OneShot
Mirando al chico postrado en una cama del hospital, no pudo evitarse sentirse como una mierda por lo que estaba haciendo.
Con las bragas bajadas y colgando de uno de sus tobillos, dos de sus dedos salían y entraban en su feminidad a una velocidad vertiginosa.
A solo unos cuantos pasos de la cama, a solo unos pasos de su compañero y amigo. Estaba cometiendo un acto tan repugnante y repulsivo.
Pero no podía evitarlo. No podía parar.
Las sábanas de la cama se encontraban en el suelo, dejando expuesto al frío el cuerpo de un rubio. Su camiseta estaba levantada, sin pantalones y con su prenda interior bajada hasta sus tobillos.
Aquellos ojos celestes estaban cerrados, su pecho subía y bajaba en un ritmo suave, un estado de vulnerabilidad completa.
Un sentimiento de dominio y control. Algo que pocas veces había tenido en su aún corta vida.
Algo que le impedía dejar de masturbarse frente a su amigo, Naruto.
Con su dedo pulgar presionando con algo de fuerza en su clítoris, y la excitación por la vulnerabilidad de su amigo, poco a poco, la estaba llevando al orgasmo.
Con su otra mano, con la que momentos antes estaba levantando su falda, dejo de masturbarse por un momento, para bajarse la falda y tener un mejor y más fácil acceso a su feminidad.
Mirando el estado inconsciente de su muy probable interés amoroso, empezó a volver a masturbarse.
Ahora, yendo aún más lejos de lo posible, empezó a meterse tres dedos en su feminidad, y con la otra mano ahora libre.
Empezó a tocar la mejilla del rubio inconsciente, sintiéndolo tibio. Con sus dedos, comenzó a estrujar las mejillas del rubio inconsciente.
~ahhh~
~ahhh~
~ahhh~
Sus gemidos fueron más notables, más fuertes, y ahora ya no eran contenidos.
Moviendo sus dedos suavemente por el rostro de su amigo, los dejo quietos sobre sus labios.
Volvió a mover sus dedos, de arriba a abajo, en el labio inferior y superior.
Dejándolos en el medio de ambos labios, introdujo su dedo índice en la boca del chico inconsciente.
Sus dedos nunca abandonaron su feminidad, algunos de sus fluidos chorreaban y bajaban por sus muslos llenos y gruesos, pero la mayoría lograban salpicar el suelo, donde un pequeño charco se empezaba a formar.
Saco el dedo de la boca del chico rubio, el dedo se encontraba mojado, igual que sus otros dedos. Moviendo aquel dedo índice, lo llevo a la altura de sus ojos.
El dedo con un poco de saliva, perteneciente a una persona que no era ella. Rápidamente se lo introdujo en la boca.
Repugnante y repulsivo.
Todo el acto era repugnante y humillante. Algo asquerosamente denigrante y repulsivo.
El acto reflejaba lo bajo que había caído uno de los “niños”. La psique de Shiori Ikari. Lo más bajo de la humanidad.
Al meterse el dedo índice en su labio, y con las constantes estimulaciones a su feminidad. Llegó al clímax.
Por el placer, inclinó un poco sus caderas, moviéndose inquietamente en la duración de su orgasmo.
Después de unos segundos, con el clímax llegando a su fin, y aun sintiendo el efecto de su orgasmo, observó el desastre que había cometido.
El piso del hospital estaba mojado por el cum-femenino. Mirando su mano mojada, sus dedos húmedos, no pudo evitar sentirse como una absoluta mierda. De verdad que ella no merecía nada, no merecía seguir viviendo, ni la amistad ni el apoyo que aquella persona inconsciente le estaba brindando.
Observando en concreto al rubio, vio unas gotas de fem-cum en su frente, bajando por el medio de sus cejas, camino a bajar por el puente de la nariz del chico.
Moviéndose nerviosamente más cerca al chico, intento limpiar su frente, solo empeorando el resultado
.
Logro ensuciar toda la cara del chico. El cabello, mejillas, ojos, frente, incluso la nariz y los párpados del chico.
Entrando en pánico, aún más de lo posible, agarro las sábanas que había tirado al suelo, en el momento que había estado sacudiendo al rubio.
Implorando por su ayuda, a una persona inconsciente y posiblemente en un pequeño coma. En su rabia, había tirado la sábana, y había dejado al descubierto al chico, expuesto al frío de la habitación.
Pero, cuando lo sacudía, había movido su ropa, y ahora estaba viendo el abdomen marcado de su compañero.
Un sentimiento extraño la había llenado, y en tan solo unos minutos, había casi desnudado al chico, y comenzó a cometer aquel acto repugnante.
Algo de lo que nunca se podría perdonar, nunca lo podría olvidar, y nunca podría ver al rubio con los mismos ojos de antes.
Agarrando la manta/sabana que antes cubría y calentaba al chico, empezó a limpiar el rostro del chico inconsciente.
Después de unos minutos, consiguió limpiar el desastre que había cometido, secando el piso y acomodándole la ropa al chico. Dejándolo lo como lo había encontrado unos minutos antes.
Caminando a la puerta, se quedó unos instantes en la entrada de la puerta, mirando sobre su hombro, observando el suave respiro de su amigo. Susurro unas palabras antes de salir, con las sábanas en las manos.
“Lo siento...Naruto, realmente lo siento...”
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FIN
Raro, realmente me siento raro y muy incómodo.
Algo que empezó como un chiste, se volvió una historia.
No sé qué más decir, estoy un poco perturbado.