⚠︎ 1 ⚠︎
Sayumi Yagami, alguien que a simple vista no es alguien más especial que una típica chica de escuela media.
Pero hay algo que nadie sabe. Un oscuro secreto de esa chica tan bella y amable.
Pero primero, expliquemos un poco la vida de nuestra linda Sayumi fuera de casa. Alguien que iba en 9no grado. Con casi 16 años de edad, era hija única y la molestaban por el triste hecho de que su madre, al darle a luz, había fallecido. Quedando a manos de su padre, Sato Yagami.
Ella, a pesar de todo, siempre tenía una sonrisa adornando sus labios. No importaba el momento, ella siempre sonreía a todos a pesar de que a esa persona no le agradara ella.
Aunque había algo un poco raro, NUNCA se dejaba ver cualquier parte del cuerpo que no fueran sus manos y rostro, no importaba si estábamos a 25ºc. Ella siempre traía su suéter escolar y sus mayas color negro debajo de su falda.
En este momento regresaba de su escuela a su hogar muy felizmente, dando pequeños brinquitos por la acera de la calle solitaria. Cuando entró a su casa, se quitó los zapatos y gritó.
~ Abre mis costillas y bebe mi sopa ~
- Papi! Estoy en casa - no recibió respuesta alguna, por lo que, curiosa, se dirigió a la sala de estar que era donde mayor tiempo pasaba su padre - papi? - dijo asomándose por la entrada, pero tampoco estaba allí.
Se dirigió a la cocina y vió una nota en la mesa.
Querida mía.
Mi linda Sayumi, salí a hacer unas compras para los siguientes días. Volveré tarde, si te da hambre puedes pedir comida a domicilio.
Hasta pronto mi hermosa princesita!
Acabó de leer la nota, su sonrisa se borró al instante.
- Papi...no estará hoy? - silencio. No hubo más que eso en la gigantesca y solitaria mansión de Sayumi.
No hizo nada más, volvió a poner la carta en la mesa y subió los escalones. Entró a su habitación y se tiró a la cama. No comió. No hizo sus deberes. Simplemente se encerró ahí y durmió en su acolchada cama.
• • •
Eran aproximadamente las 7pm. Un auto se estacionó fuera de la residencia Yagami y de ahí salió un hombre no mayor de 40 años. Sacó sus llaves y entró a esa casa.
~ Besa directamente mi estómago ~
No había ni un solo ruido, ya sabía que hacer. Dejó sus zapatos en la entrada y sin pensarlo, subió las escaleras, encaminandose a la habitación de su hija.
Abrió la puerta y vió a la adolescente acostaba boca abajo en su cama. Su falda estaba medio levantada por la posición y su trasero estaba parado.
Caminó lentamente hacia ella.
- Princesita...papi llegó - apenas dijo eso, la adolescente se levantó con su sonrisa de nuevo.
- Papi! - saltó a abrazarlo - regrésate!
~ Yo creo que no tengo sabor ~
- Así es, mi adorable niña - pegó su nariz a su cuello - estuviste esperándome? - su solo olor lo excitaba.
- Si papi, siempre te espero - lo abrazó por los hombros.
~ Pero si a papá lo hace feliz ...~
Comenzó a meter sus manos por la camisa de la chica, acariciando su suave abdomen.
- Papi... me amas? - preguntó.
- Te lo demuestro siempre, no es así Sayumi? - alzó su rostro - Tal vez, deba dejarlo más claro para tí.
Chúpame la grasa amarillenta con una pajilla
Arrojó a la chica con dureza a la cama. Se lanzó sobre ella sin dudarlo, comenzando a arrancar su ropa. Quitó su suéter y los moretones y héridas fueron lo que se vieron enseguida. No tardó más de un segundo en desabrochar su camisa y liberar sus senos, simplemente cubiertos por un sostén.
Comezó a quitar su falda, levantando sus piernas y en el camino, sus mayitas negras.
Piernas llenas de cortadas, moretónes y cicatrices salieron a la luz de la luna que entraba por la ventana. Quitó sus bragas, casi arrancándoselas. Y en seguida metió su dedo en el coño de Sayumi.
