Encuentros Y Desencuentros || Jujutsu Kaisen por Yukina G.Sagara en Inkitt
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Encuentros y desencuentros || Jujutsu Kaisen

Sinopsis

Megumi Fushiguro está enamorado de Yuji Itadori aunque no quiere aceptarlo. Todo se sale de control cuando entran a la preparatoria donde Satoru Gojo, el padre adoptivo de Megumi, es el maestro más codiciado e Itadori no puede resistirse a sus encantos. La situación empeora aún más cuando Megumi se entera quiénes son los padres de Yuji. ~AU~ MegumixYuji SuguruxSatoru GojoxItadori TojixJin

Estado:
En proceso
Capítulos:
45
Rating
5.0 3 reseñas
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1: Encuentros.

Hoy era su primer día de clases en esa nueva escuela. Era su primer año de preparatoria, pero no le emocionaba demasiado, no le encantaba la idea de tener que estudiar en la misma institución donde su padre adoptivo daba clases; por supuesto que lo quería, él lo había criado, cuidado y protegido gran parte de su vida, pero sus personalidades chocaban demasiado y el reservado Megumi sabía que el extrovertido Satoru Gojo le iba a traer más de una situación vergonzosa o incomoda a su vida estudiantil.


Caminaba por las instalaciones de la gran escuela tratando de ubicar el edificio donde le tocaría tomar sus primeras clases, cuando escuchó que alguien le llamaba a lo lejos.


—¡Fushiguroooo! —un alegre Itadori corría en su dirección para encontrarse con él mientras sostenía su mochila.


Megumi sonrió discretamente al verlo. Habían sido compañeros durante sus años de secundaria, no eran precisamente amigos, pues Fushiguro siempre era muy reservado con todos; pero Yuji siempre llamó su atención, le caía bien y las veces en las que llegaron a pasar tiempo juntos fueron momentos muy amenos.


Yuji llegó hasta donde estaba su compañero y lo abrazó efusivamente.


—¡Hola! Qué genial verte por aquí, creí que no iba a encontrar a nadie de la secu y me iba a sentir solito —rio un poco—, ¿en qué salón te tocó?


Megumi también se alegraba mucho de encontrarse con él aquí, aunque no era tan efusivo para demostrarlo como su compañero.


Le mostró el papel donde se encontraba el aula que estaba buscando e Itadori se alegró al darse cuenta que estaban buscando el mismo salón.


—¡Qué genial! Nos tocó en el mismo grupo. Vamos, yo tampoco sé dónde está pero es más divertido si nos perdemos juntos —dijo para después reírse divertido mientras tomaba a Megumi del brazo para que lo acompañara.


Megumi se dejó llevar al tiempo que lo observaba; le gustaba mucho la personalidad siempre alegre de Itadori, le daba mucho gusto que iba a tenerlo de compañero mínimo por el resto del año.


Cuando encontraron el aula que se les había asignado entraron para buscar un lugar donde se pudieran sentar uno al lado del otro; ya había varios compañeros ahí pero aún estaban muchos lugares disponibles ya que era temprano.


—Qué bien que pudimos sentarnos juntos.


Itadori acomodaba sus cosas sin dejar de sonreír. Megumi no era muy expresivo y se limitaba a apreciar la emoción del chico.


Poco a poco el aula se fue llenando. Algunos alumnos parecían conocerse con anterioridad también ya que rápidamente se formaron grupitos que platicaban de diferentes temas y el salón se llenó de ruido. Los alumnos tomaron sus lugares hasta que escucharon el timbre que anunciaba el inicio de clases.


El primer docente del día abrió la puerta del salón para ingresar. Todos miraron expectantes por conocer a sus nuevos profesores.


—Buenos días, jóvenes —un profesor de cabello negro y largo se adentró para quedar junto al escritorio observando así todo el panorama que le presentaba a la nueva generación—. Soy el profesor Suguru Geto y es un placer para mí darles la bienvenida a esta nueva etapa de sus vidas —expresó casi solemnemente. Dio un vistazo general al salón y al encontrarse con el rostro de Megumi le sonrió con calidez. El chico solo intentó regresarle el gesto por compromiso, aunque la sonrisa de Megumi apenas y fue perceptible.


—¿Lo conoces? —le preguntó Yuji en un murmuro mientras el profesor anotaba sus datos en el pizarrón, se había dado cuenta de cómo el maestro le había sonreído específicamente a él.


