El Bartender Del Club (Ren Giyuu) +🔞 por AraAraTomioka_San en Inkitt
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El Bartender del Club (RenGiyuu) +🔞

Sinopsis

RenGiyuu Rengoku Kyojuro, un diestro abogado, termina siendo convencido por su amigo y compañero de trabajo Tengen a una salida de noche a la que llegan al prestigioso club nocturno de la ciudad, donde un joven cantinero termina por captar toda la atención del sucedicho.

Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 01

Kyojurou no puede creer que está delante de aquel edifico, sin embargo, tuvo que haberlo predicho. Darle a Uzui la oportunidad de convencerlo era como decirle ”Si”, pues conocía a su amigo, y sabe que este obtendrá lo que desea una vez tenga la oportunidad de hacerlo. Ahora está ahí, escuchando la fuerte música resonar del otro lado de las paredes.

Está agotado, fastidiado y solo quiere beber algo de alcohol para celebrar el final de un exhausto trabajo.

Su mirada se desplaza por el lugar, notando lo discreta y elegante que resulta ser la arquitectura del edificio. No hay demasiadas luces más que la de los faroles, tampoco parece haber cámaras y su mirada solo se fija en la larga fila de personas haciendo cola para entrar al club.

Al menos el edificio se encontraba algo lejano y escondido de la avenida principal, sus puertas oscuras resaltan con las luces fluorescentes que se asomaba al otro lado de la entrada. El barbullar de todos los hombres esperando en la cola estaba también presente, todos parecían emocionados, y la gran mayoría tenían puestos trajes de oficina.

Su frente se frunce un poco ante la escena de un par de ellos nalgueando al aire mientras imitaban embestidas exageradas, por lo que desvió su vista al otro lado de la calle, observando los edificios llenos de carteles publicitarios a un par de kilómetros de donde él se encuentra. Están demasiado cerca de Shibuya, e incluso está seguro que podría caminar hasta allá en busca de alguna cantina o bar en el que pueda pasar el rato.

«¿Por qué entre todos los lugares, Uzui tenía que escoger este?» pensó algo fastidiado. Un suspiro escapa de sus labios al ver como su amigo teclea algo en su celular, seguramente está mensajeando con alguien, más al escucharlo reír con picardía decide no querer saber con quién. Cansado solo vuelve a mirar a la puerta de club, leyendo por centésima vez el cartel iluminado en rojo neón.

«[DISTRITO ROJO]».



Maldito estrés incesante.

El trabajo se acumuló más de lo que podían permitirse. Durante todo ese mes, ambos se habían quedado hasta la madrugada en sus oficinas apenan tomando unas horas del día para ir a sus casas, bañarse, comer y dormir algo, solo para terminar regresando a trabajar cuanto antes.

Es un gaje del oficio realmente detestable, sobre todo cuando aquello había llegado de forma improvista; alterando la jornada laboral de varios trabajadores pertenecientes a otras áreas de la firma de abogados.

Por lo general, trató de mantenerse optimista sin importar lo que pasara, pero su fuerza mental sucumbió después de dos semanas, quedándose a altas horas de la madrugada modificando documentos o leyendo artículos que pudieran servirle.

Nunca creyó que llevar a cabo la fusión de dos empresas tan grandes le traería tal presión sobre sus hombros. En sí, el problema no era el papeleo, o los requisitos necesarios para llevarla a cabo, sino las constantes peleas entre los patrones y socios que se negaban a firmar el contrato cada que la junta se terminaba, ambos lados siempre se mostraban a la defensiva, demandando más que en la reunión anterior.

Parecía que nunca se llevaría a cabo dicha fusión, pues en más de una ocasión tuvieron que modificar la estructura del contrato, cambiar clausulas, eliminar párrafos, agregar o quitar tanto artículos como condiciones. Eso sin tomar en cuenta la demora en el área de contabilidad, y todo el papeleo gubernamental que se había quedado estancado durante el proceso.

Pero al fin lo lograron. Esa reunión había durado 14 horas; la más larga de todas, las firmas autógrafas de todos los accionistas ya estaban en el documento y lo más curioso fue ver como todos los socios y patrones se estrechaban felizmente las manos; como si fueran grandes amigos que nunca se atreverían a gritarse maldiciones ni amenazas entre sí.

Kyojurou pudo sentir finalmente un enorme alivio instalándose en su pecho, estrechando las manos de sus clientes; despidiéndose de forma efusiva y amigable de todos ellos. Milagrosamente, el resto del día paso tan rápido que no lo noto, sus parpados pesaban por la falta de sueño, y al ver su reflejo se dio cuenta que se encontraba ligeramente desaliñado.

Al llegar a su oficina lo primero que hizo fue dejarse caer sin cuidado sobre un pequeño sofá que había ahí, mirando con aburrimiento todo a su alrededor. Había algunas plantas, varios recuadros, un buen escritorio y librero repleto de toda clase de reglamentos, libros, tesis, sentencias y códigos. Quería irse a su casa cuando antes, deseaba escuchar la voz de su hermanito, y finalmente tener un buen descanso. Más el sonido de alguien tocando a su puerta llamó de pronto su atención.

—Hey, ¿cómo se encuentra mi rubio favorito? —preguntó Uzui sonriente. Adentrándose a la oficina sin esperar invitación.

—Ja, ja mejor que ayer —respondió alegre—. Eso puedo asegurarlo.

—Y que lo digas —acordó mientras se quitaba su saco y desajustaba la corbata—. Oye, ¿qué te parece si celebramos que todo esto se terminó?

—Claro —dijo mientras se levantaba para dejar su saco en un perchero en la esquina de su oficina—. Hay un restaurante nuevo a unas cuadras de aquí, escuche que la comida es muy buena.

