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retrouvailles | mechoa

Sinopsis

𝗥𝗘𝗧𝗥𝗢𝗨𝗩𝗔𝗜𝗟𝗟𝗘𝗦 | término que describe la felicidad de reencontrarse con alguien muy querido después de mucho tiempo. —Es un gusto conocerte, Leo. Lo que ambos no tenían en cuenta es que ese momento marcaría el inicio de algo mucho más grande que una simple amistad. O, en medio de emociones y recuerdos, Lionel Messi y Guillermo Ochoa deberán decidir si en esta segunda oportunidad se atreven a confesar sus verdaderos sentimientos o dejarán que el miedo y el destino los separe una vez más. Lionel Messi x Guillermo Ochoa ©qiumi, 2022

Genero:
Romance
Autor/a:
球迷
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

punto y aparte

"vuelvo a encontrarte y haré de todo para no soltarte"

Algunas personas sueñan con el éxito, otras hacen que suceda.

—Memo Ochoa

...

Johannesburgo,

Sudáfrica2010

De nuevo era relegado al banquillo. De ninguna manera era la mejor decisión que había tomado Javier Aguirre, o eso era lo que pensaba un aburrido Guillermo Ochoa.

Y no es que Óscar Pérez no sea un buen portero —porque claro que lo era; por algo había sido convocado para ir al mundial en primer lugar, sin embargo, él imaginó por un momento que podría participar activamente en alguno de los partidos de esta edición de la Copa del Mundo.

¿Será que «El Vasco» lo convocó únicamente para tragar moscas?

Guillermo prefirió quedarse con la duda, porque le faltaban ganas de preguntarle al director técnico.

Aunque, sacándole el lado positivo a esta situación, el juego no se veía tan mal desde el banquillo. Se encontraban en la ronda decisiva para ver si México pasaba a los cuartos de final, y así tener la esperanza de ganar el tan ansiado trofeo.

No obstante, aquel deseo se iba desvaneciendo con el paso de los minutos.

Para evitar seguir pensando en el resultado del partido, sus ojos captaron a uno de los jugadores más hábiles del equipo rival: Lionel Messi. No era la primera vez que lo contemplaba, ni tampoco sería la última —de eso no había duda—, pero desde el primer cruce que tuvieron en Alemania hace tan solo cuatro años atrás, nunca pudo dejar de verlo brillar en el campo de juego.

Primero en Alemania, luego en Venezuela y ahora aquí en Sudáfrica.

Y con veinticuatro años, los mismos sentimientos de admiración y respeto por el delantero argentino seguían presentes en el mexicano.

...

El medio tiempo había llegado y el partido se encontraba 2-0 a favor de Argentina. Los jugadores de la selección mexicana se reunieron en los vestidores para beber agua y recargar energías en los quince minutos de descanso que tenían a su disposición.

Lo primero que llegó al olfato de Memo al entrar en los vestidores fue el olor a sudor de sus compañeros. No hizo mucho esfuerzo en ocultar su cara de asco, pero únicamente se encontraba ahí para conversar con Chicharito, quién era su mejor amigo.

Si fuera por él, se hubiera quedado en el banquillo.

Logró divisar a Javier en una parte alejada de la habitación, así que decidió ir a conversar con él.

La charla entre ambos jugadores se sintió amena y entretenida hasta que se colocó sobre la mesa el tema de que Ochoa no disputó ningún partido en toda la fase de grupos.

Javier no pudo evitar notar la decaída del ánimo en su amigo al conversar sobre este tema en específico. El delantero podía ser muchas cosas, pero jamás un despistado.

—Venga fiera, ¿qué tienes? —cuestionó el 14 de la selección mexicana.

—Pues este wey, pinche director que no me deja entrar a porterear.

—Pues si Memo, pero ¿qué chingados puedo hacer yo wey? Exacto pinche idiota, nada —dijo obviando la situación, sin dejar el lado el tono divertido. Su intención era animar al menos un poco a su mejor amigo.

—Yo sé que no puedes hacer algo, menso, pero es que no mames, pinche coraje que hago con ese wey —musitó con molestia, apretando un poco sus puños.

—Bueno, bueno ya no esté agüitado compadre, oportunidades vienen y van —habló Chicharito, antes de tocar el hombro de Memo—. Para todo mal, mezcal; para todo bien, también —recitó aquel famoso refrán, sacándole una pequeña sonrisa al de rizos.

