Apuntalo En El Calendario por FujoshiRobin en Inkitt
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Sinopsis

(No hay spoilers) Tras la partida de Wano las aventuras de los Mugiwara continúan aunque hay un tripulante que está de un especial mal humor en un día concreto cuando acaban en una isla en la que hará que todo cambie... tanto... ¡que incluso cambia de tamaño!

Genero:
Fantasy/Humor
Autor/a:
FujoshiRobin
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Apúntalo en el calendario

Había perdido la cuenta de todas las veces que había perdido los nervios ese día.

Joder, se suponía que llegar a una isla nueva siempre era motivo de alegría para que todos pudiesen salir a hacer sus cosas, aventuras, investigar, comprar, beber... pues el idiota de cabeza verde estaba de tan mal humor que incluso llegó a irritar a Chopper... ¡Irritar a Chopper! ¡Eso era superarse! No le mandó a la mierda de milagro, pero es que ese día parecía más animal el propio espadachín que el reno, todo el rato gruñendo como un perro rabioso, eso sí, cuando hablaba, para lo que decía, mejor que se callase.

- Musgo, si no te tiro al puto mar es porque sé que luego iría Luffy a buscarte y no tengo ganas de mojarme la ropa. – tiró el humo de su boca con saña y eso que él siempre disfrutaba cada calada – Pero te juro que como vuelvas a gruñir me aseguraré de entretener al capitán con una montaña de carne para que no se entere de que estas en el maldito fondo marino.

- Entonces deja de meterte en mis asuntos, Cocinero pervertido.

- ¡Te voy a...! – intentó ir a por él, pero Franky y Chopper en su forma grande le contuvieron para que no le persiguiera mientras Zoro se alejaba al Nido de Cuervo. Bueno, así al menos le perdía de vista un rato.

- ¿Qué le pasa hoy a Zoro-san? – preguntó curioso Brook bebiendo té – Esta de muy mal humor hoy.

- ¿Qué le has hecho, Sanji-kun?

- ¿YO? – se ofendió exageradamente, aunque la pregunta la hiciese su amada navegante – Nada, ya se ha levantado con el pie izquierdo esta mañana. ¡No me ha dado ni tiempo!

- Bueno, normalmente Zoro si está cabreado es porque le has hecho o quitado algo o escondido la bebida. – explicó Usopp y el resto asintió.

- De verdad que no he hecho nada, esta mañana cuando ha ido a la cocina ha ido directo al frigorífico a por una manzana para esperar al desayuno y de repente ya estaba enfurruñado.

- ¿Será porque le tocó hacer guardia anoche? – meditó Chopper.

- Eso nunca es problema para él, recupera las horas de sueño durante el día y le dejé dos botellas de sake para que hiciese guardia.

Sanji tuvo que dejarlo ahí porque no podía dar más explicaciones de que también pasó un rato a solas con él como hacían siempre que le tocaba a uno o al otro hacer guardia porque eran algo así como amantes.

No podía etiquetar la relación que tenían porque no lo habían hablado tal cual y le daba bastante vergüenza tener esa conversación y decir claramente “Oye musgo, eres más que un follamigo, te amo y quiero que seamos oficialmente pareja” solo de pensarlo le daban ganas de estrellar su cabeza contra el palo mayor y seguramente lo reventaría, y como Zoro tampoco se había pronunciado pues supuso que solo eran eso desde que regresó de Whole Cake Island y se reencontraron en Wano, estaban a solas preparándose para el ataque a Onigashima y de repente se estaban arrancando la ropa y follando en la playa.

Ninguno dijo nada sobre aquella noche y sin embargo cuando Zoro se recuperó de sus heridas tras la pelea con King y regresaron a Wano estuvieron dándole al tema cada noche como si de conejos se tratasen hasta que partieron de allí hacía un par de semanas, ahora solo era de tanto en tanto, pero sin duda anoche estuvo bien, hicieron el tonto un rato después de intimar y ya se retiró a su litera con los demás. ¿Hizo o dijo algo mal y Zoro había fingido que todo estaba bien? ¿Debía preocuparse? Bueno, que pregunta más absurda, ya lo estaba haciendo.

- Quizás se le pase cuando lleguemos a la siguiente isla. Encontrará algún bar, lo dejará seco y volverá como siempre de mejor humor. – resolvió Nami.

Todos le dieron la razón, era lo habitual.

Atracaron en un acantilado, la isla era pequeña, ninguno lo dijo en voz alta, pero todos eran conscientes de que si Zoro se perdía no tardarían mucho en encontrarlo. Con ese pensamiento, cada uno se dispersó por la zona hasta la hora de la cena donde se reunirían de nuevo en el Sunny, ya que normalmente tenían que salir a toda velocidad de cualquier sitio al que iban porque alguno (Luffy) llamaba demasiado la atención y tenían que irse antes de que apareciese la Marina a molestar.

Sanji no tuvo tiempo para invitar a ninguna hermosa chica a tomar un café con él, ni decirles lo hermosas que eran, tampoco es que tuviese la cabeza para eso porque cierto imbécil verde se había metido en su cerebro y de ahí no salía, no eran de los que hablaban las cosas, solo se peleaban y si era lo que tenía que hacer a la noche si no volvía de mejor humor lo patearía con gusto. Con mucho gusto.

Ya con las provisiones compradas con ayuda de Franky que cargó con ellas se quedó en el Sunny para ir haciendo la cena, el carpintero le avisó de que se marchaba, aunque ni se enteró ya centrado en el asunto. Se encerró en la cocina tratando de pensar en lo sucedido la noche anterior, fue como siempre, subió con la merienda nocturna para Zoro y se envolvió en la manta que siempre había ahí para las vigilancias nocturnas, el espadachín no dudó en aprovechar la ocasión de burlarse de él diciéndole que el frío estaba en la cabeza o no sé que mierdas, porque dejaba de escucharle siempre que atrapaba sus manos con la excusa de que él se las calentaría y Sanji caía en cada excusa... siempre había alguna excusa para tocarse. Sanji no las quería, no las necesitaba... simplemente le encantaría poder hacerlo siempre que quisiese por tener derecho a hacerlo por ser pareja. Suspiró, que manera de perder el tiempo en pensarlo, la relación había escalado a algo más que nakamas, ahora eran nakamas con beneficios, solo eso.

