Capítulo 1 - Nuevos días
El sonido del despertador de su móvil sonó como cada mañana, lo detuvo tras abrir los ojos y suspiró pesadamente, una noche más en la que apenas había dormido, ya estaba acostumbrado a dormir poco, pero desde hacía un tiempo en que si lograba dormir tres horas seguidas era todo un milagro. Se tumbó de lado y extendió su mano hacia el enorme y frío hueco que había en la cama. Otra mañana en la que se levantaba sólo.
Ya no era su momento favorito del día.
Se encendió un cigarrillo mientras preparaba la bolsa de deporte para salir del silencioso apartamento y recorrer un par de calles para coger el metro de Goa. Se mudó allí hacía tres años, prefería correr en exteriores como siempre hizo en Foosha, pero la capital siempre estaba abarrotada de gente y tráfico, cada cruce tenía un semáforo que le impedía tener un ritmo constante, por lo que ahora iba al gimnasio y subía a esa cinta de correr en la que se pasaba cada día una hora, después entrenaba su cuerpo durante otras dos horas, luego tomaba una ducha y se marchaba a tomar su desayuno en una cafetería cercana a la que ahora era un habitual.
Como siempre, fue amable con la vendedora que le sirvió su café y tostada, se sentó en donde acostumbraba a hacerlo en la terraza, sacó su teléfono móvil y encendió su cigarrillo donde nadie le ponía pegas por fumar. Estuvo buscando las noticias que le interesaban, no había nada, supuso que eso era buenas noticias, por lo que, más o menos satisfecho, desayunó y se marchó para ir a trabajar.
Sus compañeros le saludaron con una gran sonrisa que él devolvió antes de ponerse su uniforme de cocinero, también se recogió el cabello dorado que le había crecido hasta casi mitad de la nuca en una pequeña coleta, todavía dejaba su flequillo sobre su rostro, pero ahora, cubriendo su ojo derecho.
Tras examinarse en la escuela de cocina All Blue y saber que había aprobado, Sanji fue al hospital universitario de Goa donde tenían acordado que le operarían de su ojo izquierdo, aquel que tenía herido desde los seis años y que no pudo sanar en su momento. Había estado ahorrando durante su adolescencia para que su padre no tuviera que endeudarse con la operación, pero gracias al padre de Chopper, consiguió que le operasen gratis siendo como una práctica para los estudiantes de medicina que querían ser cirujanos, y así lo hizo. El resultado fue un éxito, tuvo que estar en cama sin moverse una semana entera, sin poder mover la cabeza, cuello y ojos, podía sonar tedioso, pero al tener tan buena compañía a su lado, cuidando de él, el tiempo pasó volando y su deformada pupila recuperó su esférica forma inicial, aun así, no fue en ese momento cuando decidió cambiar de look, fue años después junto a una perilla rubia oscura que cubría su barbilla.
Ya tenía veinticinco años y mantenía la misma rutina desde los veintidós: iba al gimnasio por las mañanas, a medio día iba a trabajar y se quedaba allí la mayoría de veces hasta el turno de cenas donde ya volvía a casa para descansar. Los lunes era su día libre, por lo que volvía a Foosha para ver a Zeff, su querido padre adoptivo, que al tener también un restaurante propio descansaba el mismo día como la mayoría de hosteleros, así podía ir a ayudarle en todo lo que le hiciese falta.
Día a día, semana a semana, mes a mes... era como un bucle del que no podía escapar, era cierto que disfrutaba cocinando como siempre lo había hecho, no importaba que cocina fuese, pero cuando no estaba entre fogones, el mundo era un lugar frío y solitario desde hacía más dos años y medio.
Estaba en la cama, eran las dos de la mañana pasadas y él estaba jugueteando con su colgante, el anillo que él mismo encargó hacer junto a otro más poco antes de acabar el instituto. Como no quería que se estropease, no lo llevaba puesto en el anular, lo llevaba colgando de una cadena para llevarlo siempre consigo, aunque a veces se le hacía tan pesado que parecía doblarle la espalda.
Un ruido llamó su atención, alguien estaba en la puerta del apartamento, trataba de no hacer ruido, pero estando desvelado como estaba le alertó y por un momento su corazón se aceleró lleno de esperanza. Apartó la colcha y se levantó rápido de la cama, justo a tiempo de ver como la puerta se abría lentamente y se asomaba una cabeza que bien conocía.
- Oh, perdona ¿Te he despertado?
- ... - El rubio no pudo disimular su desilusión, el recién llegado suspiró y cerró la puerta tras él.
- ¿Sanji? – Le llamó la atención - ¿Puedo quedarme?
- Ah, claro sí. – Recuperó parte de su control sobre sí mismo – Vamos a la cama.
