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El último verano de Ares / TG

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Sinopsis

Alice, prima de Ares. Solían ser muy unidos en el pasado, pero ella se mudó a Los Ángeles, y él se quedó en Vancouver. Pero este verano es especial... pues ambas familias acordaron una expedición a un pueblo muy al norte del país. Después de llevar 3 años sin verse, la última vez que se miraron tenían 15 años. Hoy tienen 18 años. Durante la expedición, antes de partir. Alice y Ares deciden adentrarse un poco al bosque... allí encuentran una cueva peculiar. Con símbolos difíciles de leer, quizás no de este siglo. Ingresan a ella y su vida cambia por completo al intercambiar de almas...

Genero:
Fantasy/Thriller
Autor/a:
Josué G
Estado:
En proceso
Capítulos:
9
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1 - La cueva encantada

El verano llegaba a su fin. Las hojas pronto comenzarían a caer de los árboles para dar paso al Otoño. Este viaje en particular es especial, pues veo a Alice, una prima con la que siempre me llevé bien. Creo que todos mis recuerdos felices de infancia y adolescencia, esta ella presente en cada uno de ellos. Algunas veces que nos escapamos de casa para ir a fiestas de nuestros amigos, o solo para salir a pasar el rato y divertirnos afuera, en especial cuando habían problemas en casa.


Ese aroma de bosque con olor a lluvia, es encantador. Hoy es el último día que estaremos acaparando en el bosque, en un inicio estuvimos en un pueblo al norte de Canadá, del cual la verdad no recuerdo el nombre exacto. Solo que es uno a donde mis padres, abuelos y bisabuelos siempre han frecuentado.


Me agrado estar aquí por una semana. Aunque mamá y papá fastidiaban mucho con el tema de "aléjate de la cuidad y desconéctate del mundo. Te hará bien". Creo que tomarse unos días o semanas de todo el ruido de ciudad, estrés y presiones, es bueno. Pero sea como sea, quiero volver a ella. Creo que la mayoría queremos, estos viajes y expediciones solo son un "puedes descansar aquí, para continuar con tu viaje"...


Me percato que en mi iPhone marcan las 11:26 AM. Al lado del mismo dejé mis audífonos, pues pasé la noche escuchando música, mientras dejé un poco abierta mi casa de campaña, pues quería ver las estrellas; además de tomar algunas fotos y después seguir disgustando del paisaje. Aunque fue un grave error, algunos mosquitos ingresaron a mi casita y batallé un poco con ese tema. Aunque si algo agradezco, es poder tener mi casa de campaña para mí, no me gusta dormir mucho con otras personas. Quizás cuando me case, mi esposa me diga que deje esas estupideces atrás y durmamos juntos.


—Ares...—escucho a mi prima que me llama desde fuera de mi casa para campar. Me estiró un poco y me inclino al frente, para así poder deslizar el cierre y abrir para verle.


Apenas lo abro y ella se deja ver. Una chica de cabello rubio, estatura pequeña(siempre le he fastidiado con eso), ojos claros, tes blanca y delgada. Sus rasgos finos y su nariz pequeña son sinónimo de nuestra familia. Creo que es algo que compartimos la mayoría de primos. La última vez que le miré hace 3 años, recuerdo que dijo que se metería al gimnasio para conquistar a un chico. A un tal Jacob... aún me hace gracia recordar eso.


—¿Iremos?—pregunta muy ansiosa por que le de respuesta a lo que hablamos anoche.


Yo bostezo. —Claro... que no—respondo y veo su expresión con seriedad, y una pizca de enojo.


Rio después de ver su semblante. —Nah, es broma. Si iré. Nada más me cambio y vamos. ¿Donde están los demás?—inquiero.


Ella sonríe después de escuchar mi respuesta. —Están haciendo una parrillada... todos se despertaron temprano, excepto nosotros—ríe. —En fin. Ya saben que saldremos a explorar, ojalá que Amy no se cuele y quiera acompañarnos—comenta para después retirarse y darme tiempo de cambiarme.


Inmediatamente cierro mi tienda. Tomo unos vans de color negro, un jean azul marino y una camisa y hoddie blancos. Hace frío aquí... a pesar de ser verano, aunque es Agosto y supongo que por eso el frío se siente cada día más.


