Cap 1. Sigues siendo un traidor
Lucifer abrió lentamente sus ojos, no tardó en acostumbrarse a la luz y miró hacia el bulto al lado suyo en la cama, por increíble que suene le pareció adorable ver a aquel overlord de sonrisa turbia descansar merecidamente después de aprovechar un momento para adorarse mutuamente en cuerpo y alma.
Con una mano acarició su mejilla y luego acomodo los mechones rojos para apreciarlo mejor, pasó su vista de la cara al cuello y luego el costado del demonio rojo, tocó las mordidas en sus hombros y las marcas de dedos en su cadera que se asentuan con el paso del tiempo, ama dejar su propia marca en la piel del pecador, el rey amplió la sonrisa en su cara al notar que el ente que tanto lo enloquece se despertaba poco a poco.
—Hola... —saludó Alastor una vez que recobró la conciencia.
—Hola.
El ángel caído se acercó para dejar un beso en sus labios, no hacía falta mediar palabra, estos instantes eran solo suyos para disfrutarse apartados del resto del mundo.
Sin embargo esa calma no duró mucho.
La burbuja de la pareja se rompió cuando la puerta se abrió abruptamente de par en par y por ella entró una mujer de cabello rubio, imponente presencia y un humor de perros al confirmar con sus propios ojos lo que las malas lenguas esparcían a sus espaldas, aunque su molestia era mayor al ponerle cara al maldito fulano que se metía en SU cama con SU marido.
Ambos hombres se sobresaltaron y quedaron a la expectativa, no sabían como reaccionaría la reina del infierno al encontrarlos en la cama. Para empezar no se suponía que estuviera siquiera en el pentagrama, aún no era fecha en que se dignara a hacer acto de presencia.
—Lilith, ¿qué haces aquí? —preguntó Lucifer que no aguantó más el silencio
—Aquí vivo, es mi casa... ¿o es que hasta eso le diste a... este?
Alastor apretó la mandíbula sintiendo el desdén de la reina, no se dejaba intimidar por la mirada fulminante que le dirigía pero antes de pararse para encararla el mismo brazo que rodeaba su cintura hace unos instantes lo frenó en seco.
Lucifer chasqueó los dedos para invocar una bata de seda que lo cubriera a él y otra para su amante.
Ese gesto solo enardeció el cólera de la reina, el infeliz de su esposo procuraba a su querido junto enfrente de ella, ¿tan poco le importaba su matrimonio? ¿ella?
Durante unos segundos solo hubo silencio y luego el desastre comenzó.
Sintiéndose ofendida la monarca se abalanzó a Alastor lista para golpearlo, el overlord quiso defenderse usando sus tentáculos pero su poder no se compara al de la realeza por lo que fácilmente Lilith contrarrestó su ataque. Justo cuando estaba por recibir el segundo impacto de la reina una figura se interpuso entre ambos despidiendo una energía llena de molestia y a la vez angustia.
—Lilith no tienes que hacer esto.
—¡Que pinche descaro! Metiste a tu amante en nuestra cama y todavía lo proteges... —reclamó apretando los puños, sus cuernos se habían vuelto más grandes, los ojos brillaban de rabia y su aura no dejaba de ser amenazante.
—¡Lilith! Hablemos.
La reina soltó un suspiro pesado y se dio la vuelta dirigiéndose a una puerta que Alastor siempre vio cerrada, creyó que era un baño hasta que pudo ver algunas prendas colgadas a pesar de la distancia. El rey del infierno no tardó en seguirle, demasiado apresurado para que la mano del pecador pudiera retenerlo.
Su corazón se estrujó, no sabía que esperar ahora que su aventura era descubierta por la reina, la esposa, la gran señora. Pero así era mejor ¿no? Ya no tendrían que esconderse para estar juntos.
Parpadeó y salió de la cama cerrando la bata negra, en silencio caminó hacia la puerta que cruzaron los monarcas y se acercó lo suficiente para escuchar con sus agudos oídos.
—Tienes que dejarlo Lucifer... No puedes seguir con esto, destruirá nuestro reino... A Charlie... A nosotros. Somos el sostén del infierno y de nuestra princesa.
