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Perdidos y desesperados.

Sinopsis

Ellos tenían hambre, ellos tenían sueño, ellos solo querían salir de ahí. Qin, Belcebú y Poseidón se pierden una noche en el bosque, después de que los tres deciden emprender un viaje para conocer a los padres de Qin ¿Lograrán salir de ahí?

Genero:
Humor/Romance
Autor/a:
Erfynder
Estado:
Completado
Capítulos:
20
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1.



-¿En serio? ¡¿Esto es lo mejor que se te ocurre?! -exclamó un rubio malhumorado. Eran casi las seis de la tarde, el sol ya se había ocultado y ellos aquí, varados a mitad del camino cerca de un bosque ¿Y todo por qué? Por qué al molesto de su cuñado se le hizo una buena idea ir a celebrar su despedida de soltero a su pueblo natal.


Poseidón quería quedarse en la ciudad, seguir disfrutando su Majestuoso estilo de vida, pero no, su hermano le pidió que acompañase a Quin a visitar su pueblo y se quedara junto a él pase lo que pasara.


-Calma, no estoy haciendo nada malo -habló el Omega de gafas obscuras mientras estaba parado en el pasto con el puño cerrado y el dedo pulgar levantado -. Estoy haciendo algo de utilidad, estoy pidiendo un aventón -explicó con una sonrisa mientras estaba parado en la orilla de la calle. Su hermoso auto color vino se había descompuesto a mitad de su viaje, pero no, uno no debía ser pesimista; a mal tiempo hay que darle buena cara. Por ello había decidido salir del auto y pararse aquí para ver quien se los levantaba.


-Lo estás haciendo mal... -habló una tercera voz en el asiento trasero del auto de Qin -. El pulgar va apuntando hacia atrás de tí, no hacia arriba. No es la manera correcta de hacer auto-stop -bueno, esto no era las maravillosas vacaciones que Quin le había prometido pero ya era algo. Es decir, por lo menos no estaba en casa viendo la televisión sólo -. Ni siquiera hay señal... -exclamó al sacar su teléfono y ver qué no habían tres barras en la parte superior de su celular.


Belcebú estaba hincado en el asiento trasero del auto; mientras veía al dueño del auto por la ventana trasera del vehículo.


-¿Por qué teníamos que traer a tu amigo el raro? -habló el Omega rubio sentado en el asiento del copiloto mientras veía la espalda de Belcebú. Ese sujeto siempre lo hacía sentir incómodo donde sea que estuviera. Y para colmo del rubio, ese Omega tan sombrío y desagradable era el novio de Adamas -. ¿No era castigo suficiente traerme a mí a tu posilga? ¿También tenías que traerlo a él? Sabes muy bien que ese sujeto me desagrada muchísimo.


El cabello obscuro sin alzar la vista de su teléfono le contestó:


-Tampoco me agradas ¿Y podrías dejar de quejarte?, eres demasiado ruidoso, me distraes de mi juego -habló mientras sus pulgares se movían. Poseidón arrugó la frente ¿Quién era ese sujeto para atreverse a callarlo?


-Bueno, creo que ya nadie pasará por esta calle... -habló el Omega al entrar al asiento del piloto, ya había visto su reloj de mano, y era muy entrada la noche, no creía que nadie pasara por aquí para recogerlos. Y para colmo, su estómago rugió, tenía bastante hambre -. Un auto descompuesto, sin señal en los teléfonos y sin nada para comer... ¡Me quiero morir! -chilló.


Esto no era la idea divertida que tenía en mente cuando quiso hacer este viaje, según él, se divertiría mucho, haría que Belcebú y Poseidón se llevasen bien, irían platicando y riendo, incluso les contaría sobre la vez que vió a una serpiente cerca del río. Pero no contaba con que esto pasaría, con que su auto se descomponería; con que no habría señal, y tampoco algo para comer.


-Toma, puedes darle un sorbo a mi botella, pero solo un sorbo -añadió el ojos obscuros mientras acercaba su botella transparente a la cabeza de Qin. Qin sonrió, por lo menos Belcebú se preocupaba por él.


-¡Todo esto es tu culpa! -exclamó Poseidón mientras fulminaba con la mirada al maldito cabello negro, si Quin no hubiera querido celebrar su despedida de soltero en ése pueblucho, ahora mismo él estaría en casa tomando el té ó viendo una película -. ¡¿Por qué demonios no quisiste celebrar tu despedida de soltero en un club cómo una persona normal?! ¡¿Por qué en ese maldito pueblo?! -alegó con rabia mientras mataba a Qin en su mente.


-Calma, Poseidón. No seas amargado ¿Quién dice que soy normal? Exactamente por eso, por eso de ir al antro que es tan común y corriente es que quise hacer algo diferente -sonrió orgulloso -. Quiero tener un poco de paz y tranquilidad antes de mi gran día, no a estar rodeado de música que ni se entiende que idioma hablan.


