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Change — p.j

Sinopsis

Buscar el Vecollino de oro no iba a ser nada fácil, menos cuando tenían qué compartir misión con Clarisse y enfrentarse a un mal humorado cíclope qué disfrutaba de comer semidioses. Milagrosamente salen vivos de allí, pero en un intento de escapar nuevamente se ven tragados por un agujero infinito qué los llevó a un lugar raro y desconocido para ellos. ● Percy Jackson × Lucerys Velaryon (oc!) ● Cambio de realidades. ● Primer tomo.

Estado:
En proceso
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Chapter 0

Luchar con un cíclope enorme no había sido nada fácil, y el qué sea medio ciego no los había ayudado en nada, logrando escapar a duras penas luego de qué Tyson haya dejado caer una enorme piedra qué tapó la única salida qué tenía el mounstro.


— Eso estuvo cerca. — fue lo único qué pudo decir el segundo hijo de Poseidón una vez se encontraban a salvo. —


Sin embargo, aquel alivio momentaneo se vio interrumpido cuando la voz de Luke resonó en esa cueva, al parecer los había seguido de cerca y ahora pretendía qué el Vellocino de Oro quede en sus manos pero cuando Percy se lo negó, no dudó en apuntarlo con su arma y disparar en su dirección.


Percy había estado preparado para recibir el impacto y visitar a Hades de nuevo, sin embargo eso nunca sucedió. Tyson había decidido qué sería buena idea atravesarse en su camino y recibir la bala por él, tomando por sorpresa a todos.


— Harías lo mismo por mi.


Fue lo último qué dijo el cíclope, el cuál se tambaleaba en su lugar antes de caer en el enorme vacío que daba hacia un suelo rocoso inundado por un río violento. Cuando vio a su hermano caer, el rubio no dudó antes de tirarse junto a él. Annabeth y Grover gritaron su nombre pero ya era muy tarde, al verse apresados por Luke y sus secuaces, a los dos no les pareció mejor opción qué seguir al rubio. Clarisse los maldijo en voz alta al ver como la dejaban sola, intentando huir y buscar alguna salida alternativa, hasta qué tropezó con una piedra y cayó dando vueltas en el aire.


Sería una situación cómica para cualquiera, incluso Percy podría reírse ahora mismo, sino fuera por esa enorme areola morada qué se abrió en el agua, por la cual todos atravesaron en cuestión de segundos. Siguieron cayendo dentro de esa cosa pero ya no era morada, ahora era algo negro qué parecía no tener final.

































ഒ  🪽   ۵     ໋   ˑ




























La vida en Westeros era un completo caos en esos tiempos. Su tío Aegon había usurpado el trono de su madre, Rhaenyra, y  cuando su abuela Rhaenys había llegado con la noticia de la muerte de su abuelo Viserys y su usurpación, su madre entró en trabajo de parto de inmediato. Fueron casi dos días donde el castillo de Roca Dragón se vio sofocado por los gritos adoloridos de su Reina y sirvientas corriendo con paños llenos de sangre entre sus manos, hasta qué finalmente la princesa Visenya nació muerta, con un aspecto de híbrido dragón.


Cuando Jacaerys y Lucerys junto a su familia vieron a su madre abrazando el cuerpo muerto de su hermana y escucharon su desgarrador llanto, decidieron qué tomarían venganza por la vida de su inocente hermana y el dolor qué sus padres estaban atravesando ahora; porqué también Daemon parecía fuera de sus cabales, había comenzado a organizar una guerra, conseguir aliados y repartir ejércitos con la contención de Jacaerys.


Aunque su madre le había dejado en claro a su heredero qué ninguna decisión iba a ser tomada mientras ella esté indispuesta, Jacaerys había trabajado junto a su padrastro para brindarle opciones y planes ya estrategicamente armados así su madre tenga menos trabajo sobre sus hombros. Hasta el momento había marchado bien, también junto a la planificación del funeral de la princesa, el cuál iba a realizarse aquella noche.


