Milagro | Bruno Madrigal [BL]

Sinopsis

Una tragedia parece darle la oportunidad a Bruno Madrigal de cumplir uno de sus deseos.

Estado:
Completado
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Tragedia

Una mañana cualquiera, Bruno se encuentra en la cocina en busca de un poco de café antes de que los demás se despierten. Con Dolores uniéndose a los minutos siguientes, ambos conversan mientras preparan y sirven el café.


Recostandose de la encimera, comparte algunas otras palabras hasta que Dolores abruptamente deja de hablar. Parece que ha escuchado algo que la ha sorprendido, prestando suficiente atención.


Bruno no dice nada, esperando a que su sobrina terminara de escuchar lo que había oído. Y tomando de la taza con café, se asusta cuando ella grita desesperada, escupiendo todo el líquido para luego ahogarse ligeramente. Sin embargo, mientras tose y tose, preocupado le pregunta a Dolores qué a ocurrido. La chica tiene gruesas lágrimas corriendo por sus mejillas y una mirada aterrada.


—Dolores. —Bruno la toma de los hombros para que gire a verle. —Dolores ¿Qué pasa?


Y antes de que ella responda, Pepa y los demás aparecen en la cocina, visiblemente exaltados por el grito de la morena.


—Saltó. —ella murmura aún sostenida por su tío. Pepa y Félix se acercan preocupados, preguntandole de qué hablaba. —Ella... El bebé... Ella...


En shock, Pepa toma a su hija y la abraza en un intento de calmarla. Unos minutos después, Dolores reacciona queriendo salir corriendo a algún lugar, pero es detenida por su madre, todos pidiendo explicaciones.


Entonces Dolores se muerde el labio y se calma, explicando lo que sucedía.


[...]


Dolores, Bruno, Félix, Julieta y la abuela Alma llegan a la casa en donde acaba de ocurrir una gran tragedia.


Mariana Díaz, así se llamaba la mujer que ese día colgaba de la baranda del segundo piso de su casa.


Dolores les había guiado hasta la casa, pero se negó a entrar, a lo que Félix la acompañó de regreso a casa. El llanto de un bebé se escuchaba desde afuera, y fue la decisión correcta que Dolores regresara a casa, porque la escena que recibió a Bruno, Julieta y Alma, era espantosa.


Julieta se abraza a su madre, quien tropieza cuando ve a la mujer colgando con una sábana al rededor de su cuello.


Mariana era conocida por ser bastante alegre, era un rayo de sol a donde fuera. Se supone por los chismes del pueblo, que eso cambió cuando se casó y posteriormente tuvo un bebé. Al parecer el hombre no era lo que aparentaba, y cuando ella quedó embarazada él comenzó a engañarla. Encanto podía ser un hermoso paraíso liderado por la familia más maravillosa, pero eso no significaba que todas las personas allí fueran así.


La mujer había entrado en una enorme depresión cuando su esposo se fue de Encanto, abandonandola, con ella fielmente esperando que regresara. Muchas personas que conocían su condición habían intentado ayudarla, pero se había negado con terquedad hasta llegar al presente.


El estridente llanto del bebé despertó a los tres Madrigal, con Julieta dejando a su madre con Bruno para correr al segundo piso.


—Iré ha avisar al consejo. —Alma Madrigal anuncia separándose de su hijo para caminar hacia la puerta, dando una última mirada a la mujer. —Ve con tu hermana, esperen a que regrese.


Sin más, Bruno debe recordar cómo mover sus piernas para caminar hacia la escalera. Sube su capucha para dificultar su visión a los lados, mirando al piso para no tener que seguir notando el cuerpo.


El llanto lo guía hasta la habitación donde Julieta está con el bebé, quien no parece fácil de calmar. Asomando la cabeza dentro de la habitación hecha un desastre, Bruno se encuentra con su hermana cargando al bebé, meciendolo mientras le susurra palabras suaves. Sin embargo, eso no funciona.