—Vamos Kyo~ no me hagas esto —replicó notando como el rubio le miraba confuso y con una ceja levantada—. Hemos estado trabajando en esto por más de un mes. Algo de alcohol y comida no será suficiente para sanar todo el estrés que pasamos.

—¿No lo hará? —Uzui rio divertido ante esa pregunta

—Bueno, puede que sí ayude de algo, pero no lo suficiente.

—Umu, ¿Y qué tienes en mente?

—Deja tus cosas aquí, hay un lugar increíble la que podemos ir y olvidarnos de todo el estrés —sonrió son sorna, logrando que Rengoku sospechara de sus intenciones

—¿Puedes ser más específico? —inquirió. Sus largos años como compañeros y amigos hacen que lo conozca lo suficiente como para dudar de él cuando sonríe de esa forma.

—No me cuestiones, créeme, me lo agradecerás después —insistió demasiado seguro.

Los ojos del rubio no parecen estar muy seguros de su compañero, pues sabía cuando su amigo escondía algo y esta vez no era la acepción.

Los siguientes minutos fueron de él tratando de que Uzui diera más detalles, más el abogado de cabello plateado era demasiado bueno con las palabras, logrando evadir todas sus preguntas

—Vamos, Kyo ¿En serio estás dudando de mí? —Preguntó con un tono dolido, más la cara de su amigo término por responderle—. Tú sabes muy bien que merecemos un descanso de todo esto... además, ha pasado tiempo desde que salimos juntos como amigos, no como compañeros de trabajo. ¿Qué hay de malo ir a divertirnos un poco? Al fin y acabo no hemos tomado en todo un mes.

El rubio suspiro ante esas palabras. Eso último era cierto, pues todo el trabajo que tuvieron les impidió que pudieran salir a tomar, y la verdad unos cuantos tragos no le caerían mal, notó que Uzui lo observaba con una sonrisa ladina preparado para dar otro punto por el cual debían ir a donde sea que él tenía planeado

—Está bien, vamos —dijo no muy convencido. De cualquier forma, conociendo a su amigo, este terminaría arrastrando a la fuerza si esa era la única opción.

—¡Excelente! Yo conduciré —Soltó victorioso mientras salía de la oficina.

Kyojurou seguía sin estar seguro, pero sabía que ya no podía hacer nada al respecto. Dejó un par de cosas el escritorio y cerro con llave su privado para seguir al más alto.


No tomó mucho tiempo cuando llegaron al lugar pensado por Uzui. Una vena sobresalió de su frente al darse cuenta del letrero que mostraba el nombre del local:[DISTRITO ROJO].Un club nocturno del que incluso él ha escuchado hablar.

Por lo que sabe, el lugar lleva abierto menos de un año, pero ha ganado una enorme fama debido a sus show de entretenimiento y servicios especiales que proporciona a aquellos que puedan pagarlos

—Uzui, creo que voy a pasar de esto —soltó no del todo contento, levantando una mano para pedir un taxi, ya que sabía que su compañero no le prestaría las llaves de su carro para poderhuir.Sin embargo, no se le olvida lo obstinado que puede ser su amigo; quien no tardo nada en pasar su brazo alrededor de su cuello para evitar que se alejara más.

—Kyojurou, ni siquiera le has dado una oportunidad —carcajeó divertido mientras arrastraba al rubio hacia la puerta del local—. ¿Quién sabe? Tal vez incluso encuentres a alguien que llame tu atención. Por lo que sé, todos lo hacen.

—Dudo que eso pase conmigo —declaró mientras nota lo poco que falta para quedar enfrente de la entrada al club—. Sí me hubieras dicho que veníamos aquí nunca hubiera aceptado.

—¿Por qué crees que no te lo dije —faltaba poco para que llegaran a la entrada, en donde un cadenero flacucho y de cabellos verdosos, se encuentra amenazante, —¿Qué cuentas Gyutaro? Ha pasado tiempo —dijo sonriente sin aflojar el agarre en el cuello de su amigo.

—Oh, Eres tú... y parece que llegaste con otro gusano —vociferó entre diente, comenzando a revisar de mala gana la lista en sus manos—. Supongo que él viene contigo —le preguntó a Uzui; el cual asintió de inmediato sin dejar de sonreír. No pudo evitas suspirar cansado, pues ahora debía anotar los datos del nuevo—. Pasen de una vez, pero te lo advierto, llamitas, si causas algún problema, yo mismo te sacaré, y créeme que no va a ser por las buenas.

—Sí, sí, no tienes que preocuparte por eso —intervino Uzui—. No conocerás a alguien con más educación y respeto que este sujeto —declaró señalando sonriente al rubio bajo su brazo, más el cadenero solo chisto los dientes ante su comentario, asiéndose a un lado para dejarlos pasar.

—Eso lo veremos.

Al cruzar las puertas oscuras, fueron recibidos por un largo corredor iluminado por un intenso rojo carmín. El pasillo es simple y ancho, sin ningún otro adorno más allá de las luces neones y las puertas del fondo, en donde se escuchaba la música del club cada vez más fuerte. El brazo de Uzui finalmente dejó de rodear su cuello, notando como el más alto desabotonaba unos botones de su camisa para exponer su cuello y parte de sus pectorales trabajados.

—No puedo creer que me hayas traído aquí.

—Y yo te dije, que le dieras una oportunidad —refutó—. Además, sé muy bien que nunca has estrado a uno, ¿cómo puedes saber que algo no te gusta, si nunca antes lo has probado?

El rubio pudo responderle de varias maneras, su carrera como abogado le ha enseñado a hacerlo, pues nunca faltan las preguntas que buscan acorralarlo, sin embargo, sabiendo como es Uzui, suponía que este ya tenía una respuesta para contrarrestar cualquier cosa que digiera, por lo que decidió permanecer callado, ya que no tenía ganas de discutir en un lugar, ni momento como ese.

