Personalizar legibilidad
Aa

Quiero que seas egoísta

Sinopsis

Ambientado en un mundo alternativo de One piece los protagonistas pasan su vida diaria como estudiantes en el típico instituto japonés. Zoro x Sanji Portada por MyFairy

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
FujoshiRobin
Estado:
Completado
Capítulos:
31
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

El despertador de su teléfono móvil sonó como cada mañana, lo detuvo tras estirarse como un gato antes de salir de la cama sin pereza alguna, era su momento favorito del día. Se cambió el pijama para vestirse con un cómodo chándal y unas zapatillas para correr y salió de casa donde su padre todavía dormía.

Inhaló el fresco aire matutino y tras unos breves estiramientos comenzó a trotar por la calle justo cuando el sol comenzaba a iluminar el barrio donde vivía, las casas eran sencillas, apenas había vehículos aparcados y la gente no solía madrugar tanto, por lo que prácticamente el barrio era suyo.

Foosha era una ciudad dormitorio que lindaba con Goa, la capital de la isla Dawn. Era un lugar tranquilo que tenía sus escuelas, institutos y supermercados como cualquier otra ciudad. También era una ciudad costera, tenía hermosas playas y un acantilado donde se reunían muchos jóvenes para demostrar su valor y lanzarse al mar desde tal altura, además, lo bueno que tenía era la proximidad que había con la capital, que en apenas tres paradas de tren podía acceder a la gran metrópolis con sus grandes centros comerciales, recreativos y cualquier otro sitio que cualquier adolescente pudiese soñar.

Recorrió su barrio en unos minutos mientras pensaba en el menú que prepararía para el día siguiente y continuó por la ciudad atravesando el centro y otro barrio más hasta llegar a la larga cuesta que daba a las preciosas vistas al mar y allí se detuvo. Siempre que miraba el océano le invadía esa sensación de libertad que le daba también cuando estaba en la cocina. Recuperó su aliento y se sentó en el borde para disfrutar de su espacio y su momento, se sacó un cigarrillo de la chaqueta y lo encendió dando luego una larga calada.

- El chef de primera clase Sanji está listo para empezar el día – declaró al basto mar.

Terminó su cigarrillo, regresó a casa para darse una ducha y se puso su uniforme: unos pantalones largos azul oscuro, camisa blanca, corbata negra y chaqueta azul clara, que a su parecer, le resaltaban sus ojos del mismo color, se secó el cabello rubio y se hizo su habitual peinado dejando que el flequillo cubriese su ojo izquierdo y por mucho que pelease con ella todas las mañanas, la invicta ceja rizada no hubo forma de peinarla, por lo que la dejó en su forma natural tras un resentido suspiro.

Fue a la cocina a preparar su desayuno y dejó la cafetera lista para cuando su padre despertase, que apareció justo cuando ya estaba recogiendo.

- Buenos días, berenjena enana – saludó un hombre de unos cincuenta años que cojeaba, todavía no se había puesto su prótesis en su pierna izquierda, que fue directo a por una taza de café.

- Buenos días, viejo de mierda – le devolvió el habitual saludo entre ellos. Cogió los bentos que tenía preparados de la noche anterior y antes de que pudiera salir por la puerta, este se interpuso - ¿Qué quieres ahora?

- ¡Inspección sorpresa! – gritó alzando sus manos directo a por el chico que trató de defenderse y huir, pero su padre era más fuerte que él y consiguió su propósito metió sus manos en cada bolsillo que tenía el uniforme y encontró lo que no debía.- ¡Lo sabía, estúpido mocoso! – le dio un buen calvote en la cabeza para luego pegarle con la cajetilla sin compasión alguna - ¿Cuántas veces tengo que decirte que esta mierda te matará?

- ¡Siempre estás con lo mismo, viejo! – intentó librarse, pero no pudo hasta que el mismo Zeff quiso. – Se lo guardo a un amigo.

- ¡No me mientas! – le dio una buena patada en el trasero con el muñón – ¡Como vuelva a verte fumar te echaré a la calle, mocoso rebelde!

- ¡Ouch! – se quejó mientras cerraba la puerta de casa, aun podía escuchar el sermón de su padre. Recorrió toda la calle y al girar la esquina sacó de uno de sus calcetines otra cajetilla que había escondido ahí – Estás perdiendo facultades, viejo~

Se encendió victorioso uno de los cilindros y se fue paseando tranquilo hacia el instituto, se iba encontrando con otros de su edad que iban al mismo sitio y les saludaba a todos, pues casi todos le conocían a él y a sus otros dos amigos. Se encontró con una chica guapísima de segundo, apagó su cigarro de inmediato y no dudó en acompañarle hasta la misma puerta para llevarle su maletín. Ella le dio las gracias y él le restó importancia despidiéndose para ir a su taquilla y dejar las zapatillas y ponerse las bambas que les obligaban a usar en aquel lugar.