- ¿Seguro?
- Sí ¿Qué más da?
Ambos fueron al único dormitorio que había en el pequeño apartamento y se tumbaron uno al lado del otro, cuando el moreno se quitó la ropa quedando solo en calzoncillos bajo las mantas, echó una mirada a su anfitrión que miraba al techo, tomó su mano para entrelazarla con la suya.
- Yo también le echo de menos. – Dijo sus pensamientos en voz alta.
El cocinero cerró los ojos, sintiendo una vez más que el corazón se convertía en polvo.
Hacía más de dos años y medio que Zoro se marchó.
Tuvieron una gran pelea antes de que este se fuese de Goa y desde entonces su vida se fue al traste. Al principio fingió que todo iba bien, que no le afectaba el haber sido abandonado, pero no consiguió engañar a sus seres más cercanos que estaban preocupados por él, al final, llegó el día en que fue incapaz de levantarse de la cama, era como ver a un cascarón vacío, dejó de ir a trabajar y perdió el trabajo del que estaba tan orgulloso de haber conseguido por ser el mejor de su promoción en el All Blue.
Incluso Zeff fue a verle a la gran ciudad y eso que odiaba salir de Foosha, ver a su hijo en tal estado le partía el alma, había pasado por cosas peores, toda su infancia llena de maltratos tanto físicos como emocionales, no comprendía como el que se fuese su pareja le había afectado tanto, intentó sacarle de la cama, a las buenas y a las malas sin éxito alguno.
Hasta que Luffy decidió tomar las riendas en el asunto.
Le dejó el tiempo necesario para regodearse en su propio sufrimiento hasta que un día se plantó en su apartamento y forzó una pelea con Sanji para que dejara salir toda esa rabia y frustración que sentía, no hacia él sino hacia Zoro, que al no estar presente no pudo expresar. Gritó, rabió y lloró hasta que no pudo más, solo así se sintió un poco mejor.
Después de aquello, le obligó a salir de casa, se lo llevó al gimnasio donde solía ir él y le puso delante de un saco de boxeo, esta vez sí descargó más su frustración y por primera vez en mucho tiempo, se le formó una leve sonrisa.
Tenía un aspecto deplorable. Él, que siempre iba bien arreglado y limpio ahora llevaba una barba en toda su mandíbula, unas ojeras oscuras bajo sus ojos y el pelo había crecido hasta tal punto que el flequillo llegaba hasta el mentón.
La siguiente vez que Luffy le vio supo que estaba mejor, había ido a la barbería, ahora llevaba esa nueva perilla en la barbilla, se había cortado el pelo y se había cambiado el peinado mostrando ahora el ojo que siempre cubrió, era su manera de decir que iba a avanzar costase lo que costase.
Continuó yendo al gimnasio, le ayudaba a aliviar el estrés y le mantenía ocupado para no estar en casa, consiguió un nuevo trabajo en otro restaurante. Su herida en el corazón todavía estaba abierta, todavía sangraba, pero aun así no iba a dejar que volviese a detenerle.
Luffy seguía visitándole cada poco para ver cómo estaba, tenía recaídas, pero nunca como aquella. Sanji estaba muy agradecido con su amigo por haberle ayudado a salir de aquel bache, si no hubiera sido por él, seguramente seguiría siendo un despojo humano.
Se despertó pocos minutos antes de que sonase el despertador, al menos esa noche había dormido unas horas seguidas, aunque no sabía cómo, los ronquidos del moreno resonaban en toda la habitación, le cubrió bien con la manta, pues en algún momento se había destapado y él salió de la cama para darse una ducha e ir a por algo de desayuno. Cuando volvió, este ya estaba despierto y esperándole.
- No tienes nada en la nevera, Sanji. – Gruñó haciendo un gracioso puchero – Y encima no vas a prepararme tu el desayuno.
- ¿De qué te quejas? Bastante que he ido a comprarte algo.
- Lo que cocinas tú está más delicioso que cualquier pastelería.
- Vienes cuando se te antoja, no voy a tener comida para que se estropee solo por si vas a venir.
- ¿Y tú qué?
- No tiene sentido cocinar algo especial para mí solo. – Resolvió encogiéndose de hombros mientras se encendía un cigarrillo. – No desayuno nunca en casa, como y ceno en el restaurante.
- Sanji. – Le llamó con dureza, con Luffy la comida siempre desaparecía enseguida de la mesa, pero cuando se trataba del rubio había que vigilarlo para asegurarse de que comía algo.
- Sí, sí... - Cogió un muffin relleno de arándanos al cual le dio un bocado. - ¿Cómo está Law? Hace tiempo que no le veo.
