• El Cruel Príncipe Del Oeste • Sesshomaru. por °•.* ~ Crys ♡ en Inkitt
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• El Cruel Príncipe Del Oeste • Sesshomaru.

Sinopsis

Cuando todo esté mal, se va a poner peor.

Estado:
En proceso
Capítulos:
62
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Hablemos del Cielo ;

El Japón antiguo probablemente ha sido la peor época que aquellas tierras orientales hayan presenciado a lo largo de su historia.


Antiguamente, las eran gobernadas por reyes demonio bestia.


Y los seres humanos tendrían que rendirles culto como si fueran dioses si no querían averiguar lo que escondían detras los grandes muros de los palacios demoniacos.


En especial, el palacio del Oeste.


Muchas horrendas leyendas urbanas circulaban por los pueblos, tanto de criaturas del bosque, como aldeas humanas y otras civilizaciones de demonios y espíritus. Leyendas aterradoras y sangrientas sobre el Lord Del Oeste y sus crueles torturas.


Eso fue después de una historia de amor muy trágica.


Como Lord Del Oeste, naturalmente se había dado todos los lujos que podria darse un poderoso dictador como él. Por decir un ejemplo, el de tener un harem compuesto por las mujeres más hermosas.


Su primera esposa, su trofeo, había dado a luz a su heredero.


Él la apreciaba por ser la madre de su perfecto sucesor, pero, realmente, Inu No Taisho estaba enamorado de una de sus concubinas secundarias, la princesa Izayoi.


Su pueblo la había entregado como ofrenda al Lord a cambio de protección, y no ser la cena de su ejercito.


Inu No Taisho había quedado encantado de inmediato, se había rendido ante la hermosura y amabilidad de aquella princesa humana.


La joven de largos cabellos negros y piel de blanca cual porcelana había aceptado ser la comida del tan temido monstruo. Pero, para su sorpresa este era diferente a como se retrataban los demonios en su viejo hogar.


Inu No Taisho la trataba con amor y respeto, ganándose su corazón día a día. Pronto, ambos estaban profundamente enamorados.


Cada vez era más evidente la gran preferencia del Lord por la doncella humana, que era tratada casi como la esposa principal, y las demás mujeres del harem no volvieron a pasar la noche con su amo y señor.


Las habladurías no tardaron en llegar.


¿Un poderoso gran demonio enamorado de una humana?

Debe ser un chiste.


Que humillante para la señora Irasue.


Pasó algún tiempo, Izayoi cumplía sus 17 años y por fin se sentía lista para entregarse completamente a su señor.


Alli comenzó la decadencia.


─ Mi señor, me temo que los malestares de la señorita Izayoi, se deben a que, ella está encinta. ─ habló pausadamente la medica bruja a su Lord. Alerta a su reacción.


Inu No Taisho no se inmutó ante la noticia, solo caminó hacia a su amada para verla a los ojos.

Y ofrecerle una solución.


Solución rechazada por la doncella.


Realmente no quiso deshacerse del media sangre.


¿Inu No Taisho tendrá un hijo mitad humano?

¿Y lo va a permitir?


Esa mujer lo ha vuelto loco.


Luego de largos nueve meses, había nacido el fruto del amor entre Inu No Taisho e Izayoi : InuYasha.


Pero, este pequeño no contó con la suerte de su madre. Por más que su padre lo apreciaba por haber nacido de su adorada doncella, tampoco podría permitir que una cosa como él sea vista.


Durante sus primeros años, Inuyasha se crió bajo tierra, en las mazmorras del Palacio del Oeste, donde el sol no alcanzaba y el aire escaseaba. Atendido de mala gana por ancianas hechiceras que ya no son de relevante utilidad.


Mientras tanto, el joven príncipe heredero, Sesshomaru pronto alcanzaría los 100 años, luciendo así como un jovencito de 10 años "humanos".


Un digno heredero de sangre demoniaca pura.


Solía pasar el tiempo fuera del palacio, y casi nadie lo notaba.


Él estaba bien con eso.


