Clandestino || Kiribakushima

Sinopsis

Ser un héroe era una tarea difícil, eso lo tuvo claro desde un inicio. Pero últimamente el pro hero Dynamight sentía que su trabajo le exigía más de lo normal, o mejor dicho, el imbécil al que llevaba persiguiendo desde hace años. Aunque todo perdía importancia cuando al cruzar la puerta de su hogar, Bakugō Katsuki se encontraba con su amado esposo esperándolo para consentirlo con una radiante sonrisa. Probablemente impulsado por la culpa, en un intento de remediar todo el estrés que aquel villano causaba a su esposo fuera de esas paredes. ★ Créditos al autor de la portada ★Los personajes pertenecen a Kōhei Horikoshi ★Au pro heroes ★Kirishima x Bakugō

Genero:
Romance/Other
Autor/a:
NickyShima
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Chandestino

—¡Bastardo!


El joven héroe gruñó y se revolvió como loco bajos los escombros que pegaban su cuerpo al suelo, frente a él un hombre de largo cabello negro atado en una alta coleta lo volteo a mirar con arrogancia.


—Fue un gusto verte Bombitas, pero se me hace tarde, no quiero tener problemas con Shoto o Deku como la otra vez.


—¡¿Crees que yo no puedo contigo?! ¡Ya verás cuando me quite esto de encima!


—Jaja, si ya veré... — acomodo su coleta en un intento de tomar la parte de su cabello que se veia mucho más corta de lo habitual —¡Ay, por tu culpa tendré que cortarlo! Se me veía muy varonil ¿no crees?


—Tú, idiota... Blood Riot se pierde tres malditos meses y luego regresa como si nada a fastidiar todo el jodido otoño...


—¿Que te puedo decir? ¡Vacaciones de verano!— una gran carcajada se oyó en todo el piso —No te lo tomes mal, en este tiempo del año las personas ofrecen un buen dineral por este tipo de informacion, no podía negarme.


Tomo una carpeta llena de papeles repletos de información de aquella empresa multimillonaria, les dio una ojeada por encima y saco un par de hojas de la carpeta dejándolas tiradas por ahí. El héroe con lo poco que vio de ellas reconoció que eran aquellas con los secretos más importantes del funcionamiento de aquel lugar.


—Ni siquiera haces el trabajo completo, que basura.


—Eh eh, sin ofender, no te estoy diciendo nada— Guardo el resto de documentos en un maletín con otros papeles —No me conviene que este lugar quede en la ruina, sus cuentas tienen grandes cantidades que no puedo perder... No aún.


Camino tranquilamente hacia unos de los enormes ventanales que daban a la calle, unos pisos abajo se habían reunido la policía, medios y algún que otro héroe cercano. No tardarían en subir y tomarlo con algún plan sorpresa especialmente creado para él.


—¡Llegaron tus amigos!— sus ojos volvieron a los orbes contrarios quienes ardían iracundos —Por el momento fue lindo tener otra batalla contigo Gran dios de la explosión asesina Dynamight ¡nunca dejas de sorprenderme!


El cenizo solo pudo bufar y hacer otro esfuerzo para quitarse los trozos de cemento de encima, negándose a usar su poder desde el inicio gracias a que el azabache se había encargado de regar algunos de los frascos que contenían las sustancias químicas con las que la empresa trabajaba, sustancias que, probablemente, en su mayoría serían inflamables. No quería quemarse vivo, muchas gracias.


—Tú... ¡No te atrevas a huir cobarde!


En respuesta, el villano levantó ambos puños y mostró el dedo medio sacando la lengua de forma burlona, lanzándose de espalda rompiendo el cristal y cayendo siete plantas hasta el suelo. Dynamight no tuvo que pensar mucho para adivinar que el villano había huido al escuchar el escándalo que las personas de abajo armaron.


—¡Dynamight! —La irritante voz del héroe No 1 resonó fuera de la habitación —Oye, si me escuchas, cubrete derribaremos la puerta.


—¡Claro que te escucho maldito Deku! No estoy dormido idiota.


En poco tiempo la puerta –trabada con vários escritorios y escombros– voló por los aires, dejando a la vista a los dos héroes que habían subido hasta allí.