- ¡UAH! ¿Qué ha pasado! – gritó Ussop en cubierta.

- ¡SHISHISHISHI! – rio Luffy - ¿Y esto?

Sanji chasqueó la lengua, molesto por la interrupción, que el narizón gritase no era nunca una novedad, todo le asustaba por lo que sin prisas se lavó las manos y salió de la cocina a ver qué ocurría, la mayoría de los Mugiwara estaban haciendo un corro casi al lado del palo mayor mirando hacia abajo, todos hablaban atropelladamente y no entendía nada hasta que se acercó.

- ¿Es el hijo secreto de Zoro? – preguntó Franky con duda.

- ¿Cómo va a ser el hijo? No seas ridículo... - suspiró Nami.

- No lleva los pendientes ni tiene cicatrices. – comentó Brook.

- ¿Se ha reducido? – se inclinó Jinbe hacia el crío y se echó hacia atrás pronto – Oh, no quería asustarte.

- ¡ES UN MINO-ZORO! – gritó entusiasmado Luffy.

Nada tenía sentido, nada hasta que se hizo paso y vio lo que había en el centro. El hakama verde oscuro estaba desparramado sobre el césped de la cubierta, los pendientes tirados y las katanas todavía estaban atadas al cinto holgado que no sostenía nada el nuevo cuerpo que contenía; un chiquillo de unos seis o siete años desnudo y asustado que miraba a todos con horror como si de desconocidos se tratasen, unos ojos castaños que tanto conocía al igual que ese cabello verde que tanto desentonaba.

- ¿Qué te ha pasado, Zoro? – preguntó Chopper intentando acercarse, pero este retrocedió – No voy a hacerte daño.

- ¿Es que no nos reconoces? Somos nosotros, tus nakamas.

- ... - el niño frunció el ceño mirando a cada cual que cada vez era más raro que el anterior.

- ¡Soy Luffy, el futuro Rey de los piratas! – bramó como siempre que se presentaba.

- ¿Por qué no hablas? – insistió Usopp.

- ¿Le habrán echado una maldición?

- ¡No digas cosas espantosas, Robin!

- ¿Tú sabes lo que ha pasado, Sanji? – preguntó Franky.

- ¿Por qué iba a saberlo? – arqueó la ceja tras parpadear confundido por lo que tenía frente a sus ojos.

- Cuando me fui me encontré a Zoro que subía al Sunny, lleva aquí un buen rato.

- El idiota ni siquiera entró a saludar. – gruñó molesto con intención de regañar al mocoso, pero no surgieron las palabras.

Se dio cuenta de lo flaco que estaba, no demacrado, pero acostumbrado a verlo siendo todo músculo le pareció que aun así no estaba bien nutrido y ante eso solo puede hacer una cosa. Suspiró y apagó el cigarrillo, siempre intentaba no fumar delante de niños por muy musgosos que fuesen. Clavó su rodilla para quedar frente a él aunque eso le hiciese retroceder un poco todavía desconfiado.

- ¿Tienes hambre? – preguntó con una amable sonrisa – He preparado onigiris.

- ... - eso le hizo abrir los ojos de par en par y Sanji casi pudo verlo salivar.

- ¿EH? ¡Yo también quiero! ¡Siempre están deliciosos! – gritó animado Luffy.

- Son de carne de rey marino. – puntualizó sabiendo de sobra que eran los favoritos de Zoro.

- Mmm... - apretó los labios, con más fuerza cuando su estómago rugió – S-Sí.

- ¡Puede hablar! – se alegró Chopper.

- Buen trabajo, Sanji-san. – felicitó la arqueóloga, ya que el niño estaba más tranquilo gracias a él.

- No es nada. – le sonrió con cariño – Los demás, id a lavaros. No quiero ver ni una mano sucia en la mesa.

- Zoro, vente conmigo. – dijo Chopper – Nunca creí que diría esto pero... voy a prestarte algo de ropa.

- ... - el pequeño arqueó la ceja y miró al rubio.

- Puedes fiarte de él, es el médico de la tripulación.

- ¿Un mapache?

- ¡Soy un reno!

Tras la aclaración y dudas por parte del crío por fin se puso en pie y descubrieron que efectivamente era igual de alto que Chopper quien tuvo la consideración de prestarle su chaleco para que no estuviese desnudo, también le hicieron un apaño con el cinto rojo de Zoro para que no fuese en bolas hasta el dormitorio de los chicos, no iba a permitir que las señoritas viesen desnudo al espadachín, ni aun siendo niño.

Cuando regresaron a la cocina Luffy y Usopp estaban martirizando al niño que se molestaba por las constantes burlas de estos dos, pero la mirada inquisitiva de Sanji supieron que debían dar marcha atrás hacia el baño para lavarse las manos y ya regresar, tuvieron que poner un cojín extra en uno de los asientos para que así Zoro alcanzase la mesa y no se quedara solo con la nariz asomándose por encima de esta. Vestía una sencilla camiseta blanca de mangas largas de color negro y unos vaqueros que tuvieron que ajustarlo como buenamente pudieron por la cintura para que no se le cayesen.

Pronto tuvo delante de él un plato con tres oniguiris que el rubio le había prometido junto a una tortilla, sus ojos centellearon con ilusión.

- Gracias ehm... – dijo con timidez.

- Oh, no hay de qué. – le revolvió el pelo cosa que no solo sorprendió al niño – Me llamo Sanji.

Era sumamente raro tener que presentarse de nuevo con la de tiempo que se conocían, con todo lo que habían vivido, con la de cosas que hacían por las noches y sintió una punzada de pena en su corazón mientras el resto de la tripulación se iba presentando por turnos.

