreaba la sangre que corría por su nariz cayendo en su boca. Movió la cabeza un poco mirando hacia otros lados y se levantó cuando el agua helado lo alcanzó mirando hacia el castillo.
– rocadragon. –susurró mirando el lugar y luego levantó la espada que estaba a su lado, Aenys le había dado aquella espada.–
Había algo que no cuadraba en el lugar, en él, en el mundo. Se recordaba muriendo, desangrandose mientras una espada del trono atravesaba su garganta. Aún traía la ropa con la que iba vestido aquella tarde, pantalones de cuero negro, una camisa roja de dragones rojos y una enorme bata de color negro detallada, le gustaban los adornos, le gustaba hacer saber a que casa pertenecía.
Se tocó la garganta y sintió la cicatriz en esta mientras trataba de recordar todo aquello, su vida había venido unos segundos a su mente de golpe y cruel, como él.
– Maegor. –escuchó cuando lo hablaron y se giró mirando aquel hombre o ser qué vestía de negro parado a unos metros entre el agua.–
– ¿qué me ha pasado? Yo he muerto en el trono, estaba muriendo.
– sí, lo hiciste.
– ¿y qué hago aquí, idiota?
– ¿no es una manera muy estúpida de morir para ti? Maegor el Cruel, degollado por su propio trono.
Maegor lo miró y luego el castillo.
– no se trata de mi, ¿cierto? –le sonrió al desconocido con cierta diversión.– no, los dioses me habrían matado ellos mismo si hubiesen podido hacerlo.
– la magia se muere, los targaryen también.
El semblante de Maegor cambió, ya no había diversión en su cara.
– No, ¿qué? ¿Qué haz dicho? –se acercó pero aquel parecía retroceder cada que él daba un paso.– no, mi hermano. Mi hermano tuvo hijos, varios.
– Muertos, todos. Un usurpador destruyó su sangre. Nunca volvió a ser igual luego.
Maegor negó confundido ante aquello, no podía ser así, su casa, su sangre no podría haber muerto.
– dijiste que los targaryen morían, significa que aún hay.
El ser asintió.
– ¿dónde? ¿En la fortaleza? ¿Desembarco?
– lejos, en el desierto. Una.
– ¿una? ¿Una princesa?
– la última.
– ¿cómo se llama?
– Daenerys, tiene dieciséis y está asustada. Ha perdido todo, deseo tanto un familia que los dioses se la concedieron.
– ¿yo?
– Fuiste Cruel, es cierto. Despiadado y sangriento, pero los dioses aman el caos, aunque lo nieguen. Tú eras mucho caos. El suficiente caos que la última princesa necesita.
Maegor lo miró y luego observó el lugar.
– ¿puedo morir?
– no, estás muerto. No puedes matar lo que esta muerto, pero llegará el día en que deberás regresar a tu lugar y morir. Antes de eso deberás instruir a Daenerys Targaryen a la gloria, deberás protegerla de los que juraran lealtad a ella.
– ¿dónde está?
– deberás buscarla, es el último de los Targaryen, la última princesa y quizás la que fue prometida, tu padre tuvo un sueño una vez. –se acercó y sacó algo de sus mangas, la recordaba, aquella daga de su padre.– Las historias nos dicen que Aegon observó desde Rocadragon, y vio una rica tierra lista para la captura. Pero la ambición sola no fue la que la llevó a conquistarla, fue un sueño. Así como Daenys predijo el final de Valyria, Aegon predijo el fin del mundo de los hombre. Dará inicio con un terrible invierno, que se elevará desde el distatente norte. Aegon vio la oscuridad absoluta cabalgando en sus vientos y lo que sea que venga destruirá el mundo de los vivos. Cuando ese gran invierno llegue, todos en Westeros deberán montar una defensa y si el mundo de los hombres quiere sobrevivir un Targaryen deberá estar sentado en el trono de hierro, un rey o reina. Con fuerza suficiente para unir al reino contra el frio y la oscuridad, Aegon llamó a este sueño la canción de hielo y fuego. Este secreto ha sido pasado de rey a Heredero desde el tiempo de Aegon, ahora debes prometer qué lo cargarás y lo protegerás.
Maegor escuchó aquello, jamás lo había escuchado y es que él no había sido el heredero dejado de su padre. Quizás Aenys lo sabia pero ahora, se le daba por ser un rey, debía dárselo a un heredero y Daenerys era eso, el heredero de la dinastía Targaryen.
– Ahora tu cargas con ese secreto y debes dárselo a la heredera. Buena fortuna en tus batallas por venir, Maegor.
El plateado lo miró por unos segundos y luego como si la vista le fallara desapareció frente a sus ojos dejando la daga en sus manos, se sentía diferente. Todo en él era diferente.
Apenas y pudo mantener la compostura, todo era demasiado. Sentía la sangre en su boca, amarga, espesa y asquerosa. Cayó de rodilla en la arena y vomitó aquello, un liquido negro, algo que debía haber sido su sangre.
– Daenerys. –repitió el nombre.– Daenerys.
Limpió su boca y sujetó su espada junto a la daga para caminar hacia la fortaleza, había vivido toda su vida ahí. Sabía por donde entrar y que buscar, su madre, Visenya La conquistadora. Le había dicho que debía prepararse para todo y esconder cosas donde nadie buscaría era una manera de sobrevivir, el había hecho aquello y ahora las buscaría.