—Algo así… —le respondió Fushiguro en voz baja sin dar más detalles, y no solo por respeto al maestro que tenía enfrente, sino que realmente prefería no aclarar cómo es que conocía a ese profesor.


El día transcurrió con tranquilidad como cualquier primer día de clases de cada año, donde la mayoría de los alumnos guarda la compostura mientras tantea el nuevo terreno. Las horas pasaron y en cada clase les tocaba conocer a algunos de sus nuevos docentes: la profesora Utahime, el maestro Nanami, la doctora Ieiri, entre otros. Hasta que llegó la hora de la última clase.


—¡Buenas tardes, niños!


Todos los alumnos se sorprendieron al ver cómo un profesor de cabello blanco y lentes oscuros entraba casi gritando y con exagerada emoción.


—Yo soy el mejor maestro que van a tener en esta escuela, así que pongan atención —se quitó los lentes dramáticamente para después voltear a ver a todos con sus brillantes ojos azules—. Soy el profesor Satoru Gojo y espero estén listos para mi clase.


Todos en el aula, tanto hombres como mujeres, quedaron embelesados ante la belleza y carisma de ese profesor, especialmente porque se diferenciaba de la formalidad de todos los que habían tenido antes.


Fushiguro fue el único que no reaccionó con esa admiración, al contrario, le dio tremenda vergüenza todo el espectáculo que su padre adoptivo había elaborado simplemente para presentarse en la clase.


—Y quiero advertirles que no porque tenga esta personalidad significa que mi clase será fácil —dijo ahora en un tono serio— de hecho será todo lo contrario —se puso los pequeños lentes rectangulares nuevamente, para luego bajarlos levemente a la altura de su nariz mientras miraba directamente a Fushiguro— ¿o no es así, pequeño Megumi?


Itadori miró sorprendido a su compañero. ¿Cómo que él conocía a ese maestro tan perfecto? Estuvieron juntos en la secundaria, claro que ahí no lo conoció. ¿Clases extracurriculares? Quizá, ya que le habló con demasiada confianza. Por un momento sintió envidia.


Megumi no dijo nada, solo se hundió en su asiento pensando en que deseaba que lo tragara la tierra. No podía creer que el momento que más temía estaba sucediendo justo el primer día. El resto de sus compañeros murmuraron entre ellos y algunos se rieron porque le llamaron pequeño.


El resto de la clase Megumi se la pasó molesto, no podía con todas las artimañas que Satoru usaba para ganarse a todos estos adolescentes hormonales; pero más se molestaba porque se daba cuenta que Itadori era uno de los que más encantado estaba con su nuevo maestro.


Al sonar el timbre que indicaba el final de la jornada escolar Megumi guardó sus cosas para salir rápidamente de ahí. Empezó a ver como las chicas y algunos chicos empezaban a rodear el profesor Gojo para hacerle cualquier comentario estúpido con tal de llamar su atención. No, gracias, no se quedaría a ver esa escena tan ridícula.


Salió sin decir nada caminando a paso rápido. No se detuvo ni siquiera cuando escuchó a Yuji gritándole por detrás.


—¡Fushiguro! ¡No me escuchas o qué! —gritó al tiempo que le alcanzaba y al quedar a su lado comenzó a caminar a su ritmo.


—Ah, hola —contestó como si no se hubiera dado cuenta que le estaba hablando desde antes—. Pensé que te ibas a quedar a alimentar el ego del profesor Gojo como todos los demás —le dijo tratando de aparentar la mayor tranquilidad del mundo, aunque en realidad estaba bastante molesto.


—¿Qué? ¿No te agrada? Pero tú ya lo conocías, ¿no? —Megumi pareció ignorar su pregunta—. Vamos, Fushiguro —le dio unas palmaditas en la espalda— tienes que admitir que el profesor tiene lo suyo —soltó una risita—. Ay, te confieso que nunca me he sentido atraído por los hombres, pero el profesor Gojo en verdad es hermoso —se sonrojó al decir eso pero no dejó de sonreír, Yuji no tenía ningún problema con expresar sus emociones tal y como las sentía.


Megumi resopló molesto, no podía ser que hasta Itadori cayera en los encantos exagerados de su padre adoptivo.