—Amigo... Blood Riot regreso con toda— el héroe rubio conocido como Chargebolt recorrió toda la habitación hasta llegar a cierta computadora.


—No te sorprendas Chargebolt, así es siempre—Deku fue directamente hacia el héroe atrapado y con un par de golpes la mayoría de escombros sobre el cenizo quedaron hechos piedritas.


—No entiendo que ganaría con esto...— el de quirk eléctrico revisaba la computadora, encendida con anterioridad gracias a una de sus descargas, prestando suma atención a su contenido —¿Por qué un villano querría esto? A menos que sea...


—Un trabajo— aclaro Dynamight poniéndose en pie —El bastardo dijo algo de que pagaban muy bien por este tipo de mierdas. Se ve que quienes lo llamaron estaban desesperados si recurrieron a un villano tan peligroso como él.


—Eso no nos ayuda a atraparlo.


—No, pero nos dice quienes pudieron contratarlo.


—Es probable que si los torturamos un poco ellos hablen, podríamos dar con el idiota de Blood Riot de una vez.


—Vamos a HABLAR con el rival de esta empresa— corrigió el de cabellos verdosos —Y si tienen pistas del paradero de Blood Riot lo averiguaremos.


Ya acordado aquello los tres volvieron a la primera planta, Dynamight apoyándose –contra su voluntad– en Chargebolt para no agravar sus heridas. Informaron lo robado y los daños causados, agregando el reporte de lo deducido a los oficiales y detectives.


Fuera del edificio se encontraron directamente con el héroe Cellophane, quien observaba el cráter dejado en el pavimento gracias al impacto del villano contra él.


—Trate de atraparlo con mis cintas...— comunico al héroe No 1 —pero fue inútil, cuando el polvo se disipó el había desaparecido. Anima está tratando de localizarlo con algunos animales de alrededor y Lizardy intenta ubicarlo cerca de la zona, hasta ahora no hay pistas.


Dynamight no alcanzo a escuchar la respuesta del pecoso, pues fue llevado por el rubio eléctrico hacía un paramédico que se aseguró de desinfectar todas sus heridas y llevarlo a un hospital. No se veía realmente herido de gravedad, pero no podía confirmar nada, después de todo los golpes dados por el quirk de endurecimiento del villano no podían tomarse a la ligera.


Tras unas tortuosas horas en aquella sala blanca y luego de la visita de uno de los recientes heroes sanadores, le dieron el alta. Sin molestarse en pasar por la agencia gracias a que la heroína, temporalmente retirada, Uravity se había tomado el tiempo de pasar por algunas de sus cosas para llevarlas al hospital, entré ellas ropa civil. Lastimosamente no le permitieron pasar siquiera a verlo porque, según entendió, las mujeres en situación de embarazo no debían acercarse a la zona del en la que se encontraba Katsuki. Incluso si apenas se le notaba la panza.


Le hubiera agradado tener a alguien hablándole de cualquier cosa que no fuera su salud esa tarde. Aunque no estaba dispuesto a arriesgar el bienestar de Ochako y su engendro por un poco de compañía.


Además, si le sucedía algo a la mujer, no se encontraba en condiciones para aguantar todo el dia los murmullos preocupados del estupido nerd mientras trabajaba.


Simplemente manejo directo a su hogar, agotado hasta los dientes por el estresante día. Con el único deseó de quitarse los ajustados pantalones que obtuvo gracias al antiguo héroe número tres, –y que para su mala suerte, fue lo único que Ochako encontró en la agencia– y lanzarse a su cama, envolviendo su cuerpo como tortilla en la calidez de sus cobijas, con intención de hibernar todo el invierno como un puto oso.


Aunque dudaba que la segunda parte pudiera cumplirse.


Apenas la puerta de su apartamento fue cerrada se quitó el pantalón, arrojándolo a cualquier lugar del pasillo. Dejo sus cosas en el suelo y casi arranco los primeros botones de su camisa.


—Día de mierda...— de lanzo de cara contra el sofa, hundiendo su rostro en los cojines. Un gruñido salió del cansado héroe.


El sueño empezó a apoderarse de él, la calidez de su hogar y el dulce aroma a comida recién hecha no ayudaba a mantenerlo despierto.


Aunque lo que si lo despertó fue...


—¿Día difícil?