Al atravesar el extenso umbral rojo, lo primero que notó al abrir la puerta fue el extenso espacio que se aguardaba en su interior. Siendo recibido por dos mujeres elegantes que les sonreían amigablemente—. Sean bienvenidos al distrito rojo —saludaron de forma al unísona. Sin embargo, el rubio permaneció callado.

El lugar parecía ser más espacioso por dentro que por fuera. El ruido de la música se intensificó de golpe, pero no una manera ensordecedora o desagradable, sino más bien como una especie de aviso que te declara estar en un lugar distinto a todos los demás. La música, las luces y los atuendos llamativos que visten algunas chicas, sobresalen demasiado entre la oscuridad y colores neones. El lugar se encuentra bien diseñado y estructurado, cuya estética es tan elegante y de alguna forma algo sensual, logrando resaltar con extrema facilidad los tres escenarios que se hallan hasta el frente, en donde el show principal de seguro tendría comienzo. Hay demasiados sillones, mesas de centro y sofás de cuero sintético esparcidos por todo el recinto; curiosamente, las luces del lugar no parecían tener ninguna intención de iluminar los rostros de quienes fueran a sentarse ahí.

Uzui saludó a las mujeres en la entrada con una sonrisa coqueta, logrando que ambas se ruborizaran y desviaran avergonzadas la mirada. Tras una pequeña platica con una de ellas, el más alto se despidió cortésmente antes de comenzar a caminar con naturalidad hacia un espacio amplio con asientos vacíos. El peliplata se mostraba radiante y emocionado, desbordando de forma descarada su contento al saludar a más de persona como si esa fuera su propia casa.

Al sentarse en uno de los tantos sillones que había, pudo notar lo extrañamente agradable que es el ambiente -aunque fuera difícil admitirlo-, la fragancia en el aire es tenue y no se mezcla con el olor del tabaco que algunos fumaban, los asientos son realmente cómodos y la música lograba que sus hombros y mente se relajaran. No pasaron siquiera 3 minutos cuando alguien se presentó frente a ellos.

Era una mujer muy diferente al resto de otras doncellas del lugar que visten ropas provocativas, luce de una edad cercana de entre los 35 y 40 años, y la ropa tradicional que usa resalta ligeramente su presencia—. Ha pasado tiempo desde su última visita, Señor Uzui —habló. Haciéndoles una reverencia formal en señal de bienvenida, mirando durante pocos segundos al rubio antes de ofrecerle una sonrisa—. Y veo que viene acompañado. Es un gusto, mi nombre es Omatsu, y mi deber es que ambos puedan disfrutar de esta noche sin ningún inconveniente.

—Muchas gracias, mi señora —Tengen saludó con encanto, logrando que las mejillas de la mujer se vieran ligeramente más rojas—. Siempre es un gusto saber que todo está bajo su cuidado.

—Para nada, es más que un placer —respondió con una leve sonrisa en su rostro—. Por cierto, Señor Uzui. ¿Debo suponer que desea el mismo servicio de siempre?

—Así es —afirmó—. Ha pasado mucho tiempo, me gustaría poder volver a verlas.

La mujer asintió con una sonrisa. Sacando una tableta de entre las holguras de su ropa para comenzar a anotar y presionar algo en ella—. ¿Y usted caballero? —preguntó ahora al rubio—. ¿Está buscando algo en específico?

Kyojurou se paralizó ante aquel cuestionamiento, sintiendo un leve calor surgir en sus mejillas para terminar por negar con simpleza ante la pregunta—. No en realidad. Por el momento solo me gustaría disfrutar el show —notó como la mujer asintió ante sus palabras y anotó algo en la tableta.

—Muy Bien. Si cambia de opinión no dude en pedírmelo —ofreció con amabilidad—. Señor Uzui, ¿la cuenta será escrita a su nombre?.

—Por favor.

—Bien, en unos momentos volveré a pedirles lo que desean tomar, el menú se encuentra en la mesa del centro. No tardaré.

Ambos asintieron, dejándose caer sobre el sillón semicircular en donde seguramente podrían caber unas 4 o 6 personas.

—Parece que eres bastante conocido —resaltó el rubio al mirar en otra dirección. Poco a poco el lugar comenzaba a llenarse con personas, y todos parecían estar más emocionados que él.

—Bueno, es algo que no puedo evitar —sonrió el peliplata—. Este lugar es increíble. Estoy seguro que pensaras igual cuando esta noche termine.

Kyojurou sonrió con ironía al escuchar lo último. Esa noche se encontraba agotado y un tanto fastidiado, en serio no se sentía con la energía de siempre, solo quería algo para beber, pero ahí se encuentra, con la música de fondo diseñada para que el tiempo parezca ir más lento y la gente termine gastando más en alcohol en espera a que el espectáculo comience. No puede evitar exhalar mientras ve el techo del lugar con aburrimiento, pues ahora no le queda de otra más que darle la oportunidad a aquel club.

Los minutos pasaron poco a poco, en donde ambos revisaban ocasionalmente su celular o notaban como hermosas mujeres pasaban frente a ambos para dirigirse hacia otros clientes del local. No tardo mucho para que Omatsu regresara a preguntarles lo que deseaban tomar, Uzui término pidiendo algo de brandy, mientras él optó por una cerveza, la mujer asintió ante su pedido y volvió a irse, avisándole que no tardaría.

El sonido de la demás gente llegando se hacia cada vez más presente, causando que mirará con curiosidad en dirección a la entrada y darse cuenta de lo difícil que era poder ver el rostro de cualquiera en el lugar, debido a que las tenues luces rojas juegan con la oscuridad siempre presente; ocasionando que el rostro de todos en el salón estuvieran de alguna forma escondido.

