Capítulo 1
Maya
Dicen que algunas cosas están destinadas a pasar. Que sin importar que tan fuerte lo desees, implores y hagas todo lo que tengas al alcance, es imposible cambiar su trayectoria. Toda la vida de la castaña se sentía de esta forma; como una serie de eventos inalterables. Se encontraba en su habitación nuevamente tras un largo día en la preparatoria. Acababa de terminar con sus tareas del día y estaba segura de que en cualquier momento irrumpiría en llanto. A veces los días eran tranquilos, sin ningún hecho de relevancia, estos eran los que más le pesaban. Sentía que su vida se componía de miles de estos y solo unos cuantos con verdadera significancia, contaba cada segundo desperdiciado y aun así no había forma alguna de alterar todo esto. La joven dejó un suspiro del cansancio de no hacer nada y tomó su celular. Sus dedos se desplazaban hábilmente por la pantalla, como si ese fuese su único propósito. Los segundos se tornaron en minutos y finalmente en horas y cuando menos lo pensó ya era la madrugada. Nuevamente, no había conseguido nada relevante ese día. A menudo se desvelaba sin ningún objetivo claro, no lograba comprender la razón, pues nada de lo que hacía le provocaba una necesidad de continuidad.
Amargamente, se cambió en su ropa de dormir, lavó los dientes y se marchó sin antes observarse en su espejo antiguo, observando cómo su cara se miraba oscurecida por unas ojeras sin razón de ser. Se recostó en la cama y miró el techo por unos segundos. Su mente divagaba entre todos los escenarios, de un posible sí, de todas las oportunidades en las que su destino pudo haber cambiado, pensaba en sus errores, en sus aciertos, y en que necesitaba ayuda. No buscó los medios convencionales como decirle a alguno de sus familiares o amigos, pues, era un rotundo no, ya que significaría una molestia para ellos; aunque ambos grupos le dirían que les alegraba escuchar lo que sentía respecto múltiples situaciones sentiría las miradas discretas de preocupación. Y odiaba que los demás notarán que carecía de algo.
Por esta razón volvió a tomar su celular e ingresó en un nuevo sitio web que pronto se había vuelto popular. Su nombre era: “Anónimos Durante Dos Siglos” un nombre pretencioso en su opinión, pero miles de otras adolescentes comentaban lo útil que demostraba ser esta inteligencia artificial de última generación. Era una aplicación gratuita, y con las suficientes opiniones para hacerle creer que la ayudaría a sentirse un poco mejor, aunque se tratará de un robot… ¿Qué estaba pensando? Era ridículo buscar consuelo en algo inanimado, pero cuando el resto de opciones parecían un no rotundo no sonaba tan mal. Además, no podría ser tan malo cuando medio millón de personas habían tenido ya la misma idea que ella.
Apretó el botón de instalar y vio como el porcentaje de descarga aumentaba rápidamente. La premisa de esta aplicación era distinta a otras similares, incluso un poco antigua, pues invitaba al usuario a un concepto de mensajería; es decir, tenían que redactar una carta para que la inteligencia artificial les brindara una respuesta. No le molestaba el tener que escribir un poco más que unas cuantas palabras y los desarrolladores afirmaban que entre más detalles brindaras mejor sería la comunicación.
Finalmente, se instaló y pronto apareció el icono de la aplicación con su ramo de flores y una carta. Abrió la aplicación y fue bienvenida con un ding. Llenó unas cuantas preguntas para tener una experiencia más personalizada y ser asignada a su pareja de mensajería. Datos como su nombre, edad, nacionalidad, entre otros. Finalmente, desbloqueó la siguiente etapa del inicio de sesión y se desplegó una pantalla en la que podría redactar el mensaje que deseara. Tenía sueño, sus largas pestañas se abrían y cerraban en un intento de mantenerla despierta un poco más de tiempo, simultáneamente las yemas de sus dedos tecleaban un mensaje perezosamente.
Querido desconocido:
No estoy segura de como escribir esta carta. De hecho, no sé qué hago intercambiando cartas con alguien que no conoceré (¿es correcto llamarte como un alguien y no como un algo?) Creo que tengo curiosidad sobre cómo funciona esto. Espero que nadie jamás vea lo que te escribo, ya que pensarán que estoy loca. De cualquier forma espero que esto funcione. Escuché a otras personas decir que era un buen lugar para desahogarse. Cuéntame un poco sobre ti, por cierto me llamo Maya. Lamento que esta carta sea tan corta, prometo que en el futuro serán mejores.
Atte. Maya
No se molestó en revisar una segunda vez su mensaje y dio clic al botón de enviar, sintiéndose absurda con aquella situación, pero eso ya no importaba, de cualquier forma ya había iniciado la conversación. Avergonzada por su acción inocente, cerró la aplicación y programó su alarma para el día siguiente, pasando por inadvertido el hecho de que mañana sería sábado, es decir, su día de “descanso”. No le tomó mucho quedarse dormida, pues sus desveladas eran más bien un intento de prolongar más sus días, ignorando la sensación de cansancio que manifestaban sus párpados.