- ¡Buenos días, cabrones y hermosas señoritas~♥! – saludó nada más entrar a su clase dejando bien claro la distinción de géneros, jamás insultaría de esa manera a alguna de ellas. Todos respondieron del mismo modo, dejó su maletín en su escritorio y fue hacia dos de sus compañeros que estaban concentrados en algo. - ¿Qué estáis tramando esta vez?

- Buenos días, Sanji. – respondió Usopp con una gran sonrisa al ver a su amigo. Vestía el uniforme, pero tenía la corbata a un lado y la camisa por fuera, el tutor no tardaría nada en regañarle en cuanto le viese con esas pintas. – Estamos preparando una trampa para cuando llegue Buggy-sensei, siempre cae en ellas.

- Estamos en racha, desde que empezamos el curso no nos ha descubierto todavía. – añadió Chopper, un chico bastante bajito con rasgos infantiles a pesar de su edad, con esa carita de no haber roto un plato en su vida conseguía bastantes cosas y jamás pensarían que sería cómplice de las ideas alocadas del nariz larga.

- Sabéis que un día se os acabará la suerte ¿verdad? – aunque parecía que les estaba regañando añadió con una sonrisa maliciosa – seguid divirtiéndonos hasta entonces.

- ¡No lo dudes! – respondieron ambos a la vez.

Se escucharon gritos y alguien que corría por los pasillos hasta que entró en el aula de 3-D, jadeando fue hasta donde estaba el grupito reunido y se puso frente al rubio que ya se estaba cubriendo los oídos.

- ¡Sanji, comida! – pidió nada más verle un risueño chico delgado y cabello oscuro con una cicatriz bajo su ojo izquierdo que se le abrazó cual lapa.

- ¡Maldita sea, estoy seguro de que acabas de desayunar! – le apartó la cara, pues estaba muy cerca de la suya - ¡Todavía hueles a tostadas, Luffy! ¿Es que no te lavas los dientes, o qué?

- ¡Estúpido idiota! – entró un remolino pelirrojo que apalizó con su maletín al chico moreno que no esperó tal ataque – ¡deja de correr por las escaleras, casi me tiras!

- ¡Si algo le llega a ocurrir a Nami-san te hago picadillo, imbécil! – se apuntó Sanji a la paliza con unas buenas patadas.

Luffy se salvó por la campana, literalmente, pues sonó en ese momento dando inicio a las clases. El resto de sus compañeros entraron rápidamente para ir cada uno a su sitio antes de que entrase el profesor Aokiji, un hombre bastante tranquilo y flexible con sus alumnos, eso sí, no toleraba que hiciesen los vagos.

- Buenos días, antes de empezar tengo que pasar lista, pero termino antes si veo las mesas vacías.

- Sensei, aun llevas el antifaz de dormir – comentó Vivi señalándole la frente pues lo tenía puesto ahí.

- Luego me echaré una siesta mientras haceis los deberes – fue su despreocupada respuesta. Escuchó ruidos por los pasillos y suspiró pues sabía de quien se trataba.

- ¡Y-ya estoy aquí! – se abrió la puerta de golpe, un chico de cabello verde jadeaba y esperó que el profesor le diera permiso para entrar, este aceptó y le pidió que fuera a su sitio.

- ¡Un aplauso para el marimo que ha llegado hoy a primera hora! – gritó el rubio que empezó a aplaudir acompañado por el resto de clase.

- ¿Quieres que te mate de buena mañana, cejas absurdas? – le aferró de la chaqueta con las mejillas encendidas.

- Senseiii~ - se quejó Sanji haciéndose la víctima.

- Dejad la comedia para después de clases, o si preferís quedaros a limpiar todas las aulas de tercero podéis continuar.

Todos dejaron de aplaudir y ambos guardaron silencio, aunque Sanji le dio una patada por debajo de la mesa para después reír por lo bajo, a Zoro no le quedó más remedio que aguantar sus ganas de asesinato.

“El trío monstruoso” así era como se les conocía en todo Foosha a Luffy, Zoro y Sanji. Los chicos de otros institutos los consideraban unos pandilleros. Algunos grupos iban a por ellos en busca de pelea para marcar territorio y estos con bastante facilidad solían vencerles. El rubio no era de involucrarse, pero cuando veía a sus amigos pelear no podía dejarles solos.

