Capítulo Unico
Kugisaki Nobara creía que el mundo era demasiado normal, que le faltaba esa pizca de locura que alegra el día y quita el amargura, esa era una de las razones por las que quería ser hechicera, salir de lo cotidiano de su aburrida vida en el campo.
La otra razón es por que quería vivir en la ciudad y estar lejos de aquellas pestes de personas que vivían en el campo al rededor de ella, como si fueran polillas buscando absorber su luz.
No es que le gustara mucho el echo de dejar a sus seres queridos abandonados en el campo pero a ellos sin dudas les costaría mucho mas acostumbrarse a la ciudad, estaban mas acostumbrados a la pacifica vida en el campo.
En esos momentos ella caminaba alejándose de su hogar, adentrándose entre los pastos altos, acercándose al pequeño bosque que estaba en una zona cerca del pueblo, con los arboles altos y gruesos, como si quisieran ocultar cierto secreto ante los lugareños.
Cuando sus pies tocaron la zona del bosque una sonrisa surco sus labios, sabiendo que ella era la única valiente en todo el pueblo que se adentraba al bosque, los demás eran uno simples miedosos que creían en las leyendas urbanas de que las personas desaparecían dentro de dicho lugar a pesar de que nunca nadie desapareció el pueblo.
Cuando ya estaba por la mitad del bosque fue que escucho el crujido de una rama a sus espaldas por lo que saco su fiel martillo del bolsillo delantero de su buzo, apuntando amenazante al lugar proveniente del sonido, mas, en vez de salir una persona de entre los arboles, salió un…conejo con traje y un reloj en mano???.
-Ah??? -Inclino su cabeza, volviendo a guardar el martillo con incredulidad, observando como el conejo corría alejándose de ella.
“acaso los conejo no tenían que saltar en vez de correr???, además, que carajo???, un conejo con traje y reloj???”.
-Oi!!!, a donde vas??? -Pregunto siguiendo al conejo, creyendo que seguirlo iba a contestar sus dudas de lo raro que era el animal.
-Llego tarde, llego tarde!!! -Grito en cambio el conejo, deteniéndose en su lugar y saltando alto, enseñándole la hora en su reloj.
-Eh??? -Parpadeo confundida observando el artefacto, bueno, eso no era culpa del conejo, es solo que ella todavía no entendía como se leía un reloj sin números normales, sino en números romanos.
El conejo chillo de forma agua y siguió corriendo lejos de ella, adentrándose aun mas a las profundidades del bosque, que cada vez parecía ser mas grande que antes, como si el escenario estuviera cambiando.
Y ella obviamente siguió al conejo, esta vez con una sonrisa que intentaba ocultar su enfado del por que el no le decía a donde llegaba tarde, sino que solo le mostraba ese reloj, como si eso resolviera todas sus dudas.
De repente, el conejo entro en un hoyo que estaba a los pies de un viejo árbol, y ella paro de correr, examinando las posibilidades de que hacer.
Por una parte, no quería meterse en dicho lugar por que no sabia si el conejo era una maldición, a pesar de no contener energía maldita, y le estuviera tendiendo una vil trampa.
Pero, por otro lado, su curiosidad le gritaba que entrara en dicho lugar, esta vez mas por diversión que por otra cosa.
Bah, nunca solía arrepentirse de sus sediciones, esta no seria la primera vez.
Así que con seguridad se agacho y empezó a ingresar gateando en el hoyo, que cada vez se volvía mas oscuro, hasta que de repente, cuando quino gatear mas hacia adelante cayo en lo profundo, empezando a flotar casi en cámara lenta.
No distinguía absolutamente nada en donde estaba flotando, hasta que una lampara arrecio flotando frente a ella, y al encenderla pudo iluminar todo el lugar, aunque seguía cayendo y la lampara se alejaba cada vez mas de ella.
Sillones, libros, pergaminos, de todo un poco le recibía en su lenta caída, y en esos momentos solo deseaba tomar por las orejas al conejo blanco y lanzarlo por lo aires, para que vea que no se jugaba con una dama, y menos engañándola a entrar a lugares desconocidos y quizás peligrosos.
Si, prefería culpar al animal antes de aceptar que fue su culpa por seguir al conejo.
Pero como decían, la curiosidad mato al gato.
De repente, cayo en el suelo de lo que parecía una casa antigua con colores pasteles, y cuando se examino a si misma queriendo verificar que todo estuviera bien, se dio cuenta de que su ropa había cambiado, anteriormente usaba unos jeans negros, y una gran sudadera celeste, acompañado de unos tenis, junto a su martillo, un muñeco vudú y clavos, estas ultimas coas en el bolsillo delantero de su sudadera.
