El Mestizo y el Zorro

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Sinopsis

Existen dos razas que antes vivían en discordia, la raza humana y la Yao. Sin embargo, finalmente han hecho la paz y los humanos viven tranquilos a pesar de que los Yaos son más poderosos. Pues Qiu Lang, un mestizo humano/yao, acompañado de su amigo Huli, un espíritu zorro, está a punto de descubrir que la supuesta armonía no es más que una gran falsedad y que es mejor tema por su integridad.

Estado:
En proceso
Capítulos:
6
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Clasificación por edades:
16+

Mestizo

Casi nadie sabía cómo era el mundo antes del sistema actual.


Tuvo que ser reconstruido luego que las fronteras se establecieron separando las tierras del muundo pertenecientes a los yaos, y la de los humanos. Varias de las ciudades más importantes tuvieron nombres de los héroes que lucharon por la liberación humana de la opresión yao cientos de años antes. Como una forma de mostrar ahora los tratos eran amigables entre ellos, formaron juntos la secta Long.


Eso no significaba raras veces en la época actual estas dos razas convivieran.


De hecho, era normal en el día a día gracias a que la secta Long promovía las relaciones entre ellos. Si hubieran problemas raciales o muy complicados para los funcionarios, los cultivadores de dicha secta se asegurarían de atender. Siendo la más grande bajo el cielo, era natural tuvieran mucho trabajo y raras veces la secta estaba abarrotada con sus miles de discípulos.


Pero hubo dos días en que todos los cultivadores decidieron quedarse en la secta Long. Y el segundo había llegado: se tenía que elegir al Gran Maestro Sucesor.


Eso significaba habría una gran prueba donde todos los maestros mostrarían su valía para decidir al sucesor. Luego serían los discípulos quienes competirían en una conferencia de discusión para mostrar los nuevos talentos de la generación más joven.


Cada shizun ordenó a sus discípulos aplazar cualquier tipo de misión, y los que estaban afuera regresaron rápidamente. Mientras los sirvientes decoraban toda la secta para el gran evento, ninguno de los jóvenes tuvo tiempo de descansar con tantos entrenamientos. En cada paso de los poderosos muros del pabellón de la secta podían ver sedas doradas y el símbolo de la secta Long dibujado por los mejores pintores, que eran mareas azules simbolizando el profundo mar lleno con misterios y vidas distintas, pero de un mundo compartido.


La calle frente al pabellón exhibiendo la lujosa frase “secta Long” en una tabla de oro estaba llena. Gente de todo el país había viajado especialmente para el evento, y si esforzabas un poco la vista, verías algunos yaos de todas las formas en esquinas solitarias, esperando las relucientes puertas plateadas fueran abiertas.


Los nobles no tardaron en reunirse sobre sus carruajes afuera de la secta Long, apostando sobre cuál podría ser el resultado. Siempre se interesaban mucho por ver a los grandes maestros expertos compitiendo, entonces era el único tema de conversación sin importar el festival de la longevidad estuviera cerca.


—¡Yo estoy a favor del Tercer Gran Maestro Lu, es el único capaz de dar pelea al Primer Gran Maestro Han!


—No lo creas tan seguro, dicen hace cinco décadas el Primer Gran Maestro Han pudo vencer con un sólo dedo al Tercer Gran Maestro Lu, ¡Sólo uno!


—Eso fue hace décadas, yo aún no había nacido...


—El Sexto Gran Maestro es el más cercano a la Líder Shang. La Líder Shang ha dicho varias veces le gusta su forma de pensar.


—¡¿A quién le importa?! ¡Los más poderosos son sin duda el Primer Gran Maestro Han, y el Segundo Gran Maestro Lu! Si tienes fuerza para oponerte a todos bajo el cielo, ¿Qué podrían hacer debiluchos insectos por muy astutos que fueran?


Lo que acababan de nombrar eran sólo los favoritos de ese siglo. No podían ser comparados sin entrar a un intenso debate donde todas las partes se devanaban los cesos sacando argumentos.