Cuando el portero pensaba responderle, El Vasco los llamó a todos, haciendo que se levantaran de la banca y se dirigieran a dónde estaba el director técnico. Javier Aguirre tomó los últimos minutos que quedaban del entretiempo para explicar una mejor estrategia de juego.

...

El partido finalizó dejando a Argentina como el total vencedor en este encuentro, haciéndolo avanzar automáticamente a los cuartos de final. Y aunque Javier había anotado un gol en el minuto 71′, las esperanzas de ganarle a la selección albiceleste ya eran totalmente nulas.

Guillermo no quiso ir de nuevo a los vestidores, ya que, no deseaba estar rodeado del aura triste de sus compañeros. Por ese motivo, cuando la selección estaba a punto de marcharse al hotel, Memo le avisó a Rafa Márquez, su capitán, que los alcanzaría más tarde.

Tenía la intención de quedarse un rato más en el Soccer City.

Cuando notó que todos los hinchas de ambos equipos ya se habían retirado por completo, el guardameta mexicano comenzó a caminar por el estadio desolado. Aquella era una forma que Guillermo tenía tomar un respiro y calmarse en los momentos más complicados, hábito que seguía desde que era un adolescente.

Memo se sentó en una de las tantas gradas vacías, sin despegar la mirada de la cancha. Se imaginó que un partido se encontraba en curso en ese momento. Los gritos de los fanáticos fue lo primero que se le vino en mente, luego se idealizó a los jugadores pasando el balón de un lado a otro tratando de llegar a la portería contraria y así anotar un gol.

Pero su burbuja se rompió al sentir como un desconocido se sentó a su lado. Aquella simple acción le produjo un buen susto.

—Perdoná si te asusté —reconocía ese acento: era argentino; ¿qué hacía un argentino en ese momento en el estadio? ¿no debería estar celebrando su recién victoria con los suyos?—. Pero, ¿estás bien? —cuestionó el chico con tono preocupado.

Ochoa decidió no voltearse a mirarlo, más que todo por el resentimiento que tenía con la selección albiceleste en ese momento.

Además, no sabía reconocer al chico, porque jamás lo había escuchado. Existía la gran probabilidad de que fuera un fan, lo que le hizo molestar un poco más.

—¿Vienes a burlarte, o qué? —preguntó con cierto veneno el de rulos.

—Claro que no —respondió el argentino, apretando los dientes—. Solo quería saber si te encontrabas bien, viste. Te he estado viendo desde hace tiempo, y simplemente vi esta oportunidad para charlar con vos.

Guillermo se giró a verlo confundido por tal atrevida declaración, reconociendo aquel rostro que siempre causaba un remolino de emociones en su interior:

Lionel Messi.

La mente del mexicano se enfocó en un único pensamiento: que lo tragara la tierra ahora mismo.

—Me gustaría fingir que estoy bien, pero no lo estoy ni un poco —Ochoa se animó a responder la pregunta antes formulada por Lionel.

Y era lo que en verdad sentía, porque aún estaba molesto con Aguirre al no meterlo a jugar en aquel mundial.

Y ahora por bien o por mal, volverían a México sin la copa entre sus manos.

—También me he sentido de la misma manera a veces —el argentino recordó como algunos de los compañeros de selección ni siquiera lo felicitaron en su cumpleaños por estar más pendiente del próximo partido a jugar—. Así que te entiendo perfectamente.

Ambos desviaron sus miradas para observar la gran cancha del estadio. Ninguno de los dos intervino durante esos minutos, siendo este un silencio cómodo para ambos.

—Soy Guillermo —probablemente ya el castaño lo sabía, pero nunca estaba de más presentarse como es debido—. Pero casi todos me dicen Memo —volvió a dirigir su vista en el menor, mientras su mano esperaba a ser estrechada por el contrario.

—Leo Messi, aunque creo que no hace falta presentación, ¿no? —el argentino habló soltando una pequeña risa entre dientes, antes de volver a contemplar una vez más los ojos marrones del guardameta mexicano.

Y correspondió de manera condescendiente el apretón de manos.

—Es un gusto conocerte, Leo.

Lo que ambos no tenían en cuenta es que ese momento marcaría el inicio de algo mucho más grande que una simple amistad.

