Is it sweet on your lips?
♂ ♀
Minseok se miró al espejo con resignación, se sentía gorda, odiaba sus mejillas abultadas. Suspiró por sexta vez y acomodó su falda bajándola un poco más para que sus piernas rellenitas no pudieran ser vistas. Joder, había crecido mucho este año y la falda empezaba a quedarle corta, suficiente tenía con mostrar sus feos tobillos. ¡Odiaba que las chicas usaran faldas en la escuela! ¿Por qué? Era tan incómodo. Minseok lloriqueó una vez más frente al espejo y acomodó su flequillo, había pintado las puntas de su cabello de un tono violeta que puso a su madre a gritar como loca, pero no le importó, el violeta era genial y le gustaba cómo se veía en contraste con su cabello naturalmente castaño. Se puso de perfil frente al espejo e hizo un gesto de desagrado, de paso tenía senos enormes, mierda. Definitivamente ese no era su día.
Para colmo iba tarde. ¡Joder! Y todo porque le había salido un enorme grano en la mejilla y había tardado mucho en maquillarlo para intentar disimularlo.
Desde la puerta escuchó como le lanzaban un beso tronado y asqueroso desde la esquina en donde estaban unos vagos. Odiaba eso, los chicos eran tan vulgares. ¡Ah, la sacaban de quicio!
Maldición, su sostén estaba lastimando la piel debajo de sus senos. Mierda. ¿Por qué tenía los senos tan grandes? Si no tuviera podría correr en la clase de deportes con tranquilidad, pero no, como el universo se empeñaba en odiarla...
Al llegar por fin a la escuela no tardó en divisar a la razón de sus suspiros; Jongdae, el único chico que podía decir una estupidez de la cuál ella se reiría honestamente. Era tan guapo, caballeroso, tierno... y ahí estaba la perra de Baekhyun a su lado. Joder. Maldita garrapata, como la odiaba.
—¡Hola Baekie! ¿Qué tal? —Minseok la saludó con una sonrisa tan brillante que cualquiera le creería, cualquiera menos Baekhyun claro, porque la muy zorra sabía que estaba enamorada de Jongdae, sabía lo celosa que Minseok era, pero digamos que le gustaba ver al mundo arder.
Las clases eran aburridas, sus profesores eran unos tipos viejos y feos, lo único rescatable era el profesor de artística, Zhang Yixing, él era tierno, amable y muy inteligente, además era joven y guapo.
Minseok suspiró mientras intentaba retratar el estúpido jarrón dispuesto en una mesa al centro del salón. Si pudiera, estuviera retratando el cuerpo desnudo de su profesor... Ahí estaban esos pensamientos indecentes que borraban toda su educación y buenos modales. ¿Cuántos años tenía? No lo recordaba, pero seguro era muy joven para estar pensando en sexo. ¿O no? Seguro la golfa de Baekhyun ya había tenido sexo con media escuela.
—Min... —Kyungsoo, su compañero de al lado, le dio un codazo para llamar su atención.
Seguro se había puesto muy colorada por sus pensamientos sucios con el profe. Ay mierda, se sentía caliente, mordió su labio inferior hasta percatarse de que del otro lado del salón, justo frente a ella, un chico con sonrisa de gato no dejaba de mirarla con intensidad, además tenía cara de estar excitado.
MIERDA. MIERDA. MIERDA.
Minseok cerró sus piernas inmediatamente, ni siquiera se había dado cuenta de que con su mano libre estaba presionando uno de sus muslos, no estaba sentada como una dama y seguramente Jongdae le había visto hasta el alma. Carajo, ni siquiera recordaba si se había puesto ropa interior decente.
Ambos se sonrojaron hasta las orejas y desviaron la mirada. ¡Dios, qué vergüenza!
El día parecía interminable, ¿hacia dónde iba? Solo sabía que debía caminar por ese pasillo en ese momento. Jongdae apareció de la nada, llevaba una fresa bañada en chocolate en un palillo.
—¿Te gustan las fresas? —preguntó amablemente poniéndola frente a ella, pero justo antes de que Minseok pudiera responder, Baekhyun los interrumpió, tomó la fresa de la mano de Jongdae y se la comió.
Jongdae le sonrió a Minseok con un gesto de disculpa y se fue.
La comida en el almuerzo estaba horrible y grasienta, era despreciable que todo se fuera hacia sus caderas, tenía ganas de una hamburguesa enorme, si eso iba hacerla engordar al menos también la haría feliz, no miserable como esa estúpida comida de la escuela que parecía vómito del vómito recalentado que había sobrado de ayer.