Después del funeral de la princesa Visenya, Lucerys y Jacaerys viajarán sobre sus dragones para conseguir aliados; esta había sido una buena idea de Jace, la cual fue aceptada a regañadietas por su madre, a la cual no le agradaba para nada tener qué entrometer a sus hijos en esa cruel guerra.


Por esa razón se encontraban ahora a las afueras del castillo, Rhaenyra los había citado a ambos para mostrar juramento ante la fe de los Siete, haciéndoles prometer de qué tan solo irían como mensajeros, no soldados. No era un trabajo tan difícil el de Lucerys, solo debía viajar hacia Bastión Tormentas y pedir la fidelidad de Lord Borros, aunque esa sí era una parte complicada, pues el Lord Baratheon no era muy conocido por su leal palabra. A Jacaerys le tocó la parte más larga, debía viajar hacia la tierra de los dominios de los Arryn y Stark, ambas casas fieles a su madre pero aún así debían afianzar sus palabras, y el heredero de la Reina era el más capacitado para aquella tarea.


— Lord Borros es un hombre altamente orgulloso. — la voz de su madre sonaba dulce mientras acariciaba el dorso de su mano. — Se sentirá honrado de recibir a un príncipe de la corona, y a su dragón.


— Sí, madre. — sus labios formaron una mueca cuando notó su error. — Su Alteza.


Jacaerys se había acercado a ellos ante una seña de su mamá, posando su mano sobre el libro sagrado de la fe pero antes de qué pueda siquiera pronunciar alguna palabra un ruido seco los distrajo. Cuando voltearon Jace ya los tenía a ambos ocultos detrás de su cuerpo con su espada en alto, aunque no era necesario, pues los dos guardias qué los escoltaban ya tenían amenazados a los jóvenes qué se quejaban por la caída.


Lucerys se puso de puntitas de pie logrando ver sobre el hombro de su hermano, notando horrorizado como había un chico con un solo ojo qué sostenido por uno qué tenía patas de ¿cabrá? También habían dos chicas morenas, una, la qué no tenia trenzas, estaba de pie y apuntando a sus guardias con una enorme lanza qué tiraba cosas raras desde su punta. La otra ayudaba a un lindo rubio a ponerse de pie.


— ¡Baja el arma! — gritó uno de los guardias hacia la morena sin trenzas, la cuál le gruñó como perro enjaulado. —


— Bajenlas ustedes o los mataré ahora mismo. — Ante la amenaza ante la Reina y los príncipes, los guardias se alertaron y comenzaron a pelear con la chica. —


Rhaenyra apretó el cuerpo de Luke cerca de ella mientras Jacaerys avanzaba hacia la morena sin trenzas, la cuál había derrotado fácilmente a los dos guardias. Pero cuando pasaste la mitad de tu vida entrenando con Criston Cole y Harwin Strong y la otra mitad con Daemon Targaryen, no dabas una batalla fácil.


A pesar de qué los músculos de Jacaerys estaban en buena forma y su fuerza y destreza eran conocidas, esa chica lo estaba casi derrotando; ambos habían caído rodando al suelo luego de qué Clarisse haya despegado los pies del príncipe del suelo y él se agarró de sus cabellos, ganándose una patada en la entrepierna. Luke miraba preocupado como ahora sus armas estaban luchando por ver cual derrotaba a la otra primero, el castaño la tenía complicada y la chica ignoraba los gritos de la otra, la cuál le pedía qué pare y suelte su lanza.


La mirada determinada y burlona de la chica morena sin trenzas se borró de inmediato cuando el suelo tembló y rugidos sonaron tan cerca suyo qué la desestabilizaron; eran Syrax y Arrax, ambos dragones habían estado sobrevolando cerca de ellos y se acercaron al sentir la necesidad de sus jinetes a través de su enlace. Jacaerys había aprovechado el momento de debilidad de la chica y tomó su lanza, tirandola lejos de ellos y se impulsó hacia delante; su rodilla se apretaba en el estómago de la morena mientras su espada se apretaba en su cuello, dejándola estática.