- Itadakimasu... - susurró el pequeño juntando sus palmas en agradecimiento antes de atrapar uno de esos triángulos de arroz y darle un pequeño mordisco - ¡UMAI!

- ¿Eh? – se sorprendieron muchos al oírle hablar.

- Shishishi, Mini-Zoro usa palabras raras.

- Alguna vez le he oído decir lo de “itadakimasu” pero no “umai”. – dijo Sanji que era el que estaba familiarizado con las costumbres de cada uno en la mesa.

- “Itadakimasu” siempre lo dice antes de comer. – se unió Robin. – Debe de ser el dialecto de su isla natal.

- ¿Qué significa “umai”, Zoro? – preguntó con curiosidad el reno mientras Zoro devoraba su onigiri y tenía los carrillos llenos de arroz.

- ¡DELICIOSO! – exclamó con una gran sonrisa en la cara con granitos pegados en sus mejillas – Significa “delicioso”.

- Yohoho, claro que lo está. Lo ha preparado Sanji. – comentó risueño el músico.

- ... - el aludido estaba con la boca abierta y todo ante la reacción del niño, Zoro nunca había mencionado nada sobre su comida. Se la comía, evidentemente, pero nunca con ese entusiasmo soltando gemiditos felices cada vez que llenaba su boca con el oniguiri y mucho menos felicitarle por uno de sus platos.

- Juju, es la primera vez que Sanji se queda sin palabras. – se burló Nami, encantada de verle tan ilusionado.

- Eh, ahm, por supuesto, soy el mejor cocinero del mundo. – carraspeó su garganta retornando a los fogones para llevar más comida a la mesa con las mejillas completamente rojas pensando en lo jodidamente adorable que se veía así el peliverde.

- Por cierto, - interrumpió Robin – antes cuando Zoro-san ha dejado su ropa tirada en cubierta me he dado cuenta de que había una botella completamente vacía.

- Eso no es nada nuevo. – dijo Nami y todos asintieron salvo el niño y Luffy que seguían devorando a lo suyo.

- Pero esta no tenía etiqueta de ninguna clase, como si fuera casero. – continuó – Puede que haya sido esa la causa de su cambio, alguien le ha dado de beber esto. Es el único rato en el que ha estado solo y ha podido conseguirla por su cuenta.

- Ey, musguito. – llamó Sanji al peliverde que alzó la mirada.

- ¿Me hablas a mí? – no se dio por aludido, pero cuando todos le miraron supuso que era a él a quien llamaba.

- ¿Quién más lo parece? – no pudo evitarlo, burlarse de él siempre era superior a sus fuerzas por muy grave que fuese la situación - ¿Recuerdas algo antes de aparecer en la cubierta del Sunny?

- Hmm... - de repente, esa sonrisa se perdió y sus hombros se hundieron.

- Algo como adulto. – concretó la morena al ver que no quería hablar de algo.

- No, nada. – la miró – Estaba en mi isla natal, en el bosque. Ni siquiera estaba cerca del mar y he acabado dentro de vuestro barco.

- ¿Tú solo? – preguntó Usopp.

- ... - se tomó unos segundos antes de asentir despacio, los demás Mugiwaras se miraron entre ellos en silencio.

- No deberías meterte tu solo por el bosque. – cortó el silencio el cocinero, sonriendo con burla – Algún ciervo te podría confundir con un arbusto y devorar tu cabeza.

- ¿EH? – exclamó avergonzado el pequeño espadachín - ¡Y-Yo no soy un arbusto!

- Eres una bola de algas andante, seguro que algún pájaro ha intentado anidar en tu cabeza.

- ¡Claro que no! – se puso más rojo todavía mientras los otros se reían a carcajadas.

- ¿Seguro? – sonrió al ver que seguía siendo muy fácil sacarlo de sus casillas – Yo no me fiaría en todo caso.

- Pues tú... tú... - se quedó trabado.

- Aww, que adorable. – dijo Nami maravillada - ¡Todavía no es un borde!

- ¿Quieres sake, Mini-Zoro? – animó Luffy.

- ¡No le des alcohol a un niño! – regañó Chopper.

Continuaron las burlas un buen rato más, ahora Zoro estaba mucho más cómodo entre ellos entre ese peculiar ambiente divertido que se había formado por haber sido llamado arbusto, ya en el postre, Robin tuvo que retomar el tema para disgusto del capitán que se lo estaba pasando genial.

- Si la bebida que ha tomado Zoro es la causante deberíamos buscar en que bar ha sido y saber si es temporal o tiene antídoto.

- ¿Ya? Mini-Zoro es bastante gracioso así. – hinchó sus mejillas Luffy al ver que la diversión acababa.

- Iré por los bares a preguntar si le han visto, a ver si saco información. La noche aun es joven.

- Te acompaño. – se adelantó Franky a levantarse cuando ella lo hizo – No es buena idea de que vayas tu sola por ahí.

- Juju. Gracias, Franky. – sonrió la arqueóloga.

“¿Cuándo piensan declararse?” pensó Sanji ante los tortolitos, estaba más que claro que se gustaban y ahí estaban, ninguno de los dos atreviéndose a dar el paso... aunque él no era alguien quien precisamente pudiese decir nada sobre eso.

- Yo también iré a preguntar, – se ofreció Brook – a más vayamos a recorrer los bares antes podremos dar con la solución.

- Supongo que tendremos que ir todos. – suspiró Nami dando por terminada la cena – Sanji-kun, quédate con Zoro.

- ¿Eh? ¿Por qué yo? – arqueó la ceja ante esa petición.

- No podemos llevárnoslo por ahí de bares y contigo es con quien más confianza ha cogido por extraño que parezca, le caes bien.

- Si me lo pide mi hermosa Nami-swan lo haré con gusto, aunque se trate de cuidar a un pequeño montón de algas apestosas.

- ¡Eh! – se quejó malhumorado de que le llamase así.

- No soporto que un mocoso huela a alcohol, así que ve a darte un baño y después a dormir.