El show aún no da comienzo, pero la música de fondo se hace más ruidosa poco a poco. De pronto, las luces del techo se volvieron más tenues de lo que ya eran, los reflectores apuntaban hacia los tres escenarios que había y los gritos extasiados tardaron tanto en escucharse como los eufóricos silbidos de los hombres al ver como más mujeres comenzaban a salir con ropas que dejaban poco a la imaginación.

Los altavoces del lugar se escucharon para darle las gracias a todos los espectadores por hacer acto de presencia, recibiendo de inmediato, gritos alborotados como respuesta. Kyojurou volteó en dirección a Uzui, notando como el peliplata sonreía de forma elegante y picara; jugando el vaso de brandy del que no se dio cuenta cuando les trajeron.

Vio que la cerveza que pidió yacía en la mesa de centro, no dudando en tomarla para darle un trago. La música resuena contra su pecho, sintiendo el sonido de los bajos y percusiones golpear de la misma forma que lo hace su corazón. Los escenarios acapararon de inmediato todas las vistas al notar como hermosas mujeres se presentaban, comenzando a bailar de forma hipnotizante para complacer los ojos del público con tentadores movimientos que era difíciles de no prestarle atención.

-...

El tiempo transcurre conforme las botellas y vasos de bebidas se van acumulando en la mesa, más aquello no es a causa de Kyojurou, quien ahora entendía por qué Uzui escogió un sofá mucho más grande del que dos personas necesitarían, después de todo, ver como tres bellas mujeres están sentadas en las piernas del más alto, parecía ser una razón más que suficiente.

Ni el peliplata o las tres jóvenes se quitaban las manos de encima, se tocaban “sutilmente” explorando el cuerpo ajeno mientras se besaban sin ningún descaro, turnándose entre sí para disfrutar los labios de cada uno. Era algo realmente incómodo, pues se sentía como la quinta rueda de sobra. No pudo evitar exhalar pesado antes de darle un profundo trago a su cerveza. El lugar ahora estaba repleto tanto de hombres como mujeres, las luces han tomado colores rojos y rosas, y el ruido del gentío apenas puede escucharse por sobre el de la música

Los bailes en el escenario no era el único servicio que ofrece el distrito rojo, las damas del lugar se acercan a los clientes para ofrecer su compañía, como Tengen hacía, y él no fue la excepción, pues tuvo que rechazar amablemente las insistencias de las mujeres que se le acercaban, dándoles excusas convenientes. Incluso Uzui le ofreció unírseles a él y las chicas; las cuales no parecía molestarle la idea, sin embargo negó con una sonrisa, diciéndoles que necesitaba beber más para perder todo rastro de pena.

Dio otro trago a su cerveza esperando que el alcohol pudiera calmar la incomodidad que sentía en ese momento, pero cuando la boquilla de la botella tocó sus labios, se dio cuenta de que ya estaba vacía. Intentó buscar a alguna mesera entre todo el cúmulo de personas para pedir otra, más no encontró a ninguna o parecían estar demasiado ocupadas en ese momento, sin embargo, en su exploración por el lugar, algo llamó su atención.

Se sorprende demasiado cuando encuentra un Bar en uno de los rincones del establecimiento, escondido, con los asientos vacíos y sin muchas personas merodeando por ahí. Le extraño que nadie estuviera sentado pidiendo algo de tomar, aunque supuso que seguramente aquello se debe a que toda la diversión se encuentra cerca de los escenarios.

Curioso, se puso de pie para ir hacia la barra y poder pedir algo de tomar. Quiso avisarle a Uzui sobre sus intenciones, pero decidió no querer interrumpir los fogosos besos que esos 4 se estaban dando; los cuales, parecían estar comenzando a subir de nivel. Emprendió su camino pasando entre toda la aglomeración de personas que se encontraban en la pista, ignorando y rechazando a más de una mujer que se le acercaba. No creyó que la barra estuviera tan malditamente lejos hasta ese momento.

Una vez llegó, tomó el asiento más alejado que había, suspirando algo cansado, y dejando caer sus codos sobre la superficie de madera para cerrar momentáneamente sus ojos en la espera de que la noche fuera a pasarse más rápido ahí que junto a Tengen y esas tres mujeres.

—¿Gusta algo de tomar?

Le preguntó una voz desconocida con un tono que apenas fue audible sobre el sonido de la música y todo el gentío. Alzó su mirada para apreciar al dueño de dicha voz, sintiendo como sus ojos se expanden de la impresión al notar a aquel sujeto que limpiaba con un trapo blanco un vaso de cristal.

Es un joven hombre de semblante sereno y mirada fría, su silueta contrasta demasiado bien con el traje a la medida que trae puesto, y sus cabellos negros hacen relucir no solo la clara piel nívea, sino también esos intensos ojos azules que le observan entre la oscuridad y las luces neones.

—¿Perdón? —no pudo evitar preguntar sin apartar su mirada del hombre.

El bartender inclinó su cabeza confundido, dejando el vaso sobre la superficie de madera para doblar y guardar el trapo. El azabache miró un poco hacia todo el gentío y después se acercó de improvisto estando a unos cuantos centímetros del rostro del rubio

—¿Si va a gustar algo de tomar, señor? —preguntó esperanzado que la cercanía fuera suficiente para evitar que su voz se ahogara entre todo el ruido que hay en el club

Kyojurou tragó en seco al escuchar el suave sonido de la pregunta, apenas y fue audible, pero de alguna forma llamó su atención. Por alguna extraña razón, se alegró de conocer a alguien que parecía ser tranquilo.

—Aún no soy tan viejo como para ser llamado señor —le dijo con una sonrisa, esperando que pudiera escucharlo. El bartender solo elevó una ceja y le escaneo de arriba hacia abajo.

—Si me lo pregunta —hizo una pausa—. No aparenta ser un crío... Señor.

—Bueno, eso es correcto, no soy tan joven —comentó divertido.