- Anoche tuvo guardia, iré a verle en cuanto acabe. – Se le iluminó la cara al pensar en él. – En tu próximo día libre podemos quedar a cenar, llamaremos también a Usopp y a Chopper a ver si pueden.
Recordó aquella vez que, como siempre, Luffy apareció en su apartamento y les pilló de pleno en la cama a él y a Zoro, no era la primera vez, y al moreno no parecía incomodarle verlos así, seguramente porque estaba más que acostumbrado por Sabo y Ace, pero ese día fue diferente, les preguntó a ambos el porqué se acostaban, les sorprendió aquello y fue porque, por primera vez en su vida quería hacerlo con alguien, un cirujano que conoció en el hospital cuando llevó a un herido víctima de un incendio.
En cuanto sus ojos se pusieron en él no existió nada más, era como en esas películas tan ñoñas de sobremesa en que el mundo se detiene, todo enmudece y solo puedes ver a esa persona de la cual se enamoró en ese mismo instante.
Luffy pidió consejo, y al igual que hizo hace tanto tiempo con Usopp en la azotea del instituto, le aconsejaron que fuese él mismo, que con lo encantador que era, seguro que lograría seducirle y así lo hizo, tardó un par de meses a base de insistir y al final se convirtieron en pareja, se alegraron muchísimo por él y así, los cuatro salían de tanto en tanto a cenar por ahí.
- ¿Sanji? – Le llamó de nuevo al verle distraído.
- Ah, sí. – Dio otra calada a su cigarro – Estaría bien vernos.
Terminaron de desayunar y Luffy se marchó de su casa, ya que había roto su rutina, decidió quedarse a limpiar hasta la hora de ir a trabajar.
Sus compañeros siempre se alegraban de ver a Sanji, lo consideraban una buena persona, amable y atento. Cómo solía ocurrir, las chicas pensaban que estaban siendo cortejadas por el tipo de comentarios que el rubio les hacía, pero no tardaron en comprender que esa era la manera de tratarlas, también dejó claro que él estaba casado, aunque por la expresión que puso en ese momento no parecía muy feliz, además, nunca hablaba de él.
El turno de medio día terminó y dio paso al de noche, al ser entre semana no había mucho trabajo y cuando apenas faltaba una hora para cerrar la cocina un camarero entró a la cocina en busca del cocinero.
- Ey, Sanji. – Llamó su atención – Hay una cliente que quiere felicitarte por tu comida en persona ¿Puedes salir?
- Claro. – Estaba a punto de tomarse un descanso para salir a fumar, por lo que podía ir a hablar unos minutos con ella, siempre le alegraba que alguien quisiese halagar su comida.
Tardó un par de minutos mientras dejaba el delantal y le pedía a otro de los cocineros que revisase que la salsa no se cuajase y ya entonces salió, el camarero señaló la mesa donde estaba la mujer de espaldas, le dijo que era preciosa. Sanji se acercó y abrió la boca para saludar, pero enmudeció al instante.
- Hola, Sanji. – Sonrió esta al ver su reacción - ¿Te ha comido la lengua el gato?
- K-Kuina... - Susurró su nombre, todavía sorprendido de verla allí.
Había pasado cinco años desde la única y última vez que la vio, en aquel lugar de la yakuza en el cual le retuvieron para usarle como moneda de cambio para atraer a Zoro hasta ellos y que volviese a la familia Shimotsuki y tomase el mando de la que formó parte hasta los quince años, salió de allí tras un duelo a muerte contra ella dejándole una enorme cicatriz en el torso de la que sobrevivió de milagro. De nuevo se enfrentaron frente a Mihawk, lo que no supo este es que Sanji y Kuina prepararon un montaje, en la que tanto él como Zoro morían y así podían dejarle en paz.
- Tu cocina es deliciosa, no exageraban las opiniones. – Se acodó sobre la mesa e hizo un gesto con los ojos acompañado de una orden – Siéntate.
- Gracias. – Dudó un instante, sabía que era mejor no contradecirle y más con tantos ojos puestos en ellos, así que se sentó frente a ella. – Me da la sensación de que no has venido solo a comer.
- Nunca me decepcionas, Sanji. – Sonrió de nuevo, mientras se echaba su melena negra detrás de la oreja, tenía un corte de cabello más corto por la nuca y más largo por delante con el flequillo echado a un lado.
- Si buscas a Zoro no está aquí. – Apretó los puños bajo la mesa, preocupado de que quisiese enfrentarse de nuevo a él o por haber cambiado de idea.
- No le busco a él, sino a ti. – Puso su mano sobre la suya – Vengo a cobrar el favor que te hice.
- ¿Q-Qué?
- A partir de ahora eres mío.