—Demonios Lilith, no creas que estoy bien con esto...
Y Alastor dejó de escuchar, retrocedió un paso sintiendo de repente el ambiente frío y pesado de la estancia, incluso peor que cuando percibió el enojo que Lilith no se molestó es disimular.
¿Lucifer no estaba bien con lo que tenían? El adulterio estaba de más pero el vínculo entre ellos, la manera en que se completan y transmiten paz es especial.
Todas esas tardes tocando música en su estudio, las veces que compartieron una botella de vino y terminaron en el suelo riendo de tonterías para después besarse lentamente, los paseos en los jardines del palacio, cuando Lucifer confió en él para dejarle probar su sangre, las partidas de ajedrez, aquellas veces que las noches entre las sábanas... Fueron momentos cargados de complicidad y afecto.
O eso creyó.
Claro, que idiota, que estúpido, que imbécil... ¿Cómo pudo pensar que fue real? Evidentemente solo era un pasatiempo para el rey, un juguete dispuesto a abrirle las piernas y el corazón cuando ya tenía una esposa, una familia, un pueblo al que gobernar. Lucifer ya lo tiene todo.
¿Y qué podía ofrecerle el? Que no fuera simple entretenimiento.
Que patético.
Aún aturdido usó su poder para vestirse, tomar su micrófono y escabullirse por las sombras, dejando atrás su corazón herido y vulnerabilidad.
No debió entregarse de esa manera.
Alastor volvió a su morada sintiéndose derrotado, bajó la guardia y perdió una batalla que bien pudo evitarse. Y es que fue muy idiota al perder de vista su propósito, se suponía que aprovecharía la curiosidad de Lucifer para eventualmente pedirle apoyo en la faena de recuperar su libertad.
Y solo le dio la oportunidad de ponerle otro tipo de esposas. Un error garrafal que no se repetirá.
«No, las emociones no volverán a dominarme»
No se permitió sentir, juró no hacerlo nunca más y eso incluyó el duelo de la ruptura, todas las emociones e ilusiones que el rey del infierno logró sacar a la luz las volvió a meter en una caja fuerte bajo decenas de cadenas y candados.
Como si nunca hubiera pasado.
Como si no hubiera vuelto a sentirse vivo, no hubiera conocido lo que es querer y ‘que te quieran’.
Todo eso quedó enterrado.
Hasta que el paso de los días rebrotó las consecuencias de sus actos.
La irritabilidad y el hambre voraz que lo dominaron las asoció a la abstinencia, concluyó que la sangre de Lucifer tenía cualidades parecidas a las de una droga y privarse repentinamente de ella debía tener efectos en su sistema.
Pero lo que no pudo sobrellevar tan bien fueron las arcadas que le provoca tan solo oler las vísceras de casi cualquier festín, incluso uno que su querida amiga había preparado con tanto esmero ahora que al fin había oportunidad de visitarlo, su misterioso amante había absorbido todo el tiempo de calidad que podían tener los viejos amigos. No le alegraba la desdicha del overlord con el corazón roto, pero era bueno reunirse otra vez.
—¿Al, estás bien? Te ves pálido, más de lo normal, quiero decir —comentó Rosie cuando lo vio regresar del baño.
—Estoy bien, nada de que preocuparse, solo un poco de náuseas... Me pasa en las mañanas sobre todo. Te ruego me perdones, por hoy no me apetece este guiso.
La dulce caníbal parpadeó confundida y luego lo escudriñó de arriba a abajo, era extraño que alguien con tanto poder se enferme en el infierno y que decir de que está rechazando los aperitivos preferidos de ambos: ojos y tripas.
—¿Desde cuándo?
—Ah no lo sé... Un par de semanas supongo, no te angusties querida, es solo una simple molestia.
El demonio radio pasó a su lado para buscar en la nevera, sacó una porción de una tarta de manzana y se sentó frente a su amiga para probarla, tardó en notar el gesto de sorpresa que mostró la mujer.
—Que grosero de mi parte, ¿gustas un poco?
—No, no gracias... Solo me parece raro que comas algo dulce.