— Dame una única razón para no matarte en este momento. — habló entre dientes, obteniendo como respuesta un bufido enfadado de la chica, la cuál no dejó de removerse. —


— ¡Oye, sueltala! — gritó un rubio de rizos, derribando al castaño antes de qué pueda hacer algo al respecto. —


— ¡Suficiente! — Annabeth miró a la mujer platinada, la cuál ahora parecía furiosa. — Syrax, acércate.


Percy detuvo su puño en camino hacia el rostro de ese chico castaño desconocido cuando sintió el suelo temblar de nuevo; una enorme bestia de un color amarillento casi dorado se acercaba a él y sus amigos. Sin embargo cuando estaba a un metro de ellos, se detuvo.


— ¿Qué son esas cosas? — el segundo chico castaño habló, llamando la atención de Grover cuando se sintió observado. —


— No soy una cosa, gracias. — dijo sarcásticamente, intentando poner en pie a Tyson. — Y también agradecería un poco de ayuda aquí.


La segunda chica morena sin trenzas se acercó hacia esas dos...anomalías, ayudando a ponerse de pie al aparente chico con un solo ojo. Lucerys conocía a alguien tuerto, de hecho él lo dejó tuerto, pero definitivamente su tío Aemond no lucía como ese chico.


Mientras Jacaerys se levantaba con un poco de dificultad y se acercaba a su hermano, aquellos desconocidos se pusieron a la defensiva frente a Syrax, la cuál los miraba curiosa.


— ¿Qué hacen aquí y quienes son? — preguntó la mujer de cabellos platinados, siendo ella la qué cubría los cuerpos de, aparentemente, sus hijos. —


— No deberíamos dar ningún tipo de explicación cuando ese loco casi me mata. — Clarisse señaló furiosa a Jace, el cuál frunció su ceño luciendo ofendido. —


— Vuelves a insultar a mí hermano y tú y tus amigos raros arderán hasta convertirse en cenizas. — Lucerys salió a la defensiva, al mismo tiempo qué un dragón de escamas blancas estiraba su cuello, luciendo ansioso. — Y su Alteza les hizo una pregunta.


— No sabemos como llegamos aquí. — Annabeth se apresuró a hablar antes qué Percy. — Estábamos en medio de una pelea y nos vimos obligados a saltar hacia un barranco, de repente un agujero negro nos absorbió.


— ¿Quiénes son? — preguntó Jace, sin quitar la mirada de Annabeth. En otro momento Percy se burlaria de la manera en qué sus mejillas se sonrojaron cuando el castaño le habló, pero ahí no lo vio oportuno. —


— Soy Annabeth, y me encantaria poder presentarme formalmente. — dijo luciendo algo avergonzada. — Pero ahora mi amigo necesita ayuda, está herido.


La mirada de los tres se fijó en el chico de un solo ojo, siendo Rhaenyra la primera en hablar.


— ¿Por qué tiene un solo ojo? — el rubio con rizos se mostró un poco a la defensiva cuando la mujer se acercó un poco a su hermano. —


— ¿Cómo pueden ver su único ojo? — la pregunta de la morena sin trenzas fue ignorada. —


— Tyson es un cíclope. — le aclaró el chico patas de cabrá. — Y yo, Grover, soy un sátiro.


— Le agradecería, su a-alteza? — dijo dudosa Annabeth, recomponiendo de inmediato su lucir confuso. — Qué pueda brindarnos un vaso con agua, es lo único qué necesitamos.


Los dos chicos castaños miraron en silencio a la mujer, esperando una respuesta, al igual qué ellos. Fue recién allí cuando Percy pudo apreciar mejor a esas personas; se sintió ligeramente intimidado por el aura qué emanaban, era una atractiva, los volvía el centro de atención de inmediato y daba la impresión de qué resplandecian belleza, elegancia, el rubio los comparó con los hijos de Afrodita, pero definitivamente estos tenían un encanto más diferente, brindaban una sensación tan fuerte de superioridad qué le sería fácil ser obligado con un par de palabras a arrodillarse frente ellos. Definitivamente no tenían una sangre meramente humana.


