Romance En El Campania por SebbyPhantomhive en Inkitt
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Romance en el Campania

Sinopsis

Ni siquiera el frío del Atlántico apaciguará el candente romance entre un mayordomo y su amo. Inspirado en el arco del Campania

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Vacaciones obligadas



Tranquilidad era lo que parecía reinar por ahora en la vida del conde Ciel Phantomhive, luego del hecho ocurrido en su mansión noches atrás, en esa velada lluviosa en que hubieron algunos asesinatos, merecía ciertamente algo de paz aunque continuara con sus labores normales no tenía una misión especial de la Reina.


—Sebastian... Ya déjame.


Era la petición con fingida molestia y con el respirar agitado que acertaba a murmurar el conde al sentir como su demonio acariciaba de forma lasciva con sus labios su pecho, haciéndolo tiritar al sentir su lengua lamer uno de sus pezones, aunque no había puesto reparo en negarse a estas caricias cuando le desabotonó la camisa al principio.


—Pero si te gusta... Mira lo sonrojado que estás y tu pecho se mueve errático como tu respirar...


—Le susurraba sobre los labios el perverso demonio con fingida inocencia.


—Si... Bueno digo no... Es que tengo tarea pendiente.


—No te niegues al simple hecho que te gusta lo que te hago. Te ves tan sensual cuando te pones nervioso. —Ansioso Sebastian le hablaba al verlo titubear, algo en esa timidez innata de su joven amo le excitaba.


—Vamos a la cama...


Tomándolo en los brazos pretendía llevarlo a su habitación donde se sentían más cómodos de intimar como ya tenían por costumbre hace unos pocos meses.


—Que no... No es mando a ti se te antoje —El joven molesto lo regañaba— Bájame... O te juro Sebastian Michaelis que no estaré contigo de nuevo.


—Que amargado eres... Es decir que cuando a ti se te antoje yo si debo estar listo...


Malhumorado el resentido demonio murmuraba con un pequeño puchero, pareciendo un niño engreído al cual regañaban. Esos gestos Ciel le causaban gracia y muy en el fondo aunque no lo admitiera le parecían adorable; comenzó a pellizcar sus mejillas molestándolo más.


—Pues cuando tu amo tiene ganas lo hacemos sino no... ¿Entendido?


—No es justo.


Ambos se quedaron en silencio, aun Ciel en sus brazos parecía no querer bajarse para estar cerca del rostro refunfuñante de su amante. Notaron la tonta discusión que tenían y sonrieron de manera sutil ya era tan común para ellos discutir por tonterías como esas a diario al final siempre cedían cada cual al encanto del otro.


Estaban tan fuertemente atraídos, que de esa vaga sonrisa que ambos se regalaban un apasionado beso en los labios surgió segundos después.


—Tu amo ya tiene ganas... Vamos...


Era la petición ansiosa ahora del joven luego de ese delicioso beso que le dejó algo de aliento apenas para pedir aquello, el otro sonrió y como también quería disfrutar del momento no se iba a poner a refutarle como venganza. "Si, mi señor" era la respuesta que le dio y la pareja se perdió entre los pasillos para llegar con prisa a la habitación donde estarían un buen rato.


Esos eran los pacíficos días en la mansión Phantomhive, al menos para los amantes se-cretos lo eran. Sin mayores complicaciones podían tener tiempo libre para ellos pero esa paz fue irrumpida cuando una mañana, Lau fue a confirmar la extraña noticia de ese hospital que había leído antes.


Por mucho que apreciara esos breves momentos de aparente tranquilidad sin misiones de mayor trascendencia no podía dejar pasar algo así, no siendo el perro guardián de la Reina. Envió de inmediato a su mayordomo a averiguar, en ese trayecto su prometida lo visitó para invitarlo a un tipo de crucero a lo cual el conde amablemente se negó.


La joven se retiró aun cuando su petición fue negada iba feliz ya que este le había prometido tomar vacaciones juntos después, aunque Ciel en el fondo no pretendía cumplir aquello solo era para calmarla. Mirando por la ventana fue sorprendido por su atractivo demonio vestido de médico, le cuestionó el atuendo notando lo bien que se veía lo disimulaba.


Sebastian le contó lo que había averiguado, o más bien lo que una enfermera le contó, sobre este hospital y su vinculación directa con una sociedad Aurora; quienes al parecer eran los que tenían esas ideas de preservar la vida a través de extraños experimentos con humanos en secreto. Su próxima reunión sería justamente en el barco que Lizzy lo había invitado antes así que no tenía más opción que viajar en él y averiguar qué mismo sucedía en esta misteriosa sociedad.


— ¿Tanto te preocupa ella? —Con disimulados celos el demonio le cuestionaba al verlo preocupado.


—Es mi prima debo preocuparme... Y no comiences con tus celos idiotas, además quien sabe, si tú te viniste revolcando con esa enfermera a cambio de información.