—Nada le calma. —Julieta murmura preocupada y algo alterada por todo lo que estaba pasando. Bruno lo nota, es su don como hermano. Julieta es conocida por ser la más calmada, pero todo lo oculta debajo de una sonrisa y mirada cansada. La verdad es que, como todos, a veces se alteraba demasiado.


—¿Qui-quieres que lo intente? —Bruno se acerca a un lado de su hermana, regalándole una sonrisa algo preocupada.


—Esta bien. —Julieta acepta. Valía intentar. Además, Bruno era conocido por ser bastante bueno con los niños.


A simple vista, Bruno daba una imagen algo sombría con todo y su capucha. Quienes le veían pensarían que asustaría a los niños, pero la verdad es que...


Tomando al bebé en sus brazos, cuando los ojos azules se enfocan en la cara del adulto, inmediatamente deja de llorar.


—¡Ha dejado de llorar! —Bruno celebra volteando a ver a Julieta, quien seca varias lágrimas por la conmoción de todo lo que estaba pasando.


—Eso es maravilloso. —ella sonríe acercándose nuevamente. —Al parecer le gustas a este pequeño de aquí. —menciona sobre el hombro de su hermano, mirando al pequeño bebé de casi un año. Ahora que había dejado de llorar con tanto desespero, Julieta podía notar los hermosos ojos azules. —Es bastante lindo ¿No crees?


Bruno asiente haciendo un sonido con su garganta como afirmación, completamente atrapado por la mirada que no se despega de él.


—¡Bruno, Julieta! —su madre llama desde el primer piso, haciendo que ambos dejaran de ver al niño para ver hacia la puerta y luego entre ellos mismos.


Saliendo de la habitación, Bruno carga al bebé contra su pecho para que no vea a su madre cuando bajen y salgan de la casa. Afuera, Alma los recibe con algunas personas del pueblo dispuestas a ayudar.


Mariana no tenía familia allí, ella había llegado de afuera al igual que su esposo, quienes se encontraron, se casaron y tuvieron un bebé. Sin embargo, había sucedido aquella tragedia por los sentimientos egoístas del hombre en la relación, quien se había marchado.


Alma lidera todo con los del consejo mientras dos hombres entran a la casa para bajar el cuerpo de la pobre mujer, pensando en un merecido funeral en el que asistirá los amigos más cercanos de Mariana. Luego se acerca a sus hijos.


—Dejaremos al bebé con la señora González y su hija. —les indica señalando a la mujer a la distancia, esperando por la entrega del bebé. —Se ofrecieron a cuidarlo como suyo, estará en buenas manos. —Alma Madrigal asegura acercándose para tomar al bebé, pero cuando esté siente que lo separan del hombre de capucha, comienza nuevamente a llorar como si lo estuvieran lastimado. Eso sorprende a todos, quienes se congelan por un segundo ante tal estridente llanto.


Alma intenta calmarlo, pero es completamente inútil. Igual ocurre con la señora Gonzáles, con quien el bebé da patadas y manotazos para que le suelte. Entonces Bruno se asusta de que se pueda caer de las manos de la señora, así que se apresura a tomarlo nuevamente en sus manos.


El bebé se calma cuando reconoce las manos que lo sostienen, abriendo los ojos para enfocar su mirada en los ojos de color chocolate del adulto.


Alma ve la conexión instantánea que hay entre el bebé y su hijo, así que disculpándose con la señora que tan amablemente se había ofrecido a ayudar, se dirige a su hijo.


—Supongo que tendremos que nosotros hacernos cargo. —decide con una sonrisa en su rostro, ganándose miradas sorprendidas de sus hijos. —Vayan a casa, yo aún tengo cosas por hacer.


—Mamá... —pero Alma Madrigal se aleja para hablar con las personas que habían ido a ayudar, dejando a sus hijos algo confundidos.


Ahora tenían en sus manos a un nuevo integrante a la familia Madrigal.