Lusail, Qatar

2022

—¡Hoy quiero brindar porque tenemos la oportunidad de ganarle a Argentina en esta fase de grupos! —Andrés Guardado, el capitán de la selección mexicana, se encontraba encima de una mesa en el cuarto del hotel que reservaron justamente para aquella ocasión junto a todo el equipo—. Sé que pudimos dar más en el partido contra Polonia de ayer, pero de igual forma estoy muy orgulloso de todo el empeño que siempre han demostrado en todos los partidos y entrenamientos por igual. ¡Salud!

Todos los presentes repitieron en coro «salud», antes de chocar sus copas entre todos. Habían servido vino en esta ocasión solo para el brindis, del resto cada quien decidía que tomar en la noche, sabiendo muy bien que mañana tocaba un entrenamiento.

Ochoa no era un gran fan de las bebidas alcohólicas a sus treinta y siete años, pero no tenía mucho más remedio —porque no deseaba ser la burla del equipo— así que, al momento en que bebió el primer sorbo no pudo evitar hacer una mueca de disgusto al sentir el sabor del vino bajar por su garganta.

Entonces, sintió como alguien colocaba una mano en su hombro, logrando que girara para reconocer quien había sido el causante de tal repentina acción. Se relajó al ver que sólo era Hirving Lozano, o más conocido como Chucky.

—¿Qué tal, Memo? ¿y eso que estás tan solo? —preguntó Lozano, sentándose al lado de Guillermo.

—Quizás es porque no tengo muchas ganas de socializar —contestó el portero, desviando la mirada. Ese era solo uno de los motivos por el cual no quería festejar con sus amigos de la selección; el otro se trataba de que Lionel Messi estaría jugando con Argentina y eso lo colocaba nervioso.

De ser “amigos con algunos derechos” —nunca supieron cómo catalogar su relación—, eran actualmente unos perfectos desconocidos en todo su esplendor. Además, al pasar el tiempo perdió total contacto con Messi.

No había tenido muchas oportunidades de reencontrarse con el astro argentino en ningún partido desde hace doce años aproximadamente.

Y ahora se volverían a enfrentar una vez más en un mundial, logrando convertirse en un pensamiento que lo llegaba a aterrar.

—O tal vez porque volverás a ver a tu novio, el argentino —habló con clara burla el delantero, recibiendo un leve empujón por parte de Ochoa.

—Primero, no es mi novio, pendejo, y segundo, pues claro que no. Son puras mamadas tuyas —únicamente Javier, Hirving y Andrés Guardado “sabían” —entre muchas comillas— de lo que pasó con Lionel en el pasado, del resto era un total secreto para todos.

—Puedes mentirle a cualquiera, pero a mí no —suspiró el 22 de México, antes de retomar sus palabras—. Mira, sabes que puedes contarnos qué te sucede, después de todo, somos compas al fin y al cabo. No te ahogues en un vaso de agua imaginario tú solo, wey.

Guillermo solo miraba su propio reflejo a través la copa aún semi-llena, mientras escuchaba a su amigo. Tal vez Hirving tenía razón, pero algunas veces no quería ser una piedra en los zapatos de sus amigos, ni mucho menos con su equipo.

—No me pasa nada... simplemente estoy nervioso por el partido.

—Haré como si te creo, pero no creas que te vas a salvar siempre, Guillermo —cuando Chucky lo llamaba por su nombre es que el asunto era realmente en serio, y que no debía tomárselo a la ligera.

Decidió asentir, antes de ver como el de cabellos negros volvía a reagruparse en la pequeña fiesta.

¿Será que debía seguir el consejo de Hirving o seguir como siempre?

...

El Tri ya se encontraba en los vestidores del Estadio Lusail, y nadie ocultaba en realidad el hecho de estar algo nerviosos y ansiosos a causa de lo que sea que sucediera en este partido.

Algunos veteranos del equipo como Andrés y Guillermo pueden decir que nunca ganaron un encuentro entre Argentina vs. México desde que llevaban representando a la selección, pero aún existía un poco de esperanza en que esta ocasión finalmente podrían ganarle a la selección albiceleste.

Aún así, todos se preparaban incluido Memo, quién en ese momento estaba en una llamada con Chicharito. Al final, Javier viajó a Qatar no solo para apoyar a la selección de México, sino para ver jugar a su actual novio, Cristiano Ronaldo.