Ahora el celoso fingido era Ciel al pensar en los métodos que su demonio usaba a veces con las mujeres para obtener información, Ya semanas atrás le había confesado lo de la cirquera y ese detalle aun le molestaba aunque lo disimulaba muy bien. No era como si tuvieran que guardarse fidelidad, su relación era básicamente de trabajo y sexo, nada más.


—Ahora quien anda celoso. —Se le burlaba el demonio— No hice nada con la enfermera, solo fui coqueto no voy a negarlo, pues tampoco me iba a dar información así nomás.


Ciel se negaba a que estaba celoso, sacudiendo negativo la cabeza mientras lo miraba mal, de pronto notó que el semblante de Sebastian cambió a uno muy serio y se le acercaba.


—¿Qué sucede? —Confundido le cuestionaba al verlo así de repente.


—Creo que alguien aquí está enfermo... Debo revisarlo...


Hablaba con seriedad el demonio acorralándolo contra el escritorio de forma coqueta, sonrojado Ciel lo miraba con el ceño fruncido por sus estúpidos juegos que lo confundían aun así se dejaba seducir, no podía negar que ver vestido así a su amante le resultaba sensual y excitante.


—¿Así coqueteaste con tu enfermera?


—¿Eh? Claro que no... ¿Por qué arruinas el juego con tus celos sin sentido?


—Yo no arruino nada y no estoy celoso.


Pero el demonio era más astuto y no iba a dejar ese momento pasarlo mando ya lo había planeado, lo recostó con fuerza al escritorio pues el joven molesto se negaba.


—Déjame... No quiero hacer nada.


Tanto eran los celos infundados de Ciel que se imaginaba que si era tocado por él iba a sentir a la enfermera que estuvo supuestamente antes con su coqueto demonio y no quería eso.


—Creo que tenemos un severo y crónico caso de celos. Y para eso solo hay un remedio.


Coqueto Sebastian hablaba con fingida seriedad mientras sometía a su celoso joven amo que parecía ir cediendo un poco.


—Y no estoy enfermo, tú estás enfermo de la cabeza. Demonio desquiciado.


—Tal vez tú me tienes desquiciado, yo era un demonio normal antes de conocerte.


Un tenue "cállate" era lo que el joven murmuraba ante las palabras de su demonio desquiciado, y no era tanto por lo que dijo sino la forma en que lo dijo, parecía tierno y sincero. Lo maldecía internamente por hacer que su ser caiga ante sus encantos, no entendía como tonterías como esa le halagaban.


—Creo que el doctor Sebastian preparará la inyección, para este caso tan extremo.


—¿Qué inyección? ¿Eres loco? No vas a inyectarme nada. —Algo confuso y asustado le refutaba.


—Debo hacerlo o de lo contrario su vida corre un gran riesgo.


Diciendo aquello le bajaba con prisa el pantalón y ropa interior, dejándolo con su entrepierna desnuda sobre el escritorio, algo excitante para ambos usualmente no tenían relaciones en el despacho por miedo a ser oídos.


Sebastian bajó su propio pantalón y ropa interior también con mucha ansiedad, dejando ver su erección que Ciel con perversión miraba, abriendo las piernas comenzó a sí mismo a estimular su entrada.


—Que buen paciente tengo... Preparándose solo... —Excitado el demonio lo veía como se estimulaba, era tan perverso verlo que no soportó más apartando su dedo de su entrada lo embestía lentamente, mientras al unísono ambos jadeaban de placer.


Pronto el escritorio tambaleaba al ritmo de los amantes que entre besos y caricias unían sus cuerpos de forma algo grotesca pero placentera.


—Usted es muy bueno... Doctor... Ngh... —


Entre jadeos hablaba Ciel al sentir como cada estocada de ese potente miembro tocaba profundo en su ser llevándolo poco a poco al placer máximo.


—Lo sé... Y solo lo soy contigo.


Advertía el otro agitado sintiendo como su miembro se apretaba deliciosamente en las paredes anales de su deseable joven amo. No dejaba de embestirlo con fuerza hasta que en unos minutos ambos llegaron al éxtasis casi de forma simultánea, agitados se besaban no podían dejar de hacerlo aunque parecían ahogarse luego de esa entrega.


—¿Estás curado? O hay que medicarte de nuevo.


—Ya estoy bien... Idiota...


Sebastian sonreía ante tal dulce trato pero ya conocía el carácter de su joven amo, aunque lo disimulara con sus gestos y palabras disfrutaba del tiempo juntos.


—Tal vez no podamos hacer esto mientras viajamos en ese barco.


Murmuraba algo malhumorado el demonio recordando las vacaciones obligadas que tenían, al viajar en ese barco unos días después junto a Elizabeth y su familia, la misión. Ya podía imaginarse que no habría mucho tiempo para diversión.


—Si a tu amo le dan ganas, claro que si... —Le respondió coqueto Ciel y lo besaba para animarlo, no era como un viaje de abstinencia ya encontrarían el momento para estar juntos, tal vez hasta resultaría excitante pensaba perverso en medio del beso.











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