Distraída con sus cavilaciones, Minseok dejó caer comida sobre su blusa, joder, se notaba demasiado. Se despidió de Jongin y Sehun y casi corrió hacia los sanitarios. Al salir de ahí, con la camisa limpia pero húmeda vio a Jongdae y por alguna razón no quiso que la viera, sentía mucha vergüenza. No contaba con que Jongdae empezaría a perseguirla por el pasillo, ni que la acorralaría en una esquina solitaria. El corazón de Minseok iba por las nubes y estuvo a punto de estallar cuando Jongdae la miró a los ojos antes de preguntar.
—¿Te gustan los chocolates?
Cuando Minseok pudo reaccionar notó que Jongdae le ofrecía una enorme tableta de chocolate. Un violento rubor se enroscó en sus mejillas. La tomó y cuando estuvo a punto de murmurar un agradecimiento, Jongdae habló de nuevo.
—¿Sabrá dulce en tus labios?
Sin esperar una respuesta, él mordió el chocolate —¿en qué momento lo había abierto?—, se inclinó y la besó.
En ese momento todo se volvió borroso y Minseok mantuvo sus manos colgando flácidamente a los costados mientras disfrutaba de los dulces labios de Jongdae. Sin saber bien cómo, el chico la arrastró a un aula vacía y siguió besándola, de forma cada vez más indecente y húmeda. Dios, se sentía tan bien. Minseok estaba poniéndose caliente de nuevo, una corriente iba de aquí para allá por su cuerpo terminando en su pelvis.
Jongdae deslizó sus traviesas manos atrevidamente por debajo de la falda de Minseok, estaba acariciando sus piernas. ¡No! Era muy joven para tener sexo y no tenían condones. No quería terminar embarazada, eso arruinaría su futuro; ya no podría adicionar para una agencia y convertirse en una estrella.
Minseok empujó a Jongdae, ambos jadeaban, había sido el mejor beso de su vida, aunque realmente había sido su primer beso. Oh mierda, le acababa de robar su primer beso, sin estar muy segura de porqué eso le molestaba, alzó su mano y cacheteó a su ladrón, ajustó su ropa y salió del aula para conservar su dignidad.
—No debería molestarte tanto —Junmyeon le dijo más tarde—, Baekhyun me contó que él le había confesado que le gustabas.
Minseok se sintió feliz y tonta... Y muy feliz...
Oh, no. ¿Por qué su vientre dolía? No podía quedar embarazada solo por un beso ¿o sí?
¡Eso no está pasando!
Minseok sacó su libreta y buscó en el calendario, mierda, sí estaba pasando. Estaba justo en la fecha de sus días. Tomó su mochila y corrió fuera del salón hacia los baños, se encerró en un cubículo y revisó su ropa interior. Mierda había una gota de sangre en ella.
De pronto estaba hiperventilando. Intentó conservar la calma, sacó una toalla sanitaria de su mochila y la desarmó, estaba tan asustada y respiraba rápida y superficialmente.
¿Cómo se ponía esa cosa? No lo recordaba, todo era tan aterrador.
Cuando finalmente pudo colocarla salió del sanitario.
—¿Qué hace fuera del aula en horas de clase, señorita Kim?
Me lleva la chingada. Sus piernas empezaron a temblar como si fueran de gelatina. La había atrapado la vieja urraca que tenían por coordinadora; Chanyeolla Park. Una mujer demasiado alta, con enormes ojos y orejas, que no tenía corazón, a ella no le agradaba nadie excepto Baekhyun, lo cuál era extraño, aunque seguramente entre víboras se entendían.
Minseok terminó en detención esa tarde, ¡era tan injusto!
Sacó una libreta de su mochila y se puso a garabatear en ella para matar el tiempo, hasta que una bolita de papel cayó sobre su mesa.
Al girarse notó que Jongdae estaba en el pupitre contiguo. ¿En qué momento había llegado? ¿Por qué siempre aparecía de la nada? Su guapo compañero le regaló una sonrisa tan bonita que bien podría salvar vidas... El corazón de Minseok estaba derritiéndose. Jongdae le hizo una señal para que leyera la bolita de papel.
“¿Quieres ir a ver una película?”
Minseok sonrió y asintió con ganas. De pronto ya se habían escapado de la escuela y Minseok vestía un hermoso vestido blanco de flores. Jongdae no dejaba de decirle lo hermosa que se veía y de decirle que usar ese vestido era un peligro para su virginidad. Minseok no respondió, solo se ruborizó, no iba a decirle que ya no era virgen, no lo recordaba muy bien, pero de pronto tenía una vaga idea de que lo había hecho con el estudiante chino que había estado de intercambio unos meses atrás.