No sé molestó en mirar al hombre parado a su lado.


—Jodete.


—¿Así te diriges a tu queridísimo esposo, quien se tomó la molestia de hacerte la cena?— comento burlesco.


Gruño de nuevo, revelando su seño fruncido ante el pelirrojo. Aunque está expresión de enfado no duró mucho antes de ser reemplazada por una sonrisa socarrona.


—No me dijiste que planeabas cortarte el cabello.


—No estaba precisamente en mis planes— el pelirrojo se encogió de hombros —Fue mayormente influencia del entorno.


—Ya — la risa burlesca no se hizo esperar.


El otro solo negó con una sonrisa. Tomo asiento en el sofá con cuidado de no molestar a su amado rubio cenizo, dejando en la pequeña mesa frente a ellos la bandeja que traía con galletas y un sumó de naranja. Acaricio dulcemente la cabeza de su esposo, bajando lentamente hasta su espalda.


—Tal vez pueda hacer que este día de mierda no termine de esa forma.


—Eres un fastidio, Eijirō.


Y de igual forma acepto la silenciosa propuesta. Acomodo su cuerpo de tal forma que le diera la espalda a Eijirō, abrazo un cojín y suspiro, relajando sus hombros al sentir las callosas manos de su esposo sobre su espalda dando suaves masajes a través de la ropa, retirando la tensión de su cuerpo poco a poco. Sus manos viajaron hasta los botones de la camiseta y los quito uno por uno, dejando al cenizo solo con su ropa interior soltando suspiros y gruñidos cada que su cónyuge masajeba una nueva zona.


Antes de darse cuenta ya estaba recostado sobre el pecho de Eijirō, con los brazos de este rodeandolo y dando ligeros sonidos de satisfacción ante la calidez del cuerpo ajeno.


Joder, como amaba éso.


Y sería totalmente perfecto si no fuera por la sensación fria de la camisa húmeda y manchada de rojo que portaba el hombre.


Se separó de él para quitar la prenda antes de recostarlo en el sofá y tirarse sobre el pecho casi desnudo de su esposo.


—¿Sucedió algo de lo que no esté enterado?— pregunto en un susurro ronco, pasando su mano delicadamente por el par de vendas que rodaban parte del torso y brazos de Eijirō.


—Nada de que preocuparse— fue su simple respuesta —¿Y tú? Escuché que habías salido herido en el enfrentamiento de hoy.


Y aunque Katsuki quisiera enojarse por el ligero tono burlón que se colo en el anterior comentario no se le escapó la delicadeza con la que su esposo acariciaba su cabello ni la forma en la que sus músculos se tensaron levemente ante la mención de sus heridas.


—Idiota, hay héroes que se encargan de la curación rápida— gruño bajito —No seran tan efectivos como lo fue la anciana esa, pero son bastante competentes.


Un silencioso suspiro aliviado escapó de los labios ajenos.


—Me deja más tranquilo escuchar eso...


El cenizo levanto la mirada, chocando sus iris escarlata con los brillantes rubíes contrarios. Le observaban encantados.


Su corazón volvía a saltar, como si ese enorme cariño que desbordaban los ojos del pelirrojo lo ahogara en un profundo océano del que no deseaba salir. Lo abrumaba esa sensación de placer. Lo volvían dócil, vulnerable. Lo volvían a enamorar.


Otro ronco sonido de placer sonó en su garganta cuando recibió una dulce caricia en su mejilla vendada. Carajo, odiaba cuando su cerebro decidía dejar el mando de su cuerpo al corazón, lo volvía más susceptible a cualquier muestra de afecto. Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa.


Otro rato paso dejandose mimar, probablemente los calmantes que le habían obligado a tomar en el hospital aún seguían en su sistema, era extraño cuando se dejaba hacer sin quejas de por medio. Sus manos viajaron al rostro ajeno, dejando delicadas caricias en las mejillas teñidas de un bonito tono carmín de Eijirō. Inevitablemente sus dedos tomaron un par de mechones de cabello rojo aún húmedos.


—¿Es temporal o...?


—Permanente— lo interrumpió —Hace un tiempo que no lo tiñó para que dure, ya venia siendo hora.


Asintió.


—¿Seguro que te encuentras bien? ¿No te duele algo?