- Pfff... - bufó levantándose del taburete.

- Eres mami total, bro. – se rio Franky quien se ganó un puntapié de Sanji en el trasero que lo levantó del suelo y todo. - ¡Ay!

El cocinero ya se quedó a solas cuando el resto partió de nuevo a la isla para buscar pistas mientras que él fregaba todos los platos. No iba a admitirlo delante de los demás pero le preocupaba que Zoro se quedase en ese estado, de verdad creía que la única manera que tendrían de derrotar al cabeza de musgo sería justo así, envenenándolo con alguna estúpida bebida y encontrarlo muerto al rato. Le enfadaba tanto esa idea que no dudaría de patear su cuerpo hasta convertirlo en puré de algas.

- Ya estoy. – avisó el nene cuando apareció de nuevo por la cocina oliendo mucho mejor. Sanji contuvo la sonrisa mordiendo sus carrillos por dentro de la boca al ver que ya desde pequeño a Zoro se le esponjaba el cabello verde dándole ese aspecto de marimo del cual tanto se burlaba.

- ¿Quieres un vaso de leche antes de irte a dormir? – preguntó mientras terminaba de secar una de sus ollas.

- ¿Puedo?

- Claro. – ya podría haberse quedado con esa educación al crecer y no convertirse en un cavernícola que atacaba la nevera y bebía a morro si se descuidaba el cocinero – Coge la botella del frigorífico.

- ¿Frigorífico? – repitió extrañado ante esa palabra y Sanji señaló donde estaba. Tiró del tirador y una ráfaga fresca de aire le azotó al abrir - ¡Sugoi!

- ¿Qué pasa? – preguntó ante esa extraña palabra.

- ¡Todo está frío! – respondió impresionado al tocar alguna de las cosas de dentro.

- ¿En tu isla no hay frigoríficos?

- En mi casa y en la de la vecina no había. – respondió cerrando y abriendo la puerta un par de veces mas de manera totalmente infantil – Si quería enfriar algo tenía que dejarlo en el río durante un buen rato.

- Oh, vaya. – La isla natal de Zoro estaba bastante anticuada y se le hacía raro escuchar cosas de su pasado... bueno, presente para ese niño – Deja de jugar con la nevera, sino se estropeará la comida.

- Lo siento. – dijo tras una risita y sacó de la puerta la botella para abrirla ahí mismo con intención de beber directamente de ahí.

- ¡Quieto ahí, musguito! – se sobresaltó este ante tal grito – Ven a por un vaso, ¡maldita sea, modales de cavernícola!

- V-Vale, vale. – fue con él y el rubio le ofreció un vaso limpio para que se echase la cantidad que quisiese mientras observaba al adulto.

- ¿Qué pasa?

- ¿Por qué tus cejas son así? – preguntó con un gracioso bigote blanco encima de su labio superior.

- ...Mucho estabas tardando en burlarte de mis cejas. – chasqueó la lengua, no tan molesto al verle con ese bigotillo tan adorable.

- ¿Son de mentira? ¿Por qué tienen forma de espiral?

- ¡Ya sé que te parecen ridículas no hace falta insistir!

- ¿Eh? – iba a dar otro trago, pero se detuvo – No, no lo son. Son bonitas.

Casi se le resbala la sartén que estaba secando en esos momentos pues era lo último que esperaba escuchar en la vida de boca de Zoro, daba igual que edad tuviese, niño, adulto o viejo, estaba tan seguro de que jamás oiría tal cosa que se habría jugado sus manos y habría fallado estrepitosamente.

- Oye musguito, no te burles si no quieres que te eche a patadas de aquí.

- No me burlo, de verdad lo creo. Eres tú el que no para de llamarme “musguito”. – hinchó sus mejillas en gesto de molestia.

- En tu versión adulta eres “musgo” así que con tu tamaño ahora eres “musguito”, te está que ni pintado.

- ¡No me gusta!

- Tendrás que vivir con ello porque eres tal cual un montón de musgo y a tus hijos les llamaré así también como hereden tu horrible pelo.

- ¿Tengo hijos? – se sorprendió.

- No, pero supongo que algún día los tendrás.

Se hizo el silencio, Sanji se quedó perdido en sus pensamientos imaginando que algún día Zoro ya no necesitase desfogarse con él y entonces se fijaría en alguna hermosa dama con la que pasar el resto de sus días y tener hijos.

- ¿Por qué te pone triste? – preguntó Zoro ante esa mueca de dolor que reflejaba en esos momentos el rostro de Sanji.

- No merece la pena explicarlo. – se pellizcó el puente de la nariz, en el entrecejo intentando relajarse, para eso todavía faltaba, no iba a empezar a sufrirlo ya.

- No lo entiendo.

- No hace falta que lo entiendas, son cosas de mayores. – le sonrió para tranquilizarle.

- Oye... - le podía la curiosidad así que terminó preguntando - ¿Eres la esposa de Luffy?

- ¿PERDONA? – le gritó con una gran vena en la frente, sobresaltando al crío - ¿Qué te hace pensar eso, mocoso verde?

- A-Ah, pues... - tragó saliva con esfuerzo – Eres el que hace la comida y cuida de todos. Eso es lo que hacen las esposas, pero no tenéis hijos.

- ¡Claro que no! Para empezar los dos somos hombres y no se puede y la más importante, que sea cocinero no implica que me convierta automáticamente en la esposa del capitán.

- ¿Ah no?

- No. – confirmó de inmediato – Además, también peleo, soy el segundo más fuerte de este barco.

- ¡UOOOOH? – se maravilló - ¿Eres tan fuerte y cocinas? ¡Sugoi!

- ¡Por supuesto que soy “sugoi”! – por como lo usaba entendió que era algo así como “increíble” – El tercero es Jimbe y el cuarto eres tú.

- ¿El cuarto? Hmm... - no parecía muy conforme, aunque claro, no sabía que el rubio le estaba mintiendo – Cuando he ido con Chopper al cuarto he visto carteles de se busca y el mío era más alto que el tuyo.