Después de todo, no quería oír a nadie, en la corte o el harem, alabar o criticar el romance de su padre con Izayoi.


Ni mucho menos oír mencionar a la bestia escondida quienes todos llamaban erróneamente su hermano.


No consideraba a Inuyasha su hermano.


Lo mejor para él era mantenerse alejado la mayor parte del tiempo.


A Inu No Taisho no parecía importarle en lo absoluto, tampoco todo lo que se decía en la región.


Al Lord del Oeste se le olvidó que tiene un hijo y heredero.


Sesshomaru no quería sentirse abandonado.


Pero...


Un príncipe con dignidad no rogaría, ni a su propio padre, algo de su atención.


Su orgullo era más grande.


Siempre que tuviera libertad, Sesshomaru estaría bien.


Aunque el corazón del príncipe se sintiera algo vacío.


Un soleado día, ya casi comenzando la primavera, Sesshomaru se alistaba para salir de excursion fuera del palacio, era ya una costumbre.


Sin embargo, ese día, fue detenido por su madre, Irasue, a las puertas de los altos muros.


─¿Ibas alguna parte?  ─le preguntó ella.


─ A ningún lado en particular.


─ Eso es bueno, por que tengo una misión para ti.


─ ¿Una misión? ¿De que se trata, madre?


La lady, de largos cabellos plateados y un semblante radiante de elegancia miró a su pequeño cachorro por algunos segundos.


Admirandolo.


─Es una misión muy especial. ¿Alguna vez has oído sobre los seres celestiales?


─ ¿Seres celestiales?


─ Así es, de los Tennin y las Tennyo. Aquellos que sirven a los Dioses en el cielo. Son criaturas extremadamente hermosas y dotadas de talento. Cada cierto tiempo, los Tennin y Tennyo mayores visitan la tierra, para mostrársela a sus pequeños discípulos, quienes los entrenan para ser transformarlos en verdaderos seres celestiales, los futuros sirvientes del cielo.


Irasue grabó en su memoria cada pequeña expresión de su hijo al escuchar su relato, sus ojitos dorados brillaban de curiosidad.


─ La primavera es la estación elegida de los Tennin para descender cada diez años a la Tierra.


─ Eso es en dos días.


─ Exacto. Tu misión es ir a la región Hakuryo, y encontrar a esos seres.


─ ¿Para qué?


─ Es una oportunidad única. Solo debes estar en el corazón del bosque de Hakuryo antes de que comience la primavera y podrás verlos. De lo contrario, formaran una barrera protectora a su llegada y ya no podrás ingresar al territorio.


─ Perdona mi impertinencia, madre, pero no comprendo. Soy un demonio de sangre ¿Como sería posible que pudiera siquiera acercarme algún ser del cielo?


─ ¿Has cometido algún pecado?


─ Yo...─ titubeó, pensando en todo aquello que se consideraba pecado. ¿Matar? Increiblemente jamás causo directamente la muerte de alguien. ¿Robar? No, ¿Mentir? Jamás. ¿Deshonrrar? Claro que no. ¿Avaricia, lujuria, envidia? Ninguna de esas cosas aún.


Luego de un minuto de pensar, respondió ─... Creo que no.


─ Mientras seas inocente, podrás incluso tocarlos, siempre y cuando tengas buenas intenciones.


─ ¿Que se supone que haga al encontrarlos?


─ No lo sé, con que veas alguno bastará, ¿Quien sabe? Posiblemente hagas un amigo. ─la dama trato de sonreír.


─ Está bien. Cumpliré con esta misión, madre.


─ Espero que lo logres, Sesshomaru. No te atrevas a volver a este palacio sin cumplir tu cometido.


─ Entendido, madre.


─ Esperarás diez años, veinte, o incluso cien años a que regresen si es necesario.


─ Lo haré, madre. Me despido.


Con una reverencia, el joven niño Sesshomaru partió hacía aquel lugar sagrado. Solo le tomaría un día llegar, así que no tendría complicación alguna. En el camino, su mente trató de dar respuesta al porqué su madre había elegido tal simple y extraña misión. Pero, siempre y cuando no tenga que ver con el Palacio o su padre, aceptaría.