-Quitando el hecho de que siempre vas al antro, estoy de acuerdo contigo -añadió Belcebú mientras veía fijamente su pantalla, esto de no tener internet lo estaba comenzando a aburrir-. Yo también quiero un poco de tranquilidad del bullicio de la ciudad, de verdad no soporto el sonido del tráfico y hace días que no he podido dormir bien, ir al pueblo de Qin tal vez me hará bien.


Qin sonrió y asintió, para después destapar la botella que Belcebú le había dado. El Omega de gafas obscuras le dió un sorbo. Poseidón gruñó, no podía con estos dos.


-¿A dónde vas? -habló Quin al ver cómo el Omega rubio; con la frente arrugada abría la puerta del auto y salía. Poseidón no se iba a quedar a dormir en el auto, él no soportaría otro día más fuera de su casa, por ello habían decidido irse de aquí, a ver qué se encontraba, tal vez se encontraría alguna casa con algún teléfono que si tuviera señal-. Poseidón ¿A dónde vas? -abrió su puerta y también salió -. Pose... -mencionó al estar tan cerca de ese Omega de ojos lapislázuli.


-¡¿Qué?! ¡¿Que demonios quieres?! -exclamó molesto, al parecer a Qin le encantaba fastidiarlo -. ¡No me voy a quedar a pasar la noche en ese auto! -y diciendo esto dió media vuelta y siguió caminando. Qin rápidamente se acercó a él y tomó su mano, si algo le pasaba a Poseidón era claro que Hades se iba a enojar mucho con él -. ¡Suéltame! -gruñó mientras trataba de soltarse del agarre de ese maldito sujeto.


-¡Está bien! ¡Tienes razón! -aunque no podía retener a Poseidón hasta que llegase un auto para que les diera un aventón, podía ir con él para asegurarse de que nada le pasara. Un bosque era un lugar muy peligroso, y más para alguien como Poseidón que jamás había salido de la tranquilidad de su departamento-. No hay manera de volver a casa, iremos contigo -y diciendo esto, soltó al cabellos dorados. Qin volteó a ver a su auto -. Beel, nos vamos. Saca las llaves y cierra bien mi auto -añadió.


Belcebú suspiró con pesadez, deambular de noche por el bosque no sonaba a una idea que lo entusiasmara, pero era eso ó quedarse sólo en el auto toda la noche. El ojos negros estiró el brazo cerca del timón y tomó la llave, para después jalar su mochila negra y su gorra.


Cuando Belcebú salió del auto, fue que ambos sujetos comenzaron a caminar por el pasto, ya casi serían las siete de la noche. Había una fresca brisa de verano acariciando sus rostros, sin mencionar que en el cielo habían comenzado a aparecer puntos blancos y luminosos, sin mencionar a esa luna gris azulada.


-¿Cuál es el plan? ¿Perdernos en el bosque? Por qué Creo que ya logramos eso... -añadió un Omega con una gorra negra sobre su cabeza, a decir verdad no sabía que era peor, dormir en un auto ó dormir a la intemperie.


-Claro que no... -habló Qin mientras iba alumbrando el camino con la linterna de su celular-. Caminaremos por el bosque y haber que encontramos, a lo mejor llegamos caminando a mi pueblo -mencionó algo animado, él tampoco sabía que es lo que hacían aquí, pero era mucho mejor que estar sentado dentro de su auto.


Después de una larga caminata por el bosque, en la cuál parecía que habían pasado horas. Ellos por fin se animaron a tomar un descanso.


-Estoy cansado ¿Podemos sentarnos un momento? -pidió Qin, ya habían caminado lo que para él fue una eternidad, le dolían los pies, sin mencionar que estaba hambriento y tenía mucho sueño.


-¡Bien! -exclamó Poseidón, era demasiado tarde y aún no habían podido salir de este maldito bosque. Y a decir verdad, al rubio también le dolían los pies. Los tres Omegas se sentaron en el verde pasto.


-Tengo el presentimiento de que estamos caminando en círculos -habló el sujeto de los ojos negros mientras veía la envoltura de chocolate; la envoltura que había tirado hace rato ahora estaba tan cerca de su pie.


-¿Por qué lo dices? -cuestionó Qin sentado sobre una roca.


-Por esto -levantó el envoltorio de su delicioso chocolate -. Lo tiré hace como una hora y he aquí.


-¡¿Tenías un chocolate con nueces y no me diste?! -exclamó Qin un poco indignado, Belcebú sabía perfectamente que desde hace un buen rato se moría de hambre, no podía creer que su amigo no se animó a compartir aunque sea un pedacito de su delicioso chocolate -. ¿Qué clase de amigo eres? -Belcebú bufó para después volver a tirar su envoltorio al pasto.


-¡¿Darte?! ¡Eres alérgico a las nueces! -se justificó ¿Cómo se atrevía Qin a acusarlo de ser un maldito egoísta y glotón? Si no le había dado, era porque sabía cómo se ponía cuando comía nueces; a Quin le salía un sarpullido en la piel, luego comenzaba a ponerse rojo e inchado; a tal punto de que le costaba respirar.