- Eso no significa nada, se equivocaron al poner la cifra. – se excusó, no pensaba que fuera a pillarle tan pronto – Si ya has terminado con la leche guárdala y vete a dormir. Es tarde.

- Hmm... - nada conforme obedeció apurando el último trago de su vaso y llevó la botella al frigorífico dejándola donde la encontró antes, al cerrar la puerta se dio cuenta de que había un calendario con días tachados en la hoja de Noviembre.

- ¿Pasa algo? – arqueó su ceja al ver que el niño se quedaba mirando la página y negó con la cabeza – Te acompaño al camarote de los chicos, seguro que te perderás como vayas solo.

Le acompañó primero al baño a que se lavase los dientes y a hacer sus necesidades y después fueron directos al dormitorio, le señaló cual era su litera y le deseó las buenas noches sin respuesta mientras Zoro se acurrucaba bajo la manta. Sanji suspiró y le revolvió el cabello antes de apagar la luz. Supuso que se le haría raro estar en un sitio lleno de desconocidos por lo que tendría que acostumbrarse hasta que regresase a la normalidad.

Se encendió un cigarro de camino a la cocina a terminar de secar sus utensilios mientras se acariciaba la espiral de su ceja, chasqueó la lengua y aceleró el paso sintiéndose como un idiota integral.

Al acabar de recoger su santuario salió a la cubierta, hacía frío esa noche por lo que cogió una de las mantas con la que se cubrió, apoyado en la barandilla para fumar en silencio intentando no darle demasiadas vueltas a la actitud de Zoro antes de convertirse en niño. Ya iba por su tercer cigarrillo cuando vio precisamente al culpable de sus pensamientos envuelto en su manta buscando algo que supuso que era a él. Sanji apagó su vicio en el cenicero que siempre llevaba encima y bajó las escaleras.

- Ey, musguito. – saludó sorprendiéndolo por detrás, algo prácticamente imposible si hubiese sido el Zoro de siempre - ¿No puedes dormir?

- No, hay mucho silencio.

- Eso es porque todavía no han llegado. Cuando escuches sus ronquidos, cantos y flatulencias entonces no podrás dormir del escándalo que hay.

- ¿Puedo quedarme contigo? – pidió con algo de vergüenza.

- Jaja, claro. – le frotó el pelo con algo de saña, preguntándose cuanto recordaría Zoro de todo aquello, pidiendo favores sin orgullo de por medio y diciéndole que tenía las cejas bonitas con la de veces que se había reído de ellas – Vamos allá.

- ¿Nani? – ladeó la cabeza.

Zoro no supo a que se refería, hasta que de repente Sanji le cogió como un saco de patatas y dio un potente salto y en el propio aire saltó de nuevo unas cuantas veces más hasta llegar al puesto de vigía mientras el niño gritaba en cada salto aferrado a la espalda del cocinero que le hacía reír. Al llegar al nido de cuervo lo dejó de pie, mezcla de mareado e impresionado.

- ¡SUGOI! ¡SUGOIII! – repitió emocionado ahora que por fin sentía sus pies sobre algo firme - ¿Cómo has hecho eso? ¿¡Puedes volar!?

- Jajajaja, no. – soltó una buena carcajada al ver esos ojos llenos de brillos – Es una técnica, se llama “Sky walk”.

- ¡Es increíble! ¿Yo también puedo hacerlo?

- No, tu para moverte por el aire usas el impulso de tus propias espadas.

- ¿En serio?

- Usas tres.

- ¿TRES? – repitió asombrado.

- Una la llevas en la boca. – respondió a su pregunta de como era posible sin que lo dijese. – Supongo que eso lo aprendiste más mayor.

- Sugoi... – sonrió de oreja a oreja – Ahora sé utilizar solo una. – hizo el gesto como si tuviera una en esos momentos en sus manitas creando un arco desde arriba hacia abajo.

- ¿Usas a Wado Ichimonji? – era su espada favorita.

- No, uso una de mi padre.

- Oh. – daba por hecho que era un legado familiar por el trato que tenía con ella - ¿también es un espadachín?

- Lo era. – bajó la mirada apoyándose en la barandilla mirando hacia el mar cobijándose todavía en la manta.

- Lo siento. – dijo de todo corazón ante esa cara tan triste, el Zoro adulto jamás hablaba de su pasado y menos mostraba esa expresión - ¿Hace mucho?

- Hace unos meses. – respondió sin mirarle.

- ¿Qué edad tienes? – todavía no estaba seguro, pero vaya si perdió pronto a su padre. Más o menos que él cuando perdió a su madre.

- Hoy cumplo los siete.

- ¿Siete? Espera... ¿Cómo que hoy? – reparó en eso - ¿Hoy es tu cumpleaños?

Zoro asintió con la cabeza y Sanji se quedó bloqueado. Siempre que era el cumpleaños de algún Mugiwara lo celebraban, el primero fue Usopp, todos comentaron cuando era el de cada uno y no reparó en su momento que Zoro no dijo nada y en los siguientes que celebraron cada vez que salía el tema, el espadachín se salía por la tangente para no responder, ¿es que no le gustaba celebrarlo? ¿Por eso estaba de tan mal humor por la mañana?

- En el calendario que tienes en el frigorífico he visto que el 11 no estaba tachado.

- No lo sabía... - frunció el ceño – Te habríamos hecho una fiesta de cumpleaños, musguito.

- Yo no lo celebro desde que mamá murió.

- ...¿Qué? – exhaló la pregunta con sorpresa.

- Se puso muy enferma y no teníamos dinero para un médico ni medicina, murió el día de mi cumpleaños.

- ¿Por eso no lo celebras?

- Supongo. – se encogió de hombros – Papá y yo nos fuimos de casa al poco de morir. No ganaba suficiente dinero por la zona y por eso me llevó con él al no estar ella para cuidarme. El año pasado no lo celebramos y al morir él yo ni me había dado cuenta de que día era hoy.

- ...Joder. – murmuró Sanji.