Visto desde fuera parecían simples gamberros con ganas de pelea, pero los alumnos del instituto les conocían bien, siempre que luchaban era por alguna injusticia, de hecho todo comenzó en el propio instituto cuando los propios senpais eran los que abusaban de los menores y les quitaba sus almuerzos o dinero, nada más entrar al instituto se vieron metidos en un altercado que poco les importó que fuesen mayores que ellos y conquistaron el lugar consiguiendo que los senpais dejasen de robar a los otros. Se convirtieron en los héroes del Instituto Público One Piece.

- En serio.... ¿Cómo te puedes perder todavía para venir al instituto? – le dio suavemente con el bento en la cabeza para no estropear la comida, una vez que estuvieron en la azotea a la hora del almuerzo – Son tres años...

- Tsk déjame en paz, no has perdido la oportunidad de burlarte nada más verme. – gruñó Zoro, su aspecto era bastante rudo, su oreja izquierda estaba perforada por tres pendientes dorados que tintineaban cuando chocaban entre si.

- Pues claro que no – dijo con una sonrisa maliciosa mientras entregaba el otro bento a Luffy – mas os vale no dejaros la verdura si no quereis que mañana haga tortillas con vuestros huevos.

- Gracias por la comida – respondieron ambos a la vez antes de abrir sus almuerzos, Sanji como siempre se lucía con lo que le preparaba.

Llevaba ya casi dos años y medio preparándoles la comida a esos dos patanes, estaba harto de verlos comer cualquier cosa que ellos consideraban comestible a la boca, tenían una dieta totalmente desequilibrada y zanjó el asunto encargándose él de su alimentación. Al principio no les cobraba nada, pero al final aceptó su dinero para poder pagar por los ingredientes, aunque ellos siempre le daban algo más por las molestias y así ayudarle a ganar lo suficiente para pagar la matrícula de la prestigiosa escuela de cocina “All Blue” que impartían en Goa para jóvenes chefs, su sueño desde que llegó a esa isla.

- Esta tarde tenéis actividades extraescolares ¿verdad? – preguntó Luffy al terminarse su ración, ambos asintieron. – ah que rollo, tenía ganas de quedar esta tarde después de clase con vosotros.

- Seguro que sabrás divertirte por ahí tu solo, luego siempre nos vienes contando toda clase de historias bizarras que te pasan cuando no estamos – respondió Sanji pues Zoro se estaba echando su habitual siesta postcomida.

- Shi shi shi, en eso tienes razón.

Sanji salió la mar de satisfecho con el resultado que había tenido tras su clase de cocina extraescolar, las llevaba dentro de una cajita para que no se estropeasen las deliciosas milhojas que había cocinado. Como siempre, todos se sorprendieron de su habilidad, el profesor de hecho tenía poco que enseñarle y le dejaba a su aire para que cocinase lo que se le antojara a su alumno mientras hubiera ingredientes en clase. Se despidió de sus compañeras, pues todas eran chicas y estuvo a punto de irse del instituto, pero decidió pasarse antes por otro sitio.

Sus horarios de extraescolares coincidían ese año por lo que podrían volver juntos a casa siempre que quisieran, pero Zoro solía quedarse siempre un rato más para practicar él solo y es justo lo que estaba haciendo cuando Sanji llegó al dojo que había en el instituto, estaba algo apartado para que los alumnos pudiesen concentrarse en el arte de la espada. Era un gran equipo de kendo y Zoro era el mejor, pero nunca se presentaba a los campeonatos alegando que no estaba ahí para exhibirse, tanto Luffy como Sanji sabían que no era por ese motivo pero este nunca añadía nada más, por lo que dejaron de insistir.

Aun así, al joven cocinero le gustaba ir a verle entrenar con la espada, al principio, cuando se llevaban fatal, iba solo para molestarle y distraerle, pero en determinado momento, la determinación y la concentración de Zoro con la espada, hizo que disfrutase del kendo.

Se apoyó en el marco de madera del dojo y se encendió un cigarrillo mientras observaba a Zoro blandir la espada de bambú repetidas veces, este no se molestó en saludar al recién llegado, estaba acostumbrado a su presencia y pocas cosas le alteraban cuando estaba en su modo de concentración máximo. Su precisión era perfecta, la espada siempre caía en el punto exacto donde debía terminar, el arco no titubeaba aun habiendo levantado los brazos decenas de veces y aun así, Zoro no dudaba en cada estocada hasta que dio por finalizado el entrenamiento.

- Buen trabajo – dijo Sanji cuando este hizo una reverencia hacia la placa del dojo.

- No deberías fumar en el instituto, ya te expulsaron una vez por eso. – habló por fin.

- Si no hay pruebas no hay delito – sacó un pequeño cenicero donde había estado depositando la ceniza y aplastó la colilla en su interior para guardárselo en la chaqueta.

- Esa mierda te matará.

