Capítulo único
El aire nocturno envolvía la isla con una calma inusual después de un día lleno de tumulto y peligro. La mayoría de los piratas, exhaustos por las celebraciones y las duras batallas, se habían recostado en el suelo, sobre escombros, justo en el exterior, donde la sombra de la luna proyectaba una tenue luz sobre sus formas adormiladas. Sin temor alguno a desaparecer con la llegada del pronto sol de amanecer; descansando en la seguridad de una victoria agotadora, ajena al terror que había reinado durante la niebla aterradora
Cada miembro está profundamente dormido, salvo por…
¡Bah! No era nada nuevo, pero esta vez es un poco diferente a otras ocasiones.
Sanji encendió su tercer cigarrillo mientras decidía pasear para despejar su mente. Qué trampa del destino, cuando anduvo sin rumbo, lo condujo hacia una zona específica: Los heridos de la batalla. Afortunadamente no fueron demasiados ni graves, pero sí había un caso que preocupaba a la mayoría desde las primeras horas. Entendía por qué el pequeño médico no se había separado de él.
Chopper estaba sentado cerca de Zoro, sus ojitos parpadeaban con esfuerzo, luchando por mantenerse despierto. Sanji no cuestionó a sus piernas cuando caminaron en esa dirección.
—¿Chopper? —llamó sin causar demasiado ruido.
El pequeño reno se sobresaltó levemente y giró hacia él.
“Apenas se mantiene despierto”, pensó Sanji.
—¿No deberías descansar un poco? —preguntó con suavidad, siendo consciente que el doctor no ha pegado reposo en todo el día.
—Lo siento, Sanji, pero…, no puedo. Las heridas de Zoro necesitan de constante atención, tengo que curarlas nuevamente y cambiar su vendaje—respondió, pero aunque su voz hablara con determinación, delataba su agotamiento.
Sanji suspiró, sintiendo la familiar terquedad del pequeño doctor que siempre se rehusaba a dejar algún paciente. Por otro parte, es incapaz de abandonar ese impulso, y tras un breve momento de reflexión, continuó su intervención.
—¿Qué usas para curar las heridas? —preguntó de repente.
Chopper no tarda en sacar de su bolso unos frascos y algunos vendajes meticulosamente organizados. Selecciona uno de los recipientes y se lo enseña al cocinero.
—Utilizo esta crema curativa especial que contiene extractos de hierbas medicinales —el orgullo de su creación se ve opacado por la somnolencia de sus gestos, una que intentó ocultar,
Sanji decide no señalarla y se dedica a asentir a su explicación, examinando la crema con detención y oyendo el resto de instrucciones acerca de su uso.
—Entiendo —y tras quitarle lo necesario, dejando al doctor perplejo, prosiguió—. Déjame hacerlo. Tengo suficiente experiencia en esto, y estoy más despierto que tú. Cuidaré de él —agregó, para gran sorpresa de cualquiera que le oyera.
Chopper vaciló por un momento, sus ojos cansados reflejaban lo que Sanji dedujo como un conflicto interno. “Pero Zoro...“, comenzó a objetar, preocupado. Bueno, lo intentó; porque fue nuevamente interrumpido.
—Primero, limpiaré la herida cuidadosamente y me aseguraré de revisarlas una por una, luego aplicaré la crema cicatrizante cuando esté todo seguro. Por último el vendaje compresivo —relató, asegurándose de añadir detalles de higiene cuidadosos y técnicas de primeros auxilios bien fundamentadas—. Estará bien conmigo. Ve y descansa, Chopper. Te lo has ganado —dijo con una sonrisa tranquilizadora, la cual funcionó perfectamente.
—Está bien, Sanji —menciona con más calma, y es notable ese leve atisbo de gratitud—. Pero por favor, si surge alguna emergencia, despiértame de inmediato —se aseguró de advertir.
Por supuesto, también le dejó en claro que ante cualquier contratiempo, iría corriendo hasta él. Gracias a eso, Chopper pudo refugiarse más tarde en un merecido descanso.
Al momento de arrodillarse al lado del espadachín, se preguntó seriamente si la falta de sueño le afectó el cerebro. ¿Quién en su sano juicio insistiría en quedarse la noche en vela para cuidarlo tan esmeradamente? Dios, si tan sólo fuera Nami o Robin quienes necesitaran de su atención... Ah, no, espera, eso significa que alguien les hizo daño. Joder. ¡Mataría a quien se atreva a tocar un solo cabello de sus queridas damas!
Vio a Zoro hacer una mueca en su inconsciencia. “Ups”, murmuró. Sanji había sacado el viejo vendaje sin el cuidado que le prometió a Chopper, y entre pensamientos divagantes, para colmo de Zoro.
Vaya que el Marimo acabó muy jodido. Algo que vuelve a irritarlo más que el pensamiento de alguien dañando a las chicas de su tripulación.
Cuando encontró a Zoro, cubierto de sangre y sin rastro de nadie más cerca, su preocupación se convirtió en un nudo en el estómago. Hasta algo dentro de él decía que se había asustado, en especial después de que Zoro se desplomara frente a sus narices.
“No pasó nada”, antes de desmayarse le respondió. Y cómo odia que la realidad sea tan distinta a lo que el Marimo intentó encubrir.
¿Por qué debió ser tan obstinado en sacrificarse por todos?
Incluso cuando durante la pelea Sanji interfirió para también atacar al contrincante.
“¡No te metas!” Le había gritado.
“Innecesario”, volvió a repetir por sí mismo.
—Innecesario fue dejarme inconsciente, imbécil —murmuró entre dientes, casi al punto de masticar el cigarrillo a mitad de fuego entre los labios.
Y sus maldiciones no se acabaron ahí. Por cada herida nueva que descubre, le seguía otra; por cada atención brindada, por cada ungüento de crema receloso. Siguió derramando lo que dentro de su pecho en su momento se sembró como opresión.
—Todavía no has cumplido tu sueño —rememoró nuevamente—. No te atrevas a morir, bakamarimo —escupió; la maldición le sabe a ruego desesperado.
Las memorias no tenían compasión, una secuencia tras otra, en especial cierta conversación del pasado.
“Idiota. Son del tipo de personas que van directo hacia la muerte”, sin saberlo, esas sentencia pesó de igual manera en ambos lados de la balanza.
Y la respuesta lo dejó más marcado de lo que esperaba. “He tirado mi vida desde el momento en que decidí convertirme en el mejor espadachín del mundo. La única persona que puede llamarme así soy yo”.
Sanji se detiene. Ya no hay sangre que limpiar, sólo profundas cicatrices que vendar.
—Bastardo temerario —otro insulto vino antes de comenzar la última fase del trabajo.
Jamás pediría su ayuda. Jamás admitiría estar agradecido. Jamás confesaría que admira su determinación.
Nunca podrían llevarse bien. Nunca marcharían un solo día sin discutir.
La convivencia entre ambos siempre fue complicada. Aun así…
“Tener compañeros que se cuiden los unos a los otros… Es lo mejor que puedes obtener.”
Lo que importa, al final, es que todos están bien.
Es que él está bien.






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tiene muy buen potencial para seguir la historia y que no sólo se convierta en un one-shot