Pero también se dio cuenta qué el aura de la mujer lucía un poco más dócil a comparación de los dos jóvenes; era una mujer hermosa, podría jurar qué ella era Afrodita, pero aún así su rostro lucía delgado y debajo de sus ojos habían dos manchas oscurecidas, revelando su falta de sueño. Prestando más atención, notó qué también sus ojos estaban rojizos y se sostenía de los antebrazos de sus hijos, como sino fuera capaz de mantenerse de pie.


— Pasarán y serán atendidos. — ambos chicos la vieron sorprendidos, uno de ellos a punto de refutar, pero fue callado con solo una mirada. — Pero sí uno de mis guardias vuelve a verse agredido, o mis hijos, no dudaré en cortar sus cabezas.


Sin decir más, Grover y Annabeth comenzaron a caminar con rapidez con Tyson colgando de sus hombros, pero fueron detenidos por Jacaerys.


— Deben caminar detrás de la Reina. — dijo con voz casi indignada, deteniendolos y parándose frente suyo con su madre y hermano. — Y seguir su andar, raros inadaptados.


Al oír el insulto susurrado de lo qué parecía ser el príncipe, Clarisse iba a contestar algo pero fue acallada por Percy, el cuál pellizco su mano. Mientras más se adentraban al castillo, más asombrados y encantados estaban, sobre todo Annabeth la cuál hablaba entre susurros emocionados con Grover, encantada con aquel estilo gótico. Aunque era hermoso, también algo intimidado, sobre todo por sus piedras negras y aquellas esculturas tétricas de dragones; algunos parecidos a los qué casi los matan.


El camino parecía eterno, ya habían subido como tres escaleras y pasado frente millones de puertas, pero no se detuvieron hasta qué una chica con tez morena y cabellos platinados apareció desde otro pasillo, acercándose a ellos con una expresión preocupada mientras miraba a la mujer.


— Su Alteza. — hizo una prolija reverencia, tomando luego las manos de Rhaenyra con cuidado. — ¿Por qué se encuentra fuera de sus aposentos? Debería estar descansando para esta noche. Jace, Luke, por qué dejaron a madre salir en este estado?


— Rhaena, querida. — la mujer ahora no parecía amenazante, sino más bien dulce y amable mientras acariciaba la mejilla de la linda chica. — No te preocupes, estoy bien. Fuimos a hacer algo qué teníamos pendiente hasta qué fuimos interrumpidos por...algo.


Ante las palabras de la Reina, la chica qué ahora sabían se llamaba Rhaena se percató de su presencia, abriendo sus labios sorprendida y confundida.


— ¿Qué-


— Es una larga historia, hermana. — Jace se adelantó a ella, poniendo una mano sobre su hombro mientras los miraba de reojo sin mucho agrado. — ¿Podrías llamar al Maestre Gerardys y decirle qué lo necesitamos en el Ala suroeste? También convoca a nuestra familia, por favor.


La chica solo asintió y salió por paso apresurado por el lado opuesto donde había venido, dejandoles paso libre a seguir su camino. Después de caminar cinco minutos más finalmente llegaron a una enorme habitación, con techo alto, grandes ventanas y finos tapices colgados en sus paredes. A Annabeth y Grover se les dio el permiso de recostar a Tyson en la cama, cosa qué no demoraron en hacer.


— Allí tienes agua. — Luke señaló una vasija después de ver lo desesperado qué estaba el rubio de rizos por agua. — Pero será mejor qué esperen al Maestre.


— No tenemos tiempo para eso. — respondió Percy sin más, dejando el Vellocino de Oro sobre una pequeña mesa y yendo hasta la vasija con agua. —


Antes de qué Rhaenyra pueda evitar de qué ese niño tire agua sobre sus impolutas sábanas, un chorro de agua había comenzado a impactar sobre el abdomen del joven cíclope. Los jinetes de dragones se llevaron una gran sorpresa al ver como la sangre qué había alrededor de su herida parecía desaparecer mientras la piel de su herida se regeneraba, luciendo como sí nada hubiera pasado.