Y aun cuando Javier no había sido convocado para jugar en la selección desde el 2019 a causa de ciertos problemas extradeportivos —que eran un cierto “tabú” dentro de la selección— que condenaron su convocatoria, la amistad entre Memo y él no cambió para nada. Seguían siendo los mejores amigos de siempre, aunque ya no se vieran tan seguido como en años anteriores.

—Sabes que ya ando aquí, aunque lástima que no puedo ir a los vestidores para animarlos —dijo Javier con algo de decepción en su voz.

A él le hubiera gustado apoyar a su mejor amigo y a la selección que lo había acogido como su familia en este nuevo mundial, pero no podía hacerlo. Aunque lo que si estaba a su alcance era apoyarlos siendo un espectador más del montón.

—Ay compadre, con tal de que nos apoyes aquí, somos felices —y Memo tenía razón. Era mejor algo que nada.

—Si tú lo dices —contestó Hernández, pero antes de contestarle de vuelta, Edson le hizo una seña a Ochoa para advertirle que ya iba a empezar el partido.

—Me tengo que ir, hablamos luego, ¿va? —escuchó un sí por parte de su mejor amigo, antes de despedirse y finalizar la llamada. Dejó el celular en su casillero asignado, antes de agruparse con su equipo.

...

El juego ya había empezado, y en los oídos de Guillermo retumbaban los gritos de los hinchas animando a sus respectivos equipos, mientras intentaba concentrarse a la hora de salvaguardar muy bien la portería.

No obstante, los pensamientos de Memo se dirigían a Lionel Messi y lo hermoso que el argentino dominaba el balón como si el esférico fuera una extensión más de su cuerpo. Él estuviera mintiendo si dijera que el 10 de Argentina no lo tenía vuelto loco desde el momento en que comenzó el partido, o, mejor dicho, desde el momento en que ambos salieron del túnel y chocaron por primera vez sus manos desde hace doce años.

Sí, el guardameta cree que aquel fue el momento en que su corazón empezó a latir con rapidez, como si aún fuera un adolescente de primer año enamorado de la chica más bonita del salón.

Sin embargo, no era ni el momento ni el lugar para aquellos pensamientos. Memo debía concentrarse completamente en que el equipo rival no metiera ningún gol.

Sin tan solo Messi no acaparara tanto espacio en su mente, todo sería mucho más sencillo.

No obstante, el que se encargue de mover los hilos de todas las situaciones no estaría siempre de nuestro lado, y mucho menos de Memo.

Para bien o para mal, dependiendo de la perspectiva, Argentina resultó invicta en este encuentro tan esperado por la mayoría del mundo, siendo su resultado un 2-0. Ambos goles, —un tanto logrado por Lionel Messi y el segundo por Enzo Fernández— causó tanto alegría como tristeza por igual a los hinchas, pero aún la selección mexicana tenía una oportunidad de pasar a octavos de final si ganaba el siguiente partido contra Arabia Saudita.

Volviendo con nuestro portero mexicano preferido, este se sentía de la mierda. Él tenía claro que pudo hacer más, pero su mente era tan traicionera a veces que no ya no podía hacer más nada que lamentarse en silencio.

Cuando él estaba caminando de regreso a los vestidores para reunirse nuevamente con su selección, sintió como alguien lo abrazaba inesperadamente, haciendo que se detuviera en seco; ¿quién carajos lo abrazaría ahora, además de tocarle una nalga en el proceso?

Lo que menos se merecía actualmente era aquel gesto por parte de cualquier persona.

Aunque al momento de voltearse al ver al responsable de tal atrevida acción, hizo que en su mente se reprodujera un cortocircuito.

Era la persona dueña de sus pensamientos y desgracias, también era el motivo del cual no estuvo tan atento en este encuentro y un sinfín de cosas más que no vale detallar.

Lionel Messi.

—Reunámonos en privado —susurró el argentino, antes de pasarle una tarjeta con disimulo a Ochoa.

Este último sin refutar, la aceptó, ganándose una mirada picara por parte del argentino.

Luego de eso, Lionel volvió a reunirse con su respectivo equipo para celebrar su más reciente victoria, dejando a un Guillermo Ochoa muy confundido en medio de la cancha.

«¿Qué chingados acaba de pasar?» era la pregunta que se repetía una y otra vez en su mente.

qiumi, 23/12/2022


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