- Te pareces a mi viejo... ¿No ibas a hacerlo tú? -estiró su sonrisa a un lado – al menos eso dijiste esta mañana.

- ¿Tienes ganas de pelea? – imitó su gesto el peliverde colocando su mano sobre el agarre de la espada de bambú que todavía no había dejado.

- Seguro que has vencido con facilidad a los de tu club y te has quedado con ganas de una buena pelea de verdad.

Tenía razón, los únicos que podían hacerle frente en aquel instituto era Luffy y Sanji pero pocas veces tenía la oportunidad de enfrentarse a ellos, de hecho hacía meses que ni siquiera se peleaban con nadie, la fama que se habían ganado hacía dudar a muchos antes de afrontárseles.

Decididos a enfrentarse, el rubio se agachó para quitarse los zapatos, no podía entrar al dojo calzado y estropear el tatami, cuando puso un pie en su interior una voz les llamó.

- ¡Eh vosotros! – gritó el conserje desde lejos – Las actividades hace rato que terminaron, tenéis que salir del recinto ahora.

- Qué molesto... - murmuraron a la vez, pero no les quedó más remedio que obedecer, ese tipo les tenía enfilado, pues más de una vez les había pillado escaqueándose de clase y no podían manchar más su expediente.

Zoro fue a cambiarse de ropa y este le esperó para irse juntos.

- Ten – le lanzó un pequeño envoltorio que este cogió al vuelo – seguro que tienes hambre.

- ¡Onigiri! – exclamó feliz antes de darle un buen mordisco, era su comida favorita y daba igual en que tienda los comprase o restaurante fuese, los de Sanji eran los mejores.

- Mañana tendrás más para el almuerzo, he preparado algunos extra en clase de cocina junto al postre ... ¿hmm? – vio a la puerta del instituto una chica que estaba apoyada en la pared visiblemente nerviosa – ah, es para ti.

- Tsk, joder... - farfulló con la boca llena. – que molesta.

- Ni se te ocurra decirle algo así, marimo insensible – le dio un rodillazo en el trasero que le hizo quejarse.

- Ya lo sé... Siempre me dices lo mismo, que le escuche y luego decida.

- Eso es, buena alga.

La chica dio un paso hacia ellos y pidió hablar con Zoro a solas un momento, Sanji le hizo una caballerosa reverencia y besó su mano para después mirarle con ternura, tenía pinta de ser una chica dulce, tímida y sensible. No era para nada del tipo de Zoro, aun así, se merecía la oportunidad de ser escuchada.

- Nos vemos, ceja ridícula.

- No te pierdas para ir a casa, Tesoro Nacional.

Se despidió de ambos con la mano y vio como se alejaban, seguramente irían al parque que había al lado. Ella le confesaría sus sentimientos, lo increíble que le parecía Zoro... Lo que ella seguramente no sabía, es que se perdía con suma facilidad, que se dormía en cualquier lugar, que era tan bruto que incluso de un golpe tuvo que cambiar la mesa de su casa, que bebía alcohol siempre que podía y perdía el tiempo con los amigos todo el fin de semana.

- Puedo entenderte perfectamente, señorita – Sonrió tras encenderse un cigarrillo sin que nadie le escuchase – yo también estoy enamorado de ese idiota.

¡Cuéntale a FujoshiRobin lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

6

Me encanta

Divertido

1

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

2

Impactante

Bien escrito

0

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes

Otras recomendaciones

Charly's Weihnachten

T.M: Ich kann es gar nicht anders sagen also ich liebe diese Geschichte einfach. Sie hat für mich einfach alles was es braucht. Sie hat mich einfach mitgenommen auf eine echt schöne Reise. Danke❤️

Leer ahora
A Blessing in Disguise

Roxann: This was an amazing book. The characters and plot were amazing and you are an awesome writer. Every book I have read by you is just amazing. I thank you and on to the next ❤️

Leer ahora
Silver's Second Chance

natstarr: Druid? That’s so interesting. Love these little surprises you give

Leer ahora
Bear Roberts

Obsidian: He's hilarious. Like, actually. I loved it. You're writing style is great, although you could do with a few less murmurs and mutters. I know it sounds critical, but I have the same problem and I hate it. Overall, it was one of the best stories I've read on here so far. I liked it better than those M...

Leer ahora
Sweet Caroline

Doridoo: I really enjoyed this story and had trouble putting it down at 2:00 in the morning but couldn’t read more due to blurry eyes! I even reread the chapter I left on so I could relive it again. The story had me tear up and gasp in parts. I Look forward to more stories from this author. Now I need to ca...

Leer ahora
Bloodlines

Diana: Would recomend a good read, I like it's not to long

Leer ahora