Siendo uno de los temas favoritos, gracias al evento que nada más podía ser presenciado una vez cada siglo, tardaron en darse cuenta alguien joven de túnica azul rodeaba sus carruajes, sonriendo al escuchar quiénes eran los favoritos. Ni siquiera intentó ocultar su presencia, viendo fijamente a los nobles discutir.


La túnica azul traía intrincados diseños en oro, y las mangas anchas llegaban sólo hasta el codo. Ése era el uniforme característico de la prestigiosa secta Long. Sumado a su piel pálida como la luna, y sus ojos azules de la misma profundidad que los mares, lo convertían en un joven maestro muy agradable a la vista.


Pero eso no fue lo más importante para la gente común haciendo fila de pie junto a los carruajes. Los susurros decían:


—¡Mira, sus ojos...! Es obvio es un yao.


—Imposible, la secta Long nos protege, ¡Jamás aceptarían a un yao!


—Amitahba.


—No hablen tan alto. Puedo sentir algo de energía espiritual en él, ¡Eso sólo puede significar es Qiu Waxi, el mestizo hijo del Segundo Gran Maestro Qiu! Su maestro es nadie más que el Tercer Gran Maestro Lu.


Acertaste, pensó internamente Qiu Waxi. No sólo era de los pocos mestizos en formar parte de la secta, sino uno de los tres únicos discípulos de Lu Qifeng tomado en los últimos diez años. Precisamente acababa de terminar su meditación a puerta cerrada, justo a tiempo para ver el emocionante evento. Siendo su shizun uno de los favoritos para ganar, sin duda debía apoyarlo como él lo hizo desde que comenzó a entrenarlo.


Podría llegar más rápido si usaba la técnica de ligereza y saltaba sobre los carruajes amontonados en medio del camino, pero él quería esperar a alguien.


Intentó ver si reconocía al rostro que buscaba, fingiendo no le importaba escuchar las palabras despectivas por su sangre yao. Sus sentidos siempre fueron más desarrollados que el de la mayoría, sumado al hecho de haber entrenado su energía espiritual, entonces no pensó fuera complicado encontrarlo.


¿No va a venir?


Sacudió la cabeza, pensando era imposible. Incluso si su amigo no tenía una personalidad muy respetuosa, apreciaba a shizun y no se perdería algo tan emocionante.


Estando rodeado por tanta gente, se le dificultaba hallar a alguien en específico por el olor como era costumbre. Olfateando profundamente, pudo captar el aroma de un conocido. No pertenecía a su amigo, pero que estuviera mezclado con la irritante fragancia metálica de la sangre le preocupó.


Olvidando momentáneamente esperaba a su hermano mayor marcial más cercano, levantó la vista buscando con sus orbes azules al dueño de ese olor. Arrugando un poco su frente, clavó su vista en la cima de una posada donde estaba alguien de pie, sosteniendo un jazmín.


Esa persona sobre el techo ostentaba pupilas verdes como la hierba, y la luz del amanecer cubría su figura esbelta, la capa colgando atrás ondeaba con el viento dándole un aire místico, pero Qiu Waxi lo había visto tantas veces que sabía cada uno de sus rasgos atractivos y se acostumbró a la actitud excéntrica.


—¿A quién buscas?– Pregunta esa figura sobre el techo, sonriendo– Déjame ayudarte, Xi'er.


La forma de pronunciar ese “Xi'er” derrochaba miel y dulzura, fácilmente podría hacer a otros malinterpretar si lo escuchaban.


A esa distancia, sólo Qiu Waxi con sus entrenados sentidos de por sí más desarrollados que el resto por su sangre yao, fue capaz de escucharlo aún entre la multitud. Lejos de enfadarse, sonrió amigablemente.


—Es un honor en tu estado desees ayudar, Huli. ¿El tío marcial Han te descuidó transmitiendo sus enseñanzas?


Huli quitó su sonrisa, y respondió seriamente: —Esto no es nada. Oí habían dicho todos debíamos volver, y dejé a shizun atrás para poder verte lo más rápido posible. ¿Xi'er no me extrañó?


