Capítulo 1
El chillido de la cama moviéndose sin control era suficiente para dejar a la imaginación lo que sucedía en aquel cuarto.
Una tarde fresca de otoño, donde el sol se ocultaba una hora antes de lo habitual. Dejando entrar por la ventana rastros anaranjados.
Puede que la temperatura afuera estuviese descendiendo en aquel momento mientras que muy al contrario, los amantes que reinaban entre las sabanas de la cama perteneciente a la mujer, eran dos pieles unidas de fuego ardiente.
Una diosa de piel pálida y largos cabellos rebeldes, ondulados, libremente sueltos, subiendo y bajando junto a ella. Llegando las puntas hasta su cintura. Oh, cintura divinamente delgada, presa por las grandes manos de su amante. Amante masculino que no piensa soltarla con miedo a perderla.
Reclamandola en cada vaivén.
Reclamandola suya. Solo suya.
Porque cuando terminara su sesión de amor y pasión, ella volvería a ser un ser libre, sin dueño. Cuando no estaban haciendo el amor, eran compañeros de la vida, una relación sin compromiso a decir verdad. No eran propiedad del otro, de nadie.
Por esa misma razón, en cada encuentro, demostraría con su cuerpo y su pasión su más profundo deseo de entregarse completamente a su amante así como buscaba apropiarse de ella. Como su más bajo instinto siente que debe ser.
Dejar en claro todos esos bestiales sentimientos, transmitidos con su carne, sus caricias, los besos, los chupetones, las mordidas y cuantas cosas más que hacen cuando se despejan de sus prendas.
Y qué bien lo hace.
─ ¡No pares, no pares! Estoy tan, ah, me vengo, me vengo. ¡Ah! ¡Me vengo!
Es inevitable sentirse tan orgulloso de si mismo cuando logra complacer hasta la cúspide a su amante. Más cuando sabe que él, solo él logra sacar ese lado lujurioso que Kagura esconde cuando es una persona normal.
Tan sarcástica, tenaz y prácticamente inalcanzable. El cambio radical cuando se deshace en gemidos al montarlo es lo que Sesshomaru más disfruta en la vida.
Cuando el orgasmo de Kagura finalizó, ella se dejó caer en el firme gran pecho de su amante.
Pero el hecho de que ella había finalizado no significaba que él había terminado.
─ Mnm. Espera. ─ Ella murmuró.
Sesshomaru, por su parte, no se detuvo. Ni siquiera planeaba hacerlo.
─ No me digas que ahora quieres hacerte el gran cogedor.─ Kagura gruñó con sarcasmo aún mientras era embestida─ No olvides que cuando te di tu primera vez fuiste precoz.
Naturalmente esas palabras llenas de insultos y ofensas hacía el hombre no quedarían impunes. Y Kagura lo sabia. Entonces, Sesshomaru invirtió sus posiciones.
Ahora ella quedaría abajo mientras que su insaciable amante buscaría su liberación en el interior de la mujer. De paso, puede que haga que su bella amante encuentre nuevamente un climax de placer.
ੈ 💌 彡
Al paso de las horas la noche abrazaba la ciudad con su manto azul con estrellas destellantes. Serian mejor apreciadas si no fueran por las luces artificiales de las casas, las avenidas y los comercios.
Para esa hora estaban esperando a que la comida llegara por servicio de Delivery, así llevarían a cabo el plan de cenar juntos.
Conocía el departamento tan bien como si fuera suyo, esto por todas las veces que lo ha visitado. Siempre fue un buen observador en todos los detalles.
Hasta que algo llamó su curiosa atención; caminó hasta la mesita de luz que estaba junto al sofá en la sala. Un sobre tan delicadamente decorado en azul, con un moño blanco. Pegado en la esquina del sobre estaba la correspondiente estampilla con la figura de un perrito y una luna menguante.
Escrito el nombre del destinatario, con una caligrafía impecable en cursiva.