-¡Pero me muero de hambre! -se quejó.


-¡Cállense! -habló el rubio harto de la habladuría de estos dos, si estos dos eran así todo el tiempo, no quería ni imaginarse cuando los dos se casaran con sus hermanos y tuviera que soportarlos en la mansión de sus padres cuando fuera de visita. Él también estaba cansado y hambriento y no se ponía a gritar -. Bien, basta del descanso... -se levantó del pasto. Odiaba esto, estaba sudoroso y apestoso. A esta hora él ya se había dado un baño y estaba en cama descansando sus ocho horas.


-Y fue entonces cuando le dije: "Me comes con la mirada ¿Cierto? Anda, no seas tímido, bésame, yo sé que así lo quieres..." y él muy descarado me hizo caso, me besó. Y así es cómo terminamos Siendo novios 3 años y en unos días nos vamos a casar -exclamó Qin mientras iba caminando delante de Belcebú y Poseidón, con nada más que su linterna de celular alumbrando su camino.


Poseidón suspiró con pesadez, por lo que había visto en su celular, ya habían estado más de dos horas en ese molesto bosque que parecía infinito. Y para colmo, Qin no se callaba.


-Eso me recuerda... ah... la primera vez que hicimos el amor. Me llevó a un hotel cinco estrellas, era una noche calurosa de Abril y... -añadió el Omega con las gafas de sol sobre su cabeza.


-¡Si sigues abriendo la boca te voy a golpear con una piedra! -gritó el rubio malhumorado mientras fulminaba a Quin con la mirada, una cosa era soportar a Quin por unas cuántas horas y otra muy diferente era pasar la noche con él, ese cabello negro lo tenía harto. Quin cerró la boca, al parecer había estado hablando más de la cuenta, sabía perfectamente que Poseidón tenía poca tolerancia con él.


-Son las 9 pm según mi celular -exclamó el Omega de ojos obscuros, bueno, normalmente a esta hora ya había comido algo decente, se había dado un baño y se arropaba para dormir -. Esto apesta....-gruñó. Sin Internet, la vida no tenía sentido, ahora estaba varado a mitad de un bosque con estos dos sujetos; el parlanchín y el gritón ¿Por qué tenía que hacerle caso a Quin? Esto no era entretenido ni relajante; era aburrido e hirritante.


-¡Chicos! -habló el cabello negro, pues ahora se había parado en un bordo -. ¡Chicos miren! -señaló con su dedo índice, pues allá; abajo del bordo se encontraba una pequeña choza. Quin no sabía si era su imaginación por la falta de comida ó de verdad había una vivienda allá abajo -. ¿Es una casa? ¿No es así?


Poseidón volteó a ver a dónde ese sujeto apuntaba el brillo de su linterna, sí, era una casa, y estaba a mitad del bosque; lo cuál era muy extraño ¿Había una persona lo suficiente loca para vivir aquí?


- ¿La ven? ¡Díganme qué no estoy loco!


-No, no estás loco y ahora deja de gritar -habló Poseidón en su tono serio habitual. La hirritante voz de Qin de verdad lo molestaba, y más porque ese Omega le iba a quitar a su hermano favorito.


-¿Qué hace una casa a mitad del bosque? No estaba ahí cuando pasamos hace un rato -añadió Belcebú, recordaría perfectamente haberla visto.


-¿De verdad crees que sea necesario? -añadió Belcebú mientras veía como Qin se agachaba y tomaba una vara del pasto.


Qin asintió, uno nunca sabía que es lo que podía pasar en un bosque, eso de una casa a mitad del bosque le daba una mala espina ¿Qué tal si un asesino serial vivía aquí? Y no, Qin no quería formar parte de la colección de esas miles de personas desaparecidas a las que les hacían mención en ese canal de asesinatos y crímenes sin resolver.


-Si... -murmuró mientras sostenía la vara cómo si fuese bate de béisbol -. No sabemos que clase de persona vive ahí, ni mucho menos que clase de trastornos mentales tenga -Qin caminaba a hurtadillas y con cautela, ya había visto lo suficiente la televisión cómo para saber que hacer en estos casos.


-¡Poseidón! -susurró mientras veía a ese rubio caminar cómo si nada hacia la choza hecha de tabla -. Poseidón, no... -Poseidón estaba harto de Qin y de sus tonterías, el rubio caminó a pasos rápidos e intentó empujar la puerta de dicha choza; a juzgar porque nadie estaría lo suficientemente loco cómo para vivir aquí, dedució que tal vez la choza estaba vacía -. No, no lo hagas... -exclamó a lo lejos mientras veía cómo Poseidón rodaba los ojos y lo ignoraba por completo. El rubio empujó la puerta con su mano y para sorpresa de todos, se abrió.


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