—¿Gusta una bebida en específico? —Volvió al principal tema—. Si quiere, puedo hacer que una mesera se la lleve a su lugar.

—¿Eh? ¡Oh no! Estoy bien aquí —negó de inmediato—. La verdad, solo quise alejarme un poco de todo este ambiente.

Al decir lo ultimó, notó como el azabache inclinaba su cabeza confundido, como si no entendiera a lo que se refería, permaneciendo en silencio y con el semblante tranquilo, en donde después de algunos segundos comenzó a alejarse hacia la otra esquina del bar.

Kyojurou sintió su ceño fruncirse un poco ante aquel hecho. Creyó que acababa de encontrar a alguien con quien poder distraerse entre todo el alboroto del lugar, sin embargo, no culpa al joven hombre que sirve las bebidas, al fin de cuentas, ese era su trabajo, no conversar con la clientela. Agotado y fastidiado, dejó caer su frente sobre la barra, mirando el reloj de su muñeca para ver que marcaba las 12 de la mañana. «Seguramente faltan un par de horas para que esto termine». Pensó

Entonces, el sonido de algo golpeando contra la madera llamó su atención. Al levantar una vez más la mirada se encontró con que el bartender había vuelto. Le impresiona lo bien que se ven la luces neones reflejarse en su piel, su semblante -aparentemente inalterable-, reluce demasiado entre todo el caos a unos cuantos metros de distancia.

El azabache alza la botella que sostiene en su mano, pidiéndole en silencio que le prestara atención. Entonces, Kyojurou observa los rápidos y precisos movimientos que el otro hace con la botella, sacando algunos envases de aluminio detrás de la barra, para de pronto cambiar y comenzar a cortar frutas y hiervas con una rapidez realmente llamativa. Cada movimiento que hace reclama por completo su atención, en algún punto terminó postrando un vaso de cristal delante de él, comenzando a servir con destreza diferentes onzas de bebidas alcohólicas, como lo era brandy, anís, jugo de limón y hielos, todo para terminar siendo adornado con una delgada rodaja de limón.

—Dicen que este trago es bueno para el corazón roto —dijo acercándole el cóctel al rubio.

—¿Corazón roto? —se recompuso al escucharlo. Mirando ahora la bebida que poseía más de dos colores

—Por eso está aquí, ¿no? Apartado de todo sin querer disfrutar de los servicios de las chicas —le dijo. Tomando los recipientes y botellas con los que preparo la bebida, para colocarlos en su lugar—. Por lo general esa es la razón por la que los hombres se sientan aquí, ya sabe, acaban de terminar una relación o alguien se fue.

—¿Así es? —Cuestionó con una ceja alzada, tomando el vaso que el azabache le estaba ofreciendo—. Nunca creí que las personas con el corazón roto vendrían a este tipo de lugares.

—La mayoría es porque alguien los arrastro hasta aquí. Y para ser honesto, parece ser que mi trabajo es ser con quien se desahoguen.

—No creí que eso estuviera escrito en un contrato de trabajo convencional —sonrió incrédulo. Le era difícil imaginar a ese azabache de rostro frío y sereno consolar a un tipo ebrio derrumbado sobre la barra

—En el mío lo está. Venía escrito en las letras pequeñas.

Kyojurou soltó una carcajada ruidosa y sincera al escucharlo. Está seguro que pudo oírse claramente sobre todo el ruido que había, pues el ojiazul se sobresaltó como respuesta, -como si de un gato se tratara-. Curioso, mira el trago frente a él, tiene un olor agradable y los colores son un tanto sospechosos, pero no duda ni un poco cuando da el primer trago.

—¡Umai! —gritó. Logrando que el bartender volviera a brincar en su lugar—. Esto es increíble, nunca había probado algo como esto ¿Cómo se llama?

—¿eh? Ah, bueno. “Sol y sombra” —respondió un tanto sorprendido por el repentino aumento de energía de parte del rubio

—Ya veo, nunca había probado algo así —volvió a darle otro trago al vaso—. Por cierto, Soy Rengoku Kyojurou.

—Tomioka Giyuu —se presentó—. Tú... Tú no pareces ser alguien con el corazón roto.

—¿Qué fue lo que me delato? —la sorpresa en su voz era de obvia burla, cosa que ganó una pequeña y apenas perceptible sonrisa del bartender; la cual, reclamó de inmediato toda su atención.

—Bueno, en primer lugar, no te lo tomaste todo de golpe —señalo el vaso que el rubio sostenía. Recibiendo un dudoso asentimiento de este como si lo que acababa de decir tuviera apenas algo de sentido.

—¿Y en segundo? —quiso saber más.

—En segundo. En este momento ya habría comenzado a contarme sobre trágica historia de vida y no intentando tener una conversación conmigo.

—Ja, no puedes culparme —sonrió—. Hablar contigo se siente bien.

La conversación entre ambos de alguna forma fluyó entre todo el ruido que había. Todavía puede sentir la música golpear contra su pecho y los ligeros gritos eufóricos de los hombres perdieron importancia en algún punto. Al terminar su trago el azabache le preguntó si quería otro, no pudo negarse, verlo preparar las bebidas era algo hipnotizante, no solo por sus movimientos llenos de destreza y gracia, sino también porque cada que le daba la espalda para ir a buscar alguna botella o utensilio, era difícil apartar su mirada del buen trasero que relucía en esos pantalones hechos a su talla.

La voz de Tomioka es tan baja que le sorprende ser capaz de escucharla, aunque debe admitir que al azabache no hablaba mucho, pues él es quien dominaba la conversación en todo momento, sin embargo, ver como el azabache parecía estar dándole toda su atención al pedirle que continuara y preguntándole sobre más detalles, le hacía suponer que el hecho de que él fuera el único que hablara no le molestaba al trabajador del club.