—Bueno una noche se me antojó y le pedí a Niffty que consiguiera, reconozco que fue una buena elección de su parte.
—¿Ahora disfrutas de los postres?
—Puede... La otra vez Mimzy me trajo un red velvet que estaba para chuparse los dedos.
—Ya...
—Bueno querida, ¿puedes recordarme de qué estábamos hablando?
—Esperaba que por fin me contaras como acabaste con el iluso que se atrevió a jugar contigo y botarte de un día para otro.
—Acabar... Sí, me hubiera gustado arrancarle la cabeza.
—¿Cómo? ¿No lo hiciste añicos? Mhm que decepcionante.
—Ni hubiera valido la pena ni tampoco oportunidad, no es cómo que alguien de estas tierras pueda hacerle frente a Lucifer y salir victorioso.
Rosie jadeó de sorpresa lo que le hizo atragantarse con el bocado de órganos que estaba comiendo, se incorporó con dificultad y el demonio rojo quiso ayudarle, instantes después la overlord se recompuso.
—¿Lucifer? ¿Estás de coño?
—¿Cuándo te he mentido?
—Es que... Wow, estoy impresionada pero de buena manera, si que tiras a lo alto ¿eh?
—No fue por eso pero igual ya quedó en el pasado, te estoy contando para reírnos un poco de mi idiotez y dejar morir el tema.
—De acuerdo, de acuerdo, necesito más contexto cariño y un poco de té si no es molestia.
—Enseguida...
Rosie trató de no prestar demasiada atención cuando Alastor volvió con las tazas de té y más tarta, pero en definitiva verlo tomar una rebanada incluso más grande que la anterior fue raro.
El instinto de Rosie le decía que esas inconsistencias con el Alastor que conocía no eran cualquier cosa, pero se guardó sus comentarios. Al menos unos días hasta que le toco volver a verlo correr al baño de su emporio para vaciar su estómago, al parecer la fragancia de una clienta fue demasiado intensa para él.
Cuando regresó le ofreció un par de dedos como bocadillo que rechazó educadamente, sin embargo, cuando mencionó que tenía manzanas acarameladas y este le pidió una la duda fue más clara.
Rosie fue a la cocina meditando el escenario en su mente, sonaba muy fantasioso pero joder están en el puto infierno, ha visto de todo el tiempo que lleva aquí y lo que imagina sería lo menos raro.
Sacó una manzana del refrigerador y volvió con su querido amigo, observó detenidamente como comía el postre, saboreando la cubierta y dejando escapar uno que otro sonido de satisfacción, realmente lo disfrutaba. Suspiró casi rendida ante las envidencias, tomó asiento frente a él y finalmente decidió a sacar el tema.
—¿Sabes Al? Me sigue llamando la atención tus cambios en la dieta y esos problemas gástricos, no son comunes y menos para ti. Si no supiera que fuiste humano diría que Lucifer te ha dejado un bollo en el horno.
El demonio radio miró incrédulo a la overlord, creyó que su comentario era puro juego pero esa expresión en su rostro le dijo claramente que hablaba muy en serio, lo cual le pareció jodidamente ridículo.
—Qué tont-
—¿Estás esperando un hijo de Morningstar?
Quiso reírse, en serio quiso, pero lo absurdo del tema y la intromisión del no invitado se lo impidieron, se giró en su asiento para ver al recién llegado y luego a Rosie, de verdad que ver lo serios que se pusieron fue muy gracioso.
—Emm... No, soy un pecador, no nos reproducimos. Vox, amigo, los timbres se inventaron por algo.
El más joven overlord ignoró la mirada no grata que le dirigía el hombre, observó unos segundos a la elegante mujer y luego otra vez a Alastor, muy seguro de lo que escuchó y haciendo un esfuerzo por no enfatizar en el repentino descubrimiento de quién era el supuesto amante del gobernante volvió a hablar.
—Me cansé de esperar en el mostrador —explicó como si eso justificara lo invasivo que era ingresar a propiedad privada sin permiso—. El rey es un ángel caído, de poderes impresionantes, no sería raro si es capaz de... Dejarte en cinta.