Me aplico un poco de crema en el rostro, preparo mi mochila y llevo una batería para cargar mi iPhone. Me rio un poco, pues me preparo como si nos vayamos a ir a explorar por días u horas. Lo cierto es que iremos a explorar tabernas que están en la montaña, son muchas, y perderse allí es fácil. Pero ya veremos cómo nos va.


Una vez que termino de preparar todo lo necesario para salir a explorar junto a mi prima. Abro mi casa de acampar y salgo. Saludo a mi madre que la veo pasar cerca. —Buenos días, mamá. ¿Si te dijo Alice que saldremos a explorar?—le pregunto mientras me acerco a ella y aprieto mi mochila.


Ella asiente. —Tengan mucho cuidado y vuelvan pronto. No se que le ven a esas cuevas que todos quieren ir ahí...—responde mientras sostiene algunos platos. —¿No comerán antes de salir?—agrega.


Alice aparece y se niega. —No, tía. Gracias. Saldremos a las cuevas, las que se ven allá en la montaña... son muchas y queremos tomar algunas fotografías, iremos rápido y volveremos—se apresura a responder y toma camino a la salida de nuestro campamento.


Comienza la aventura y la caminata.


Alcanzo a mi prima. —Se ve medio extraño que tú y yo salgamos a explorar. Fue un poco incómodo, o quizás porque teníamos mucho que no nos mirábamos—comentó mientras con mi iPhone trato de ubicarme con la brújula.


Ella ríe. —Lo sé. Pero saben que tenemos mucha confianza desde pequeños. Que siempre hemos sido unidos, así que no se ve tan raro... pero como tú dices. Influye lo que tú mismo dijiste, hacía tiempo que no nos veíamos y por eso algunas cosas parecen extrañas—explica mientras continuamos caminando.


Suspiro. —Te acuerdas cuando escapábamos de casa, para ir a algunas fiesta o irnos a divertir con los amigos... y solo teníamos 15 años—recuerdo mientras avanzamos.


Ella sonríe y voltea a verme. —Cuando me mudé a Los Ángeles, la pasé muy mal por varias semanas. No se sentía igual, personas nuevas, nuevo ambiente, escuela nueva. Una vida diferente... fue extraño—aclara.


—Recuerdo que me mandabas varios mensajes y hablábamos mucho por videollamada—observo unos árboles y nos adherimos a un camino que lleva a esas cuevas. Realmente no está lejos, a unos 30 minutos del campamento. —Hasta que dejaste de hablarme—le veo con decepción.


Ella encoge los hombros. —Cuando llegue allá mi vida cambió y con el tiempo me adapté...lo siento.


Me sorprendo de escucharle. —¿O sea que solo me usaste para aliviar tu incomodidad? Genial—contestó mientras niego con la cabeza y aceleró el paso.


—Ares, no.... No quise decir eso. Tu siempre has estado para mí. Y lo agradezco. En esos momentos eras la única persona que me comprendía, me siento muy afortunada de que seamos primos hermanos. Por ello nos tenemos tanta confianza—replica mientras me enreda con su brazo por la altura de mis hombros.


Yo sonrío y le acepto su disculpa.


Continuamos caminando por el bosque, que cada vez los árboles se ven más dispersos, el color verde deja de estar tan presente para dar paso a formaciones rocosas. Algunos árboles aún continúan, con arbustos. Pero entre más avanzamos, más desaparecen. Luego de algunos minutos de charla y camino, llegamos a la entrada a las cuevas. Están elevadas, en montañas. Hay varias, muchas diría yo.


Según las leyendas, cosas extrañas suceden aquí. Hay mitos y leyendas, como en cada país con sus pueblos. Continuamos avanzando y de lejos observamos el campamento. Alice me pide que le tome una fotografía, y así lo hago. Nos tomamos una foto juntos para subirla a Instagram cuando haya señal.


Es la 1 de la tarde en punto. El sol esta comenzando su camino para ocultarse y el permiso que nos dieron fue para volver dentro de 2 horas máximo. Llevamos 1.


Alice corre hacia una de las cuevas que hasta en la cima de la montaña. —¡Mire algo brilloso al fondo!—grita mientras avanza.