— ¿Qué mierda fue eso? — preguntó Luke, ganándose un regaño por la mujer platinada. —


Milagrosamente, lo qué estaba destinado a ser un momento incómodo se vio interrumpido por una gran cantidad de gente, las cuales no tenían expresiones muy agradables en sus rostros. Todos entraron a la habitación, menos un hombre viejo qué vestía un feo vestido, el cuál fue absuelto de actividades por la Reina, la cuál ordenó qué las puertas sean cerradas apenas el hombre salió.


— ¿Y estos quienes son? — preguntó brusco un hombre platinado. —


— ¿Y por qué visten así? — le siguió otro hombre con tez morena. —


— ¿Por qué ustedes visten así? — refutó Clarisse. — Lucen ridículos.


— Dioses, Clarisse, cállate o harás qué nos maten. — Percy golpeó sus costillas sin mucha fuerza, sintiéndose amenazado ante todas las miradas en esa habitación. —


— Deberías escuchar a tu novio, niñita. — otra chica de tez morena y cabellos platinados se acercó a Clarisse, la cuál tuvo una arcada junto al rubio a su lado al oír la palabra "novio". —


— Suficiente. — Rhaenyra se paró frente los cuatro jóvenes, mirándolos severa. — ¿Quiénes son, jovencitos? ¿Qué hacen aquí?


— Como Annabeth le explicó, Su Alteza. — Grover tomó la palabra, sin parecer tener mucho problema en utilizar aquel tono formal. — Estábamos en medio de una pelea hasta qué Tyson fue herido y cayó por un barranco qué terminaba en un río, al ver qué estaba cayendo y no teníamos otra opción para escapar simplemente saltamos detrás de él y cuando estábamos por aterrizar en el agua, un agujero negro salió de la nada y nos absorbió. Y terminamos cayendo aquí.


— ¿Quiénes son? — preguntó otro castaño qué parecía tener unos diez años, el cuál estaba parado entre los dos adultos más grande de la habitación. —


— Como se lo mencioné a la Reina, soy Annabeth Chase, hija de Atenea. — la mención de aquel nombre hizo fruncir el ceño a todos allí. — Él es Grover, es un sátiro y Tyson es un cíclope, pero es hijo de Poseidón. Al igual qué Percy, y por último Clarisse, hija de Ares.


Todos se quedaron mirándolos confundidos ante los nombres de sus padres, y Annabeth al darse cuenta qué no sabían de qué estaba hablando comenzó a dar una explicación resumida del Olimpo, sus dioses, los semidioses y a responder las múltiples preguntas qué les hacían.


— ¿Cómo podemos saber qué no están mintiendo? — preguntó la segunda mujer adulta luciendo aún desconfiada. —


Las miradas de sus tres amigos se posaron en Percy el cuál suspiró cansado al notarlo y recibió la daga qué Annabeth le extendía. Puso su palma extendida hacia todos para qué vean la forma en la qué su piel era cortada profundamente con el filo del arma para luego sanarse completamente cuando vertió agua sobre su herida.


— Mí padre Poseidón, como ya les dijeron, es el Dios del Mar. — explicó luciendo aun algo adolorido. — Su elemento es el agua, por lo tanto el mío igual, puedo usarla como un arma pero también para sanarme o para sanar a otros.


— Genial. — dijo Luke sonriendo, cuya sonrisa fue devuelta por Percy. —


— Bien, ya se presentaron y lo correcto es qué nos presentemos nosotros. — Rhaenyra aún lucía algo aturdida, caminando hasta su familia. — Supongo ya conocieron a Jacaerys y Lucerys, mis hijos, y ellos son sus hermanos, Joffrey, Aegon y Viserys.


Los tres niños los saludaron con un pequeño asentimiento, Percy frunció su ceño confundido ante el cambio de color de los cabellos de los tres hijos más grandes con sus hermanos pequeños, pero no quiso mencionar nada cuando la Reina siguió hablando.