Y en cambio, ahora portaba un corto vestido rojo con decoración de rosas carmesí, el vestido llegaba un poco por encima de sus rodillas y tenia unas pequeñas decoraciones de perlas, además del vestido ahora llevaba medias bancas transparentes hasta su cintura y unas zapatillas de ballet rojas, además de llevar una corona de rosas rojas.
Parpadeo sorprendida, el vestido era lindo, pero para su mala suerte ahora no tendría sus objetos, otra razón mas por las que revolear al conejo por los aires.
Observo la cabaña con el ceño levemente fruncido, para luego decidir explorarla, no tenia idea de donde estaba, pero sin dudas no iba a salir de ese lugar sin algo para defenderse.
Recorrió el primer piso a paso lento, examinando sus alrededores con curiosidad, fue en el momento en el que subió al segundo piso que encontró lo que ella decidió seria su arma definitiva.
Era un maso grande, casi le llegaba hasta su abdomen, de colores rojos y negros, con el símbolo de los naipes en las dos caras de golpe.
Lego de examinar el segundo el piso dejo el maso sobre su hombro, saltado por la ventana del segundo piso al jardín delantero, viendo que a sus alrededores solo había un bosque, literal la casa estaba en el medio de la nada, ni siquiera un camino que indicaba a onde había que dirigirse para encontrar algo.
-Maldito conejo… -Murmuro para si misma, recordando al causante de todas sus desgracias.
Con mazo en mano empiezo a adentrarse en el bosque, observando a un montón de cosas raras que en definitiva en su mundo no debían de existir de seguro.
Un bicho con alas de pan que se asimilaba a una mariposa, un perro con cara de escoba, y un gato que parecía estirarse cual perro salchicha de Toy Story.
Cada que miraba a los diferentes animales sentía que una carcajada quería salir de entre sus labios, pero no quería burlarse de los pobres animales que no tenían la culpa de ser tan raros, por dentro se preguntaba si ella era el único humano en el sitio, pues por mas que caminaba solo veía plantas y animales.
Su estomago rugió levemente, dando a notar el hambre que sentía en esos momentos, maldita sea, debió de haber comido antes de salir de su casa, pero claro, que iba a saber ella que sus planes de ese día se arruinarían por su curiosidad de seguir a un conejo blanco???.
Paro de caminar, sintiendo como su mal humor crecía a la vez que que su estomago rugía exigiendo comida, de repente pudo ver a un plato con patas de araña caminar en su dirección, sobre el un montón de galletas adornadas con lindos diseños.
El plato araña se detuvo a sus pies, las patas desaparecieron como si se estuvieran escondiendo.
Dudaba en si tomar una de las galletas, parecían ser deliciosas por la decoración, pero el glaseado que marcaba la palabra “Cómeme” no le daba buena espina.
-Bah, ya que… -Hablo fastidiada, dejando al mazo a su lado y agachándose, tomando una de las galletas que parecía ser de chocolate, la llevo a sus labios y mordió un pedazo, cerrando sus ojos y disfrutando el rico sabor y la suave y esponjosa textura.
Otra y otra galletas llegaron a su boca de su propia mano, de las cinco galletas del plato solo dejo una, y eso por que empezó a notar su cuerpo algo raro.
“que carajos…” pensó para si misma levemente asustada, notando como su cuerpo se iba encogiendo, al igual que su ropa y el mazo a un lado de ella.
Cuando dejo de encogerse noto que estaba a la altura de las hormigas, “lo que me faltaba, encogerme, claro, tiene sentido, maldito conejo”.
Murmuro todos los insultos que conocía y tomo el mazo, arrastrándolo por el suelo a la vez que caminaba dando grandes zancadas, llegando a una especie de jardín de flores.
Su rostro molesto cambio un momento, sonriendo al oler las fragancias de las flores, cerrando sus ojos y tomándose un momento para disfrutar de dichos olores.
-Bienvenida al jardín de las flores -Cantaron las flores a la vez que se mecían levemente como si intentaran bailar, Nobara solo pudo admirar las apariencias de estas, como ninguna se parecía a otra.
-Como te llamas pequeña??? -Una rosa roja pregunto agachándose y acariciando con su pétalo el rostro de la castaña.
-Nobara -Se presento, y el silencio se hizo en el jardín.
-Nobara???, no conozco a alguna flor llamada Nobara -Una Iris pregunto con unos lentes de opera en su mano, agachándose y observando mas de cerca a la chica.
-Pero si miras bien parece una rosa -Murmuraron detrás de Iris unas flores pequeñas de muchos colores.
-Pero mira sus tallos, no tienen sentido -Las tímidas violetas susurraron asomándose detrás de la hoja donde se escondían.
-De seguro es una hierba .Una margarita se burlo meciendo sus pétalos.