Cada cierto tiempo nota como el bartender sonríe un poco, haciendo que tragara en seco cada vez que presencia como la comisura de sus labios apenas y se eleva un milímetro, sus ojos son como zafiros y sus largas pestañas se podían notar incluso con las luces de los reflectores; los cuales cambian constantemente de color. Tal vez se deba a los tragos que ha estado tomando, pero siente sus mejillas comenzar a arder.

—¿Por qué es tan atractivo? —susurró el rubio con algo de recelo en su voz. Dándose cuenta de inmediato de sus recientes palabras y ganar una mirada confusa por parte del azabache. Ahora no solo sentía el calor en sus mejillas, sino en toda su cara.

—Perdón ¿dijiste algo? —Se acercó más, pues el sonido de la música impidió escuchar lo que el rubio había dicho.

—N-no, nada —fue rápido en responder. Desviando un poco la mirada ante la repentina cercanía del azabache—. Solo pensaba en voz alta.

—Tu rostro está rojo —se acercó más, intentando confirmar que no se tratara de las luces neón de lugar—. Puede que ya hayas tomado demasiado por esta noche.

—¿Eh? ¿Eso crees? Puede que tengas razón —se rascó la nuca con algo de vergüenza—. Creo que estar aquí contigo me distrajo tanto que no preste atención a cuanto he estado tomando.


Para Tomioka, aquellas últimas palabras le sorprendieron un poco. El rubio no parecía estar ebrio del todo, aunque su cara repleta de rojo era demasiado notoria aun entre las diferentes luces del lugar. Lo miró en silencio algunos segundos, esperando que el hombre sentado detrás de la barra hiciera algún gesto que delatara que tan borracho se encuentra, más este solo desviaba su mirada con incomodidad hacia cualquier otro punto que no fuera él.

Por primera vez desde que se conocieron, Rengoku se encontraba sospechosamente callado, con una sonrisa incómoda y mirando expectante el vaso vacío que tiene en sus manos, -como si quisiera poder darle un trago al aire-. Exhala un tanto derrotado ante la escena, sucumbiendo de alguna forma ante el rubio y sirviéndole la mitad del vaso con más alcohol.

Ver como el rubio le sonríe de pronto le era un tanto divertido, más bien adorable, algo extraño de presenciar en un club como ese. Recibió un efusivo agradecimiento y un par de elogios un tanto exagerados. Ese tipo le era realmente extraño, en todo su tiempo preparando y sirviendo bebidas nunca se había encontrado a alguien similar. En el mejor de los casos, los hombres que llegan a sentarse detrás de la barra, terminan cayendo inconscientes para después ser sacados por Gyutaro. En el peor, bueno... esquivar botellas y objetos lanzados a toda velocidad es un requisito indispensable para el trabajo.

La noche transcurre en una plática sencilla y cómoda que apenas y puede llevarse a cabo por todo el ruido a su alrededor. Rengoku sigue llevando el ritmo de la conversación mientras él se enfoca en asentir y preguntar por más detalles, la energía del oji-ámbar le era sorprendente. Es obvio que el rubio comienza a alcanzar un estado de embriaguez, más parece que no es de esas personas que se vuelven violentas o que hablan incoherencias, en realidad, parecía ser de esos que actúan de forma coqueta y seductora, teniendo que ignorar más de un comentario dicho por el rubio, aunque admite que no le desagrado ninguno. Simplemente se divierte por su comportamiento, sintiendo sus mejillas raras por estar sonriendo más de lo normal.

—¿Sabes? Tu sonrisa es tan hermosa como tu rostro —soltó el rubio, recargando su mandíbula en la palma de su mano y sonriendo de forma boba

Ahí está de nuevo, otro cumplido que recalcaba sin ninguna pena su “belleza”. «Vaya que está ebrio».

Admite que pasar el tiempo con ese hombre desconocido es algo muy agradable, aunque también se siente un poco receloso por las normas que le prohíben beber mientras está laborando. Deseaba poder dar un profundo trago de vodka, sentir su garganta arder al tragar aquel líquido de golpe y moverse un poco al ritmo de la música una vez toda pena y vergüenza fueran ahogadas en alcohol.

En cambio, solo permanece ahí, sentado frente al rubio y atendiendo de en vez en cuando los pedidos que traen las meseras para terminar volver a su sitio original. Por primera vez en toda la noche, inspeccionó detalladamente a Rengoku con la mirada, sin duda es alguien demasiado atractivo, su cuerpo trabajado reluce con detalle sobre su camisa de vestir blanca, la cual no tiene abrochados los primeros dos botones; mostrando ligeramente sus pectorales. Sus palmas también parecían ser más grandes que las suyas, comenzando a preguntarse si era más alto que él o no.

—¡¡Giyuu!!

Aquel grito lo sacó de sus pensamientos. Se levantó rápidamente de su silla al reconocer la voz, -sorprendiendo al rubio por su repentina acción-. Rengoku le pregunto algo, pero no fue capaz de escucharlo, estaba demasiado concentrado en buscar a la persona que le había llamado hasta que al fin pudo hallarla, saliendo de entre todo el gentío, sonriéndole y alzando una mano para llamar aún más su atención. Se trata de uno de los principales Socios del Club.

—¡Giyuu! —gritó una vez más, acercándose de forma sonriente hasta quedar frente a la barra.

Cansado, Tomioka solo se acercó al hombre quien gritaba su nombre. Ese tipo resaltaba demasiado en donde sea que estuviera, ya sea desde su amplia sonrisa que presume esos afilados colmillos, hasta su rosado cabello que de alguna forma no le quitaba protagonismo a esos ojos dorados que le miran con éxtasis o a los tatuajes de sus brazos.

—Akaza —le saludó con tono sereno.

