El principio
Hamilton.
Soy un hombre que jamás ha estado satisfecho ni lo estaré nunca. Pero he tomado una decisión: necesito casarme.
Tengo varias pretendientas para ti, Hamilton. Mi mejor amigo Jonh irrumpe en la estancia con una lista echa bola.
¿Quienes está vez? Le hago ademán para sentarnos en el sofá más grande.
Estaba pensando en las Schuyler, sobretodo en Angelica, aunque tal vez complacerla sea difícil, También Eliza sería maravillosa con esa mirada indefensa llena de...
¿Timidez?
Si, eso!!! Y Peggy, es un poco pequeña pero no la juzgues demasiado pronto.
¿Alguien más, Laurens?
Emmm... Lafayette!
No digas tonterías.
Solo bromeaba, amigo, relájate, podría ser María Reynolds. O YO!! Tomó el mullido cojín como ramo de novia.
Tu no eres opción,Martha no lo aceptaría de ninguna forma.
Hey! No metas a quien no he llamado, Alex.
En ese caso, me uniré con Burr o Mulligan.
No actúes tan gay, Hamilton.
Ni tú tan idiota, Laurens.
Continuamos hablando de mi aburrido futuro hasta que mi adorable Celestina Laurens soltó:
Mañana por la noche hay un baile, seguro ella y muchas otras más estarán ahí. Ligaras hasta morir.
Si, volverme una zorra ayudará mucho al país.
Debería! Se levantó de repente y así como entró, salió. Es un buen amigo con el que puedo contar siempre.
Volvió minutos después con el resto del Hamilsquad, como suele llamarlos.
Les dije que tenías una emergencia de moda.
Gracias, chico.
Muy bien, Alex. Iremos de compras. Burr me tomó del saco y llevó casi a rastras hacia la puerta, ésta me la pagarás, Laurens.
Así que iremos al baile? Caminábamos hacia el centro de Nueva York cuando Martha lanzó la pregunta.
Al parecer a su lado estaba Laurens viendo al suelo, es una mierda bastante adorable.
Burr husmeo entre Miles de ropas elegantes que no podíamos costear, Lafayette se sentó a observar lo que Laurens y Mulligan me pasaban. Fue realmente agotador y me habría rendido de no ser porque al final, salí con un traje azul marino perfecto.
Te ves genial, amigo! Hércules admitió cuando nos detuvimos por algo de comer.
Gracias a ustedes.
Un placer, dama bromeó John mientras tratagaba entero un bocado.
Un día te ahogarás y me dejarás viuda. Espetó Martha.
No nos hemos casado, déjame comer!!! La miró con los ojos entreabiertos y en en forma de reta, tragó otro bocado enorme.
Maldita sea. Ella se levantó y salió.
Nos encogimos de hombros, aún tenemos una fiesta que ingeniar.