-No soy una hierba -Gruño Nobara, golpeando con su mano a la flor que intento levantar la falda de su vestido.
Empezó a caminar enojada entre medios del jardín mientras escuchaba a las flores gritar a su alrededor, apretaba con fuerza su agarre en el mazo, deseando aplastar esas flores como nunca antes.
Justo cuando estaba saliendo sintió como algo golpeaba su espalda haciéndole caer y rodar por la pequeña montaña, cayendo sentada y observando con rabia como las flores se asomaban desde sobre la colina y se reían de ella.
-Hijas de puta… -Murmuro levantándose y palmeando su falda, queriendo limpiar el inexistente polvo que había caído en dicha tela, tomo su mazo y lo coloco sobre su hombro, continuando con su camino.
“momento” paro de caminar “a donde quiero ir???” se quedo pensativa un memento, hasta que de repente vio al conejo correr frente a ella que ahí lo recordó, “eso, debo de seguir a ese bastardo” sonrió de forma cínica y troto detrás del animal, hasta que de nuevo lo perdió de vista.
-Genial, de nuevo al principio… -Murmuro observando sus alrededores, hasta que detecto a unos metros de ella como había un humo de colores con forma de letras, quizás ahí obtendría ayuda.
Al acercarse vio a una oruga sentada cómodamente de forma elegante fumando desde una pipa, soltando humo y haciendo formas.
-Ey, haz visto un conejo blanco??? -Pregunto directamente con seriedad, recibiendo la mirada del insecto que fumo un poco antes de soltar el aire.
-Con que….un conejo blanco… -Soltó el humo por sus labios, las palabras volviéndose letras de humo y esfumándose en el aire- no se…dime como es…ese conejo blanco… -Volvió a juntar humo y soltarlo esta vez por su nariz.
-…Es un conejo blanco, tiene traje y llega tarde a algún lado -Explico lo mas detallada que pudo.
-Ahh…si fueras mas grande….quizás podrías verlo -Volvió a juntar humo- pero no lo eres… -Soltó el humo.
-No, no lo soy, no te jode??? -Murmuro sarcástica pateando el hongo donde el señor oruga estaba sentado, haciendo que este se enfadara.
-No patees!!!…que descortés!!!…come esto…y vete de una vez!!! -Corto un trozo del hongo con sus manos y se lo lanzo a Nobara, que lo atrapo con sus manos y le dio un mordisco.
Cuando volvió a su altura original tomo el mazo de nuevo y siguió con su camino, de repente, todo el pasto alto a sus pies empezó a ser mas corto, y pudo divisar a lo lejos un castillo enorme, además de un montón de naipes que llevaban capas negras.
Se acerco un poco mas y toco el hombro de uno de los naipes, que volteo a verle, con un mar de lagrimas en sus ojos.
-Que sucede??? -Señalo a todos los demás naipes que lloraban de tristeza, además de una alfombra roja que llegaba al interior del castillo y se perdía dentro de este.
-La reina…ha fallecido la reina de corazones… -Sollozo para volver a largarse a llorar.
-Ah…mis condolencias… -Murmuro levemente extrañada, valiéndole madres el echo de que estén de luto y caminando hasta la entrada del castillo, siendo ignorada por los naipes, que podía ver eran los supuestos guardias, pero estaban mas ocupados lamentando a la reina.
Al entrar al castillo vio un montón de bancas llenas de personas y algunos animales sentados como personas, ni bien puso un pie dentro del castillo la corona que estaba sobre el ataúd de cristal de la anterior reina voló directo hacia ella.
La corona se elevo un poco mas y des hendió con gracia sobre sus cabellos, y a pesar de que intento quitársela esta parecía pegada a sus cabellos y no salía, ahora las miradas estaban sobre ella.
-Por mis santos pasteles…he aquí a la nueva reina de corazones!!! -Grito un centaura vestido con las prendas superiores de un cura.
Lentamente todos se levantaron de su asiento y comenzaron a aplaudir el acontecimiento.
-Adelante su majestad, siéntese en el trono -Uno de los naipes le susurro al oído.
-Ah…si… -Susurro extrañada, caminando hasta el trono, donde frente a este estaba el ataúd de cristal con la antigua reina, una señora regordeta y con un rostro androgino.
La observo por unos momentos antes de ascender al trono y sentarse en este, cruzando sus piernas como siempre había visto en las novelas que solía ver.
-De su primer decreto su majestad -El centauro a su lado se agacho a susurrarle.
Ella estuvo un momento pensativa, hasta que una sonrisa malvada apareció en sus labios, observando al conejo sentado en los primeros asientos.
-Quiero que revoleen por los aires a un conejo blanco.
Y el mencionado solo pudo sentir un escalofrió recorrer su cuerpo, a la vez que apretaba contra su pecho el reloj de bolsillo.