Qiu Waxi rió, convencido el otro no podía ser más insensible,  al haber aprovechado tan pronto tuvo oportunidad de regresar para irse y rechazar el resto de las valiosas enseñanzas. El shizun de Huli no era cualquiera, se trataba del Primer Gran Maestro Han: ¡Uno de los favoritos para ser el sucesor de la secta, Han Yazong! Muchos llorarían sólo de escuchar las palabras recién pronunciadas.


En cambio, Qiu Waxi veía interesante ese frívolo modo adulador.


Al principio de conocerse era incómodo y confuso, pero luego comprendió simplemente los zorros yaos se caracterizaban por sus personalidades seductoras y astutas. Huli pertenecía a la casi extinta Tribu de Zorros Rojos, y fué salvado en el pasado por su shizun cuando se ordenó el exterminio de su clan por los actos rebeldes que mostraron.


En pocas palabras, siendo sólo un niño, Huli fue traído por Han Yazong a la secta Long, y luego que éste rogara para apelar su inocencia, la líder de secta habló con el emperador y obtuvo una buena respuesta. Así pudo Huli ser un miembro de la secta Long y vivir, aunque fuera el único sobreviviente de su tribu yao.


Qiu Waxi no quería saltar sobre las cabezas de los transeúntes con su técnica de ligereza, entonces usó Sombra Desplazante. Su cuerpo dejó de ser tangible, y pasó bajo los pies del resto en la calle, luego subió por la sombra exterior de la posada hasta el último piso. Al acabarse el costado oscuro de la infraestructura, volvió a su forma original y saltó sobre el techo.


Huli volvió a sonreír, frente al mestizo.


—¿Estuviste meditando? ¿Te aburrías sin mí?


—¿Bromeas? Shizun me hizo entrenar muy duro estos meses. No tuve tiempo de extrañar a nadie– Replicó con un gesto.


Huli golpeó su pecho, como si hubiera recibido una estaca en su corazón—¡Qué triste estoy! Mi Xi'er no me extrañó. Y yo que no podía dejar de pensar en tí, ¡Hasta te traje un regalo!


La falsa expresión miserable del yao hizo reír a Qiu Waxi, y aceptó la flor que se le ofrecía.


—Creí no podrías volver hasta mucho después– Se excusó, guardando el regalo.


—¿En serio? No te creo– Replicó suavemente Huli, alzando una ceja– Shizun no perdería esta oportunidad, aunque sea para no estar a las órdenes del tío marcial Lu.


En eso había mucha verdad. Han Yazong no tenía en ninguna estima a Lu Qifeng, y el resentimiento era mutuo. Nadie entendía el por qué.


Lu Qifeng era el Tercer Gran Maestro Lu, y shizun de Qiu Waxi. Pero ni Huli o Qiu Waxi se llevaban mal a pesar la mala relación que traían sus respectivos tutores, quizá debido a la escasa cantidad de seres yaos en la secta actualmente. Cuatro años antes, Huli asistió a Qiu Waxi en múltiples ocasiones cuando no sabía el mestizo controlar ciertos impulsos, y él mismo Lu Qifeng no desaprobaba fuera amigo de quien quisiera.


—¿Quién crees tiene mayor probabilidad de ganar?– Preguntó curioso Qiu Waxi, colocando las manos en su cintura.


Huli rodó sus brillantes ojos verdes, respondiendo sin dudar: —¡El tío marcial Lu, por supuesto!


—...– Qiu Waxi se quedó momentáneamente sin palabras– ¿Cómo lo dices tan fácil? El tío marcial Han es también muy poderoso.


—No hay lógica. Prefiero gane el tío marcial Lu y lo apoyaré– Susurró Huli, justo en la oreja de su hermano menor marcial.


Los yaos tenían personalidades más simples y desenfrenadas, pocos comprendían el complejo corazón humano. Pero Huli podía discernir ciertas situaciones gracias a su capacidad deductiva la mayoría del tiempo...


Qiu Waxi no supo si reír o llorar, abriendo la boca para replicar. En verdad no entendía cuál era el motivo que impulsaba al yao declarar sinceramente algo así tan fácil, incluso si elegía no ser sentimental. Las palabras no salieron de su boca, en cuanto alguien salió de quién sabe dónde y abrazó los hombros de ambos desde atrás.


