Playboy Enamorado ||HunHan||

Sinopsis

De soltero empedernido a padre entregado. El guapísimo Oh SeHun no podía creerse que aquella niña de un año fuera hija suya. Con lo único que estaba comprometido el atractivo empresario era con su numerosa familia, su próspero negocio... y sus abundantes relaciones pasajeras. Hasta que una pequeña puso todo su mundo patas arriba. Fue entonces cuando apareció Xiao LuHan, el niñero perfecto, y en poco tiempo hizo que Juni volviera a sonreír y SeHun no pudiera dejar de fantasear. El guapísimo padre soltero sabía que tenía problemas porque a diferencia de otras mujeres o donceles, que solo querían su dinero o su nombre, LuHan quería su corazón... —ADAPTACIÓN. –LA HISTORIA NO ME PERTENECE TODOS LOS DERECHOS A SU RESPECTIVA AUTORA LEANNE BANKS.

Genero:
Romance
Autor/a:
GianeMin93
Estado:
Completado
Capítulos:
12
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

PRÓLOGO



Ella había sido una belleza de ojos marrones con un cuerpo capaz de volver loco a cualquiera. También tenía un corazón de acero con el que podía cortar a un hombre en pedacitos. 


Si Oh SeHun hubiera sido supersticioso, habría pensado que sobre él había caído la maldición del día de San Valentín que supuestamente azotaba a su familia. Casi dos años atrás, el 14 de febrero, tenía el anillo preparado y estaba dispuesto a declararse a Kang SeulGi. 


Recordó cómo había utilizado su llave para entrar en el apartamento de SeulGi, deseando sorprenderla, justo a tiempo para escucharla decir por teléfono a una amiga que aquella noche iba a «atrapar a uno de los grandes». Completamente segura de su encanto, SeulGi le había prodigado un sinfín de atenciones perfectamente calculadas para conseguir su objetivo, tal y como descubrió SeHun más tarde. Había fingido estar loca por él solo para conseguir meter las manos en la fortuna de su familia. 


SeHun todavía sentía una pizca de amargura al recordar la desagradable escena que había tenido lugar a continuación. Viendo que era inútil negar lo evidente, SeulGi había desplegado todos sus encantos para intentar aplacarlo. Tenía sangre italiana corriendo por sus venas, y se juró a sí mismo que aquello se había terminado. 


Incluso todavía ahora, sentado en la oscuridad del cuarto de su hija aquel día de Enero, sintió cómo volvía a asaltarlo una oleada de rabia. SeHun dirigió entonces la mirada hacia aquella hija de un año cuya existencia había ignorado hasta diez días atrás. Nada más terminar con SeulGi, ésta había encontrado otro hombre con una cuenta corriente más que saneada y, al parecer, había intentado hacer pasar a Juni por su hija. 


SeHun exhaló un profundo suspiro y dejó escapar en él algo de su amargura. Mientras encontraba consuelo observando la inocencia y la vulnerabilidad de Juni, escuchó el sonido de unos pasos a su espalda. Sospechó que se trataría de sus padres. Aunque su padre lo negara, en lo que se refería a sus ocho hijos, ambos eran profesionales de la preocupación. SeHun se dio la vuelta al sentir la mano de su madre sobre el brazo. Su padre, un hombre que siempre se las había arreglado para inspirar ternura a pesar de medir cerca de un metro noventa, sacudió la cabeza mientras clavaba la vista en la cuna.


‐Nunca le perdonaré a esa mujer el haberte ocultado que tenías una hija ‐dijo sin poder disimular la rabia‐. Cuando pienso que nunca te hubieras enterado si SeulGi no hubiera muerto... 


‐No debemos malgastar energía perdonando a SeulGi ‐respondió SeHun, cuya propia ira era un reflejo de la de su padre‐. Está muerta. Y yo tengo que emplear todas mis fuerzas en ayudar a Juni a acostumbrarse a vivir conmigo y aceptarme como padre… 


‐Juni te aceptará enseguida ‐aseguró su madre apretándole suavemente el brazo‐. Sigo diciendo que yo podría cuidar de ella. 


‐No quiero que te agotes ‐intervino Oh Doyun  pasando un brazo alrededor de los hombros de su esposa‐. Todavía consigues que los hombres giren la cabeza para mirarte cuando entras en una habitación, pero no puedes andar día y noche detrás de una niña de un año. 


Oh Nara no había nacido en Italia, pero eso no significaba que no supiera defender su territorio. 