El joven socio no es mucho mayor que él en cuestión de edad, sin embargo, su presencia reclama por completo más de una mirada, incluyendo la suya, después de todo, el pelirrosa es su superior en todo el significado de la palabra, por lo que más de una vez tuvo que acatar alguna orden proviniendo de su boca.

Akaza dejó caer sus codos sobre la superficie del bar, sin dejar de sonreírle con un tenue rosa tiñendo de éxtasis sus mejillas, el cual, no solo combinaba con su cabello, sino también con la playera rosa que traía puesta.

—Giyuu, ¿Acaso no has visto la hora que es? —reclamó el pelirrosa. Viendo como el azabache ahora intentaba observar el reloj en su muñeca entre el constante cambio de luz que hay en el club—. Ya es la 1 am. El bar debe cerrar —le enseño su celular al ojiazul para confirmarle que no mentía, brincando de pronto la barra sin dar ningún aviso.

Tomioka se sorprendió al ver como el reloj marcaba la 1:12 am, pues no se dio cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo. «Diablos, aún debo guardar todo» se reclinó mentalmente, pues le tomaría unos 30 minutos cerrar la barra y tener todo listo antes de irse. Al final se habría distraído al pasar el rato Rengoku.

—Será mejor que comience a dejar todo en su lugar —le dijo al pelirrosa para darle la espalda e ir a comenzar con sus tareas, sin embargo, tan solo dio un par de pasos cuando unas manos intrusas lo tomaron por la cintura y lo jalaron devuelta a su lugar.

—Quiero que bailes para mí, Giyuu —le ronroneó cerca de la oreja, mostrando la necesidad de sus palabras—. He sido paciente. Ya no puedo esperar para que te muevas junto a mi cuerpo —su mano comenzó a descender lentamente pasando por cerca de la ingle para comenzar a tocas los muslos, juntando aún más sus cuerpos y reduciendo el espacio que se encuentra entre la tela de ambos pantalones. Se sentía tan bien flotarse con el trasero de Tomioka, nunca podría cansarse de eso, deseaba tocarlo más, ver el rostro que está haciendo en ese momento. Quiere pasársela demasiado bien junto a él.

Tomioka no decía nada ante el tacto del pelirrosa. Akaza le sujetaba muy bien de la cintura, demostrando que en serio no quería separarse. Si seguían así no tardaría mucho en que pudiera sentir cada centímetro del miembro que está haciendo fricción contra su trasero. Suelta un suspiro derrotado, puede pasar la noche con el pelirrosa y tomar algo de alcohol no le vendría mal.

Su mirada busca a Rengoku con intención de poder despedirse de él aunque sea con la mano, esperaba que tal vez algún día pudieran volver a verse. Pero cuando miro en dirección en donde el rubio se encontraba sentado, no pudo evitar tragar en seco.

El semblante de aquel hombre tan radiante y efusivo ahora era uno notablemente molesto, con mirada amenazante y algunas venas marcando su rostro, temiendo que el vaso de cristal que está sosteniendo termine por romperse en miles de pedazos debido a la fuerza que su mano reflejaba ejercer.

No entiende la razón de ese repentino cambio de humor, es aterrador. De alguna forma sintió como el ambiente se volvía denso, «¿Es homofóbico?» pensó. La situación en la que se encuentra ahora le es incómoda en más de un sentido. Decide dejar de ver al rubio. Está algo decepcionado, pues Rengoku no parecía ser de esas personas que aborrecen a la gente con sus gustos.

—Oye, Tú.

»Escuchó a Akaza hablarle a una mesera que pasaba cerca del bar.

—Encárgate de guardar todo y cerrar el bar cuanto antes —dijo el pelirrosa de forma amenazante. Recibiendo como respuesta un temeroso e inmediato asentimiento de parte de la mujer.

Escuchar aquel reclamo hizo que rodara sus ojos con molestia. No es la primera vez que Akaza le ordena a otra persona hacer su trabajo con tal de que él se desocupe más rápido. Haciendo que ganara el desprecio de más de una persona.

Miró sobre su hombro para ver al pelirrosa, descubriendo que sigue manteniendo esa sonrisa satisfecha. Finalmente el agarre sobre su cintura se aflojó, ahora viendo que Akaza le ofrece la mano para que lo siguiera más al fondo en el club; donde seguramente quería que le ofreciera el baile que tanto deseaba. Un suspiro abandonó sus labios, susurrando una disculpa a la chica que ahora tendría que hacer su trabajo, más la joven siquiera pareció querer regresarle la mirada.

No le tomó ni un minuto dejar su trapo blanco y recoger su celular antes de comenzar a seguir al hombre quien le esperaba tras la barra. No presto más atención a su alrededor, ni giro a ver hacia atrás cuando comenzaron a caminar en dirección a la zona V.I.P. del club. Las meseras y demás empleados que se hallaban delante ambos se recorren ligeramente por la presencia del pelirrosa. No es la primera vez que Giyuu acompaña a Akaza ahí para pasar un buen rato, el lugar es amplio y posee todas las comodidades que los clientes estrella pueden pedir -la extrema privacidad es una de ellas- además, las personas de que entran al V.I.P. se les ofrece una habitación privada para poder pasar el resto de la noche con la chica que escogieran, claro, una vez pagaran su servicio.

El sonido retumbante de la canción no deja de golpear contra su pecho, puede sentir la mano del hombre a su lado recorre con delicadeza su espalda baja, acercándose cada vez más a la entrada resguardada por uno de los 5 nietos de un socio del club. Notó que Akaza le hizo una seña a Sekido; el cadenero, ocasionando que este asintiera de inmediato y quitara la cadena de la entrada para permitirles pasar.

Pero de pronto algo le detiene.

Un repentino agarre en su muñeca le impide avanzar más, ganando no solo su atención, sino también la del pelirrosa. El hombre rubio que había dejado en el bar ahora ahí, impidiendo que diera otro paso más.