—¡Aiya, Waxi! ¿Por qué parece cada vez que los veo están muy cerca? Siento me quitarán a mi mejor amigo–  Dijo amigablemente otro chico, vestido con la misma túnica azul del mestizo y Huli.


Huli apartó de un manotazo el brazo del recién llegado, y se transformó en un zorro rojo de dos colas, saltando abajo y aceleró su paso hasta llegar al pabellón de la secta Long. Todo en sólo medio segundo.


Algunos cultivadores de sectas menores pudieron verlo cambiar de forma, y exclamaron: —¡Apartense, podría ser malvado!


Todavía abrazando a Qiu Waxi por los hombros, Ji Mingyi formó una mueca confusa siguiendo con la vista a Huli correr como si su vida dependiera de ello.


—¿Por qué huyó? Waxi, ¿El hermano mayor marcial es tímido?


—¡Nunca lo ví actuando así! ¿Le hiciste algo?


—¡Claro que no! Sólo es divertido molestar a shizun. ¿Puede ser considera soy algo informal? ¿Sabes qué edad tiene?


—Dos años más que nosotros.


—¿Seguro? Los yaos envejecen a un ritmo más lento. Podría tener más de cien años– Inquirió curioso Ji Mingyi.


—Lo conozco desde que tenía catorce años, y él acababa de cumplir dieciséis– Afirmó Qiu Waxi, juntando las cejas– ¿Por qué tardaste?


Escéptico, Mingyi descartó el tema sacudiendo una mano, y masajeó sus sienes. Adoptando una postura seria rara vez vista, explicó:


—Estuve ocupado en la entrada de la capital. Habían refugiados por todas partes, niños y mujeres hasta los huesos no pude soportarlo y dividí el resto de mis suministros entre todos.


—Eso sólo resolverá temporalmente el problema.


—Pero pensaba en lo que suele decir shizun, sobre la indiferencia de las personas ante el sufrimiento ajeno. Tú padre decía lo mismo, ¿Recuerdas? ¡Un poco de bondad puede hacer la diferencia!


Qiu Waxi no respondió, cerrando los ojos azules mientras deslizaba su palma por el abanico colgando de su cintura.


Fue lo único que dejó su padre al ser asesinado cuatro años antes. Aún recordaba uno días antes de recibir la fatídica noticia, su padre con una sonrisa confortante limpió sus lágrimas derramadas trás oír nuevamente la opinión negativa que muchos tenían de él por su sangre mestiza. Entonces, su padre le entregó el abanico exhibiendo flores rojas como regalo a cambio que recordara no debía olvidar seguir teniendo la conciencia limpia sin importar nada.


—Lo siento– Se disculpó Mingyi, uniendo los labios en una delgada línea.


Qiu Waxi entendía simplemente Mingyi era impulsivo, y no mencionó el tema delicado a propósito. Sacudió la cabeza, sintiéndose repentinamente abrumado recordando el cadáver de su padre carmesí, medio podrido, siendo manipulado por las personas que lo llevaron hasta la escena queriendo confirmar la identidad del muerto.


—¡Una carrera!


—¿Eh?– Mingyi se desconcertó.


—Vamos a competir hasta llegar al pabellón de shizun. Nunca sale de la secta, debe saber esto cuánto antes.


—Es verdad– Concordó, solemne.


En la Habitación del Arte Menor.


Los aposentos de discípulos se dividían según el Gran Maestro que estuviera a cargo de su instrucción. Por lo general, habría sólo dos residencias por cada Gran Maestro, para separar a los discípulos de las discípulas, aunque ninguno se quejaba de esto gracias a la gran cantidad de habitaciones espaciosas, con todo lo que pudieran desear al alcance.


Huli era una excepción. Su shizun usó de su propio dinero para construirle una residencia propia, y así supuestamente impedir el posible acoso que pudiera sufrir por su sangre yao, haciendo creer a todos había un cariño especial por su discípulo traído personalmente desde muy lejos.