‐Si tú puedes seguir dirigiendo la mayor empresa heladera de América, ¿por qué no puedo yo correr detrás de mi nieta? ‐preguntó levantando la barbilla con aire desafiante. 


‐Puedo seguir dirigiéndola porque SeHun es mi mano derecha y confío en él. Mis hijos han dejado por fin el nido, y creo que me he ganado el derecho de tener toda la atención de mi esposa al final del día, ¿no? 


SeHun compuso una mueca ante lo posesivo que era su padre. Su madre tenía sesenta y siete años y, para Doyun, seguía siendo la luz de su vida. 


‐Te agradezco que te hayas ocupado de Juni estos últimos diez días, y me gustaría que siguieras pendiente de ella ‐le aseguró SeHun a su madre. 


Sabía que Nara era perfectamente capaz de hacerse cargo de la niña, pero también era consciente de que su hija reclamaba muchísima atención. La pobre niña lloraba con frecuencia desde que había llegado a su casa. 


‐Juni ha perdido a su madre, y sé que tengo que crear una atmósfera estable a su alrededor. Mi asistenta hace muy bien su trabajo, pero los niños no son su fuerte. Dadas las exigencias de mi trabajo, necesito a alguien que la cuide. Ya he contactado con un par de agencias. 


‐¿Estás seguro de que es lo mejor? ‐preguntó su madre con incertidumbre mientras observaba la cuna. 


‐Lo estoy ‐respondió SeHun.


‐SeHun tiene razón. Él se ocupará de la niña y nosotros ejerceremos de abuelos ‐dijo su padre. 


‐¿Y podré visitarla siempre que quiera? ‐preguntó su madre. 


SeHun sintió que se le enternecía el corazón. Su madre ya se había encariñado con su primera nieta a pesar de sus continuos sollozos.


‐Por supuesto. Todos los días, si te apetece. 


‐Es una niña preciosa ‐aseguró Nara girándose hacia él‐. Es igualita que tú cuando eras bebé: pelo negro y lacio, ojos negros, y esa barbilla desafiante, igual a la de tu padre... tu padre es un buen hombre, SeHun, y tú también. Juni tiene mucha suerte. 


SeHun sintió que se le encogía el corazón. Aquel voto de confianza de su madre era como un bálsamo para su alma confundida. Todavía se estaba recuperando de la noticia de enterarse con treinta y cinco años de que era padre, y, el Cielo lo sabía, no era ningún experto en niñas de un año.


‐Gracias, mamá. 


‐Es la pura verdad ‐respondió ella besándolo en la mejilla‐. Iré por mi abrigo. 


‐Enseguida voy ‐dijo Doyun apretando la mano de su esposa. 


En cuanto Nara hubo salido, su padre se aclaró la garganta antes de hablar. 


‐Si necesitas cualquier cosa, llámame de inmediato. 


‐Sabré manejarme ‐respondió SeHun asintiendo con la cabeza. 


‐Eso ya lo sé ‐aseguró su padre‐. Siempre has sabido superar todas las dificultades. Me hubiera gustado que encontraras un amor como el que compartimos tu madre y yo. 


‐Y en lugar de eso, encontré a SeulGi ‐respondió SeHun con amargura. 


‐Eres joven ‐protestó Doyun ‐ Aún te queda mucha vida por delante. 


‐Toda mi atención está centrada ahora en velar por mi hija. Teniendo una niñera o niñero, no necesitaré a nadie en mi lado. 


‐Ella o él no puede hacerse cargo de todas las necesidades de un hombre. 


‐Un hombre no tiene por qué casarse para satisfacer ese tipo de necesidades ‐contestó SeHun secamente.


‐Algún día comprenderás lo que necesita el corazón ‐aseguró su padre blandiendo el dedo índice hacia él‐. Pero por ahora tienes razón. Debes concentrarte en cuidar de tu hija. Ibas a pedirle a SeulGi que se casara contigo el día de San Valentín, ¿verdad? ‐preguntó Doyun tras dudar unos instantes. 


SeHun sabía que su padre estaba pensando en la maldición de San Valentín, que había dejado su marca en más de una generación de los Oh. Su padre nunca había dicho que creyera en ella ni que dejara de creer, pero se refería a eso con cierto recelo. 


‐Sí, así es. Pero discutimos y ella se marchó de la ciudad. 


Siguió entonces un silencio pensativo.


Doyun dirigió la vista hacia Juni. 


‐Si la maldición es cierta, en esta ocasión a ti te ha traído un regalo.