—¿Rengoku? —no pudo evitar mostrarse sorprendido.

—¿Quién carajo eres tú? —pregunto Akaza. Su frente su frunció al ver que el rubio no soltaba la muñeca del azabache, y el hecho de que Tomioka parecía conocerlo le molesta aún más, por lo que decidió tomarlo por la cintura y juntar sus cuerpos de forma posesiva, mostrando su enojo al ver la furia que reflejaba el rostro de ese hombre rubio—. ¿Se te ofrece algo?

—Y-yo... ¡Quiero pasar más tiempo con Tomioka! —gritó sin ninguna pena o arrepentimiento. Acción que ganó que una vena sobresaliera de la frente del pelirrosa, así como un rostro asombrado de parte del ojiazul.

—Serás cabrón, Giyuu no está en venta —le advirtió con una sonrisa amenazante—. Si tanto quieres recibir servicio de alguien, estoy seguro que una de nuestras chicas puede ayudarte con eso.

«¿Nuestras chicas? Eso significa que él es uno de los dueños de este club» razonó el rubio algo sorprendido—. Y-yo, Estoy dispuesto a pagar lo que sea con tal de estar con Tomioka.

—¿Es que acaso no me escuchaste, cabrón? Él está conmigo —espetó. Preparándose para darle un puñetazo a ese sujeto, sin embargo, su puño fue detenido mucho antes de estar cerca del rostro del rubio, pues alguien había sujetado su brazo de improvisto.

—¿Qué es lo que está pasando aquí? —Les interrumpió una nueva voz.

—Señor Muzan —el rostro furioso del pelirrosa se desvaneció al instante. Siendo callado al ver que el otro le hacia una ademán para que dejara de hablar.

—Akaza, ya hablamos de esto —le interrumpió no del todo contento—. Esta no es forma de tratar a nuestros clientes.

—Lo sé, pero este sujeto no entiende que...

—Sí, escuche todo —volvió a interrumpirle. Mostrando un tono de voz furioso e imponente, no contento de que el otro hablara sin que él se lo pidiera—. Así como escuche que este buen hombre está dispuesto a pagar lo que sea para compartir más tiempo con nuestro buen empleado. ¿O es que acaso escuche mal? —giró a ver al rubio, dirigiéndosele de forma elegante y amable.

El rubio se recompuso frente la presencia de aquel hombre que suponía mandaba sobre el pelirrosa. Muzan es alguien bien parecido y de vestimenta notoriamente costosa, su rostro reflejaba el carisma natural que de seguro a de poseer, pero su presencia advertía a cualquiera que es alguien de quien temer.

—Así es, no escucho mal —contesto Rengoku. Ganando una vez más la mirada furiosa de Akaza.

—¿Y puedo saber, cuanto es la cantidad de: lo que sea, para usted? —preguntó Muzan. Acercándose a paso lento hacia el confiado hombre que vivaz presencia.

Rengoku asintió sin dudar, buscando entre sus prendas hasta sacar una chequera forrada en cuero en la que comenzó a escribir algo –seguramente un número-, para al fin mostrarle papel al hombre de mayor autoridad en el club. Quien al acercarse y afinar sus ojos para ver entre las luces y sobras, termino sonriendo satisfecho al ver la cantidad.

—Este hombre desea de una buena compañía, y no se la negaremos —Mazan habló con severidad viendo ahora al pelirrosa. Quien pareció estar atónito al escuchar sus palabras para segundos después parecer querer empezar a protestar—. ¿No es así, Akaza? —le impidió hablar antes de que el joven socio comenzara a objetar. Manteniendo en él su severa mirada en todo momento.

—S-sí, señor —soltó entre dientes, mordiéndose la mejilla para intentar ocultar su obvio enfado.

Muzan sonrió complacido y un tanto divertido. Levantó una mano para solicitar a una de las tantas mujeres que trabajan en el club, la cual no tardo de 10 segundos en atender su llamado—. Lleva a este hombre y a Tomioka a una de nuestras habitaciones privadas —le ordenó—. Por cierto, tú no tienes ningún problemas con esto ¿o si, Tomioka? —el bartender solo negó sin decir alguna palabra—. Bien, asegurate que este hombre disfrute cada centavo que invirtió en ti.

—Por favor, síganme. Les mostrase su habitación —les llamó la mujer recién encargada de aquella tarea.

—Por cierto, señor Rengoku —habló Muzan. Leyendo el cheque para descubrir el nombre del rubio—. Espero que este cheque suyo no sea rechazado por ninguna razón. Deberá saber que odio las mentiras, mucho más cuando hay números involucrados en ellas,

—Descuide, no habrá ningún problema —le respondió sin duda, cosa que pareció agradarle al hombre.

—Disfrute de su compañía —le deseo antes de comenzar a adentrarse a la zona V.I.P. sin embargo, se detuvo su al darse cuenta que el pelirrosa no dejaba de aferrarse a la cintura del azabache—. ¿Acaso sucede algo, Akaza? —preguntó molesto, logrando que el recién nombrado finalmente soltara a Tomioka.

—N-no es nada importante, señor.

Muzan le ignoró no del todo contento y siguió con su camino para ahora ser seguido por el pelirrosa; quien se veía realmente colérico ante la situación.

Capítulos
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Buenos personajes

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Buenos personajes

Diálogos potentes

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Diálogos potentes

author

me encantó! es sencillamente atrapante!

2 años
1
author

This story didn’t just tell a tale, it made me feel something real. The emotions are raw, the pacing perfect, and the way you let your characters breathe between the lines is beautiful. I love how every dialogue feels like it carries weight, every silence meaning. You have a rare ability to write emotion without overexplaining it, just enough for readers to live it. It’s the kind of story that lingers long after the chapter ends.

9 meses

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