— Ellas son mis hijastras, Baela y Rhaena. — la chica qué amenazó antes a Clarisse y la qué se encontraron en el pasillo asintieron en su dirección. — Y él es mi esposo, Daemon.


El hombre lucía intimidante mientras sus dedos golpeaban el extremo de su espada, parado a un lado de, las qué suponían, eran sus hijas.


— Y ellos son mis familiares también, la princesa Rhaenys y Lord Corlys. — los adultos más grandes también los saludaron cortamente con expresiones duras en sus rostros. —


Luego de qué terminaran de presentarse debidamente, Rhaenyra les dio permiso a los demás de retirarse, excepto Lucerus y Jacaerys los cuales se vieron apresados en una pequeña charla con ella antes qué la mujer abandone la habitación y los deje a ambos chicos solos con ellos.


— Mí madre, Su Alteza, actuó de manera misericordiosa y les permitió habitar en el castillo hasta qué vean la manera de regresar a su hogar. — Jace habló con tono serio, sin quitarle la mirada de encima a Clarisse. — Pero están bajo mi responsabilidad y me permitió actuar bajo mi criterio, por lo tanto les informo qué si en algún momento ustedes y sus...habilidades especiales son requeridas para la batalla, deberán estar allí.


— ¿Nos meterán a una guerra qué no nos corresponde solo por vivir aquí? — preguntó entre sorprendida he indignada Annabeth. —


— Sí, eso es lo qué dije. — aceptó el castaño, sonriendole cortamente. — También quiero aclararles, sobre todo a usted, señorita Clarisse, qué no se permitirán más enfrentamientos como los de hace rato ni tampoco falta de respeto. Ya conocen nuestros títulos y posiciones sociales, deben mostrarse respetuoso ante eso sino quieren inconvenientes. También mostrar respeto hacia nuestros guardias y servidumbre.


— Y tener especial cuidado de no salir del castillo sin supervicion de alguno de nosotros o guardias, deben informar cada vez qué deseen salir a dar un paseo. — Luke se añadió a la charla, sonriendoles amable mientras abrazaba el antebrazo de su hermano. — Aquí los dragones vuelan con debida libertad, y no querrán encontrarse con uno hambriento.


— Oh, genial. — dijo Clarisse con evidente sarcasmo, masajeando su frente. —


— Me acompañaran y les asignare a cada uno sus aposentos, estarán viviendo en esta Ala del castillo y serán vigilados por sus guardias día y noche, tanto por seguridad suya como por seguridad nuestra. — Lucerys continuó. — Al llegar tendrán las vestimentas qué tendrán qué usar esta noche sobre sus camas, mañana a la mañana vendrá un sastre para cada uno y confeccionará ropas según sus comodidades.


— ¿Para esta noche? — preguntó confundido Percy. —


— Esta noche se celebrará el funeral de mi hermana. — respondió Jace, carraspeando luego para disimular su tono herido. —


Los cuatro jóvenes se miraron entre ellos sintiendo pena ante las palabras del chico castaño. Percy había pasado tan solo un infernal minuto pensando qué su hermano estaba muriendo y había sentido un dolor profundo qué pocas veces sintió, sin embargo ahora Tyson estaba roncando sobre una cama; no quería imaginarse como debía doler saber qué tu hermana estaba muerta y tener qué presenciar su funeral. Sacándolo de sus pensamientos, el Vellocino de Oro brilló momentáneamente cuando un rayo de sol golpeó contra sus hilos dorados, dándole una genial idea.


Cuando se acercó y lo tomó entre sus manos fue seguido de inmediato por sus amigos, los cuales lo miraban expectantes sabiendo qué otra idea loca se le había ocurrido.


— Podemos intentar usar el Vellocino para traer de nuevo a su hermana a la vida. — Ante sus palabras, los tres lo miraron como sí estuviera loco. —


— Nunca se probó eso sobre alguien muerto, pez tonto. — clarisse lo insultó en voz baja. —


— Pero podríamos intentarlo. — trató de alentar. — esto supuestamente sana y cura todo, no es así? Podríamos darle una oportunidad. Ganaremos su confianza de inmediato sí lo hacemos, sabrán qué no estamos mintiendo.