Yo le sigo. —No empieces con cosas. La gente solo dice cuentos y leyendas para atraer turistas—le respondo mientras corro junto a ella y comenzamos a subir por los distintos caminos.


Es de tierra y algunas rocas. Pareciera que el camino fue hecho hace mucho tiempo...


—Es esa—apunta a una entrada que está a unos metros de nosotros. Rodeada de piedra color rojiza, y una enorme entrada. Algunos arbustos secos también le rodean, pero no en abundancia.


Finalmente llegamos y toma aire mientras se recarga sobre sus rodillas. —Te juro que algo brilló aquí... era como si me llamara—exclama mientras estamos al frente.


Desde la montaña se alcanza a ver el camino que tomamos por el bosque y a la lejanía, muy pequeño... se alcanza a observar el campamento. Mi madre me llama por teléfono, logro obtener señal de algún lado. Según yo, no la había aquí. Aunque la voz se escucha cortante a medida que doy pasos al interior de la cueva, nos pide que volvamos, y respondo que vamos de regreso.


—Tomaré algunas fotografías desde aquí—usa su iPhone y yo doy la media vuelta para apreciar algunos símbolos grabados en las rocas.


Me llama demasiado la atención ver esos grabados ahí. Algunas son borrosas, y parecieran textos, muy antiguos. Quizás de hace muchos, muchos años.


—Ares, vamos a tomarnos una foto con el bosque de fondo—me llama múltiples veces y finalmente acepto.


Camino a ella. Nos colocamos al exterior de la cueva, observando a la misma. Y de fondo de alcanza a ver el inmenso bosque que es por donde llegamos. Toma varias fotografías y alza su iPhone para captar señal y subirlas a Instagram. Curiosamente logra subirlas. —No puedo creerlo. Ya están en la nube...—escucho que comenta mientras yo estoy intentando averiguar qué carajos significan todos esos símbolos.


—Alice...—le hablo y ella voltea. Camina hacia mi y también se le nota mug sorprendida. Llena de duda al percatarse de los símbolos o extrañas.


—¿Pinturas rupestres?—inquiere ella.


Me encojo de hombros mientras avanzo y vuelvo a encender mi linterna. —Los símbolos siguen al fondo de la cueva, pero no se... me da vibras extrañas—le volteó a ver.


—¿No que todas esas leyendas y cuentos son estupideces? ¿La princesa quiere saltar en mis brazos porque tiene miedo?—se burla mientras me observa.


Niego. —Cállate, Alice. Avancemos...—me voy al lado izquierdo y ella al derecho. Las marcas se dividen en dos, y es imposible averiguar de qué se trata. Hasta qué...


—¡Ares!—grita y yo volteo para ir hacia ella.


Me acerco con mi linterna mientras observo a todos lados. —¡¿Qué pasó?!—interrogó mientras me acerco.


Ella está perpleja al encontrar una traducción. —Alguien tradujo todos estos símbolos... son estas palabras—señala mientras alumbra con la linterna.


—Invoco a las fuerzas de la vida... las hago un llamado para que cambien mi vida. Estamos aquí presentes para nuestras almas intercambiar, y así... felices estar...—exclama ella en voz alta mientras lee.


Yo le aparto de ahí. —¿Estás loca?...


Ella ríe. —No seas miedoso... nada de esto es verdad—suspira la carcajada al ver mi semblante. —Mejor tomemos fotos a las estupideces que hacen las que se creen brujas...— sin preocupación alguna.


Leíste lo que dice abajo.


"Este hechizo será irreversible una vez que hayan transcurrido 30 días desde que se citó"


Ella suelta la carcajada. —Ares. Tú mismo acabas de decir que no crees en estas idioteces. Y ahora te veo aquí... temblando de miedo y esperando a ser recatada como la típica princesa de Disney...—señala con bromas mientras da media vuelta para tomar una fotografía. Yo vuelvo a centrar mi atención en el texto.


—¿Qué mierda es eso?...—Alice se queda perpleja.


Yo de inmediato volteo. Apenas lo hago y puedo notar que la enorme entrada se ha cerrado. No hay nada de luz... lo único que ilumina son las luces de nuestros smartphones.


