Capítulo Único.
La mañana era lluviosa, el sol no salió ese día, las mesas de la clase 1A estaban llenas como todos los días, a excepción de una, el profesor entró al aula con un semblante más serio y cansado de lo normal. —Buenos días. Dijo su clase al unísono, un silencio sepulcral reinó por unos segundos, el azabache suspiró y comenzó a relatar.
—Jóvenes, ésta mañana encontramos el cuerpo de una estudiante en la arboleda del campus, todo indica que fue suicidio. Todos comenzaron a mirarse entre sí. —La alumna que encontramos.. Fue su compañera T/A. Continuó el azabache, finalizando con el nombre de su alumna. Ahí fue cuando todos dejaron de mirarse y miraron hacía aquella banca vacía, algunos comenzaron a sollozar, otros simplemente bajaron la cabeza, Minoru, el depravado de la clase estaba en shock, no podía creerlo, la discusión que había oído la noche anterior.
...
El pelimorado se había levantado por un vaso de leche, pues le era imposible conciliar el sueño. Al ir de regreso escuchó un par de voces algo alejadas, algo curioso caminó acercándose a las voces.
—Tú no me puedes dejar, ¡No lo harás!.
—¡Basta!, Ya no te amo. Fin.
Escuchó un par de pasos que se acercaban a la puerta y salió corriendo a su habitación, se ocultó entre las mantas y sin darse cuenta se quedó profundamente dormido.
...
El sepelio fue muy triste, todos lloraban sin consuelo, ella jamás dio señales de depresión, siempre sonreía y jugaba con todos, era una buena estudiante, ¿Por qué lo haría?, Ochako, la mejor amiga de la joven se culpaba por no darse cuenta de que su casi hermana estaba sufriendo, ésta lloraba y gritaba de rodillas al suelo mientras intentaba no creer lo que estaba viviendo. Sus amigos más cercanos estaban ahí, llorando la perdida de su amiga, Eijiro, el pelirojo sonriente de la clase intentaba darle algo de consuelo a la madre, era bastante cercano a la familia, tanto él como sus padres le ofrecían un hombro para llorar y todo el apoyo necesario, los profesores se dedicaban a mirar, nadie entendía como la estudiante más alegre del mundo pudo terminar colgándose de aquel árbol, nada tenía sentido, el pelimorado aún no reaccionaba, estaba en una silla "conversando" con Denki.
—¿Por qué lo hizo?. El rubio sabía que como todos, ella tenía sus problemas, pero, ¿Qué pudo ser tan grave cómo para terminar suicidándose?.
El más bajo no dejaba de darle vueltas a esa noche, ellos habían discutido, entonces, ¿Él la mató?, Pero, ¿Cómo hizo para que pareciera un suicidio?, Tomó aire y tragó pesado, si decía algo nadie le creería, por su fama creerían que incluso que él fue el culpable, se levantó ignorando a su amigo y salió del lugar, se sentía basura por no hacer nada esa noche y peor por ser tan cobarde para hablar. Sus demás compañeros también estaban ahí, el cenizo se culpaba porque siempre discutían, él siempre la insultaba y terminaban peleando pero en realidad la consideraba una amiga.
El bicolor se despidió de su amigo. —Midoriya, tengo que irme. Dijo secándose las lágrimas, nadie lo sabía, pero él estaba perdidamente enamorado de esa joven de sonrisa alegre. Caminó a la salida y suspiró, luego siguió andando por las habitaciones, llegó a una de las puertas y la abrió, su aroma estaba por todas partes, tomó un suéter que le gustaba y su perfume, los escondió entre su ropa y salió cerrando como estaba, al llegar a su habitación se acostó y comenzó a sollozar mientras aspiraba el dulce aroma del suéter. —Aún huele a ti...
Pasaba de media noche, la mayoría intentaban dormir, otros solo se dieron por vencido y siguieron llorando. El peliverde estaba en su ventana.
—Tú nunca te enteraste, pero Todoroki te amaba, bueno, te sigue amando, me hubiera gustado notar antes tu dolor y poder ayudarte, no se ni cómo me llamo héroe, pero ahora que tú no estás, voy a salvar a Todorki, lo prometo, voy a sacarlo de su depresión como lo hiciste tu cuando llegaste. Le relataba a las estrellas con una sonrisa triste.
—Todo lo hice por amor, me amaste hasta tu último suspiro, ¿Verdad?. Sonreía mirando una foto, recordando alegremente lo que pasó esa noche.
...
La joven llegó a la oficina del azabache con un semblante serio, éste la recibió listo para abrazarla y besarla.
—Shota, tenemos que hablar. Soltó con decisión.
—Dime, cielo. El pelinegro sonreía con cierta ternura.
—Tenemos que terminar ésto. El mayor sintió una clavada en el pecho.
—¿Por qué?, No puedes dejarme, no. Su mirada se volvió de rabia.
—Ésto no está bien, tengo 16 años... Y tú 31. Lo miró con lástima.
—Tú no me puedes dejar, ¡No lo harás!. Gritó asustando a la joven, pero ésta trató de mantenerse firme.
—¡Basta!, Ya no te amo. Fin. Comenzó a caminar hacia la puerta para irse a su dormitorio.
—No. Tomó de su muñeca con fuerza jalandola hacia él, la hizo caer al suelo con fuerza y comenzó a estrangularla, ésta le sujetaba las manos intentando sacarlo de encima pero su fuerza era mayor, el azabache estaba usando su don sin permitirle defenderse o tomar aire, poco a poco sentía la falta de aire más notoria, perdía fuerzas mientras su vista se nublaba.
Cuando sintió que ya no respiraba la soltó. —Mierda. Maldijo por lo bajo.
La había matado, pero todo lo hizo por amor, ¿No?.
Buscó una soga y cargó el cuerpo hasta la arboleda, ahí la colgó del cuello y limpio su cuerpo quitando cualquiera de sus huellas, luego se fue a beber, no sentía culpa, sentía que había hecho lo correcto, si no era de él, no sería de nadie más.
Nadie había visto nada, nadie sabía que él fue, y quién lo sabía no era capaz de decir nada.