Prólogo
El motor del coche zumbaba como el eco de su propia mente. Ethan sonreía, pero no era una sonrisa normal, más bien una distorsionada mezcla de ironía y rabia contenida. "¿Quién es el loco aquí? ¿Yo, o esta maldita carretera?". Hablaba consigo mismo, como solía hacer. O mejor dicho, discutía consigo mismo. "¿Vamos a dejar que nos ganen? Esta vez no. Vamos a patearles el trasero". Su mente saltaba entre pensamientos caóticos y bromas oscuras, como si la realidad no fuera más que una película mal dirigida y él, el único consciente de lo absurdo de todo.
Conducía a través de la niebla, una niebla que no solo cubría la carretera, sino también sus pensamientos. Era difícil decir qué era más denso: la bruma exterior o el torbellino dentro de su cabeza. Sus dedos tamborileaban sobre el volante, mientras reía por lo bajo, una risa nerviosa y amarga. "Volver al lugar donde todo empezó... Sí, claro. Gran idea, Parker. Nada mejor para tu salud mental que una visita al infierno personal."
Cada bache en el camino lo sacudía, pero no le importaba. La incomodidad física no era nada comparada con el desorden mental que habitaba en su cabeza. Y entonces, como siempre, su mente divagó hacia la niña. Esa niña de mirada triste y fría que nadie parecía entender, pero que de alguna forma, él siempre protegió. "¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué la defendiste cuando todo el mundo la ignoraba?" Las preguntas no tenían respuestas claras, solo más confusión.
"¿Te imaginas que todo esto sea un sueño, un mal chiste? Ya sabes, como esos en los que te despiertas desnudo en clase, solo que aquí probablemente me despierte… muerto." Ethan se rió, su propia voz le parecía una mezcla entre ironía y desesperación. "Oh, vamos, ya estuviste aquí antes, ¿recuerdas? Esa niña, esos malditos ojos… Te están esperando. La ciudad te está esperando."
El coche empezó a hacer ruidos extraños, y Ethan levantó las cejas, como si el propio vehículo estuviera en su contra. "Por supuesto que sí. Porque, ¿por qué no romperme el coche también? Silencio, bastardo, no me vas a vencer." Se detuvo, pero no se bajó del coche inmediatamente. Había algo reconfortante en la idea de quedarse en un espacio cerrado, lejos de la ciudad que lo esperaba. Pero sabía que no podría quedarse allí para siempre.
Al salir, la niebla lo envolvió como un abrazo frío y opresivo. "¡Qué bienvenida tan cálida! Gracias, Silent Hill, eres lo mejor", dijo, con los brazos extendidos y una sonrisa torcida. Caminaba despacio, dejando que sus pensamientos hicieran más ruido que sus pasos. "¿Sabes qué es lo divertido de todo esto?" dijo en voz alta, como si tuviera una audiencia invisible. "Todo lo que pasa en mi cabeza. La pregunta es, ¿la ciudad puede con eso? O tal vez me rompa antes. Apuesto lo que quieras a que la ciudad se cansa primero."
Ethan había perdido cualquier miedo a su propia locura hacía tiempo. El sarcasmo era su escudo, pero también su cárcel. Aunque no lo admitiera, había algo en Silent Hill que lo asustaba profundamente. Y no era solo la niebla, o los monstruos que siempre sintió que se escondían en las sombras. Era esa niña, su cara… esos malditos ojos. Había algo que siempre lo perturbaba. "¿Qué te pasó, pequeña? ¿Por qué sigues aquí, en mi cabeza?"
La lucha interna comenzaba a agudizarse. Su risa sarcástica se entrelazaba con pensamientos que amenazaban con fragmentarlo aún más. "Si te pones a pensar, Silent Hill es solo un juego, ¿no? Un tablero enorme, y yo, la pieza principal. El problema es que las reglas cambian cada vez que las entiendes." Su mente saltaba de un pensamiento a otro, y era difícil distinguir qué era real y qué formaba parte de su delirio. Pero lo único que sabía era que Silent Hill lo llamaba, y, en lo profundo, una parte de él siempre había querido regresar.
Avanzaba por la carretera, con la niebla cubriéndolo y su mente girando entre recuerdos rotos y pensamientos insanos. "¿Vamos, Silent Hill, es todo lo que tienes?" gritó, con una carcajada desquiciada que se perdió en el aire frío. "¡Te atreves a enfrentarte a mí? Pues adelante. Mi cabeza ya está rota, veamos si puedes con ella."
Y allí estaba. El cartel desvencijado, apenas visible entre la niebla, "Bienvenido a Silent Hill". Ethan lo miró con desprecio y una sonrisa cargada de sarcasmo. "Aquí estamos de nuevo. Bueno, ¿qué me tienes preparado esta vez?"