La película era una comedia y Jongdae no paraba de reír y su escandalosa risa era tan hermosa... Minseok estaba hechizado, su compañero era tan guapo y de pronto estaba besándola de nuevo, de una forma experta, con cuidado, con fuerza, pero sin rudeza. Las manos de Jongdae estaban en sus piernas, peligrosamente cerca de su ¿vagina?
Esta vez no pensó en condones, solo quería hacerlo en la oscuridad del cine, le parecía bien. Jongdae deslizó sus dedos hacia arriba hasta alcanzar...
—¡Aaaaaah!
Ambos gritaron de terror en cuanto Jongdae encontró un enorme, endurecido y goteante pene en la ropa interior de su chica.
Minseok abrió sus ojos, estaba sudando frío y su corazón latía acelerado. Se tocó muchas veces el pecho para comprobar que todo seguía plano como siempre y suspiró con alivio. Pero luego recordó lo otro y empezó a palpar su entrepierna.
—¡Oh, qué bien! ahí estás —murmuró con una sonrisa de alivio.
—¿Con quién hablas? —la voz adormilada de Jongdae lo sorprendió.
—Yo-eh-co-yo-no-eh... con nadie.
Jongdae se sentó en la cama y se giró para mirarlo, la luz de la mesita de noche que separaba sus camas estaba encendida. Minseok se había puesto muy colorado.
—¿Qué te pasa? —preguntó alzando una ceja, su compañero de habitación se veía muy alterado.
—Problemas de chicas —Minseok murmuró.
—¿Qué? —Jongdae preguntó extrañado—. ¿Hablas de la canción?
—No, de las chicas, ellas... tienen muchos problemas...
—Bueno, tú sabrás, tú eres el que tiene una hermana a la que no quieres presentarme.
Y ni de broma lo haría. Que tal que la mocosa le robaba a su futuro esposo, eso sí que no.
Silencio.
—¿En qué estás pensando? —Minseok notó la mirada extraña de su compañero de habitación.
En si el chocolate sabe dulce en tus labios.
—¿Qué? —Minseok murmuró con sus ojos redondos por la sorpresa.
Mierda. Lo había dicho en voz alta.
Jongdae no se había confesado a Minseok, estaba enamorado, seguramente desde que eran parte de la primer subunidad, o tal vez incluso antes de debutar, pero era muy tímido e inseguro como para decirle. Tampoco le contaría jamás que la razón por la que estaba despierto a plenas tres de la mañana era porque una pesadilla en la que era una desafortunada chica lo había despertado. Lo único bueno de su extraña pesadilla había sido que Minseok lo había besado, eso había estado bien, pero la menstruación y ser una chica con frustrantes senos pequeños había estado del asco.
Baekhyun despertó de golpe. Diablos, nunca se vestiría de chica de nuevo, ahora se la vivía soñando estupideces en las que usaba una falda demasiado corta, ¿por qué siempre se soñaba a sí mismo como la puta de la escuela?
Suspiró y se acostó de nuevo en la cama del hotel en Tokio. Chanyeol, que también se había despertado, le rodeó la cintura con uno de sus largos brazos. Era genial que él también hubiera tenido una agenda en Japón a la vez que la subunidad estaba preparando su debut japonés, así no tenía que dormir en la misma habitación que el manager o con el par de idiotas que aún no se declaraban su amor. ¿A quién querían engañar? Hasta Yixing que era un completo despistado se había dado cuenta que no quedaba nadie a quien salvarle la masculinidad en el grupo.
—Baekie, en dónde está tu cámara, dijiste que me enseñarías las fotos —Chanyeol dijo con voz ronca.
—En la otra habitación, espera aquí.
—¡Oh, Dios si sabe dulce! —la voz de Minseok había sonado ronca y distorsionada.
—¡Más, más! ¡NO TE DETENGAS! —Jongdae gimió sin pudor mientras rogaba por los labios de Minseok sobre su palpitante y dulce pene.
Baekhyun se congeló en medio de la habitación a oscuras, había pensado que sus compañeros dormían. Se equivocó, pero como todo un pervertido se quedó a escuchar... y a grabar cuando encontró la cámara. Ya luego le pasaría el pack a los demás miembros.
Minseok había tomado las últimas palabras de Jongdae como una perfecta excusa para llevarlo a la cama y no sentirse culpable.
Habían pedido chocolate derretido para comprobar qué tan dulce sabía en sus labios y de alguna forma <<¡ups!>> el chocolate terminó también en la masculinidad de su compañero y como la comida no se puede desperdiciar, Minseok terminó extrayendo mucho más que chocolate del pene de Jongdae. Luego, convencerlo de que tener sexo entre amigos estaba bien había sido sumamente fácil.
...Especialmente cuando Jongdae se moría por enterrarse en su apretado y travieso mejor amigo. Ahora, más que amigo.
FIN.