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A VOW OF HATE • LUCEMOND

Sinopsis

Ambos creyeron que su matrimonio y futuro reinado, estaba destinado a la desgracia, ya que en sus corazones no había más que miedo, odio y rencor. Lucerys Velaryon, el omega más hermoso de todo poniente, se ve forzado a contraer matrimonio con Aemond Targaryen, su tío, en un intento por evitar que sus familias se vean envueltas en una guerra civil en la que muy probablemente no solo se pierda la familia Targaryen sino también, los menos privilegiados habitantes de Poniente. La historia es una nueva versión de mi primer Lucemond "Reflected in you". Los personajes no me pertenecen, son de autoria de George R.R Martín.

Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prologo


Dos hombres se abrían paso en el salón del trono mientras llevaban consigo un baúl, en el que se transportaba la decisión del "Consejo de Poniente", en cuanto a la elección de un nuevo sucesor al trono de hierro.


Los dos antiguos contendientes: Aegon Targaryen, quien honraba la tradición de su dinastía y Rhaenyra Targaryen, quien había sido elegida por el propio rey para que fuera su sucesora, se encontraban uno a cada lado del trono de hierro, en donde un muy viejo y enfermizo Viserys se sentaba, dispuesto a dar una noticia.


Sus hijos, los príncipes habían tomado una decisión muy importante sobre este tema, que el rey esperaba que todos aquellos que fueron convocados vieran con buenos ojos. Su mente lo llevó a esa noche en donde se reunió con ellos a puertas cerradas y ambos expresaron su preocupación, eran conscientes de los planes que se fraguaban en la fortaleza roja, acerca de usurpar el trono en cuanto el rey falleciera, violentando su voluntad, para según ellos, mantener el orden de las cosas.


Viserys escuchó sus razonamientos y al final de estos, ambos expresaron su decisión acerca de este tema y el rey lo aceptó. A la mañana siguiente, dió la orden de enviar cuervos con una misiva muy importante para todos los miembros del consejo de poniente, en la que se les convocaba a asistir a una sesión de emergencia para discutir asuntos privados. Por más que Otto Hightower intentó sonsacar la información, el rey se mantuvo firme en su decisión de no comentar absolutamente nada acerca de esto, ya que sabía perfectamente que el que estaba detrás de todos esos planes era él.


Fueron largas las horas en las que se mantuvieron reunidos en el salón del consejo, el cual fué fuertemente resguardado por ser Harrold Westerling, guardia de mayor confianza del rey, quien desplegó un número considerable de capas blancas, quienes no sólo resguardaron las afueras del salón, sino también en el interior de todos aquellos pasillos que una vez fueron el refugio de aquellos que buscaron obtener información privilegiada para confabular contra el reino. Cuando los jefes de las regiones más importantes de poniente escucharon al rey acerca de la nueva línea de sucesión al trono que había elegido, se sometió a una votación en la cual no hubo nadie quien se opusiera, por lo que se estableció que en una luna, se citaría a la corte en el salón del trono y se daría lectura a la decisión tomada.


Cuando se convocó a la familia a una cena especial, nadie se imaginó que aquello se volvería una guerra campal entre Alicent y Rhaenyra.


- ¡Viserys, tú puedes hacer con el trono de hierro lo que se te venga en gana, pero si piensas que voy a aceptar el matrimonio de mi hijo con el hombre que lo mutiló, estás muy equivocado. Podrás hacer lo que quieras cuando me encuentre fría y en la tumba, pero no someteré a mi hijo a esta estupidez! -


Lucerys se hizo pequeño en su lugar, su cuerpo temblaba ante el miedo que lo embargaba de solo imaginar unir su vida con Aemond, quien al igual que él se mantuvo con la mirada fija en su plato, ambos conteniendo las lágrimas que intentaban salir de sus ojos.

Una deshonra más, pensó el mayor de los dos, una en la que Lucerys Velaryon volvía a ser el protagonista. No podía aceptarlo, esto sobrepasaba en gran manera su sentido del deber, era mucho más de lo que se le podía pedir, estaba dispuesto a protestar, pero una idea llegó a su mente, si esa era la voluntad de su padre, tal vez aquello no fuera tan malo y esa era la oportunidad que siempre esperó para cobrar su venganza.


- ¡Alicent! - gritó el rey, quien ayudado por ser Harrold se incorporó.


- Esta es la oportunidad de unir finalmente a nuestras familias. Por años he observado en silencio el cómo se hacen daño los unos a los otros, han conspirado a sus espaldas y estoy cansado de ver como mi familia, los rostros que tanto amo, se encaminan a su propia extinción. Les suplico... les imploro... - dijo el rey en un hilo de vos.


La reina tomó asiento después de escuchar a su esposo, con su voz quebrada y su rostro convertido en una mueca de dolor, Rhaenyra mordía la parte interna de su mejilla, si bien habia renunciado al trono, no esperaba que el consejo propusiera el matrimonio de Lucerys con Aemond, era evidente que su hermano odiaba a su hijo, tenía motivos para hacerlo por lo que no estaba conforme con esa nueva decisión.