Se cubrió la boca por impulso, notaba su garganta cerrada por la congoja, la tristeza de conocer la razón de su malhumor, de no querer celebrar su cumpleaños por haber perdido a su madre. Él sabía lo que era perder a una madre, el no celebrarlo con su familia la alegría de haber llegado al mundo, la soledad de ese día hasta que salió de aquel infierno y en cuanto Zeff se enteró del día de su nacimiento preparaba una tarta especial para él y le regalaba alguna cosa, hasta ese viejo terco podía ser amable un día al año.

- ¿Por qué lloras? – preguntó Zoro al ver como las lágrimas se derramaban de esos bonitos ojos azules.

- Eres un idiota, al menos tu versión adulta... y aun así mereces celebrar tu cumpleaños con la gente que te aprecia.

- Los hombres no lloran. – dijo el niño mirándole con el ceño fruncido – Un hombre ha de mantenerse firme y no mostrar nunca su debilidad.

- ¿Quién te ha dicho esa mierda?

- Mi papá.

- No conozco a tu padre, pero si piensa eso es porque creía que así serías más fuerte, pero no es así. – se agachó para poder estar a su altura y aunque sus ojos estuviesen húmedos le dedicó una sonrisa – Aprenderás tu mismo con el tiempo que está bien llorar, ya sea de pena o frustración porque conocerás a gente que será lo suficientemente importante para ti como para llorar por ellos o por ti mismo y cuando lo hagas no sentirás vergüenza, porque nosotros estaremos orgullosos de ti.

Pudo ver como el niño apretaba los labios temblorosos y que sus cejas se arqueaban intentando contener las lágrimas que humedecían sus ojos castaños.

- Mi... Mi mamá también hacía onigiris. – dijo con voz rota – Me ha gustado mucho volver a comer unos tan ricos como los que hacía ella.

- Me alegro mucho. – recogió la primera lágrima que se derramó por esa mejilla tostada usando su pulgar.

- La... La echo mucho de menos. – él cogió la manga del traje de Sanji, temblando como una hoja al viento – También echo de menos a papá.

- Lo siento mucho, Zoro. – susurró antes de atraerlo a su pecho una vez que empezó a llorar.

El niño lloraba sin contenerse, ocultando su cara en el pecho de Sanji quien lo abrazó aprovechando también para cubrirlo con su manta y no tuviera frío mientras frotaba suavemente su espalda para consolarlo. Debió ser muy duro para él perder a sus padres tan pronto y con tan poca diferencia de tiempo el uno del otro ¿se pasó su infancia yendo de un lado para otro él solo? Tenía cientos de preguntas para él, quería decirle que, aunque ahora estuviese solo eso cambiaría en unos años, tampoco sabía decirle si antes de ellos hubo alguien porque Zoro nunca les había contado nada sobre su pasado y aunque tuviera muchas dudas o quisiera cientos de respuestas había algo por encima de todo que quería decirle.

- Zoro... - susurró su nombre con cariño, estrechándolo más entre sus brazos con los ojos cerrados brindándole todo su calor – Feliz cumpleaños.

No tardó ni dos segundos y con la guardia baja como la tenía no pudo reaccionar a tiempo cuando algo, o más bien alguien le empujó contra la madera del puesto de vigía dándose un buen golpe en la espalda y cabeza. Quiso llevarse las manos al cráneo pero algo enorme le impedía moverse con facilidad por el escaso espacio que había, ya que ese lugar estaba hecho para estar de pie y solo uno, no dos agachados y... que uno de ellos fuese un montón de músculos que le chafaban sin intención de soltarle todavía.

- ¡Marimo, has vuelto a la normalidad! – se asombró el rubio al darse cuenta del tamaño de su acompañante, ya no era el niño que estaba cobijado en sus brazos, ahora era el espadachín quien lo rodeaba – Ey, ¿estás bien? – al no tener respuesta le golpeó suavemente con el talón en la parte baja de la espalda – Oye, me estás preocupando.

- Cállate un poco, idiota rizado. – murmuró sin despegar su cara del pecho de Sanji.

- Sí que vuelves a ser tú... - chasqueó la lengua por el insulto - ¿Cómo es posible? ¿Qué ha pasado para que estés de regreso?

- ...Tú...

- ¿Hmm?

- Has dicho las palabras que más deseaba oír.

Sanji se sonrojó a más no poder ¿había hecho eso? ¿qué de todo había sido exactamente? ¿felicitarle por su cumpleaños? Al final solo suspiró dándole otro golpe, esta vez con el puño cerrado en su cabezota verde.

- Eres tan idiota... ¿por qué no dijiste que era tu cumpleaños? Podríamos haber celebrado tu día todos juntos. – le regañó sin endurecer su voz – Entiendo que te de pena por lo de tu madre, pero sobre lo que dijo tu padre...

- Lo sé, lo sé. – cortó el peliverde – Hace mucho que dejé de pensar que llorar es debilidad.

- ¿Entonces es por tu madre? Vamos, Zoro. Estoy seguro de que a tu madre le encantaría ver que estás feliz el día en el que te dio a luz, celebrándolo con tu nueva familia. Por como hablabas de ella debió ser buena contigo.

- No lo sé, no la recuerdo demasiado. – confesó con pudor todavía escondido – Tenía el pelo verde como yo y sus brazos eran cálidos.

- Lo siento, la perdiste demasiado pronto, al igual que a tu padre. – derrotado, terminó abrazándolo y Zoro se acomodó más relajándose sobre él por los mimos en su cabello corto - ¿Cuánto tiempo estuviste deambulando por ahí solo?

- Dos años o así, durante ese tiempo estuve retando dojos, derrotándolos a todos hasta que llegué a uno donde Kuina me venció, allí me quedé hasta los quince.

- ¿Quién es Kuina? – preguntó ante ese nombre que escuchaba por primera vez.

- Mi amiga de la infancia, gracias a ella obtuve a Wado Ichimonji.

