PRÓLOGO
La respiración se me acelera mientras intento orientarme. Siento los pulmones y la cabeza doloridos, y un zumbido constante en mis oídos.
No sé dónde estoy. La oscuridad es absoluta y el silencio ensordecedor.
Un silencio que hiela la sangre.
Y una oscuridad impenetrable.
No sé cuánto tiempo paso así, pero de repente las luces se encienden y empiezan a parpadear de manera irregular.
Gradualmente, recupero el sentido del oído y percibo el sonido de una alarma y una voz que anuncia un código rojo.
Cuando mis ojos se adaptan a la luz, me doy cuenta de que estoy sentada en una silla en medio de una habitación. Unos cables conectados a mi cabeza llevan a una máquina que parece monitorear algo.
Miro a mi alrededor y veo que las paredes están manchadas de sangre.
A mi alrededor hay tres cuerpos inertes, vestidos con batas blancas, y un enorme charco de sangre. Mi cuerpo y mi ropa están salpicados con la misma.
Intento recordar por qué estoy aquí, pero mi mente está en blanco, y cuanto más lo intento, más intenso es el dolor de cabeza.
Ignoro el dolor y obligo a mi cuerpo a moverse. Arranco los cables de mi cabeza, me bajo de la silla y me dirijo a la puerta, que está entreabierta.
Al salir, me encuentro con un largo pasillo iluminado, donde las luces no parpadean. Sin pensarlo mucho, empiezo a caminar hacia la derecha.
No sé hacia dónde voy ni dónde está la salida, pero sé que no quiero estar aquí.
Avanzo rápidamente, girando en cada esquina sin prestar atención a mi alrededor, solo quiero escapar. Al girar en una esquina, me encuentro con un grupo de hombres enmascarados que, al verme, empiezan a perseguirme.
Doy la vuelta y corro en la dirección opuesta. No puedo dejar que me atrapen. La desesperación me invade al sentir que se acercan. Miro a mi alrededor y veo otro grupo de hombres viniendo hacia mí.
¿Por qué me persiguen?
¿Qué es este lugar?
¿Y qué quieren de mí?
Me acorralan poco a poco, cada vez más cerca. El dolor de cabeza se intensifica hasta volverse insoportable.
Caigo al suelo cuando el dolor me impide mantenerme de pie y pierdo el conocimiento...
Despierto de golpe, llevando una mano a mi cabeza, en el lugar donde el dolor era tan intenso en mi pesadilla y que todavía persiste.
Mi cuerpo está agitado. Como siempre, cada vez que despierto de esa pesadilla, todo se siente demasiado real. Trato de calmarme con respiraciones profundas. Estoy empapada en sudor frío; mi frente, mis manos y mi cuello están húmedos. Odio despertar así, sin entender el porqué de estos sueños recurrentes. Es como un bucle interminable que me tortura con su realismo.
Cuando finalmente logro calmarme, miro la hora en mi teléfono. Son las cuatro y media. Apenas he dormido media hora desde que me quedé dormida a las cuatro. Aunque estoy acostumbrada al insomnio y a tomar pastillas para dormir desde siempre, últimamente ni siquiera eso me ayuda, y cuando lo hace, solo tengo pesadillas, la misma una y otra vez.
En mis pesadillas, siempre estoy en ese lugar, sin recordar nada con claridad. Es igual de extraño cada vez. Pero cuando estoy despierta y analizo mis sueños, me doy cuenta de cuántas veces se repite la misma escena, de cómo nunca entiendo nada y de cómo se sienten cada vez más vívidas.