—Joder, cállate, los escombros solo me clavaron al suelo e impidieron mi movilidad, Blood Riot no hizo más además de los rutinarios golpes.


—Ya veo...


Bakugō dejó a su ser relajarse completamente, su respiración poco a poco se hacía más lenta y su cuerpo más pesado.


No pudo evitar pensar en la ironía de la situación, se suponía que el hombre bajo él debería estar encerrado en lo más profundo de la prisión, siendo supervisado y no dejando la guardia baja al vigilarlo. Pero ahí estaba él, recostado sobre su cuerpo, con su piel tocando la del otro, dejándose arrullar por el constante latido perteneciente a su corazón, cayendo lentamente en los efectos del sueño. Bajando la guardia.


Estaba haciendo exactamente lo contrario a lo que debería.


Pero no podía evitar que aquel vil criminal fuera su refugio.


El cansancio apoderado del cenizo aumento su poder sobre él gracias al confortable ambiente y el calor proporcionado por el cuerpo ajeno. Eijirō simplemente lo observaba hipnotizado, cuando le encantaba ver al cenizo así de pacífico, olvidando completamente que aún en ese estado seguía estando tan alerta como un tigre. Aunque no pudo olvidarlo tanto tiempo.


—¿Que demonios crees que estás haciendo?- gruñó el cenizo aún con los ojos cerrados, pero no eran necesario ver sus orbes escarlata para notar el visible seño arrugado y el ligero tic en su ojo derecho.


Estrecho fuertemente la muñeca de Eijirō reteniendo a la mano curiosa que pretendía investigar más allá de sus bóxers. Su esposo solo río nervioso al verse descubierto.


—Venga, no seas amargado ¿Un rapidin?


Gruñó.


—No, jodete. No estoy para follarte y mucho menos para que me folles.— se levantó de su cómodo lugar para pena del pelirrojo —No soportó al mundo hoy, una ducha y dormir.


—¿No vas a probar mi cena?— gimoteo levantándose de golpe, un leve puchero adorno su rostro —La hice para ti ¡Y juro que está vez no queme nada!— sus grandes ojos brillaron suplicantes. Maldición, se veía como un jodido perro.


El rubio negó ante las caras hechas por el hombre, tomo de un sorbo el sumo que Eijirō había dejado en la mesita junto con al par de galletas que sirvieron como refrigerio rápido.


—Si no la sirves antes de que salga del baño olvídate que me levantaré de la cama para comerla.— se dirigió hacia su habitación mientras escuchaba el chillido emocionado del otro junto con sus bruscos movimientos hacia la cocina. Inevitablemente sonrió. Definitivamente vivía con un hombre perro, su energía no parecía acabar incluso luego del largo día que seguramente tuvo.


Su entusiasmo no mermaba a pesar de haber luchado vorazmente con él hace un par de horas.


Con la tina ya preparada a la temperatura justa para esos días fríos fue cuestión de minutos para que su cabeza olvidará por completo el estrés del día, soltando un suspiro relajado a la vez que se hundía hasta la nariz en el cálido agua.


Una de sus partes favoritas del día.


Podía escuchar a su cónyuge moverse por la casa mientras salía del baño y con los mismos ánimos que mostró al llegar busco su ropa, esfuerzo inútil cuando recordó las pocas ganas que tenia de vestirse. Optó solo por unos boxers limpios y la primera camisa que encontrará en su armario.


—La cena está servi- ¡Oye!— Eijirō no guardó su quejido ante la escena. La de su amante ya recostado con veinte mantas sobre él.


—Te lo advertí, buenas noches.— y le dio la espalda al puchero de su marido, percibiendo los ojos carmín de este mismo que lo miraban suplicantes. —No me levantaré, estoy muerto.


—Bien...— alargo la última vocal en un mini berrinche. Bakugō ni se inmutó. El gruñido proveniente del pelirrojo solo causo una sonrisa burlesca en los labios del otro —Al menos espera para dormir ¿Si? No me tardo.


Dicho y hecho. Al instante Eijirō reapareció en la habitación con una bandeja en la que reposaba la cena, la cual cabe recalcar, olía bastante bien.