—Eso es improbable.
Al venado le estaba impacientando que de verdad plantearan esa estupidez, totalmente imposible, para empezar son dos hombres.
—Diste en el clavo, puedes probarlo, si Rosie lo dijo es porque hay dudas ¿no? Déjame ayudarte a comprobar.
—¿Y como sería eso? —inquirió la nombrada, con una mano en el mentón y la otra tamborileando en la mesa.
—En el negocio de Valentino... Su mercancía a veces está a disposición del alto mando, ya saben, les encanta guardar apariencias pero siguen siendo unos sinvergüenzas, a veces hay que confirmar o negar algún caso y se hace con un poco de sangre.
—Deberías aceptar su ayuda.
Alastor miró con escepticismo a su amiga, esto era una pésima broma, demasiado para este par.
¿Él? ¿Embarazado? Era imposible, conoce perfectamente su biología incluso después de morir y las leyes naturales del infierno son muy claras, solo los nacidos en el infierno pueden engendrar. Todo mundo lo sabe.
Y aunque la lógica dicta que no, sus colegas lograron sembrarle la duda. Y es que Rosie tenía un buen punto, ha habido cambios en su cuerpo que jamás experimentó, no solo por las nauseas, los enfrentamientos lo agotan más que antes y tuvo que recorrer un par de orificios a su cinturón cuando lo abrocha.
Se sintió el más imbécil cuando accedió a la idea de Vox “solo por cumplirles un capricho”, en menos de veinte minutos el demonio de la televisión fue y vino de la torre gracias a su tecnología trayendo consigo un par de pruebas, solo debía hacer un pequeño corte.
El líquido rojo cayó lentamente en el tubo de ensayo mezclándose con la solución naranja, en segundos hizo reacción tornándose más fría hasta llegar a un intenso color magenta.
Nada que ver con el elegante y a veces funesto negro que el demonio rojo deseaba ver.
No, la prueba con su sangre arrojó otro resultado positivo. Una maldita prueba de embarazo positiva en su versión infernal.
—No haré la prueba una tercera vez, estas cosas nunca fallan y aunque lo hicieran dos falsos positivos sería mucho —habló Vox anticipando que su amigo le pediría repetirla, otra vez, quizás ahora se cortaría una parte del cuello en vez del dedo o su brazo.
Alastor tenía un tic en un ojo y el aura que emana era sofocante, un aroma a azufre y la sensación de podredumbre llegaba a incomodar a los dos overlords que lo acompañaban. Apenas fue capaz de expresar unas palabras.
—Esto... No puede ser, él... ¡Maldito hijo de perra!
—¿Acabas de llamar perra a Dios?
Se hubiera reído con Rosie por su broma de no ser por el remolino que tenía en la cabeza, ¿cómo carajos pudo pasar? Sí, es un pecador, sí, es un hombre, pero también es un adulto con raciocinio ¿cómo mierda no se lo ocurrió tomar precauciones? Y justo cuando el jueguecito que tenía sin saber con el rey del infierno terminó, esperar un hijo de Lucifer ¡era el colmo! Vaya que salió perdedor, era la burla, no, el circo entero de este maldito universo.
Se llevó ambas manos a la cabeza, comenzando a tirar mechones de su cabello mientras sus astas crecían un poco y sus ojos cambiaban a diales de radio.
—Oye... Cariño, entiendo que esto es difícil para ti, pero por muy cursi que te suene no estás solo, ¿ok? Hagas lo que hagas estarás acompañado —quiso intervenir su amiga caníbal angustiada por la situación.
—Rosie tiene razón, la crianza es menos difícil si tienes a alguien a tu lado —dijo Vox posando su mano en el antebrazo del moreno, Alastor entrecerró los ojos con duda, inseguro de estar entendiendo sus intenciones—. No es el momento pero debo decirte que-
—No alucinen queridos amigos, eso no está pasando, me desharé de este problema antes de que sea una verdadera molestia —dijo el ciervo bajando las manos y recuperando la compostura abruptamente para sorpresa de nadie.