- Dejemos de lado las estúpidas querellas y los malos sentimientos que habitan entre nosotros, aunque ninguno de los dos se ha pronunciado ante la decisión, ellos están mostrando mucha más madurez que ustedes, los adultos hasta donde sé. Permitan que este matrimonio sea un pacto y así se evite una nueva disputa por el trono - finalizó el rey.


Rhaenyra se armó de valor y poniéndose de pie, habló:


- Padre, se que no tengo cara para reclamar ya que yo misma he faltado a la corona - inició. Alicent se rió por lo bajo ante el comentario de la princesa, gesto que disimuló cubriendo su boca con una servilleta.


- Ni Aegon ni yo somos los más indicados para reinar, es por eso que acepto la decisión con una condición. Aemond y Lucerys pueden ascender al trono de hierro como iguales. Doy fe por mi hijo que ha sido criado para ser un digno heredero a los reclamos ya establecidos para ellos y se que el príncipe Aemond también cuenta con las capacidades que el cargo requiere, pero mi hijo no será rebajado a un nivel inferior. Mi hijo tendrá el mismo poder que Aemond, no por ser un omega, deberá ser relegado a ser la incubadora personal de mi hermano y un adorno más para el trono, él deberá tener el mismo peso en las decisiones del reino - sentenció.


- Mi hijo no es de ese tipo de hombre que ven a sus parejas como incubadoras, princesa Rhaenyra, además hablar de hijos es muy pronto me parece, ¿Siquiera se ha presentado ya el príncipe Lucerys? estamos hablando de un matrimonio que no sabemos si logrará concretarse. ¿Cómo estar seguros de que la casta del príncipe Lucerys será la de un omega? -


- Los maestres lo han asegurado - respondió la princesa con seguridad.


- Pero podrían equivocarse y....-


- ¡Basta madre! - gritó Aegon. - Por generaciones nuestros matrimonios han sido por cuestiones políticas y el matrimonio de Lucerys y mi hermano no será la excepción. Aemond será un mejor rey, uno con carácter y voluntad propia, se que esto no era lo que tu y el abuelo deseaban, pero es lo que se hará -


- Esta es la solución a este problema madre.... - Agregó Helaena, quien como siempre se había mantenido al margen.


Ni la princesa, ni la reina, ni nadie de los presentes dijo más, la cena terminó en un pesado silencio y en una tensión tan grande que fué imposible resistir para el rey.


El ruido que hizo el cofre al ser depositado por los hombres que lo cargaban, lo hicieron regresar de sus recuerdos, con una reverencia, ambos alejaron para dar paso al gran septo quien sería el encargado de leer ante todos los presentes el veredicto del consejo. Los nervios de toda la corte estaban a flor de piel, expectantes del anuncio que daría el rey, algunos esperando que esta fuera la de un nuevo razonamiento e instaurara a Aegon como el nuevo heredero al trono.


Daemon observaba a la distancia, disconforme por la decisión tomada pero dispuesto a apoyar a su esposa, se mantenía a la expectativa de todos los movimientos que realizaba la guardia real, no confiaba en la palabra de ninguno de los miembros que quedaban del bando de los verdes, no creía que la decisión tomada fuera genuina.


El septo abrió el cofre y le entregó al rey el pequeño pergamino, este rompió el sello con el logo del consejo y leyó su contenido. El rey Viserys no mostró ningún tipo de reacción en su rostro, aunque los que lo conocían pudieron notar como la tensión fue abandonando su cuerpo a medida avanzaba en la lectura del veredicto, revisando que los detalles fueran claros y que no hubiera lugar a dudas.


Cuando terminó, le entregó el papel al septo, quien aclaró su garganta y comenzó a leer.


"Nosotros, el consejo de poniente, representantes de las casas más grandes de los siete reinos, aceptamos la renuncia a la herencia del trono de hierro por parte de los príncipes Aegon y Rhaenyra Targaryen; como muestra de buena voluntad al querer evitar una guerra civil, que podría llevar a la aniquilación no sólo de la familia real, sino también de los habitantes de Poniente".


Los murmullos no se hicieron esperar, rostros confundidos se buscaban entre sí, tratando de entender aquella noticia. Cuando el viejo rey dragón se percató de la incomodidad y de que los murmullos iban aumentando, se incorporó, siendo ayudado por Lord Corlys Velaryon, carraspeó un poco para aclarar su garganta y haciendo un esfuerzo, se dirigió a la corte.


- Mis lores, agradezco puedan tener la prudencia necesaria ante este anuncio tan inesperado. Es el deseo de mis hijos, el salvaguardar la seguridad de su pueblo, ellos poniendo en balanza eso, han renunciando a sus ambiciones personales y tomando esta decisión que a mi juicio es la mejor. No deseo dejar un conflicto entre mis seres amados el día que el extraño reclame mi vida, es por eso que para que exista la unidad entre las facciones que ustedes mismos han formado con sus favoritismos, presento ante ustedes a los nuevos herederos al trono de hierro. -


Las puertas del salón se abrieron y de ellas, emergieron Aemond Targaryen y un muy joven Lucerys Velaryon. Las miradas incrédulas de los presentes no se hicieron esperar, el príncipe castaño se sintió pequeño ante el escrutinio y su andar se volvió torpe, sus pasos enredándose en la túnica que su madre había pedido se fabricara para él. Cuando llegaron al pie de la escalinata del trono, ambos hicieron una reverencia ante el rey y subieron los escalones hasta quedar frente a él.