Clávala también por donde hago pipí
La chica no se quejaba, no protestaba ni tampoco luchaba por liberarse mientras su padre ya había metido tres dedos que se retorcían dentro de ella.
Desabrochó su sostén y lamió con hambre y sin cuidado los pechos de Sayumi, llenos de marcas rojizas y moradas. Toda su piel estaba marcada por moretones y cortadas de diferentes tamaños y tonos, había sido manchada a tan temprana edad por nadie más que su padre. La persona encargada de cuidarla y protegerla.
Pero así es muchas veces.
Tóma mis heces, córtalas y cocinalas
Le dió la vuelta, sacando su grueso y largo pene de su pantalón, frotándolo con desesperación contra la entrada trasera de Sayumi. No esperó ni un segundo y entró de golpe, sacándo un grito de dolor de la pobre chica.
Embistió enseguida, la embestía brutalmente contra la cama. Tanto que el respaldo chocaba contra la pared, ocasionando mucho ruido. Los gemidos de ambos y los aplausos que provocaban el chocar de sus pieles retumbaba por toda la habitación.
La chica lloraba, sentía un gran dolor en su parte trasera. Y no paraba de recibir nalgadas y embestidas de su padre. No le importaba, lloraba de felicidad.
Aunque acabe destrozada, mi cuerpo es todo para papá
Así la pasaron toda la noche. Su padre embistiéndola como un maldito animal en celo y ella soportando todo.
• • •
Al día siguiente, estaba como si nada llendo en el auto de su padre a la escuela.
- Llegamos linda - tomó sus mejillas entre sus manos - volveré tarde hoy. Prepárate para la noche, ayer fué horrible.
Asintió con dolor en su corazón, creía que a su papi le había gustado por todos los sonidos de placer que hizo la noche anterior.
Bajó del auto y caminó a la entrada con, de nuevo esa maldita sonrisa tan perfecta que nadie creería que es falsa.
Lo siento
Eran mitad de clases y corrió al baño de chicas, quería llorar. No había sido capaz de otorgarle suficiente placer a papi y eso le dolía. No podía amarlo como él a ella. Siempre se lo demostraba y ella estaba tan agradecida que se sentía en deuda.
No creo que sea una buena idea
Miraba su reflejo en el espejo, se quitó su sudadera y la lanzó contra la pared. Estaba dolida y destrozada.
Con sus uñas rasguñaba su cara y su cuero cabelludo, se sentía horrible.
Un chico que no conocía
De pronto, pasos apresurándose a ella la alertáron, tomó su chaqueta y estaba a punto de ponérsela. Pero una mano la detuvo.
- Oye, estás bien? - no conocía a ese chico, sus ojos pasaron por todo su cuerpo - Oh dios! Estas herída, no te preocupes, ven conmigo.
Sintió pena de mi cuerpo destrozado
La llevó a la enfermería, quitó su sudadera y la obligó a recostarse en una de las camillas.
Curó sus brazos e inclusive el resto de su cuerpo, avergonzado de ver el cuerpo de una chica, pero preocupado por las herídas de esta.
- Tranquila, pronto terminaré.
Con un algodón y un poco de alcohol limpiaba sus heridas, poniendo una curita o vendas en ellas. Tratándola con cuidado y delicadeza.
Al fin acabó
- Uff, bueno, terminámos - le ofreció una sonrisa honesta y llena se bondad a Sayumi - Ahora si, por favor, cuéntame como te provocáste esas herídas.
Lo miró, sus ojos brillaban ante la amabilidad y cariño con la que le hablaba, sin siquiera saber su nombre.
Y tomó mi mano amablemente
Apretó sus manos entre las de él.
- Te juro que te ayudaré, es una promesa - sus ojos eran de sinceridad.
> <> <> <> <> <> <> <> <> <> <> <> <> <> <> <> <> <> <> <>
Hola chicos y chicas.
Se que esto fué horrible, yo lo escribí. Pero por eso puse varias alertas en la descripción, como sea. No creo que les haya gustado este cao, pero bueno, para eso es este libro. Para odiarlo y tomar conciencia de lo que muchas niñas y jóvenes sufren, yo solo me inspiré en una canción para poder crear esto y la verdad. El resultado me está gustando jeje, Bueno, hasta la próxima.
Sayonara!