- ¿Una hermosa dama te derrotó? Me encantaría haberlo visto.

- Lo consiguió en 2000 ocasiones. Nunca le vencí.

- ¡Wow! – exclamó impresionado – Sin duda me habría encantado ver cada una de tus derrotas.

- Idiota... - estrujó el abrazo.

- Ay, vale, vale... - le dio unas palmaditas en la espalda para que no le hiciese crujir la espalda – Debió ser una gran amiga y adversaria. – Algo similar a lo que tenían ellos.

- Lo fue.

- ¿Vas a quedarte escondido toda la noche, musgo? – tiró de su oreja – Sabes que tarde o temprano tendrás que salir de ahí y hacer frente a todos esos “sugois” que me dicho hasta ahora.

- Que te jodan, Cejillas. – gruñó y Sanji pudo ver sus orejas completamente rojas.

- Jajajaja ni hablar, voy a restregártelo hasta que seas un musgo decrépito. Vamos, vuelve a halagar mis bonitas cejas y lo increíble que soy por ser cocinero y guerrero.

- No te sientas tan orgulloso al mentirle a un crío diciendo que eras el segundo más fuerte del barco. – ahora sí levantó la cabeza lo justo para que se le viese el ceño fruncido.

- Perdona, no he mentido, es que soy el más segundo más fuerte. La Marina está totalmente equivocada con los precios que han puesto sobre nuestras cabezas.

- Es lo único que han hecho bien.

- Hazte el duro todo lo que quieras, pero vamos, repíteme lo bonitas que son mis cejas. – siguió pinchándole sobre el asunto mientras le revolvía el cabello con sus manos hasta que la risa se le cortó en seco y ahora tiró de los mechones que tenía entre sus dedos – No, mejor dicho... ¡discúlpate por decir que soy la esposa de Luffy!

- ¡Ouch! ¿Qué quieres que te diga? – se quejó intentando librarse del agarre – Para mi eso era lo normal, quien cocinaba y cuidaba de los críos era “la esposa”.

- ¡Voy a matarte, imbécil marimo inculto! ¡Jamás me casaría con Luffy!

- Eso ya lo sé. – suspiró – Además, no dejaré que eso pase, porque te casarás conmigo.

- ¿Eh? – dejó el pelo en paz ante esa respuesta tan natural y por lo visto obvia para el espadachín - ¿Qué mierda estás diciendo?

- Pues eso. Que antes que con Luffy te casarás conmigo. Es evidente.

- ¿Cómo que evidente? – fue su turno de sonrojarse a tope - ¡Deberías pedirme de salir primero, estúpido ignorante!

- Pero si ya salimos. - ¿el golpe en la cabeza lo había dejado más idiota al cocinero? – Somos novios.

- ¿NOVIOS? ¿SOMOS NOVIOS? – vociferó ambas preguntas ante tal novedad - ¿Desde cuándo somos novios?

- ¿Cómo que desde cuándo? – frunció más el ceño - ¿Es que desde que volviste de Whole Cake Island a Wano no nos hemos estado acostando desde entonces?

- ¡No me jodas que para ti desde ese momento nos convertimos en novios? – exclamó ante tal descubrimiento.

- ¡No me jodas tu a mí! ¿Me estás diciendo que has estado follando conmigo y pensabas que no éramos pareja?

- ¡Sí! – era lo evidente si no lo hablaban.

- ¿EH? – le pellizcó la mejilla con alevosía con la vena de la frente a punto de estallar - ¡Imbécil! Yo muerto de preocupación por no saber si te quedarías allí con ella o no y cuando vuelves pensaba que habías dejado de hacer el tonto porque habías decidido por fin ser sincero respecto a mi.

Aquello le dejó sin palabras, le dolía la mejilla, pero más el ver reflejado un dolor más profundo en el ojo castaño de Zoro por la incertidumbre y la duda sobre si le quería o no.

- Espera, espera. – pidió tiempo muerto para poder procesarlo todo, intentó sentarse en condiciones, pero por culpa del estrecho hueco era imposible, ahora que se daba cuenta los brazos de Zoro estaban desnudos, no solo eso, sino entero. La ropa de Chopper debió reventar en cuanto este se transformó, como seguía con la manta puesta no se había percatado de ese detalle - ¿Sabías... sabías que me gustabas?

- No podía estar seguro del todo, a veces sí lo parecía, otras no. – dijo sin pelos en la lengua – Por eso cuando volviste pensaba que lo tenías totalmente claro y más cuando no rechazaste mi beso.

- ¿Estabas esperando a que me aclarase? – se rio ante esa estúpida ocurrencia – Marimo idiota, si no te decía nada era porque creía no estabas interesado en mi en ese aspecto. Me dejaste loco cuando de repente me besaste y nos acostamos, que sería algo pasajero o que solo era el calentón del momento.

- ¡Nos hemos acostado todas las noches desde que estás en Wano!

- ¡Yo que sé! ¡No me dijiste nada sobre esto! Joder, Zoro... ¿desde cuándo te gusto? ¿Cuánto has esperado?

- ...Ahora no puedo decírtelo. – desvió la mirada con las mejillas sofocadas.

- ¡Ni hablar! – las tomó para que le mirase - ¡Responde, necesito saberlo!

- No pienses nada raro.

- ¡Que me lo digas!

- Ugh... - tragó saliva y respondió, ya no tenía caso ocultarlo – ¿Recuerdas cuando nos enfrentamos al tipo de la vela? Cuando me corté los tobillos con intención de escapar de la cera. – Sanji asintió – Tuviste que coserme la carne, no dudaste en coger hilo y aguja y empezar a dar puntadas sin que te temblase el pulso, aunque vieses el hueso. Luego me diste el mejor sake que tenías en el Merry y me hiciste onigiris. Hiciste que todo el dolor desapareciese.

- ¿Te... te enamoraste de mi porque cuidé de ti?

- Hiciste que no me sintiese solo por primera vez en mucho tiempo y descubrí que una persona puede ser considerada “hogar”.