Viserys se acercó a su hijo, quien se inclinó levemente para que su padre pudiera darle un beso en la frente y colocar en su cuello, un collar que había mandado a fabricar, exclusivamente para él. Sin decir una palabra, Aemond reverenció nuevamente a su padre y tras eso, el rey buscó a su nieto. Lucerys se había sonrojado hasta las orejas, nervioso por el nuevo cargo que estaba a punto de imponérsele, recuerda aquella vez en la que se le declaró como el futuro señor de las mareas, para nadie más que su familia fué grato ese nombramiento, por lo que ahora con ese nuevo cambio no esperaba nada distinto.


Con manos temblorosas, Viserys sujetó el rostro de su nieto, mirarlo de frente era un privilegio doloroso para él, era tan parecido a su esposa la reina Aemma. Todo apuntaba a que sería un omega el más hermoso de su época, desbancando por completo a su madre en el título que aún ostentaba, como la delicia del reino. Tras una breve caricia en sus mejillas, le dió dos besos y tomó la corona de rubíes que Corlys le entregaba y la colocó sobre su cabeza.


Ambos príncipes hicieron una reverencia una vez más y mientras el gran septon se aproximaba, ambos se giraron para quedar frente a la corte.


- Que quede registrado en la historia de esta noble casa, que el príncipe Aemond de la casa Targaryen, en dos años tomará por esposo a Lucerys de la casa Velaryon y cuando llegue el momento, ambos ascenderán al trono de hierro, como los nuevos reyes de poniente. Ambos tendrán el mismo poder y ninguno se posicionará por sobre el otro. - Anunció el rey.


El septo aclaró su garganta y con voz fuerte y clara anunció:


- ¡Que los Siete sean testigos. Aemond Targaryen y Lucerys Velaryon son los legítimos herederos al trono de hierro y regirán con honor y valentía a los siete reinos! -


- ¡Salve Aemond Targaryen y Lucerys Velaryon, que largo sea su futuro reinado y un próspero matrimonio que tenga como fruto más príncipes guerreros que lleven a la casa Targaryen a más días de gloria! - se escuchó alabar al futuro matrimonio.


Todos hincaron sus rodillas frente a ellos, los antiguos herederos, la reina, sus hermanos, ninguno rechazó la decisión. Un temblor recorrió su cuerpo, cuando Aemond se acercó a él para pegarlo más a su cuerpo y disfrutar de ese pequeño momento en el que eran el centro de la atención.


Aquella cercanía le inquietó, desde que se les había informado de su compromiso, su futuro marido no habia hecho más que refunfuñar acerca de esto y reiterar su profundo rencor por él, por lo que ahora no entendía esa cercanía que quería aparentar. Cuando la corte retomó sus posturas, desde el fondo del salón se escuchó un grito que fué secundado por vítores y aplausos.


- ¡Un beso del futuro matrimonio real! -


Aemond gruñó ante la absurda petición, a regañadientes tomó el rostro de Lucerys apretándolo de forma discreta y pegó sus bocas en un fugaz y venenoso beso, que a su prometido no le supo a nada. Muchas veces leyó de esa primera vez en los libros y se imaginó sentir calidez y amor en ese momento, pero su decepción fue tan grande al sentir que no era la emoción que lo embargaba sino un profundo terror, el cual le atenazaba la garganta.


A pocos centímetros de su rostro Aemond lo estudió, Lucerys era hermoso y su aroma exquisito, su alfa interno se despertó de su letargo autoimpuesto, desde que habia percibido por primera vez el débil aroma a limones dulces, que seguramente sería su esencia, su alfa le pedía ir y reclamar a ese omega para ellos pero el rencor que crecía en su corazón era mucho mayor.


- Bienvenido a tu peor pesadilla, bastardo... - le susurró y tras eso, depositó un último beso en sus labios y se apartó. Un escalofrío lo recorrió por completo, la promesa tácita que había en esa sola frase le indicó que sus días felices tendrían un final, uno que llegaría en aproximadamente dos años.


Esa noche se celebró una cena familiar, la tensión que experimentaron aquella vez en la que se anunció la decisión del consejo, se habia desvanecido por completo. Otto Hightower no habia tocado para nada su plato, miraba a todos con odio en especial a Aegon por arruinar sus planes. Decidió reorganizar sus ideas, se movería entre las sombras y trataría la manera de alimentar más el resentimiento de Aemond en contra de Lucerys y utilizarlo como un peón, uno que quizás sería mucho más efectivo que Aegon.


A la mañana siguiente, la familia de Rhaenyra tomó sus dragones y partieron de nuevo a Dragonstone, en donde Lucerys recibiría la preparación necesaria para llevar a cabo su nuevo cargo y sobre todo para esperar en ese lugar, el día en que llegara el momento de que Aemond Targaryen lo tomara por esposo.

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