—No puedo creerlo—digo mientras camino hacia donde se supone era la entrada de la cueva. —No pudimos alejarnos tanto... es imposible. La luz estaba detrás de nosotros, y era de día...—me comienzo asustar y después Alice toca mi hombro.


—Ares... algo está pasando—pronuncia con miedo en sus palabras.


Volteó y me guió por sus ojos. Lentamente muevo mis ojos y algo está brillando... el texto esta emanando múltiples colores... colores resplandecientes... bajo mi linterna y ella igual. El texto aún así destella luz y cada vez mas alumbra más... hasta el punto de iluminar todo el texto que Alice cito.


—Por favor... dime que esto es un sueño...—alzó la voz mientras me acerco a ella y le tomo del hombro. Con miedo por lo que estoy presenciando.


Todos los símbolos en la cueva se iluminan hasta el punto de que usamos nuestras manos para cubrirnos mientras nos abrazamos.


—¡Que mierda hiciste, Alice!—le gritó mientras lentamente siento que una fuerza cruza a través de mí con mucha fuerza.


—No lo sé...—responde rendida mientras se desvanece.


El cansancio se comienza a hacer presente en mí. Me esfuerzo por intentar sostener a mi prima. —Ares...—alcanza a dar su último aliento y cuando su peso cae, me lleva con ella y no logro sentir el golpe del suelo, solo veo oscuridad.


Como una grabación con fotos, observo pasar mi vida. En especial los mejores momentos y que más atesoro... momentos con mis padres, abuelos. Mi novia. Algunos donde mis mejores están presentes en mi casa mientras jugando videojuegos... entre muchos otros.


Para después llegar al final de la grabación... y una vez, ver solo oscuridad. Cómo si mi antigua vida se hubiese ido.


Un dolor persistente se hace presente en todo mi cuerpo. Lentamente recorre toda mi médula hasta llegar a mi cabeza. Y es allí cuando el dolor se intensifica. —Ahg—me quejo mientras lentamente abro los ojos.


Veo un color azul claro. Algunas nubes. Con mis manos intento ponerme de pie, pues siento como si me hubiesen sacado el aire... con mucho esfuerzo y tomando oxígeno a bocados, mientras el dolor disminuye.


—Mierda. Te dije que no movieras las cosas—me siento diferente. Mientras exclamó y veo que al frente está la cueva.


Alguien aclara su voz detrás mío. —¿Ares?—una voz varonil. Quizás un poco peculiar y familiar.


Mis ojos se expanden al escucharlo y recordar todo. Mientras visualicé recuerdos de mi vida es como si el tiempo se hubiese congelado... el sol está en otra posición y parece que pasó mucho tiempo.


Con esfuerzo, miedo y temor. Volteó lentamente. Para encontrarme con un chico de estatura promedio. Rubio que hace juego con sus ojos cafés y tés blanca. Un físico marcado por gimnasio y mientras está boquiabierto, como si hubiese visto a un fantasma. —¿Ares?...—vuelve a preguntar.


Perfectamente puedo ver mi cuerpo de pie frente a mí.


—No puedo creerlo—atinó a decir. Es lo primero que sale de mi mente al presenciarlo. Lentamente alzo las manos y puedo ver que en efecto, soy Alice...


Intento buscar mi iPhone en mis bolsillos. Necesito verme con la cámara... finalmente mi encuentro en la parte trasera de mi jean. Lo tomo y apenas de ilumina la pantalla y accedo a la cámara frontal. Puedo ver un rostro femenino. Soy Alice.


Ares me observa con preocupación y lentamente se acerca. —Tranquilo... mantén la calma—me pide al ver que mis manos comienzan a temblar. Se acerca y toma mis manos. —Tranqui. Volveremos a la cueva y citaremos las palabras y aquí nada sucedió...—de mis manos me lleva hacia ella para que yo de la vuelta. No hay símbolos en la cueva, como cuando llegamos en un inicio. Tampoco hay acceso... hay rocas cubriendo la entrada.


—¿Qué?¿Qué hacemos?—me apresuro a preguntar. —Estoy seguro que es aquí... estamos creo que en el mismo punto—volteo a todos lados.


El iPhone de Ares recibe una llamada. Lo toma en sus manos. —Es mi tía... fingiremos que nada sucedió. Escúchame—me toma del mentón. —Nada sucedió.