𝓟𝓪𝓻𝓪 𝓵𝓪 𝓼𝓮𝓷̃𝓸𝓻𝓲𝓽𝓪 𝓚𝓪𝓰𝓾𝓻𝓪 | Para la Señorita Kagura;
Aparentemente ya estaba abierto. Por dentro guardaba un papel perfectamente doblado. Y como si la carta fuera suya, sin vergüenza alguna la tomó entre sus manos y leyó su contenido. 𝙼𝚎 𝚑𝚊𝚌𝚎𝚜 𝚜𝚎𝚗𝚝𝚒𝚛
𝚍𝚎 𝚞𝚗𝚊 𝚍𝚒𝚜𝚝𝚒𝚗𝚝𝚊 𝚖𝚊𝚗𝚎𝚛𝚊;
𝙼𝚞𝚌𝚑𝚘 𝚖𝚊́𝚜 𝚓𝚘𝚟𝚎𝚗.
𝚂𝚊𝚕𝚎𝚗 𝚍𝚎 𝚖𝚒 𝚙𝚎𝚌𝚑𝚘,
𝚕𝚊𝚝𝚒𝚍𝚘𝚜 𝚍𝚎 𝚖𝚒 𝚌𝚘𝚛𝚊𝚣𝚘́𝚗
𝚙𝚊𝚛𝚊 𝚝𝚒… 𝚙𝚘𝚛 𝚝𝚒.
𝚃𝚒𝚎𝚗𝚎𝚜 𝚎𝚕 𝚊𝚛𝚘𝚖𝚊
𝚢 𝚕𝚊 𝚏𝚛𝚎𝚜𝚌𝚞𝚛𝚊 𝚍𝚎 𝚞𝚗𝚊 𝚏𝚕𝚘𝚛
𝚎𝚗 𝙿𝚛𝚒𝚖𝚊𝚟𝚎𝚛𝚊.
𝙿𝚎𝚗𝚜𝚊𝚛 𝚎𝚗 𝚝𝚒
𝚖𝚎 𝚛𝚎𝚜𝚞𝚕𝚝𝚊 𝚞𝚗 𝚌𝚒𝚎𝚕𝚘
𝚢 𝚞𝚗 𝚛𝚎𝚐𝚊𝚕𝚘.
𝙼𝚎 𝚑𝚊𝚌𝚎𝚜 𝚜𝚎𝚗𝚝𝚒𝚛
𝚜𝚒𝚎𝚖𝚙𝚛𝚎 𝚊𝚐𝚛𝚊𝚍𝚊𝚋𝚕𝚎
𝚌𝚘𝚗 𝚜𝚞 𝚜𝚘𝚗𝚛𝚎𝚒́𝚛.
𝚈 𝚜𝚒𝚗 𝚜𝚊𝚋𝚎𝚛𝚕𝚘,
𝚝𝚒𝚎𝚗𝚎𝚜 𝚕𝚊 𝚑𝚎𝚛𝚖𝚘𝚜𝚞𝚛𝚊
𝚍𝚎 𝚕𝚊 𝚏𝚕𝚘𝚛 𝚎𝚗 𝚎𝚕 𝚓𝚊𝚛𝚍𝚒́𝚗.
𝚁𝚎𝚜𝚞𝚕𝚝𝚊 𝚜𝚎𝚛 𝚞𝚗𝚊 𝚕𝚘𝚌𝚞𝚛𝚊
𝚍𝚎𝚌𝚒𝚛 𝚎𝚜𝚝𝚊𝚜 𝚌𝚘𝚜𝚊𝚜
𝚌𝚘𝚗 𝚎𝚕 𝚌𝚘𝚛𝚊𝚣𝚘́𝚗.
Los dorados ojos de Sesshomaru repasaron cada palabra hasta el final.
Justo a tiempo para cuando la dueña de la carta se posicionó a su lado.
─ ¿Sabías que es de mala educación leer correspondencia ajena?
Ignorando aquella sarcástica pregunta, el hombre miro el papel con el ceño ligeramente fruncido. No es como si quisiera hacer notar la molestia que le provocaba aquellos textos.
─ Otra vez este sujeto.
Si, un misterioso sujeto del cual no sabían su identidad y que ya hacía meses había estado mandando este tipo de cartas de amor a su novia en un pretencioso intento de conquistarla.
─ ¿Sabrá este pobre diablo que ya hay una abeja polinizando su flor? ─ a pesar que la comparación fue bastante cursi, Sesshomaru la dijo con mucha seriedad.
Seriedad que a Kagura le faltaba pues de inmediato se echó a reír.
─ No lo sé. Ni siquiera tengo puta idea de quien sea.
─ Kagura, tu lenguaje.