La señora primera esposa, Irasue, contempló como su retoño se marchaba volando hasta perderse entre las nubes. Lo más cercano que vería a su hijo ascendiendo al cielo.


Una hermosa vista como para verlo por ultima vez.

...


Retomando la historia del Lord del Oeste y su amada Izayoi, su relación ya no fue la romántica e inocente luego del nacimiento de Inuyasha. Aunque ambos deseaban volver a estar en buenos términos como antes.


No sería posible, no mientras el pequeño Inuyasha siguiera oculto y encerrado como si fuera un parásito.


Así era considerado.


Izayoi jamás se quedó callada, pero sus suplicas y reclamos no fueron escuchados por su señor.


─ Te entiendo, Izayoi, pero no hay nada que se pueda hacer. Es un hanyou, será mal visto por todo el mundo si vive afuera. Él estará mejor donde está, donde nadie lo agredirá por su condición.


─  Mi señor, usted no era así antes. ¡Es nuestro hijo! Ni siquiera me permites pasar el tiempo como se debe. ¡Soy su madre y él es mi bebé!


─ Izayoi, no digas mentiras. Todos los días sin falta lo visitas.


─ ¡No es suficiente! ─ estalló en lagrimas. ─  No es así como debemos vivir... no me importa que sea mitad demonio, si es una bestia o es feo, no me importa. Es mi hijo, y quiero estar con él y protegerlo.


La doncella había pasado los últimos meses poniendo la ley de hielo a su señor hasta que sus reclamos fueran atendidos.


Inu No Taisho no era tan dócil después de todo, pero cada vez la argumentación, y también, el llanto lastimero de la doncella ablandarian su corazón y terminaría convencido.


Esa madrugada, Inu No Taisho fue testigo de lo más bajo que su amada Izayoi podía caer.


─ Por favor, por favor. Mi amado señor.─   habló dulcemente a la vez, que soportando la humillación, Izayoi se arrodillaba a los pies del Lord.─  Déjame criarlo por mi misma, puedo hacerlo. Mantenerlo oculto en mi habitación, nadie además de mi tendrá contacto con él. Lo criaré bien, no dejaré que sea una bestia. Por favor. Ya no puedo seguir con este dolor. ¡Me duele ser separada de mi hijo!


─  Sigues con lo mismo─  suspiró.


─ Si tanto dices que me amas ¿por que me haces sufrir así?


─  Izayoi ...


─  Por favor. Te amo tanto, amo a nuestro hijo. Solo déjame tenerlo para mi sola. Es lo único que deseo.


El hombre de cabellos plateados se quedó en silencio. Al parecer, ninguno quería resignarse al otro.


─  Si no, me mudaré a las mazmorras. Eso haré.


─ No digas tonterías, Izayoi.


─ ¡Lo haré! ¡Tomaré mis cosas y me iré! ─ se levantó del suelo, y con su promesa se dirigió a su habitación, dispuesta a lo que sea.


Pero, fue detenida por su señor, quien con voz calmada la detuvo.


─ Espera. Izayoi. ¿Tanto significa para ti? Realmente creí que olvidarías esto. Después de todo, ese... niño, no es ni demonio, ni humano. Si estás tan dispuesta aceptarlo, entonces dejaré que viva a tu lado.


─ ¿Oh, de verdad?  ─ la doncella se acercó al Lord con ojos llenos de esperanza. ─ Dígame que no es mentira lo que oí. ¡Mi señor , yo...!


─ Aguarda un momento. Aceptaré tu petición, dejaré que viva en tu habitación, pero, en este Palacio, Inuyasha no tendrá ningún titulo. No será reconocido como príncipe ni tendrá privilegios. Incluso, puede que llegue a ser parte de la servidumbre en el futuro, si es que... ya no se encuentre aquí para ese entonces.


Izayoi ya no escuchó con claridad las siguientes palabras de Inu No Taisho luego de oír que, finalmente, podría tener a su bebé en brazos.