Toma la llamada...


Ares: Mamá... perdón por no responder las llamadas.


Mamá: ¿Dónde están? Llevo rato llamando y ni una señal...


Alcanzo a escuchar la bocina del iPhone. No está nada feliz.


Ares: Exploramos la cueva y no había señal... ocurrió algo extraño y... la señal desaprecio. Lo siento... vamos en camino.


Mamá: Ya veníamos a mitad del camino. Ahorita nos vemos en la entrada del camino a las cuevas.


Ares: Ahí estaremos.


Cuelga la llamada.


—No se que haremos...—exclamó mientras me siento sobre una roca.


Ares se acerca. —Debemos fingir que nada sucedió... tú serás Alice. Yo seré Ares. No debe haber sospechas...—contesta mientras extiende su mano para que comencemos a caminar para descender de las cuevas que están situadas en la montaña.


—No puedo hacer eso... hoy partiremos. No nos veremos... yo no quiero ir a Los Ángeles. No puedo ser una chica. Porque no lo soy—sentenció mientras me pongo de pie.


Él me observa. —A partir de hoy lo serás. Y actuarás como tal... así que comienza a referirte a ti en pronombre femenino. No quiero que nos descubran. Hoy nos iremos de aquí, pero nos contactaremos por videollamada y veremos cómo resolver esto—replica Ares mientras caminamos.


Yo niego con la cabeza. —Jamás debimos entrar. Y mucho menos citar el conjuro...—me quejo mientras bajamos por el camino y a lo lejos vemos a nuestra familia.


Me causa nervios estar allí. Será muy raro todo desde hoy...


—Tal vez llegamos al día 30 y cada uno despierta en su cuerpo como tal. Tengamos fe...—responde Ares mientras nos acercamos a una situación extraña. —Alice. Deberás volver a Los Ángeles, el vuelo será hoy. Actúa normal... trata de no llamar la atención. De algún modo las cosas cambiarán cuando sea 19 de septiembre—agrega.


Por mi mente cruzan muchos escenarios posibles sobre cómo me irá siendo una chica. Me causa preocupación saber que tendré que enfrentar la situación de tener un novio. De ir a la escuela... usar falda. Simplemente es extraño y no quiero pasar por eso. Pero supongo que no tengo opción.


—Tienes un novio. Que lo más seguro es que lo verás al día siguiente o al rato. Querrá saber de ti—remarca Ares con algo de queja. —Trátalo bien, no quiero que terminen porque si vuelvo, quiero estar con él. Solo actúa como una chica común, como yo siempre he actuado—agrega mientras me ayuda a bajar por el camino resbaloso.


Le veo con incomodidad. —Eso es lo que no quería hacer... pero creo que no tengo alternativa—finalizó.


—Esa es mi chica—me responde con alegría.


Yo le lanzo una mirada seria. —¿Por qué no estás... preocupado? Se siente extraño ver mi cuerpo frente a mí—le inquiero mientras nos acercamos a nuestros padres.


Mi primo asiente. —Lo estoy. Solo intento disimularlo y calmarlo con algo de humor—sonríe.


Levantó mis cejas. —Lo comprendo, primo—añado con una sonrisa tranquila.


Me lanza una mirada tranquila.


Volteó de nuevo al frente y sonrió mientras caminamos hacia nuestra familia.


—Ares... ¿cómo están? Les llamamos múltiples veces para saber dónde estaban... —exclama quien alguna vez fue mi madre.


—Lo siento. Es solo que no había señal y por eso...—contesta a su madre.


—Ares... ¿todo está bien?—interroga, Oswal; el padre de Ares.


Instintivamente yo volteo y respondo. —Bien...—entrecierro los ojos al sentir la mirada de Ares.


Oswal me mira. —Me alegro que tú también estés bien, Alice—sonríe. Pues no me había preguntado a mí.


Una señora de 37 años. De cabello amarillo, parecido al oro. Sonriendo y de estatura un poco más alta que yo. Tés morena clara y con el cabello lacio. Se acerca a mi muy preocupada. —Alice. ¿Estás bien?


—Sí, mami. Es solo que los rayos del sol están muy fuertes... necesito descansar un poco... aparte que ayer no dormí bien—me muestro tranquila y algo agotada.