—¿Estás seguro? —preguntó Rosie queriendo tocar su hombro pero aquel se alejó de ambos.
—Completamente —aseguró dándoles la espalda para mirar a través de la gran ventana el cielo nocturno.
Vox suspiró con los brazos detrás de él y miró a la mujer, echando un vistazo a Alastor y luego a ella, la overlord entendió el mensaje y los dejó solos unos momentos, no quería ser espectadora de lo que venía.
—Entonces, el gran demonio de la radio siempre engreído, alardeando de su inmenso poder y destreza... Rebajado a ser la puta complaciente del soberano del infierno.
Vox esperaba una contestación sarcástica, una negación o incluso un ataque pero lo único que obtuvo fue silencio, se puso frente a él analizándolo de arriba abajo, distinguió esa eterna sonrisa siendo forzada y algo en sus ojos delataba lo vulnerable que se sentía.
—No me lo puedo creer... ¿Te enamoraste de él?
Alastor por fin lo miró, con esa expresión que hace a cualquier pecador cagarse encima pero al más joven le hizo gracia notar lo encrispadas que tenía las orejas.
—Eso no sucedió, hubiera sido un tropiezo de mi parte.
—Sí bueno, el tropiezo te ha dejado un regalito peculiar. No intentes engañarme, es claro que bajaste la guardia y ahora no puedes con la humillación de que te dejó de lado como un trapo viejo.
El demonio de la televisión se rió al notar que tocó una fibra sensible de su orgullo, esto era hilarante, ha pasado décadas viendo al altanero Alastor jactándose de prescindir de vínculos innecesarios y ahora por fin se tragaba sus propias palabras.
Verlo endeble a este nivel era algo fascinante, hace mucho añoraba verlo así.
—Alastor.
Lo llamó tomando su mano derecha, sintió su tensión pero no lo dejó ir y el pelirrojo tampoco se esforzó mucho en alejarse pues lo estima tan solo un poco.
—Ya lo sabes pero debo decirlo en voz alta, sé que nunca me has visto de la misma manera y tampoco quisiera que nuestra amistad se arruine.
—No sigas.
—Estoy enamorado de ti desde hace mucho, jamás he querido forzar nada porque sé... Creí que no te interesaba una relación. Esto es algo con lo que no podrás solo, ese poder y fachada no te servirán, no tienes lo necesario. Pero si tú me dejas, si me das la oportunidad como tu pareja puedo dedicar mi existencia a complacer y reparar lo estropeado... Podemos construir esa ilusión de una familia, con tu poder y el mío ¡será una nueva era en el infierno! Imagina todo el-
—¡Te dije que no sigas! —declaró el demonio radio liberándose del agarre empujándolo, retrocedió varios metros.
Estaba muy incómodo, sí, sabía que Vox estaba interesado en él pero prefería ignorarlo y ahora que tomaba el valor de decírselo a la cara en vez de querer integrarlo a su grupito todo se ponía extraño.
—Intentar tener una pareja me dejó en este horrible hoyo, no volveré a cometer ese error ni una sola vez y ya lo dije antes. Esa alimaña no va a nacer, borra esa fantasía rara de tu cabeza de una vez, porque tú y yo juntos no está pasando.
—Al-
—Estoy harto, retírate.
—Escúchame.
—¡No quiero! No quiero oírte, no quiero saber de tus sentimientos ni planes de lunático... No quiero volver a saber de ti. ¡Lárgate ahora mismo!
Sintiéndose ofendido Vox prefirió no insistir por el momento, también fue humano y entiende más de las emociones de Alastor que él mismo, sabe que está ofuscado y aparentemente con el corazón roto, comprende porque reaccionó así, también sabe cuando es bueno dejar de presionar. Se iría esta vez y esperaría a que esté en calma para hablar, lo convencería, le haría saber que no hay mejor opción que él en este mundo de inmundicia. Ni siquiera el mismísimo Lucifer es rival.
Se marchó del lugar despidiéndose de Rosie, con la seguridad de que pronto Alastor aceptaría estar a su lado. O eso creyó cuando salió por la puerta.
Alastor desapareció sin dejar rastro por siete años.