—Nos vemos mañana —ya estaban fuera de las instalaciones de la escuela así que Megumi decidió cortar en seco la conversación para irse a casa. Se dio la vuelta y se fue sin esperar que Itadori se despidiera también.


—Adiós, Fushiguro —dijo quedito, pues su amigo ya se había ido. Se quedó un poco confundido con la actitud del chico.


Durante las siguientes semanas los alumnos se fueron adaptando a su nueva escuela, ya se habían hecho grupos de amigos más estables y los jóvenes ya conocían la forma de ser y trabajar de cada uno de sus maestros, por lo que ya sabían cómo comportarse en cada una de sus clases y así tratar de evitar problemas. Para fortuna de Megumi solo tenían clase con Gojo tres veces a la semana, pero eso no lo salvaba de encontrárselo en los pasillos, en la cafetería o en algún patio. Lo peor era que Satoru era muy consciente de cómo se ponía Megumi con sus interacciones en la escuela, así que siempre buscaba maneras de avergonzarlo; para Satoru eran muy tiernas las reacciones de Megumi cuando se enojaba por ese tipo de cosas, le hacían recordar a cuando era niño y en cómo le tocó hacerse el payaso cada día para ganarse un poquito de su cariño.


—Ay, pero si la maestra Utahime es un amor, no creo que tengamos que ser taaan rigurosos con esa investigación —comentó Yuji sin muchas ganas de hacer ese proyecto en parejas que le tocaba hacer con Fushiguro.


—No te dejes engañar, Itadori, recuerda que vale un gran porcentaje de la calificación y se ve que la maestra es muy exigente y detallista, no quiero salir mal en nuestra primera evaluación.


A Itadori no le importaba mucho sacar altas calificaciones, pero como veía que a su amigo sí entonces haría el esfuerzo por él. Esa tarde se la pasaron varias horas recolectando bibliografía en la biblioteca, tomando apuntes y sacando fotocopias. Megumi insistía en hacer el trabajo a la manera tradicional, insistía en que todos sacarían la misma información de las mismas páginas de internet y que hacerlo directo de los libros les haría tener un proyecto de mejor calidad.


—Oye, ya tengo mucha hambre —Yuji observó su reloj y vio que ya pasaban de las siete—. ¡Con razón! Ya es tarde —tomó su celular y vio que tenía un mensaje de su papá, le decía que iban a salir a cenar y que él podía pedir algo llegando a casa, le habían dejado dinero para eso—. Osh, mis padres no estarán en casa, no me gusta cenar solo —revisó sus bolsillos pero ya no tenía dinero—.  ¿No traes dinero, Fushiguro? Mis padres me dejaron dinero en casa pero está muy lejos, podemos comprar algo para los dos y mañana te invito yo —le propuso sonriendo.


Megumi revisó en sus bolsos, traía un poco de dinero pero no lo suficiente para los dos. Pensó por un momento.


—Mmm… ¿Y si te invito a mi casa a cenar? No está muy lejos y puedo preparar algo para los dos —Megumi no era el mejor cocinando pero podía hacer algo sencillo, además era viernes, pensó que Satoru llegaría más tarde a casa, o si estaba ahí no pasaba nada, quizá ya era tiempo de contarle a Itadori un poco más de su vida personal.


Yuji aceptó muy contento, Megumi y él se habían hecho amigos más cercanos en las últimas semanas y le parecía divertido pasar el inicio del fin de semana con él después de pasar la tarde leyendo tanto.


No tardaron casi nada en llegar y Megumi buscó rápidamente las llaves en su mochila. Cuando abrieron la puerta la primera imagen que Itadori tuvo de adentro de la casa fue a su profesor Gojo acorralando contra un mueble al profesor Geto mientras lo tomaba por la cintura. Sus rostros estaban muy cerca, demasiado, pero ambos detuvieron su acto para voltear a ver quién acababa de llegar.


Yuji quedó boquiabierto ante la escena. ¿Qué hacían sus dos profesores en la casa de Fushiguro? ¿Qué se supone que estaban haciendo? ¿Cómo se supone que tenía que pasar a saludar?


Megumi por su parte estaba completamente rojo de la vergüenza. Para él ya no era raro encontrarse con estas escenas de vez en cuando, pero ahora cómo le explicaba a su amigo el momento más incómodo en el que se pudo encontrar en el mundo.

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