—Te ves un poco extraña—agrega mi tía Alejandra, madre de Ares.


Niego con la cabeza. —Me agotó el camino. Creo que eso es todo, dormiré y me preparé para el vuelo de la noche... es increíble que en unas horas estaremos en Los Ángeles. ¿No les parece?


Mi padre, Carl. Un hombre con cabello oscuro, tés blanca, delgado, alto y con lentes. Se acerca a mí. —Uhm. Supongo que sí. ¿Pero no quieres pasar las últimas horas de las vacaciones con la familia? En unas horas estaremos en el aeropuerto y no sé cuándo volvamos...


Me muestro indecisa. —Me tomaré unas pastilla y veré si mejoro—contestó mientras mi madre me abraza y caminamos de nuevo al campamento.


El camino de vuelta es extraño. Pues recorrí este tramo siendo un chico, y volví... siendo una chica. No es nada agradable las sensación que siento ahora mismo. Mi familia charla y hacen preguntas, trato de mantenerme al tanto de todo, aunque resulta algo difícil después de lo que ha sucedido hoy.


Ares también se esfuerza por parecer normal. Que nada ha sucedido, y realmente todos parecen creerlo, o al menos eso percibo.


Comienzo a tratar de predecir cómo será mi llegada a Los Ángeles. Será muy extraño estar lejos de casa y aún más, actuar de una forma diferente para que nadie note la diferencia.


Ahora mis esperanzas están puestas en el 19 de septiembre. Que todo cambie ese día y por fin despierte en mi cuerpo.


Llegamos al campamento y lo primero que hago es ir a mi tienda. Claro que la primera vez me equivoqué e iba a la de Ares. Yo misma me doy un zape y me dirijo a la que sí es mi tienda. Tomo una pastilla para dolor de cabeza y de cuerpo, mientras me recuesto e intento descansar. Siento vibrar mi iPhone, lo tomo y son mensajes. Algunas amigas hablándome o comentando algo por la última foto que subí. Un mensaje en particular me saca una sonrisa.


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AndreaEdeney19: Presenta a tu primo JAJA.


—Aún tengo el toque—murmuró mientras apago la pantalla de mi iPhone y me recuesto para descansar y analizar lo sucedido.


Lentamente mis ojos se vuelven cada vez más pesados. Y con el paso de los minutos siento como si una especie de pegamento uniera mis párpados, hasta el punto que me pierdo de esta realidad y me transporto el palacio de mis sueños.


Puedo verme en un espejo. Siendo Alice. Ese cabello rubio y expresión pálida es inconfundible. Levantó mi mano lentamente para comprobar que soy yo.


—No puedo creer que algo así pueda suceder—me acerco al espejo, que limpio con mi mano porque parece estar empañado.


Me sigo apreciando de cerca. Parece que estoy en un baño, pero solo un foco ilumina por encima de mi cabeza. El resto de la habitación es oscura. Aunque cuando doy un giro de 360 grados puedo ver a mi al rededor fotos de Alice y Ares. Una mezcla de ambos. Pero no recuerdo bien esos momentos... es extraño.


Nuevamente me vuelvo a centrar en mí. Apreciándome en el espejo mientras sonrío. —Soy linda. Pero no quiero quedarme aquí...—exclamó mientras veo que un papel que había pasado desapercibido por mis ojos resalta al borde del espejo hasta mero arriba. Lo tomó, en el papel está el número "19". Que hace referencia al 19 de septiembre supongo. Observo por el espejo que una de las imágenes detrás mía, es reemplazada por una donde solo aparece Alice. Giro de inmediato y la mayoría de imágenes se reemplazan por unas donde en teoría, aparezco yo. Alice.


Me extraño demasiado. Sumado a una sensación extraña que recorre mi cuerpo. Cómo si mi alma estuviera adhiriéndose poco a poco con el pasar de los minutos.


Al llegar de nuevo al espejo. Este muestra a una Alice más mayor. De unos 25 años. Me llevo la mano a la mejilla para comprobar que no se trate de una foto. —No...—niego con la cabeza al ver que en reflejo del espejo se aprecia el mismo movimiento.