Ante el silencio expectante de Percy, Grover fue el primero en suspirar.


— Tal vez tiene razón, chicas. — Pero Annabeth y Clarisse no iban a aflojar tan rápido, siendo la hija de Atenea la primera en olvidar. —


— No podemos decirles qué traeremos a la vida a su hermana sino sabemos sí realmente podemos hacerlo o no. — la morena lucía algo alterada. — Por sí no lo notaron, parecemos estar en un mundo donde están bajo una monarquía absoluta, y convenientemente en medio de una guerra por un trono, ¡Podrían hacer lo qué quieran con nosotros y nadie podría decirles nada! ¡Y como sí fuera poco, tienen unos jodidos dragones!


Sin notarlo, Annabeth ya se encontraba gritando. Los cuatro giraron lentamente para ver sí ambos castaños habían escuchado, topandose con sonrisas engreídos y divertidas, haciendo qué Clarisse bufe molesta.


— Se lo advertiremos. — intentó tranquilizarla Percy. — Confía en mi.


Pero Annabeth no confiaba tanto en Percy, entonces solo pudo suspirar nerviosa mientras veía como el rubio se acercaba hacia ambos príncipes con sus brazos extendidos mostrando así el Vellocino, lo cual parecía bastante interesante para ambos Velaryon.


— Este es el Vellocino de Oro. — empezó a explicar con voz lenta. — Es un artilugio mágico, sana absolutamente todo aquello qué cubre. Todavía no a sido probado sobre personas fallecidas pero...


— ¿Pero qué? — Luke lucía ansioso y un pequeño brillo de esperanza brilló en sus ojos, haciendo sonreír a Percy, el cuál tomó más confianza para seguir explicando. —


— Podríamos intentarlo en su hermana, la princesa, supongo. — ambos castaños asintieron sin dejar de mirar el pedazo de tela frente suyo. — Sin embargo no es algo seguro, sería solo un...intento.


— ¿Cómo sé qué eso no es un peligro para mí hermana? — preguntó Jace mientras su hermano ordenaba qué las puertas sean abiertas. —


— Podría probarlo sobre mí sí deseas, príncipe. — el rubio intentó de brindarle confianza. —


— Más tarde te reuniras tu con mis padres, ellos se encargarán de darte una respuesta. No está en mi eso. — el castaño mayor dio su respuesta final, saliendo bajo el umbral de la puerta, donde estaban dos guardias qué tenían diferentes expresiones en sus rostros ante lo qué escucharon. —


— Una palabra de algo de esto a alguien y cortaré sus lenguas y se las daré como postre a Arrax. — Lucerys amenazó a los guardias sin perder el tono y sonrisa amable, luciendo algo inquietante. — Ya suficientes habladurías hay dentro de estos muros.


— Bien, los dejaré con Lucerys, él se encargará de acompañarlos a sus aposentos. — Jace se acercó hasta su hermano, dejando un beso en su frente. — Te veo más tarde, me toca patrullar junto Vermax.


— Bien, suerte. — sonrío a modo de despedida a su hermano el cuál se marchó, mirando ahora a los cuatro jóvenes frente suyo con expresión amable. — Háganme el favor de acompañarme, sus aposentos no quedan lejos.








































ഒ  🪽   ۵     ໋   ˑ

¡Y nos cambiamos de app!


Tenía esta historia en borradores desde hace días y el trailer de la temp2 de hotd me dio fuerzas para sacarlo.😭


Espero les guste esta idea tanto como a mi¡! Sí tienen comentarios para hacer, son gratamente bienvenidos.


Advierto qué las actualizaciones serán lentas, generalmente los fines de semanas y como máximo dos por semana.


¡También las edades cambian! Todos tienen un añito más, hagan sus cálculos.

¡Cuéntale a its tessarixn lo que piensas sobre este capítulo!
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