—Te estás excediendo mucho...— Katsuki, quien se acomodaba para poder cenar a gusto, lo observo con un ligero seño fruncido —No me malinterpretes, tengo claro que esforzarte por tu trabajo nunca te molestará. Pero seguro te haría bien un descanso.


—¿Descanso? ¡No lo necesito!— exclamo, llevando una buena cantidad de arroz a su boca —Ademas, los villanos no esperarán a que yo descanse para atacar.


El pelirrojo solo pudo negar ante la terquedad del otro.


—Si, lo sé. Admiro esa determinación tuya ¿Sabes? —sentado a su lado acarició sutilmente la gasa pegada en su frente —Pero, mi amor, inclusive el mejor necesita un descanso. Has trabajado meses enteros, tu cuerpo te lo agradecería.


No recibió respuesta. Notando la expresión dudosa de su amado ante sus palabras. Retiro la bandera con los platos ya vacíos de las piernas de su pareja para dejarlos en la cocina, ya mañana los lavaria. Katsuki estaba dormitando al volver junto a él, pero de igual forma levantó su vista para unir sus iris rojizas con las otras similares, comunicando sin palabras lo que deseaba. Eijirō sonrió, entendiendo perfectamente la indecisión en su mirar.


—Yo llamaré ¿Si?— cubrió al cenizo con las veinte mantas de nuevo —Solo un par de días, no será eterno.


—Los bastardos no dejarán de atacar en ese par de días.


—Puede ser. Pero para eso hay más héroes.— beso su frente —Ademas, estoy segurisimo que Blood Riot no aparecerá por un buen tiempo, no debes preocuparte por él.


—Aún debo rastrear su paradero.


Ante la mención de la tarea ninguno pudo evitar la sonrisa agraciada que se pintó en sus rostros por la ironía de la situación.


—Lo harás. Después. Ese apuesto villano no se irá del país, dalo por hecho.


—¿Apuesto? A mí se me hace molesto, principalmente con ese peinado tan patético.


—Para mi era intimidante, pero cada quien sus gustos. —bufo, sacando una risilla al otro. —Duerme ya ¿Si? Yo llamaré a la agencia.


—Bien...— un bostezo se coló en su asentimiento —Descansa pelos de mierda, si me levantas temprano te explotó las pelotas.


—Que dulce eres cariño.


Katsuki se envolvió más entré las mantas, disfrutando de la expresión sarcástica dibujada en el rostro de su cónyuge. Cerro sus ojos y dejo que Morfeo lo llevará con el poco a poco, escuchando la voz del pelirrojo cada vez más lejana.


—¿Hola? Si, habla Bakugō Eijirō ¿El héroe Deku está por ahí?— el nombre con el que se presentó seguía causando un extraño –pero agradable– revoltijo en su interior, haciéndolo sonreír inconscientemente —¡Midoriya! Lamento molestarte cuando vas de salida, pero quería informarte, Katsuki no se encuentra muy bien así que tal vez falte unos días... Si tranquilo, nada grave... Yo lo cuidare, no debes preocuparte... Vale, descansa, saludos a Uravity.


Si, definitivamente amaba a ese hombre sobre todo lo que ha hecho.


¿Y que si probablemente un día deba luchar a muerte contra ese al que ama?


¿Que si un día la rivalidad externa lograba quebrar las paredes que lo protegían a su esposo y a él de la realidad de sus vidas?


¿Que si un día sus máscaras y trajes cruzaban la puerta de su hogar haciéndoles ver la realidad fuera de su lugar seguro?


¿Que más da que un día no sean Eijirō y Katsuki los que se encuentren bajo ese techo si no Blood Riot y Dynamight?


En momentos así creía poder superar todos esos inconvenientes que podían hacerlos tropezar, pues junto a él su amado lo haría invencible. Montañas enteras podrían venir encima y podrían subirlas. Bravos ríos desbordados y aún así nadarian contra la corriente para vencer.


Porque con Eijirō a su lado, las etiquetas de "Héroe" y "Villano" perdían importancia, quedando opacadas por los millares de sentimientos y emociones mutuas. Esas etiquetas que, tarde o temprano, sabía que saltarian en su cara y destruirían todo lo hermoso construido junto a ese pelirrojo.


Pero mientras disfrutaría el momento, porque no había nada más precioso que el ahora.


Y su ahora era demasiado valioso para dejarlo pasar.