Sus ojos se humedecieron al instante, no estaba tranquilo ni mucho menos como pensaba Zoro cuando tuvo que coserle los tobillos, lo estuvo maldiciendo en su fuero interno todo lo que quiso y más por preocuparle de esa manera al ver semejantes heridas y no haber estado para ayudar, se sintió fatal y al menos así pudo hacer algo. Cuidar y dar de comer era lo único que sabía hacer y quiso darle eso, no sabía que era justo lo que Zoro necesitaba en lo más profundo de su corazón, ya ahí sentía que el peliverde había puesto su mundo del revés, aunque creyese que era por otros motivos, en Thriller Bark fue donde entendió perfectamente que ese sentimiento se llamaba amor. Si no hubiese dudado durante tanto tiempo... si hubiese sido más valiente no habría tenido al espadachín en vilo durante más de dos años, porque ni siquiera se atrevió a decírselo cuando se reencontraron en el archipiélago Sabaody.

- Después de oír que tu madre te hacía onigiris sí que suena raro. – trató de bromear, escapando de sus labios una risa nerviosa y acarició con sus pulgares los pómulos morenos de Zoro que le faltó ronronear de lo mucho que le gustó – Pero entiendo a que te refieres con que alguien sea “hogar”, en mi caso, un lugar donde puedes ser tu mismo y que te quieran por ser quién eres.

- Eres mi hogar, Sanji. – dijo por primera vez su nombre.

- Eres mi hogar, Zoro. – dejó que las lágrimas fluyesen, ya no era aquel crío inmaduro que se avergonzaba por llorar y más cuando eran motivo de felicidad como esa.

Ambos rieron tontamente mientras se miraban a los ojos y finalmente unieron sus labios en un amoroso beso a la vez que se envolvían en los brazos del otro, la calidez y el placer de estar cada uno donde pertenecían, con ese dulce sentimiento de ser correspondido por la persona que más aman en el mundo entero.

- Sanjiii, ya hemos llegado. – gritó Luffy nada más poner sus pies en el Sunny – Sanjiii, ¿Dónde estás?

- No respondas... - gruñó Zoro contra su boca.

- Jajaja, vamos, marimo. No podemos quedarnos aquí. – mordió la punta de su nariz – Seguro que han encontrado el antídoto y estarán deseando ayudarte, has vuelto a la normalidad y ellos no lo saben aún.

- Quiero quedarme aquí contigo. – murmuró mientras escuchaba ahora también los gritos de Usopp y Chopper.

- Me quedaré contigo si antes me consientes en una cosa.

- ¿Qué?

- Aun no es media noche, sigue siendo 11 de Noviembre y quiero celebrar tu cumpleaños. Primero con todos, - añadió al intuir cual iba a ser su respuesta – luego los dos solos. ¿Te parece? Tengo buen sake para ocasiones especiales.

- Joder, es imposible negarse ante semejante oferta. Tú ganas, cocinero. No te acostumbres.

- Idiota, eres tú el que ha ganado conmigo. – se rio apartándolo para apoyarse en la barandilla del Nido de Cuervo para ver a sus amigos que seguían buscándolo - ¡Ey, estoy aquí!

- ¡Sanji! – gritaron todos a la vez – Te estábamos buscando, ¿Dónde está Zoro? No está en el camarote.

- Yo también estoy aquí. – salió a saludar envuelto en la manta.

- ¡Has vuelto a la normalidad! – exclamaron.

- ¿Cómo es posible? – preguntó Chopper mientras estos bajaban dando un salto hasta la cubierta - ¿Has descubierto como hacerlo por ti mismo?

- Bueno, ha sido de casualidad. – respondió encogiéndose de hombros.

- Eso es que Sanji-san ha sabido decirte las palabras adecuadas. - se rio Robin.

- Y-Yo no he hecho nada, mi querida Robin. – intentó mentir, pero ante tal sonrojo era evidente que algo ocultaba.

- Por fin, ya era hora de que pudiésemos dejar de fingir que no sabíamos nada. – celebró Franky.

- Y-Yo... - se agobió el cocinero.

- Todos saben que me gustas, no hace falta que lo ocultes. Luffy se encargó de dejarlo bien claro en Zou aunque por lo visto ya era evidente sin que él lo dijese, no se sorprendieron en absoluto. – explicó el espadachín.

- Más te vale dejar de hacer el tonto a partir de ahora con las mujeres, Sanji-kun. – se cruzó de brazos Nami – Sino sentirás con más fuerza la ira de mi puño.

- Lo prometo, no más mentiras. – Sonrió a sus impresionantes nakamas – Pues hablando de ocultar cosas, este idiota verde estaba de tan mal humor porque es su cumpleaños. No le gusta hacerse viejo. – ahí iba otra y eso que acababa de prometerlo con la excusa de que era por una buena causa y no exponer su secreto.

- ¿En serio? ¡HAY QUE CELEBRARLO! – gritó Luffy sin perder la oportunidad de una buena fiesta.

- ¡Felicidades, Zoro! – le abrazó Chopper colgándose de su cuello mientras que los otros también lo hacían.

- Pero no te hemos comprado nada como regalo al no saber que era tu cumpleaños. – se disculpó Usopp.

- No te preocupes. Tengo mi hogar y eso es más que suficiente. – le dedicó una sonrisa cómplice a Sanji que se sonrojó al instante.

- Voy a por la bebida. – declaró echando humo por las orejas – Franky, Jimbe, ayudadme a cargar con los barriles, Brook dale caña a la música.

- ¡Eso es cosa mía! ¡Yohohohoho! – sacó su violín del cráneo como si nada y empezó a tocar el Sake no Binks.

El ambiente festivo se instaló al instante en la cubierta con la naturalidad de siempre como ocurría con los Mugiwara, Sanji entró rápidamente a la cocina y cogió un bolígrafo para anotar algo en el calendario, en la casilla del 11 de Noviembre donde añadió “Cumpleaños marimo” y así, ese día, se convirtió en un día especial para la tripulación.

FIN

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