En agradecimiento, se paró de puntillas para alcanzar al rostro de Inu No Taisho y regalarle un beso apasionado, uno que no se daban hacía tiempo.


Su amo prometió encargarse de preparar todo para la llegada del híbrido a la habitación de la doncella. Izayoi ya podía sentir la calidez que le brindaría tener a su hijo cerca sin que nadie pudiera quitárselo. Mimarlo, besarlo, peinar su cabello y un sin fin de actividades más.


Su estomago revoloteaba de emoción.

Ya por la tarde, se encontraba en el jardín tomando el té, por la noche, podría Inuyasha dormir junta a ella por primera vez y seria mágico. Ya casi había perdido tres añitos de su vida y no pensaba en volver a desperdiciar un segundo más.


La noticia para ese entonces ya se había escurrido por todo el Palacio. Todos estaban enterados, menos Sesshomaru, quien había salido, de nuevo y no estuvo allí para que le llegase la noticia.


Las opiniones variaban, pero más se comentaba con asco que quizás, si la doncella humana seguía manipulando a su Lord, incluso un ser como Inuyasha podría llegar al mando y eso era lo que más repugnaba y asustaba a todos.


Pero

¿Quien se atrevería a hacer algo?



Irasue se encontraba sola, en su propia torre, iluminada con tenues velas rojas.


El portal al inframundo que había invocado ya se encontraba cerrado para cuando el grito de su esposo llegó a sus oídos.


─ Oh, ya sucedió.  ─ resopló para sí misma ─  Creí que tardaría más.


Con estos pensamientos, destruyó todo artefacto y pergamino testigo de lo que acababa de hacer.


─  Colmillo Sagrado no arruinará mis planes ahora que se ha perdido.



─ ¡IRASUE! ¡TRAIDORA!


La voz endemoniada del Lord rugió incluso fuera del salón principal, aullando furia en cada sílaba dicha.


Todo el mundo enloqueció, y solo la corte del Lord se atrevió a estar presente en el salón, había ocurrido una grave tragedia.


Varios de los soldados de Inu No Taisho contenían con lanzas y cadenas a quien alguna vez llamaron con respeto "Señora".


Irasue lo tenía planeado. Pero ese día algo la hizo cambiar de planes y actuó de manera precipitada.


La señora Irasue envenenó el té de la doncella Izayoi.



El corazón del Lord Del Oeste se quebró en el momento que supo que no podría traer de vuelta a su amada por que, su tesoro Colmillo Sagrado fue robado, él fue traicionado por su primera esposa.


En una noche había perdido demasiado. A quien creía era su fiel esposa, a su especial espada, a su amada, su cordura.


Ya no quedaba mucho por hacer.


Rápidamente, fue sentenciada.


Irasue fue decapitada por el mismo Inu No Taisho.


El silencio durante toda esa noche fue asfixiante. Todos tenían el presentimiento de que también, habían perdido a su más tranquilo líder.


Esa noche, Inu No Taisho buscó por si mismo a InuYasha.


La mazmorra abandonada olía a humedad, amarga tristeza y soledad.


Inuyasha era maltratado por las dos ancianas que se suponían lo debían cuidar. Sin dudar, el Líder atravesó con sus garras el cuello de la que estaba golpeándolo justo en ese momento.


La otra, también culpable, comenzó a pedir piedad pero de nada le sirvió.


El hombre de cabellos de plata se acercó hasta el rincón donde el pequeño niño se acurrucaba del miedo, aun con las manos manchadas de sangre.


─ Inuyasha, soy tu padre. ¿No me recuerdas? ─  habló suavemente.


La apariencia del bebé de dos años y medio estrujó la conciencia del Lord. Estaba sucio, con harapos viejos y rotos. Era evidente que era maltratado constantemente. Y que temblaba de miedo. Su rostro era evidencia de que, constantemente, lloraba.


Inu No Taisho lo tomó en brazos y lo acercó a si mismo todo lo que pudo sin hacerle más daño.


─ Lo siento. ─ le susurró─ Lo siento, perdóname. Te prometo que no dejare que nada malo te pase.


Perdóname, Izayoi.

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