Un impulso dentro de mi de hace presente... y al mismo tiempo el foco que iluminaba la habitación quiebra.


Segundos después despierto en esta realidad. Con una respiración acelerada. Observo que estoy en un vehículo... me asomo por la ventana y veo múltiples luces distintos autos.


—¿Una pesadilla, cielo?—inquiere mi madre mientras acera su mirada hacia mí.


Yo asiento. —Sí... una pesadilla—sonrió al tiempo que me percató que he sudado bastante. —¿Dónde estamos?—interrogo.


—Vamos camino al aeropuerto—responde papá. —Quedaste profundamente dormida... te cargué y te dejé en el vehículo mientras acomodábamos y levantábamos las tiendas... ahorita aquí en el aeropuerto nos bajaremos y tomaremos las maletas. Nos despediremos y viajaremos de nuevo a casa. Ahora si podrás ver a tu novio, Alan—añade mi padre mientras conduce.


Mi madre ríe. —Seguro hasta sabe la hora en la que llegaremos—dice ella mientras en su smartphone busca los boletos.


Rio. —No recuerdo si le dije...—contestó mientras me percato que el auto ingresa al estacionamiento del aeropuerto.


Suspiro y me desabrochó el cinturón. Aquí voy hacia mi "nueva vida"...


Abro la puerta y tomo mi mochila. Sonrió. Pues me siento descansada y un poco feliz en medio de toda esta odisea.


Tomo una de mis maletas y después veo que el resto de mi familia se hace presente en el estacionamiento.


Volteó a ver a Ares y él se acerca. —Te extrañaré mucho, prima—exclama mientras estamos frente a todos.


Mi padre toma las maletas restantes y nos dirigimos a tomar el vuelo acompañados del resto de familia. Ares me acompaña en el trayecto, no dice mucho. Solo comentarios sobre nuestra expedición para no llamar la atención del resto de presentes.


—Creo que vamos un poco tarde a nuestro vuelo—exclama mi padre mientras se despide apresurado de mi familia.


Me despido de mi tía Alejandra. Le abrazo. —Nos vemos, tía. Cuídese, la quiero mucho. Nos veremos pronto—sonrió y le doy un beso en la mejilla.


Ella me ve con ternura. —Cuídate, hija. Te extrañaremos—expresa mientras me abraza fuertemente antes que yo tome mi vuelo y me separe de mi familia. En especial de ella, quien solía ser mi madre.


Camino hacia el resto de mi familia para despedirme. Tíos y tías, de mis primos y primas.


Me acerco a mi tío Osiris. Padre de Ares. —Tío—sonrió mientras estamos frente a frente.


—Alice. Me dio gusto verte... escuchar tus anécdotas—ríe. —Ya no eres la niña que conocimos. Te fuiste 3 años y cambiaste mucho—comenta mientras me toma de los hombros.


Me sonrojo. —El tiempo vuela. Me agradó estar aquí con ustedes... de nuevo. Espero pronto volver aquí, quizás de más pronto de lo que canta un gallo—declaró y después le abrazó antes de irme. —Le quiero mucho. Cuídese—finalizó y doy la vuelta para caminar hacia Ares. Mi primo favorito jaja.


Nos alejamos un poco mientras todos se despiden. —Cuídate, Alice. Y no le digas a nadie lo que sucedió. No llames la atención... y se amable con mis amigas y en especial con mi novio—murmura, casi para que solo ambos podamos escuchar.


Suspiro. —Cuídate tu también, Ares. Esperemos al 19 de septiembre... una fecha que será decisiva para ambos—sonrió y le abrazo. —A pesar de todo lo que está pasando, te quiero mucho—le beso la mejilla y le aprieto fuertemente mientras estamos entrelazados. Nuestras almas ahora están más unidas que nunca...


Ares suspira mientras nos alejamos. —Cuídate y que te vaya bien...—le digo mientras estoy junto a mis padres para subir al avión.


Poco a poco me alejo de ellos y solo alzo mi mano para despedirme de mi familia mientras estoy por subir al avión que me llevará lejos y a una nueva vida...





¡Muchas gracias por leer!


Espero les agrade la historia.


Buen día o noche.

¡Cuéntale a Josué G lo que piensas sobre este capítulo!
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