Fue llamada la Habitación del Arte Menor, debido al gusto que tenía su dueño de pintar cuadros, llegando incluso a llenar la residencia con sus dibujos. Era algo que su shizun y él compartían.


Pero el arte era claramente muy distinto entre ellos. Mientras Han Yazong pintaba nada más que cuadros alegres y llenos de hermosos paisajes, o hacía retratos de sus queridos discípulos conforme iban creciendo, el de Huli sólo podía definirse en una palabra:


Tétrico.


Los cuadros hechos por Huli siempre eran de árboles y flores muertas, o animales a las puertas de la muerte. Hace unos días Han Yazong había enviado uno de sus propios sirvientes a su querido discípulo, luego que éste echara al anterior sin aparente motivo. Siendo alguien joven, el sirviente sentía nervios ante la diferencia de este par discípulo-alumno, pero estaba dispuesto cumplir la orden del Primer Gran Maestro Han en servir fielmente a su discípulo yao.


Sus entrenados sentidos le permitieron escuchar los pasos de alguien en el patio, entonces se apresuró a ver de quién se trataba mientras prendía una varita de incienso en cada habitación según la indicación del Gran Maestro Han.


Fue corriendo a recibirlo, mostrando una actitud lo más cordial y alegre que pudo, pero Huli lo ignoró olímpicamente tapando su nariz con la mano, como si detestara el olor desprendiendo del nuevo sirviente.


El yao se acercó a la fuente, siguiendo los movimientos tiernos de cada pececito nadando en la fuente por un rato, sin cambiar su expresión. ML


Éstos eran especiales y muy caros, pues tenían la particularidad de emitir luces coloridas, dándole una vista alegre marcando el camino que hacían en la fuente con hermosos efectos relucientes.


El sirviente se atrevió a acercarse, diciendo: —¡Joven maestro, este humilde se atreve a preguntar si necesita algo!


Huli miró fríamente al nuevo chico puesto a la orden de Han Yazong, preguntando hosco: —¿Shizun fue quien pidió colocar estos peces aquí?


—La deducción del joven maestro es acertada. El Gran Maestro Han dijo...


—Quítalos de mi vista– Ordenó Huli fríamente.


—¿Eh? Pero el Gran Maestro pidió colocar los mejores de la capital especialmente para usted... Además que no son baratos ni fáciles de conseguir, incluso los miembros de la corte tendrían problemas para encontrarlos...


En un segundo, la mano del yao tocó el agua, y los peces fueron tirados alrededor de todo el suelo, adornado con hermosas piedras calizas en su totalidad que cubrían todo el patio. Aquellos pequeños animalitos nadando hace un instante en el agua cristalina, ahora se encontraban sin vida ni cabeza, asustando al joven sirviente. La luz que emitían desapareció, igual a toda la determinación del sirviente.


Huli fue tan rápido que el sirviente sólo pudo ver un leve movimiento de su mano, pero en realidad los había sacado uno y uno, apretando sus cabezas lo bastante fuerte para explotarlas.


Miró sus propias manos, llenas de escamas y sangre. Las heridas hechas al tocar directo las escamas se cerraron, dejando sólo el rastro carmesí.


—Joven maestro, por favor, no haga eso...– Susurró el sirviente, retrocediendo.


Ni siquiera Huli llegaba a los veinte años, ¡Pero en verdad le daba la impresión él sería el siguiente en quedar sin cabeza!


El yao no lo atacó, ordenó: —Largo. Vuelve con shizun, ¡Y dile que no necesito envíe otro!


El sirviente se arrodilló y se fué cabizbajo obedientemente.


Estando solo, Huli suavizó la expresión y dejó caer su mano cubriendo la nariz. Un bufido salió de sus labios, exasperado al caer en cuenta lo impulsivo que fue ensuciar el suelo, y descargar su ira por la falsa bondad de su shizun con inocentes animales.


Pero aún así se detectaba su olor.


Ese día no recibiría ninguna “visita” de Han Yazong, entonces mientras estuviera fuera podía ir a dormir en otro lado para no soportar ese irritante aroma a sándalo.